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sábado, febrero 20, 2016

La economía del amor

Autora: Ma. Teresa Abicharred Fernández


14 de febrero, domingo y un día antes de la quincena. ¿Qué vas a hacer este fin de semana?, me preguntó un compañero de trabajo, haciendo alusión a que el pago llegaba hasta el lunes 15. ¿Cómo celebrar el amor sin dinero?
Si somos como el 80% de las personas en este país que pretende festejar en esta fecha, estaremos pensando en dar un regalo o realizar alguna actividad especial con la pareja, los amigos o la familia.
La Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño (Canacope) en Puebla publicó algunas cifras con respecto al gasto de los poblanos en este día: rosas, chocolates y peluches, además de una  comida o cena  representan un gasto promedio de  seiscientos pesos, y en algunos casos hasta dos mil; mientras que los más aventurados pueden aprovechar para comprometerse y gastar hasta diez mil pesos en un anillo de compromiso.
¿Dónde quedó la idea de regalar afecto porque lo importante es convivir?  Regala afecto, no lo compres fue una campaña del  Instituto Nacional del Consumidor (hoy Profeco) que en el año de 1982 abogaba por el consumo responsable. Con la frase, “el dinero no vuelve si lo dejas ir” invitaba a reflexionar sobre las compras impulsivas, de último momento, como comprar flores en la calle o decidir entrar al cine o una cita romántica para poner broche de oro al día más romántico del año.
Y aunque a algunos les parece cursi o producto de la mercadotecnia, lo cierto es que es una fecha que incita a realizar acciones extraordinarias para demostrar amor. ¿Cómo no hacer compras impulsivas si no hay nada que aleje más a la razón que la emoción? Y es la emoción la que se busca provocar en cada uno de los anuncios, aparadores y lugares de entretenimiento en los que se respira el amor y con ello los regalos.
Sin embargo, a favor de esta fecha, se puede decir que tiene un efecto económico importante, ya que ayuda a reactivar  la economía local, generando flujos importantes de efectivo en los negocios asociados a la efeméride comercial, incrementándose hasta en un 30% los ingresos en restaurantes, cines y algunos otros lugares que registraron lleno total.


lunes, octubre 20, 2014

Una mamá normal

Autora: Ma. Teresa Abicharred Fernández
Publicado en Síntesis, el 15 de octubre de 2014

Mami, te amo demasiado, me dijo mi hija Marian un día que íbamos camino al colegio. 
-Demasiado no, hija, demasiado significa más de lo que se merece, le contesté.
-Si fueras una mamá normal -replicó- hubieras contestado yo también.
-¿Por qué crees que no soy una mamá normal?
-Porque sabes muchas cosas, te gusta leer, eres catedrática y también escribes. Eso no es normal. Tú no eres una mamá normal porque te pones a dar explicaciones sobre el significado de las palabras y eres mercadóloga, y vas al súper y analizas las marcas. La mayoría de las mamás que conozco se quedan en su casa y salen con sus amigas o ven televisión, y tú no, concluyó
                   Esa idea se quedó en mi cabeza y ha rondado mis pensamientos durante varias semanas. ¿Será que el estereotipo de ama de casa y mamá de los anuncios de revistas y televisión de los años sesentas, que muestran a una mujer perfecta que cocina, está al pendiente de las tareas de sus hijos y espera a su esposo perfectamente arreglada y con una sonrisa sigue predominando en estos tiempos? 
                  La realidad económica y social de este país muestra un panorama distinto: De acuerdo con un estudio del Consejo Nacional de Población (2013), de los 27.9 millones de madres en el país, 13 millones son económicamente activas y se desarrollan en todos los sectores de la economía, esto es, casi la mitad de las madres en México trabajan fuera del hogar. De ellas, el 48.7 por ciento cuentan con instrucción media superior y superior. 
                 Según los datos anteriores, hay dos tipos de madres que se pueden considerar normales: las que trabajan y las que son amas de casa. Y ninguna es mejor que la otra, son sólo circunstancias y estilos de vida. En lo personal, me encanta ser el referente para mis hijos, poder explicarles el entorno de la empresa y por qué una marca ha salido del mercado o cuáles son sus derechos como consumidores. Gracias, Marian, por inspirar este artículo que muestra que tú tampoco eres una hija normal.

