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viernes, abril 29, 2011

Acciones comunitarias a favor de nuestro país

Autor: Guillermo Hinojosa Rivero
Publicado: Puebla on Line, 27 de abril de 2011

     ¿Qué podemos hacer? se pregunta mucha gente indignada por los crímenes y violaciones que vemos a diario. Las marchas, las mantas y los discursos están bien pero no construyen mucho; a lo más, arrancan alguna promesa de la autoridad. Peor aún, la gente se cansa después de tres marchas y se decepciona porque nada cambia.
     Hay mucho que podemos hacer si queremos vivir en un país mejor. Si queremos que México comience a resolver sus problemas, podemos empezar a hacer algo más que criticar al gobierno y lamentarnos de que las cosas no funcionen bien. Los problemas de nuestro país no son sólo responsabilidad del gobierno, los tres poderes, sino de todos los que vivimos en este país: ciudadanos, medios de comunicación, cámaras empresariales, partidos políticos, sindicatos, activistas, intelectuales, periodistas, blogueros, tweeteros, etc.
     Aquí y ahora, en México 2011, el ciudadano que se requiere no es el que se conforma con cumplir la ley. Cumplir la ley es lo mínimo que hacemos para evitar multas y problemas. Se requieren personas, físicas y morales, que hagan algo más que el mínimo. El país no saldrá adelante si esperamos que las soluciones vengan del gobierno y le gusten a todos. Hay que decirlo fuerte y claro: el gobierno solo no puede hacer todo lo que el país necesita; menos aun si, en nuestra pasividad, los mexicanos hacemos sólo el mínimo para evitar sanciones y nos dedicamos a repelar porque las cosas no son perfectas.
     Se requieren ciudadanos activos; que hagan más de lo que hacen ahora; ciudadanos activos interesados en construir a partir de lo que hay, y no en destruir para abrirle camino a la utopía. No estoy pensando en los autodenominados 'activistas' cuya principal actividad consiste en oponerse a todo y en desafiar a la fuerza pública para luego denunciarla.
     El ciudadano activo que propongo es aquel capaz de asociarse con otros para hacer de manera voluntaria un trabajo concreto en beneficio de su comunidad. Ejemplos: un comité de vecinos que se ocupa del aseo y de alumbrado de su calle o de su unidad habitacional; un grupo de padres que detecta e impide el acceso de los vendedores de drogas minoristas a la escuela de sus hijos; una red de vecinos para la autodefensa y para impedir los robos en su entorno.
     La clave es organización y trabajo colectivo en beneficio de la comunidad. Esto incluye participar en boicots contra empresas abusivas; formación de colectivos para hacer compras a precios bajos o para favorecer a productores que no contaminan; organización de protestas vecinales contra antros ruidosos.
     Las acciones colectivas que propongo no se limitan a una tarde de entusiasmo con los vecinos; requieren trabajo sostenido hasta lograr la meta propuesta.
     Los medios de comunicación podrían reconocer, alentar y dar seguimiento a las acciones colectivas. Las redes sociales son un medio idóneo para la organización de acciones; los tweeteros y blogueros pueden ser los intermediarios de la comunicación colectiva que ayuda a sostener el ánimo. Las cámaras y las asociaciones empresariales podrían empezar a hacer algo más que defender sus intereses de grupo y usar su potencia para ayudar a las comunidades organizadas a lograr sus fines; un país más civilizado está en el mejor interés de los empresarios e inversionistas.
     En México 2011, lo anterior puede sonar utópico, pero nada de lo propuesto es irrealizable ni requiere milagros ni líderes mesiánicos. Tampoco se hará de un día para otro, pero puede empezarse mañana. Si México ha de ser un estado viable a mediano plazo, empecemos a comportarnos como los ciudadanos del país que deseamos.

