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sábado, febrero 20, 2016

Formación moral, asunto ético que compete a todos

 Autor: José Guadalupe Sánchez Aviña
Publicado en Lado B, el 18 de febrero de 2016.

En medio de un mundo basado en la exigencia de lo fácil, lo inmediato y lo útil, acecha siempre la tentación de perder de vista esos esenciales que hacen de la cotidiana una existencia realmente humana. Entre estos se encuentran los procesos educativos; se refiere a una educación capaz de provocar que el hombre desde su condición de ser natural desarrolle toda su potencialidad y se constituya a sí mismo, con los demás, en Ser humano.  La educación entendida entonces como proceso civilizatorio que humaniza, que implica un acto permanente de valoración y en sí mismo de la educación como algo valioso, como algo por lo cual esforzarse por decisión propia.
Al hablar de educación se hace referencia a aquella que hoy se le puede asociar con el concepto de calidad, entendida como la utópica aspiración formativa de dimensión humana que se orienta fundacionalmente al logro del bien de individuos y comunidades. Partiendo de esta consideración se deja en claro lo inadecuado de separar la educación valoral de la calidad educativa. Como dos condiciones centrales que exige esta calidad, se reconocen:
1) Que debe ser política educativa, dado su interés público, el promover la autonomía interdependiente del estudiante, centrando la atención en la formación moral como natural del ámbito escolar; formación promotora del cumplimiento de obligaciones morales basado en un sistema ético personal, asumido como propio a partir de un proceso reflexivo; y,
2) La recuperación del docente como sujeto moral y factor estratégico del proceso; privilegiando su formación a través del ejercicio introspectivo que le posibilite apropiarse de su acción educativa; mientras el docente no sea explícitamente consciente de sus propios valores fundamentales y sea capaz de traducirlos en una pedagogía de los valores que posibilite el desarrollo moral de sus estudiantes, estaremos ante una práctica docente alejada de la esencia para la que es conminada: la educación.
Cierro esta intervención, acudiendo a palabras de Pablo Latapí cuando señala: “Humana y solo humana es la capacidad de concebir la existencia como destino, con principio y fin, con sentido de realización, en donde cabe –al lado de otras fuerzas determinantes e incontrolables– el libre albedrío para elegir entre el bien y el mal. Por esto, humano es el orden moral que compromete nuestra conciencia hasta en sus actos más secretos” (2009: 51) Y a propósito de Latapí, no hay que confundir ni reducir la formación moral a lo que se llama formación religiosa.


domingo, junio 06, 2010

Política ¿educativa?

Autora:  Alejandra Alpuche Vélez
Publicación: Síntesis, Tlaxcala, 03 de junio de 2010
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, actualmente ha aumentado el número de personas obesas en el mundo, lo cual se debe principalmente a la tendencia al incremento de la ingesta de alimentos hipercalóricos, ricos en grasas y azúcares, acompañada de la disminución de la actividad física.
     Esta situación también se ha agravado en México, y por ello recientemente, como resultado del Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria, se publicaron los “Lineamientos Generales para el expendio o distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar de los planteles de Educación Básica”, entre los cuales, además de establecer la justificación y normatividad sobre el fomento de una adecuada alimentación y actividad física, incluye un anexo con los alimentos y bebidas permitidas y no permitidas según los requerimientos nutrimentales de los niños en educación básica.
      En éste podemos encontrar alimentos permitidos como: agua potable, leche descremada, frutas, ensaladas, quesadillas de queso panela, barras de frutas, cereales multigrano, etc.; en cuanto a los no permitidos están: refrescos, yogurt para beber, leche entera, preparaciones fritas (chilaquiles fritos), tamales, molletes, hamburguesas, hotcakes, frituras, pan dulce, helados, etc.
     Ésta es la principal política en materia educativa para disminuir la obesidad, pero, ¿es la mejor estrategia cuando la modificación de los programas de estudio y el fortalecimiento a la actividad física son acciones vagamente definidas?, ¿realmente contribuirá a la reducción de la obesidad infantil cuando los padres de familia no están educados para ello?, ¿prohibir alimentos en las cooperativas escolares contribuye a la formación de hábitos?, ¿cuáles son las implicaciones económicas para las cooperativas?, ¿es ésta la mejor estrategia cuando fuera de la escuela esta política no se aplica?, bajo esta lógica ¿habría que cerrar diversos restaurantes de comida mexicana y comida rápida para disminuir la obesidad en México y/o el mundo?
     Es necesario reflexionar en éstas y otras preguntas, ya que las soluciones sencillas a problemáticas complejas generalmente sólo desembocan en resultados superficiales: sólo prohibir alimentos dentro de la escuela, no implica que niños y adultos cambien sus hábitos alimenticios. Habría que pensar más a fondo y desarrollar una política fundamentalmente EDUCATIVA, que ataque a las causas de la obesidad, que responda a las características culturales y económicas de las escuelas mexicanas, que resida en un proceso educativo basado en el aprendizaje del por qué y cómo alimentarse adecuadamente, y que no sólo consista en una dieta obligatoria para niños.