jueves, junio 12, 2014

Fenómeno social, daño personal

Autora: Teresa Abirrached
Publicado: e-consulta, 23 de abril de 2014

     Son las 7:10 de la mañana en un día de clases normal y la mayoría de los alumnos ya están conectados a alguna red social. Después de pasar lista, la clase está por iniciar, no sin antes hacer la aclaración respectiva: guarden sus celulares, ipods, ipads, etc., ya que es un acuerdo de la clase que estos aparatos no están invitados a mi clase.
     Damos inicio al tema del día de hoy: desarrollo de productos, por poner un ejemplo. La clase pasada hablábamos de los productos nuevos; Coral, ¿nos puedes compartir los grados de innovación? Mientras Coral trata de recordar, los demás revisan sus apuntes y van levantando la mano para participar, todos menos Daniel, quien no ha dejado de consultar su celular.
    Daniel, ¿estás de acuerdo que el reposicionamiento no implica innovación? –Pregunto, sabiendo que no tendrá la respuesta. Silencio en el aula. Perdón, responde Daniel, estaba distraído. A manera de broma lanzo el siguiente comentario: la Bolsa de Valores aún no inicia operaciones, así que podemos continuar con la clase y guardar el celular, ¿no es así, Daniel?
     La clase continúa y Daniel ha sacado su celular al menos cinco veces para mirarlo furtivamente. ¿Qué tanto puede ver en esos segundos que le roba a la clase? La respuesta es nada. Daniel no está chateando ni revisando su red social, simplemente padece de un comportamiento compulsivo llamado Fomo, que proviene de la contracción anglosajona fear of missing out, que significa miedo a estar desconectado, a perderse de algo.
     Este comportamiento deriva en una patología que provoca ansiedad de estar activos en las redes sociales y de querer estar enterados en cualquier momento de lo que sucede en el mundo virtual, y que se ha convertido en un fenómeno social que forma parte de las condiciones culturales del siglo XXI, así como lo fue para la generación anterior el uso del teléfono y la televisión. Recuerdo un comercial televisivo de una adolescente colgada del teléfono fijo y la mamá diciendo cuelga ya; un insight que refleja lo que en su momento le importaba a los jóvenes, estar en contacto.
     Otra forma de socializar es a través de la mensajería instantánea, como el whatsapp o telegram, que son la tendencia comunicativa más notoria de nuestro tiempo y que ha atrapado a más de cuatrocientos millones de usuarios en el mundo, debido a que brindan la posibilidad de estar en tiempo real, de ser y de existir en un mundo que no es el nuestro, esto es, nos hace un poco omnipresentes.
     Es así que las redes sociales y la mensajería instantánea se han hecho imprescindibles para las personas, pero también provocan serios problemas en las relaciones, como por ejemplo, el doble check de whatsapp, que ha sido llamado el destructor de parejas, como lo muestra un estudio realizado por el Diario CyberPsychology, el cual concluye que 28 millones de parejas rompen por esta causa.
     El doble check es el visto bueno que aparece cada vez que se envía un mensaje a través de whatsapp e indica que éste ha sido recibido exitosamente. Esta situación deriva en problema cuando los usuarios piensan que el destinatario ha leído el mensaje, lo cual ha sido desmentido por la compañía. "Te mandé un mensaje hace diez minutos, lo leíste y no me contestas". Esta es la reacción negativa que experimenta una persona a raíz de la ansiedad que le genera ver que no le responden inmediatamente. Y es que actualmente vivimos en una sociedad impaciente y poco tolerante a la frustración. La tecnología ha contribuido grandemente a la construcción de este fenómeno; la inmediatez de la satisfacción de los deseos: quiero algo y lo quiero ahora.
     Antes del celular, internet y las redes sociales, la comunicación era asincrónica. Se escribía una carta a mano, se decoraba y se enviaba y después de un tiempo llegaba la respuesta, lo que significa que se debía ser paciente, y en la espera estaba la emoción. Ahora, podemos enviar un mensaje de tres palabras y la persona lo recibe al momento, pero ¿dónde queda la emoción de la espera?
     ES un hecho que las formas de socialización han evolucionado y que la tecnología acerca a las personas, pero también conlleva problemas de atención al entorno más cercano. Estamos cerca de los que están lejos y lejos de los que están cerca.
     Después de este análisis, entiendo que Daniel está distraído no porque no le interese el desarrollo de productos, sino porque envió un mensaje desde las 7:00, tiene un doble check y no ha recibido respuesta.
La autora es profesora de la 
Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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miércoles, junio 04, 2014

La destrucción de la naturaleza, el precio de la modernidad

Autor: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: La Primera de Puebla, 22 de mayo de 2014

     Una noche cualquiera miramos el cielo despejado y descubrimos 
que más allá de nuestro entorno cotidiano existe un mundo 
maravilloso en perfecta conjunción. Si a esta vista se le añade el 
aire fresco que emana de la naturaleza, entonces se puede decir 
que estamos en armonía con nuestro ser y el mundo que nos 
rodea. Si esta visión de la naturaleza nos hace tan felices, por 
qué nos empeñamos en destruir los recursos que están a nuestro 
alrededor
     En las grandes ciudades rara vez miramos el cielo nocturno y 
cuando lo hacemos es posible que la contaminación no nos deje 
admirar la vastedad del Universo. Lo más lamentable es que nos 
hemos acostumbrado a vivir de esta manera, conviviendo en una 
selva de asfalto, entre humo y ruido de los automóviles.
Cuando se nos presenta la oportunidad de visitar una comunidad 
natural como lo son un bosque, una selva o un pantano, no 
alterados por la acción humana, sentimos emoción al descubrir 
un universo de seres vivos, de colores, de movimiento, de 
sonidos, de olores y sensaciones mucho más hermosas de lo que 
imaginamos. Sin embargo, el mundo natural está siendo 
modificado, destruido a tal velocidad que cada vez menor 
número de personas tendrá la posibilidad de disfrutarlo.
     La presencia de cada planta y cada animal que constituyen una 
comunidad natural es consecuencia de un conjunto de factores 
del ambiente y de accidentes históricos que lo hacen único y 
que se nos ha merecido la denominación de Patrimonio Natural 
en diversas áreas de nuestro país.
     México, como fragmento de las tierras emergidas de la corteza 
terrestre, reúne una serie de características excepcionales para 
que su mosaico de comunidades naturales sea particularmente 
variado y sorprendente desde todos los puntos de vista: desde 
los desiertos más áridos hasta las selvas y pantanos más húmedos, 
desde los matorrales tropicales más cálidos hasta las montañas con nieves eternas.
 La variabilidad genética, el paso del tiempo y otros factores han 
permitido la evolución de seres vivos originarios de este lugar. 
     Mejor conocidas por los biólogos como especies endémicas, que 
según la RAE son los animales o vegetales propios y 
exclusivamente de una determinada zona.
     Puebla posee varias reservas ecológicas, como la Atlixcáyotl y la 
zona nororiente, donde se ubica el Parque Flor del Bosque, 
refugio de diversas especies animales y vegetales, en los que se 
promueve una cultura de amor por la naturaleza.
Sin embargo, esta riqueza natural de nuestro país está en riesgo 
por la acción del hombre, en el afán de construir ciudades 
modernas, con tecnología en comunicaciones y vialidades, pero 
que no respetan la biodiversidad, por lo que en algunos puntos 
del territorio mexicano, la vegetación y la fauna natural han 
desaparecido casi totalmente.
     Entonces, ¿es la acción humana la que provoca el deterioro del 
ambiente? La explosión demográfica ha provocado la necesidad 
de vivienda, siendo inminente la destrucción de los bosques, 
selvas y de los animales que en ella habitan, afectando el 
entorno en el que nos desarrollamos, nuestro hábitat y, por 
ende, nuestra salud.
     La preocupación por la conservación de la naturaleza es un 
fenómeno nuevo en la sociedad mexicana, que afortunadamente 
se extiende cada día a sectores más amplios de la población y 
que ha llevado a la creación de leyes proteccionistas del 
ambiente, como son la declaración de reserva territorial y la 
protección de especies endémicas.
     La conservación se logra con acciones concretas, siendo la 
educación el tema fundamental. Es en el seno de la familia donde 
se deben inculcar los valores de respeto y cuidado del ambiente, 
aplicando las 3R (reduce, recicla y reúsa) en el tratamiento de 
los desechos del hogar.
     Campañas que promueven el cuidado de la naturaleza como la 
más reciente de Grupo Acir (Ecoacir) y otros esfuerzos 
permanentes realizados en diversas instituciones como la Ibero 
Puebla, a través del Programa Interdisciplinario del Medio 
Ambiente (PIMA), buscan acercar a la población los mecanismos 
para reciclar y conservar la naturaleza.
     Una civilización no es más avanzada por el desarrollo de las 
telecomunicaciones o infraestructura, lo es en la medida que ha 
incorporado los nuevos satisfactores y formas de convivencia de 
manera armónica con el ambiente, respetando los ecosistemas y 
tomando decisiones conscientes y responsables.
Finalmente, como dice la campaña: tú, qué haces para cuidar el 
ambiente. La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla. 
Este texto se encuentra en: 
http://circulodeescritores.blogspot.com
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lunes, mayo 12, 2014