lunes, febrero 14, 2011

Sugerencias para poner al día nuestra educación superior

Publicdao: E-consulta, 31 de Enero de 2011 

     Lo que ahora sucede en las aulas y laboratorios de nuestras universidades no es muy diferente de lo sucedía hace 50 o 60 años; no sólo antes de la web, antes incluso de las fotocopias. Quizá la mayor diferencia es que ahora se usan presentaciones power point y antes se usaban rotafolios o proyectores de transparencias. Claro que los planes de estudio se han actualizado y la bibliografía ha cambiado, pero los currículos son los mismos: una rejilla de materias que se repiten regularmente cada semana con un cierto número de horas dedicado a cada materia de la profesión que se trate. El proceso educativo sigue siendo el mismo: los maestros vienen, dan su clase, dejan trabajos, ponen exámenes y asignan calificaciones. Los alumnos atienden, toman apuntes, preguntan dudas, estudian y responden los exámenes. ¿Así está bien? ¿Esa es la forma definitiva de formar profesionistas?
     Como zombies, las universidades y las instituciones de educación media superior, siguen haciendo automáticamente lo que siempre han hecho sin mirar lo que tienen alrededor. Su reacción ante el tsunami educativo que viene es de estupor. Basta una tarde de exploración en la web para descubrir decenas de modalidades educativas que se utilizan para la formación y actualización profesional. La educación universitaria que conocemos, la que se sigue impartiendo como si la web no existiera, está obsoleta. Aun los ‘cursos online’ mediante ‘Moodle’ o ‘Blackboard’ están ya en camino de la obsolescencia.
     Los cursos formales están desapareciendo. En su lugar encontramos ‘webinars’, video conferencias, ‘white papers’, certificaciones online, exámenes online, grupos de interés anidados dentro de las redes sociales, ‘video on demand’, ‘live streaming’, libros y revistas electrónicas, tutoriales, pizarrón compartido, infografías y otras novedades que surgen cada día.
     Ya no es necesario estudiar y memorizar; los e-readers, las tablets, los smartphones, permiten tener en la mano, accesible en segundos, cantidades inimaginables de información. Lo que sí es necesario es poder aprovechar esa información.
Una de las características más atractivas de mucha educación disponible en la web es su caracter autoadministrado; ni los contenidos ni los tiempos son compulsivos. El aprendiz tiene absoluta libertad para seleccionar lo que quiere aprender y cuánto tiempo le dedicará.
     Por otro lado, los planes de estudio de las universidades, la planeación e impartición de la enseñanza se siguen haciendo como si nada de lo anterior existiera. En los planes de estudio se define qué y cuándo debe estudiar cada quién dándole un mínimo o nada de libertad al aprendiz. Los maestros y las autoridades educativas tienden a considerar los recursos en la web como un estorbo y buscan maneras de excluirlos mediante prohibiciones. No les falta razón: la web es una interferencia poderosa y una amenaza que acabará por destruir la educación que conocemos.
Una educación profesional pensada para aprovechar la web podría incluir cursos como:
     -Fuentes de información especializadas para los contenidos o necesidades de cada profesión
     -Técnicas de investigación en la web.
     -Recursos de autoinstrucción en la web
     -Comunidades virtuales de aprendizaje
     -Elaboración de material multimedia relacionado con la profesión
     -Localización, selección y resumen de información sobre los temas de la profesión.
     .La lectura y comprensión del idioma inglés, en el cual se publica la inmensa mayoría de la información de cualquier profesión.
     Las competencias de cualquier profesión en este momento deben incluir:
-Solución de problemas de la profesión utilizando información confiable disponible en la web
     -Elaboración y presentación multimedia de propuestas de trabajo
     -Uso de laboratorios y simuladores virtuales
     -Manejo de juntas y encuentros virtuales
     -Elaboración colectiva de documentos
     -Uso de los recursos en la web para el trabajo profesional
      El papel de los maestros debe cambiar: aquellos que tienen algo original que decir porque han investigado o pensado por su cuenta podrán generar sus propias publicaciones y dar conferencias para quien quiera oírlas. Aquellos maestros que conocen bien la información relacionada con la profesión perderán su papel principal de intermediarios entre los libros y los estudiantes para convertirse en guías y mentores de los estudiantes. 
     Esto ya se ve en la educación extrauniversitaria, la que pagan las organizaciones para sus ejecutivos. La capacitación se realiza mediante procesos de ‘coaching’, ‘mentoring’ y discusión de casos reales ajustados a las necesidades de la empresa. Las organizaciones son cada vez más renuentes a pagar capacitación consistente en clases dadas al estilo universitario.
     Muchos proyectos educativos en la web y la educación extrauniversitaria en general nos facilitan percibir la diferencia entre dos funciones que cumplen las instituciones educativas: la función de enseñar y la función de certificar. Por ejemplo cuando el MIT pone a disposición de todo el mundo sus cursos, textos y videos incluidos, está enseñando a cualquiera que deseé aprender. Pero por más cursos que haya tomado un internauta, el MIT no lo certificará. Algunas instituciones educativas como Harvard cobran a quien quiera leer su material educativo y tampoco emiten certificado alguno; Harvard se responsabiliza de la calidad de su material pero el aprovechamiento es responsabilidad del cliente. Otras instituciones ofrecen gratuitamente instrucción de excelente calidad pero cobran a quien quiera certificarse. Aun otras, no ofrecen instrucción pero sí cobran por emitir certificaciones a quien quiera tener un documento que acredite sus competencias.
     La educación universitaria actual intenta cumplir esas dos funciones cuya confusión produce graves malentendidos sobre la calidad de las universidades. En el momento de impartir clases, la universidad enseña. En el momento de emitir el título o licencia profesional, la universidad certifica que el estudiante es capaz de ejercer una profesión. Pero el único criterio que tiene la universidad para emitir esa certificación es que el estudiante aprobó todos los cursos y realizó un examen final o tesis. Los malos entendidos se producen porque se confunde la calidad de la enseñanza con la competencia profesional de los egresados.
     Las organizaciones que venden capacitación, online o en vivo, simplemente cobran por impartir el curso pero no certifican que quien lo haya tomado tenga nuevas competencias o habilidades. Quien quiere una certificación debe pasar por un proceso diferente a la mera enseñanza. Sería una locura que las empresas de capacitación certificaran a todos sus estudiantes con el único requisito de haber estado en su curso. Pero algo así es precisamente lo que hacen las universidades.
     Quizá es tiempo de que las universidades separen esas dos funciones que ya están separadas en otros ámbitos educativos. Por un lado pueden enseñar a quien quiera aprender algo y por otro lado pueden certificar a quien quiera cumplir los requisitos. 
     Pueden vender enseñanza y pueden vender certificados sin que necesariamente los clientes de un proceso sean los del otro. Pueden incluso vender capacitación para obtener la certificación que emita un tercero.
     La revolución de las comunicaciones representada por la web ha traído una interminable variedad de nuevas formas de educar. A la luz de esas novedades vemos mejor lo que debe cambiar de lo antiguo. Como siempre, lo nuevo altera el entorno, y lo antiguo debe evolucionar para sobrevivir. Lo antiguo en este caso es nuestra educación superior que no puede permanecer igual que los últimos cincuenta años.
     Para resumir, las propuestas básicas de este texto para poner al día nuestra educación superior son:
     Convertir a la web en la principal fuente de información técnica, científica y humanista para todas las profesiones.
     Enseñar a los futuros profesionales a encontrar la información que necesitan y a convertirla en soluciones prácticas y en nuevo conocimiento.
     Las universidades deben revisar todo su proceso educativo, no sólo los contenidos de los cursos.
     Avanzar en la separación de las dos funciones de la educación superior: enseñanza y certificación.