¿Competentes en la escuela… competentes en la vida laboral?

Autora: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: lado B, 28 de marzo de 2014

     Asistir a una Universidad para formarnos en una profesión es una decisión importante que requiere de un análisis profundo de la oferta educativa y de las promesas que hace la institución. La mayoría de ellas dice de sí misma que es la mejor y que se obtendrá una educación de calidad, con altas posibilidades de insertarse en el sector productivo.
     Sin embargo, y como lo demuestran los resultados en el desempeño en las empresas, no todas las escuelas cumplen lo que prometen. En algunas Instituciones de Educación Superior aún se trabaja con un enfoque centrado en la enseñanza y en el profesor, con métodos basados principalmente en la transmisión de conocimientos.
    El adquirir conocimientos no es, pues, el propósito de estudiar una carrera, sino ser competentes en una profesión, lo que significa resolver situaciones cotidianas, aprender a trabajar con otras personas, dominar nuestro carácter y convivir, entre otras.
     El trabajo por competencias en las Instituciones de Educación Superior requiere de la comprensión de procesos complejos de desempeño, ya que las competencias son dinámicas y deben adaptarse a un determinado contexto, pero su principal importancia es que prepararan al alumno para desempeñarse a lo largo de su vida y se aplican al desempeño, tanto laboral como personal y social, para la resolución de problemas con indicadores de eficiencia, eficacia y pertinencia, mediante la articulación de las dimensiones cognoscitivas, actitudinales y del hacer.
      Las competencias no son un modelo pedagógico sino un enfoque, ya que se focalizan en unos aspectos específicos de la docencia, del aprendizaje y de la evaluación, como son: 1) la integración de los conocimientos, los procesos cognoscitivos, las destrezas, las habilidades, los valores y las actitudes en el desempeño ante actividades y problemas; 2) la construcción de los programas de formación acorde con los requerimientos disciplinares, investigativos, profesionales, sociales, ambientales y laborales del contexto; 3) la orientación de la educación por medio de estándares e indicadores de calidad en todos sus procesos. En este sentido, como bien se expone en Tobón (2005), el enfoque en competencias implica un compromiso con la calidad para asegurar el aprendizaje de los alumnos.

El modelo de competencias pretende orientar la formación de los estudiantes hacia el desempeño idóneo en los diversos contextos culturales y sociales, y esto supone hacer del estudiante un protagonista de su vida y de su proceso de aprendizaje. Requiere de una serie de cambios y transformaciones en la educación, como dar mayor énfasis al desempeño integral ante actividades y problemas, en lugar de la adquisición de conocimientos conceptuales y factuales; se transita del conocimiento a una sociedad de conocimiento en el que el profesor es una guía y un facilitador que provoca al alumno para que busque su propio aprendizaje de y se haga responsable de lo que aprende.
      Una evaluación de competencias implica evaluar el qué hacer, las actitudes, el trabajo colaborativo y en equipo, la innovación, etc. En la actualidad todavía llegamos a ver en algunas universidades alumnos emprendedores supuestamente competentes con calificación de 10, que no logran relacionar los conocimientos del aula con situaciones reales.
     Pero el no relacionar los conocimientos del aula con la vida real no es lo único en la nada fácil evaluación de competencias.
  ¿Cuántos de los que supuestamente evaluamos las competencias aplicamos correctamente los instrumentos y actividades de aprendizaje? ¿Cuántos de los que supuestamente evaluamos las competencias sabemos cómo se elabora una lista de cotejo? Quizá muy pocos siga siendo la respuesta para las preguntas anteriores.
      Trabajar por competencias exige del docente un elevado compromiso en su quehacer y en su actualización para acompañar de manera más eficaz al alumno, con el propósito de que desarrolle sus capacidades y domine las competencias, tanto genéricas como específicas de su profesión.
     Si el alumno demuestra durante su estancia en la Universidad que es competente, que sabe resolver problemas y tomar decisiones en cualquier ámbito, entonces se dice que se está listo para la vida y para desempeñar una profesión, obteniendo un título o una licencia para ejercer la profesión.
     Sin embargo, cabe cuestionarse por qué muchos egresados de Educación Superior no logran un buen desempeño en el trabajo. La respuesta se encuentra en la Institución en la que se han formado, en lo que la mueve y le importa y en la congruencia entre su filosofía y sus acciones. La responsabilidad de la institución es propiciar ambientes de aprendizaje en el que alumno se forme integralmente desde el primer día de clases, a través de su participación en talleres, congresos, actividades culturales y deportivas, además del trabajo en las aulas. De esta manera, podemos decir que son competentes, en todo el sentido de la palabra.

miércoles, mayo 07, 2014

Lo que no es tuyo, es de alguien más

Autora: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: Síntesis Puebla, 08 de abril de 2014

     He tenido la oportunidad de escuchar a Carlos Casuga, fundador de Yakult, y me quedo siempre con esta frase: Lo que no es tuyo, es de alguien más.Hoy en día nos enfrenamos a circunstancias que están fuera de nuestro control, como son la desigualdad social, la violencia, el consumismo y la corrupción. En pocas palabras, a la falta de valores. Vivimos en un ambiente caótico en el que todo el tiempo estamos luchando por un puesto de trabajo, por un lugar en el estacionamiento o en la fila del súper; por lo que resulta difícil de creer que es posible conducirse con honestidad y dejar de lado el actuar egoísta para pensar en los demás.Desde hace años, soy maestra en dos instituciones y lo que sucedió me hizo reflexionar sobre el porqué no todos reaccionamos de la misma manera en situaciones similares. Mientras estaba en clase en la Universidad 1- un alumno comentó que no encontraba su celular, pidiéndole a una compañera que le marcara y así lo ubicamos escondido en la chamarra de otro compañero, quien se justificó diciendo que no sabía cómo había llegado ahí. Ese mismo día, le sustrajeron el celular a otro alumno, y lo utilizaron para enviar mensajes ofensivos a otras personas.Al día siguiente extravié mi celular. Una hora después me di cuenta y llamé y para mi sorpresa me contestaron de vigilancia de la Universidad 2, diciendo que una persona lo había llevado porque lo encontró en el sanitario.Si se ha demostrado que el ser humano, por naturaleza, tiende al bien; entonces, ¿en qué momento nos desviamos del camino? ¿Por qué una persona decide tomar algo que no es suyo, y otra se toma la molestia de regresar algo que se encontró olvidado?El resultado de mi reflexión me llevó a lo siguiente: las personas que toman lo que no les pertenece no lo hacen por una mala situación económica, sino porque aprendieron en casa que pueden lo que no les pertenece, esto es, por la falta de valores en la familia.La autora es profesora de laUniversidad Iberoamericana Puebla. Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.comSus comentarios son bienvenidos

jueves, marzo 13, 2014

De vender productos a brindar soluciones

Autora:  Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: La Primera de Puebla, 27 de febrero de 2014

     Sin clientes no hay dinero y sin dinero no hay empresa. Esta es la 
visión de negocio de muchos empresarios que basan su éxito en 
la obtención de utilidades. Bajo esta premisa, si ?hacer dinero? 
es el resultado, entonces la satisfacción del cliente es el 
objetivo.
Sin embargo, todos los días escuchamos frases como la siguiente: 
¿lo sentimos, por el momento no podemos atenderle?; ?así lo 
hacemos aquí?? o ?no se aceptan devoluciones?? con lo que 
muestran poca preocupación por los clientes y más por sus 
necesidades.
     Para sobresalir, tenemos que demostrar que somos diferentes de 
quienes sólo intentan vender y sacarles a los clientes su dinero. 
     La diferenciación es posible construirla con atención especial a 
sus necesidades. No basta con darle al cliente lo que pide, sino 
preguntarle para qué lo quiere, qué uso le dará y cuáles son sus 
expectativas, con el propósito de asesorarlo para una mejor 
compra.
     Cualquiera puede intentar resolver los problemas que el cliente 
sabe que tiene, pero representa mayor logro encontrar lo que 
no ve, por lo que se requiere talento para descubrir los 
problemas ocultos y generar más valor.

     ¿Cuál es, entonces, el enfoque que se debe dar a los negocios 
para lograr la lealtad de los consumidores? La respuesta está en 
no vender productos o servicios, sino en ofrecer soluciones.
     El término solución refiere a la acción y efecto de resolver una 
dificultad, y supone la satisfacción de esa inquietud con la que 
se destraba el problema. Dar soluciones implica una 
reorganización al interior para asegurar que desde el inicio se 
trabaja para entender al mercado y asegurar su satisfacción.
     Un amigo empresario, con 20 años de experiencia en su negocio, 
está buscando reposicionar el negocio para penetrar el 
mercado. Es una persona que está pendiente de las necesidades 
de sus clientes y personalmente se ocupa de resolver sus 
inquietudes. Cuando tuve la oportunidad de trabajar con él para 
la organización de un congreso, nunca recibí un no como 
respuesta y pude constatar que no vende impresos, brinda 
soluciones.
     Por ello, le propuse cambiar la denominación de su negocio: de 
imprenta a soluciones gráficas y promocionales. El impacto de 
esta decisión fue más allá de cambiar la imagen o el slogan. Lo 
que sigue ahora es analizar la filosofía organizacional y orientarla 
a lo que realmente importa: los clientes.
Para ello, si lo que se quiere ofrecer son soluciones, hay que 
poner especial en la declaración de valores, la cual debe ser 
congruente con lo que le mueve, lo que le importa y en cómo 
alinea sus procesos para que suceda lo que promete.y colocar 
en primer lugar al compromiso.
     Compromiso, según la RAE, significa prometer mutuamente. Se 
forma con la preposición cum (con) y el adjetivo promissus 
(prometer), por lo que el concepto de la palabra es el acto de 
prometerse al otro. Se dice que una persona se compromete 
cuando se implica al máximo en una labor, esto es, darse 
completamente al otro, más allá de lo que se espera.
     El compromiso es un valor que define a una persona u 
organización. Inicia con una promesa, que es la parte en la que 
la mayoría se queda, generando expectativas que nunca llegarán 
a cumplirse. La segunda etapa, el proceso, es la parte más difícil, 
ya que es el acto de darle forma a la promesa e implica 
constancia para sortear factores externos. El cumplimiento total 
es el paso final, - y se hace énfasis en la palabra ?total?-. Una 
promesa no se puede cumplir a medias porque entonces no se 
ha cumplido.
¿Cómo comprometernos con alguien si no lo conocemos? Para 
que exista un compromiso es necesario que haya conocimiento 
de aquello que prometemos, es decir, las obligaciones que 
supone y el objetivo a alcanzar.
Conocer al cliente, ir más allá de la identificación de sus 
necesidades, explorar sus intereses y motivos son pautas para 
establecer una verdadera relación que se fortalecerá con las 
promesas cumplidas, en el entendido que la relación comercial, 
como cualquier otra, se puede abandonar en cualquier momento 
porque supone un acto de voluntad.
     Comprometerse a dar soluciones es un viaje sin retorno; genera 
lazos basados en la confianza en que hay una empresa que 
cumple lo que promete, que acompaña, orienta, y busca tener 
clientes encantados, quienes después de saber quiénes somos y 
qué hacemos permanecen con nosotros.
     Si recibo un trato personalizado y atento, ¿qué necesidad 
tendría de cambiar de empresa, marca o producto?
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla. 
Este texto se encuentra en: 
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jueves, enero 16, 2014