martes, noviembre 09, 2010

Los maestros en la época de Internet

Autor:Guillermo Hinojosa Rivero
Publicado:Síntesis, 07 de noviembre de 2010

     Desde que existe la educación formal, la función más visible de los maestros es proporcionar información a los aprendices. Pero qué pensar si ya toda la información está en internet al alcance de cualquiera; si ya cualquier adolescente armado de su computadora puede encontrar un archivo o un curso `online' en el que está expuesto todo lo que el maestro está diciendo y puede incluso detectar los errores o lagunas del maestro. ¿Para qué sirven los maestros en la época de internet? Muchos maestros de educación media o superior se sienten amenazados y hacen lo posible por dejar la Internet fuera del salón de clase. Inventan trucos para evitar que los alumnos hagan corta y pega; castigan a quienes 'bajan' la tarea y amenazan con reprobar a los alumnos que saben aprovechar los recursos informáticos para cumplir lo que les piden en la escuela.
     La superabundancia de información a disposición de todos es una gran ayuda para la educación.
     No es verdad que los maestros se vuelvan inútiles en vista de que todo está en internet. Pero los maestros y las escuelas tendrán que cambiar su manera de educar porque la educación tradicional ciertamente ya es obsoleta.
     Los maestros dejarán de administrar la información y facilitarán que los estudiantes la encuentren.
     Pero los maestros son mejores que los buscadores de internet para guiar la búsqueda y para separar la paja del grano.
     Los maestros son mejores que los cursos `online' para resolver las dudas que deja la lectura de cualquier documento medianamente complejo. Los maestros son únicos para juzgar lo acertado de la comprensión de lo estudiado y para sugerir nuevas lecturas. Por ahora no hay peligro de que se vuelvan obsoletos.
     Los maestros ya liberados de la necesidad de exponer la información tendrán más tiempo para hacer algo que rara vez hacen: convertir la información en conocimiento aprovechable para la vida, no sólo para pasar exámenes o para hacer trabajos escolares que a nadie le importan.