Una dosis de humildad

Autor: Ma. Teresa Abirrached Fernández Ibero
Publicado: Síntesis Puebla, 12 de diciembre de 2014

     El crecimiento personal y profesional es una meta inherente al ser humano; es un sueño que nos lleva a empeñar nuestro esfuerzo, con la idea que si aprendemos más y acumulamos experiencia, seremos mejores personas.Cuando una institución nos otorga un grado académico, nos comprometemos a poner nuestros conocimientos al servicio de la sociedad y continuar preparándonos para ser mejores, pero al pasar del tiempo se nos olvida.El ejercicio de la profesión nos hace especialistas en algún tema, al grado de que nos "creemos" muy buenos. De ahí a la soberbia, hay sólo un pequeño paso.Hace unos días platicaba con un amigo al que admiro y me comentaba que está asistiendo a un curso de redacción. Mi primera reacción fue de incredulidad: ¿cómo un periodista de profesión, Maestro y que además escribe con mucha elocuencia asiste a un curso de redacción básica? De la incredulidad pasé a la sorpresa por su respuesta: "Lo tomo con mucha humildad, ya que siempre hay algo que aprender".Según la Real Academia de la Lengua Española, la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo a este conocimiento. Sin embargo, va más allá. Es una característica propia de las personas modestas, que no se sienten más importantes o mejores que los demás, independientemente de los logros alcanzados. Miguel de Cervantes decía que "la humildad es la base y fundamento de todas las virtudes y que sin ella no hay alguna que lo sea", ya que más que un concepto, es una forma de vida y es signo de fortaleza.Curiosamente, a los pocos días, otro amigo me platicaba que asistió a un curso de mercadotecnia y le comenté que me atrae la idea de inscribirme en un curso de este tipo.Mi amiga Bety contestó: "Cómo una maestra en mercadotecnia como tú, que dicta cátedra en maestría-"Sí me gustaría, y además lo haría con toda humildad, porque nunca se es demasiado sabio para aprender, ni demasiado pequeño para enseñar.La autora es profesora de laUniversidad Iberoamericana Puebla.Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.comSus comentarios son bienvenidos



lunes, junio 17, 2013

¿Deberíamos preocuparnos por las pequeñeces?

Autora: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: en lado B, 05 de junio de 2013

     Alguna vez leí un letrero que decía: No te preocupes por pequeñeces. Casualmente este letrero estaba colocado en la puerta de los empleados de un taller mecánico, lo que verdaderamente me inquietó dado que si realmente las personas que trabajan en ese lugar consideran que hay que pasar por alto los  detalles, ¿qué se puede esperar de su trabajo? ¿Cómo iba a confiarle mi auto a un mecánico cuya filosofía se puede resumir en la máxima no te preocupes por nada?
     El letrero completo decía: Dos reglas para vivir: 1) No te preocupes por pequeñeces, y 2) Todas las cosas son pequeñeces.
     El mensaje del letrero, quizá en tono chusco, muestra la  actitud de muchas personas hacia las cosas que no tienen importancia, como los robos menores en supermercados o el darse cuenta que se está cobrando de menos en un restaurante, argumentando que las tiendas  ganan mucho dinero y no les afecta un lapicero o un refresco que no se pague.
Basta con observar la sección de comida preparada de un supermercado par ver cómo una o dos personas comen de aquí y de allá. Evidentemente hay quienes piensan que un trozo de melón o una rebanada de panqué son algo tan insignificante que comernos unos cuantos en realidad no es robar.
    En una ocasión vi discutir a una compradora con un empleado de una tienda de autoservicio. Mientras la señora seleccionaba cuidadosamente las uvas, el niño se las comía. El dependiente le dijo amablemente al niño que las uvas eran para venderse, no para que las probara. La madre enseguida salió en defensa de su hijo. ¡Por el amor de Dios! exclamó indignada- no tiene la menor importancia. El mensaje para el niño fue que no hay nada malo en robar pequeñeces, es decir, ni siquiera puede decirse que eso constituya un robo.
     Hace poco, en una clase que imparto se dio la situación que un equipo presentó un trabajo que un compañero les había compartido. Al cuestionárseles sobre la situación, el alumno que recibió el trabajo no alcanzaba a comprender el por qué se le reprendía, dado que él sólo pidió un favor y fue su compañero quien cometió el error al no haberlo modificado. Más grave aún, la otra persona del equipo que ni siquiera se enteró del fraude, dado que a él sólo se lo pasaron para que expusiera su parte.
     ¿Falta de conciencia del alumno o errores en su educación? Yo considero que ambos. Vivimos en una cultura de la inmediatez que nos lleva a querer tener lo que deseamos sin importar lo que tengamos que hacer. Quiero algo y lo quiero ahora es lo que hemos enseñado a las nuevas generaciones, y si para ello tengo que mentir, robar o traicionar es válido, siempre y cuando no sea en gran escala, o mejor dicho, sean pequeñeces.
    En una ocasión, una vendedora de un supermercado estaba atendiendo a una clienta que le había solicitado medio kilo de jamón; al colocarlo en la bolsa, éste cayó al piso. La vendedora lo recogió y se lo entregó a la clienta diciendo que no había pasado nada y que había caído sobre el plástico, lo que evidentemente era mentira.
     ¿Hasta dónde podemos llegar por ocultar alguna negligencia u obtener lo que queremos?
Las pequeñeces van creciendo hasta convertirse en verdaderos actos de deshonestidad, como sustraer datos de clientes para utilizarlos en beneficio propio o incluso venderlos. Por ello, la protección de datos ha cobrado tanta importancia, para evitar actos de corrupción y proteger la confidencialidad de los datos.
     Sin duda, No te preocupes por pequeñeces puede ser un buen consejo si por ello entendemos que no hay que preocuparse excesivamente por las cosas, no ahogarse en un vaso de agua o evitar reacciones desproporcionadas ante ciertas circunstancias, pero si esta máxima se pone en práctica irreflexivamente, deja de ser una pauta para vivir de manera racional y se convierte en una justificación para vivir sin principios. Cuando esto sucede, lo más probable es que nos parezca una pequeñez tirar la envoltura de una golosina, llevarnos las toallas de un hotel o los sobres de endulzante de las cafeterías. Trivializar lo que codiciamos nos da una excusa para robar impunemente.
Como señaló Benjamín Franklin: Una pequeña falta puede engendrar un gran mal. Una mentira, omisión o falta de probidad podría costar un matrimonio, una amistad o la profesión si se basan en la creencia de que no tiene importancia.
     Existen productos, por ejemplo el pan de caja, galletas, etc. que especifican en sus empaques que la máquina en la que se fabricaron puede contener restos de nuez u otro ingrediente que puede causar alergia en algunas personas. ¿Cuántas personas podrían enfermar gravemente si omitieran esta pequeñez?
     La primera y más importante enmienda del Código de Ética de la Mercadotecnia es no hacer daño a sabiendas. Y esto incluye los pequeños detalles, la falsa información, la exagerada exaltación de los beneficios de un producto, hasta la publicidad engañosa.
      Actuar de manera honesta  tiene su origen en cómo entendemos que las cosas que no tienen importancia demuestran que sí la tienen y que ahí, precisamente reside la integridad de las personas.

*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
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jueves, marzo 14, 2013

¿Es posible ser bueno en todo?


Publicado: Puebla on Line, 12 de febrero de 2013


     El lenguaje de la mercadotecnia es tan conocido entre las población que la mayoría de las personas se refieren a ella de manera frecuente, en frases como el target del producto es la clase media, o el producto está bien posicionado.  En el mundo de los negocios sucede una situación similar, ya que se abusa de estos términos sin analizar el verdadero significado y sus implicaciones.
      Lo anterior se puede ver plasmado en la afirmación de un director de una empresa en una entrevista que le hicieron por la radio, al preguntarle si conocía a su competencia. Su respuesta fue la siguiente: “Yo me río de la competencia porque nosotros somos los mejores”. Quien lo entrevistaba, inteligentemente le preguntó: “¿Mejores en qué? Obteniendo la siguiente respuesta: “Somos mejores en todo”.
       Quien no conoce a la competencia y sus propios recursos,  puede caer en el error de minimizar sus posibilidades o creer que puede construir una posición sobre algo que hace bien, sin analizar si realmente es una ventaja.
       Las ventajas son de dos tipos: comparativa y competitiva. La primera se refiere a aquello que poseo y que me coloca en una situación mejor que la competencia, por ejemplo, la ubicación o la capacidad de conseguir la materia prima fácilmente. En el caso de la ciudad de Puebla, una ventaja comparativa es la ubicación que históricamente la coloca en un lugar privilegiado como punto neurálgico para la comercialización, por lo que muchas empresas buscan asentarse en este territorio.
       La ventaja competitiva, por su parte, es resultado del manejo eficiente de los recursos y supone un esfuerzo para identificar las fortalezas y utilizarlas para competir, así como las debilidades para trazar un plan de mejora. Una ventaja competitiva, en el ejemplo anterior, se refiere a la inversión en infraestructura de comunicaciones, para que éstas respondan a las necesidades de los inversionistas y de la población en general.
       Identificar la ventaja sobre la cual se va a desarrollar el plan de mercadotecnia – o cualquier plan dentro de la empresa- es resultado de un profundo análisis situacional (o estratégico), que permite visualizar a la competencia, el mercado, los clientes y nuestros propios recursos.
       Las herramientas a utilizar pueden ser un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) para conocer las tendencias, esto es, cuáles son los nuevos patrones de consumo, económicos y de cuidado del ambiente y ubicar qué tan preparados estamos para cambios en el ambiente. Asimismo, nos da como resultado aquello que hacemos bien y tenemos control,  y sobre los aspectos que aún son débiles en nuestra administración.
       Lo siguiente que debemos conocer de manera profunda y respetuosa es a la competencia. Para ello, es preciso comparar el precio, la variedad y calidad de sus productos, el servicio y la relación con los clientes, entre otros criterios. Lo importante es que nos incluyamos en esta comparación. El resultado del análisis de la competencia nos permitirá ubicarnos ante ella y validar nuestras fortalezas.
       El conocimiento de los clientes es la tercera herramienta que nos permitirá indagar en los gustos, hábitos de consumo y preferencias del consumidor, así como la percepción que tiene de nuestros productos, y así constatar qué tanto lo estamos satisfaciendo y si son leales a nuestra marca y productos, y lo que es más importante, el porqué.
       Como se mencionó en un inicio, el objetivo es identificar nuestra posición en el mercado a partir de lo que hacemos bien, si esto responde a una tendencia del mercado y es lo que nuestros clientes desean. A partir de los análisis realizados se pueden listar las posibles ventajas, de las cuales hay que preguntarse: ¿es única, difícil de igualar, sostenible?
       Con la respuesta a estas preguntas se elige LA VENTAJA, la cual va a fundamentar y guiar todas las actividades de mercadotecnia. Cada elemento del diseño, el precio y el lugar donde se comercializa debe responder a lo queremos que nuestro producto comunique al mercado.
       Una característica importante de la ventaja competitiva es que se puede modificar cuando la competencia ya la alcanzó o cambiaron las circunstancias del mercado, por lo que se elige otra ventaja y se construye ahora sobre ella.
       Para terminar, se concluye que no podemos ser “mejores en todo”, porque se daría un mensaje confuso al consumidor, quien no sabría los motivos por los que debe elegir nuestro producto y no el de la competencia.
*El artículo expresa la opinión personal de la autora, que es académica de la Universidad Iberoamericana Puebla
**Este texto también se encuentra en: http://textoscirculo.blogspot.mx/
Sus comentarios son bienvenidos.

martes, octubre 30, 2012

Los conocimientos en la información profesional

Autora: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: Síntesis Puebla, 24 de octubre de 2012

     "Lo esencial es invisible a los ojos". Esta frase de Antoine de Saint-Exupéry, nos dice que el interior de las personas es una verdadera caja negra casi impenetrable que guarda los sentimientos, emociones y valores que nos hacen ser lo que somos, pero también lo que podremos ser, ya que abriga nuestras capacidades, intereses, conocimientos y habilidades.
     ¿Cómo puede un egresado de educación superior demostrar lo que lleva en interior? Hasta hace pocos años, una de las formas de evidenciar las capacidades profesionales era la obtención del título profesional, que si bien constataba que la persona había concluido los estudios de cierta disciplina, no muestra el grado de apropiación de los conocimientos, habilidades y competencias que nos diferencian de otros.
     Con este fin, actualmente existen asociaciones que tienen como objetivo evaluar y certificar los conocimientos y las competencias para romper la visión reduccionista del egresado y proporcionar una visión más amplia de las profesiones, elevando con ello, la calidad de la educación y la competitividad de nuestro país.
     El Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL) aplica desde 1994 el Examen General de Egreso a quienes han concluido su preparación profesional, otorgando evidencia de desempeño satisfactorio o sobresaliente al obtener una puntuación igual o superior a la media nacional. Por su parte, los maratones de conocimientos son una competencia de información y habilidades de un área específica y contribuyen a la calidad formativa de los estudiantes, de su articulación social y al fortalecimiento del pensamiento crítico.
     Ahora bien, la obtención de este tipo de reconocimientos proporciona una ventaja competitiva al estudiante, pero no son la única forma de demostrar las competencias adquiridas en la formación profesional, por lo que el no contar con ellos no demerita su desempeño ni su capacidad de toma de decisiones en el ambiente laboral.

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, mayo 08, 2012

El consumidor mexicano y la calidad del servicio: de la promesa a la realidad


Autor: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: e-consulta, 03 de mayo de 2012

     Mayo es uno de los meses del año más festivos en México. Es en estas fechas que buscamos demostrar nuestro afecto con flores, regalos y momentos especiales en centros de diversión y restaurantes, con el objetivo de pasar un buen momento con nuestros seres queridos. Sin embargo, como ocurre en muchas ocasiones, esos momentos especiales se convierten en malas experiencias derivadas del mal servicio al que como consumidores nos exponemos.
     Ante esta situación, vale la pena analizar el porqué las empresas son incapaces de prestar un servicio de calidad y, lo más importante, cómo y por qué el consumidor acepta un producto que no satisface sus expectativas o un servicio deficiente.
     En el caso específico de los servicios, la satisfacción del cliente depende de la interacción entre el personal de contacto y el mismo consumidor, esto es, hablamos de una relación entre personas, y como tal, influyen elementos emocionales tanto en uno como en el otro; por lo que es importante reducir la variabilidad derivada de la persona que otorga el servicio y el momento en que lo hace.
     En lo que concierne al cliente, cada uno es diferente: existen clientes mucho más sensibles que aceptan menos los errores y requieren de mayor atención por parte del proveedor, y clientes que son más tolerantes y pueden aceptar un servicio sin que éste sea de calidad.
     Entonces, ¿qué factores nos hacen tolerantes ante un mal servicio? La respuesta está en la psicología social del mexicano, ya que históricamente somos más que una mezcla de razas y culturas. Los mexicanos tenemos mucho de españoles, pero no lo somos; poseemos elementos indígenas, pero tampoco lo somos, y si a esto le sumamos el sueño americano que prevalece actualmente en nuestra cultura, nos lleva como dice Samuel Ramos en su libro El perfil del hombre y la cultura en México­­- a la autodenigración a menospreciar lo que se tiene, comparándolo con lo que no se tiene, la imitación y el sentimiento de inferioridad que causa el menosprecio de lo propio y la exaltación de lo ajeno.
      Ante esta situación, no es difícil comprender que solicitemos favores en vez de exigir respeto por nuestros derechos y que mientras más bajo es el nivel socioeconómico es menor la demanda de los servicios y la expectativa de ellos.
     Situaciones que vemos a diario como el tiempo excesivo en la prestación del servicio, los cobros adicionales, el mal trato y, en general, deficiencia en el servicio, son tan comunes que nos hemos acostumbrado a ellas. La respuesta de la mayoría de las personas es quejarse con sus conocidos o reclamarle al personal de contacto cajeros, meseros, etc.- pero pocas veces se llega más allá, como hablar con el gerente o encargado o poner una denuncia en la Procuraduría Federal del Consumidor.
      ¿El problema radica en que no conocemos nuestros derechos o existe una gran desconfianza en las autoridades? La mayoría de los mexicanos sabemos que tenemos derechos como consumidores, pero pocos son los que se detienen a analizar cuáles son y cómo hacerlos valer.
     La Ley Federal de Protección al consumidor, en su artículo 8bis dice que " se deberá fomentar permanentemente una cultura de consumo responsable e inteligente, entendido como aquél que implica un consumo consciente, informado, crítico, saludable, sustentable, solidario y activo", y para ello trabaja en una campaña de información sobre los 7 derechos básicos del consumidor, que son el derecho a la información, a la educación, a elegir, a la seguridad y calidad, a no ser discriminados, a la compensación y a la protección. Como consumidores podemos exigir que nos informen acerca de las condiciones de compra, que respeten las promociones publicadas y a ser compensados si el producto o servicio que recibimos no es de calidad.
     El derecho a la protección, menciona que las autoridades, en este caso la PROFECO, deben defendernos ante una situación de abuso, pero existe la creencia de que reclamar implica pérdida de tiempo y dinero; nos quejamos pero no llegamos a las últimas consecuencias porque existe una gran desconfianza derivada del sentido de inferioridad que se mencionó.
     El camino más viable para evitar prácticas engañosas es la información, que no sólo es un derecho, es una obligación de los consumidores. Un consumidor informado exige que el prestador del servicio cumpla lo prometido y entonces la calidad del servicio dejaría de ser una preocupación.


martes, marzo 27, 2012

MERCADOTECNIA SOCIAL: ¿LA MERCADOTECNIA Y LA SOCIEDAD SON DOS TÉRMINOS AFINES?


Autora: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: Puebla en Line, 20 de marzo de 2012

   Hace unos días leía un posteo en el muro de una amiga que decía más o menos así: “Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar el dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas que no nos importan”. 
   Esta frase y algunos comentarios como “maldita mercadotecnia” son muy comunes en nuestra vida cotidiana, en la que algunos se olvidan del porqué existimos en sociedad y cuál debería ser el resultado de nuestra convivencia.
   En la época actual, donde la mayoría de las actividades del ser humano involucran un acto de consumismo, surge la era de la mercadotecnia, con la finalidad de satisfacer al cliente, como individuo y como sociedad. Una sociedad en la que sólo se puede lograr el bien común cuando todos los actores sociales estén dispuestos a apoyarse entre sí.
Dice S. Fine que  “La teoría del marketing es tan supremamente buena, que no se justifica aplicarla sólo con productos ordinarios”  Entonces surge el concepto de marketing social, concebido para aplicar estrategias de mercadotecnia a promover causas sociales que buscan resolver un problema social.
   Sin embargo, agrega Denis Lindon, que a ciertos intelectuales y moralistas la palabra “Marketing” les produce un efecto análogo: corrompe todo lo que toca;  y nos preguntamos ¿cómo la maldita mercadotecnia puede ser social? ¿Es un truco publicitario o una estrategia para engañar incautos y enriquecer más a las grandes empresas?
   Para responder a estas inquietudes habría que entender el verdadero concepto de la mercadotecnia y su principal precepto que es no hacer daño a sabiendas. Esto es, la mercadotecnia está concebida para satisfacer al consumidor con productos que son buenos para él, al precio que éste puede pagar y en el lugar donde acostumbra a comprar, generando como consecuencia una utilidad para la empresa.
   Por su parte, el término social  tiene que ver con la sociedad y con  la responsabilidad de cada uno de sus miembros por el bienestar propio y el de los demás. Al ser corresponsable del desarrollo de la sociedad, cada individuo tiene la obligación de ayudar a los menos favorecidos para alcanzar su desarrollo integral, entendido como mente,  cuerpo y espíritu.
   El origen del marketing social se remonta a 1952, cuando Wiebe se preguntaba ¿porqué no se puede vender la fraternidad de igual manera que el jabón? La respuesta que encontró fue que ésta no se vende igual que un producto comercial. Fue entonces cuando surge la preocupación por la forma y el contenido de la comunicación y promoción social; sin embargo, el término mercadotecnia social apareció por primera vez en 1971 para describir el uso de los principios y las técnicas de la comercialización encaminada al apoyo de una causa, idea o conducta social.
   La Mercadotecnia Social tiene como finalidad lograr la aceptación de una idea para modificar la conducta, requiriendo, para ello, obtener apoyo económico, en especie o trabajo voluntario para solventar y sostener dicha causa, siempre con miras a un beneficio social, esto es, que favorezca a un gran número de personas.
   Para coadyuvar a la solución de los problemas sociales, entendidos como “una situación específica de la sociedad, percibida como desastre por algunos de los miembros, o una condición que afecta la vida de un gran número de personas y que no ha sido tratada de manera eficaz”, esto es, que los esfuerzos gubernamentales no son suficientes para acabar con el problema, surge la acción social, que es el trabajo colectivo para eliminar o al menos mitigar estos problemas, a través de estrategias para hacer conciencia sobre las necesidades sociales ignoradas o poco atendidas por el sector gubernamental.
   Son, entonces, los individuos quienes forman una Organización de la Sociedad Civil (OSC), que es una entidad no lucrativa constituida para prestar un servicio para mejorar la calidad de vida de la sociedad; formada por un grupo de personas que aporta trabajo voluntario; sin lucro personal de sus miembros y sin tener carácter gubernamental.
   La mercadotecnia cumple con esta labor social, por lo que no somos los malos, al contrario. Existen muchos ejemplos de asociaciones y fundaciones que promueven causas como la salud, la educación o incluso la cultura con el único ánimo de buscar un beneficio social y que requieren de las herramientas del marketing para hacer llegar su producto a los destinatarios.





lunes, marzo 05, 2012

El papel de los medios de comunicación en el bullying escolar


Autora: Ma. Teresa Abirrached Fernández
Publicado: en Lado b, 14 de febrero de 2012

   El Bullying, entendido como acoso o maltrato entre adolescentes y que se da principalmente en las escuelas, es un tema que se aborda en la actualidad en casi todos los grupos sociales con el fin de prevenir a las posibles víctimas y a las personas que forman parte de su contexto: padres, maestros y compañeros.

La palabra bullying se utiliza para describir diversos tipos de comportamientos no deseados por niños y adolescentes, que abarcan desde bromas pesadas, el ignorar o dejar deliberadamente de hacer caso a alguien, los ataques personales e, incluso, los abusos serios.
     Del bullying se puede escribir en diversas vertientes, desde los signos que muestra un niño o niña agredido, hasta recomendaciones que giran en torno a los hábitos de convivencia familiar y social. Sin embargo, en esta ocasión se abordará desde un problema fundamental: el papel de los medios de comunicación y las redes sociales en la formación de la personalidad y actitudes de los niños y, como consecuencia, en la propagación de ideas y comportamientos que pueden dañar la convivencia entre los niños y adolescentes.
     De acuerdo a los estudios realizados por Enrique Alducin en el libro “Los valores de los mexicanos”, una persona en los años 50’s formaba sus valores en base a las siguientes influencias: 45% familia, 23% escuela, 5% medios de comunicación, 15% religión y 12% medio ambiente. Para los años 80’s, esta situación cambió radicalmente, quedando de la siguiente manera: 27% familia, 24% escuela, 23% medios de comunicación, 8% religión y 18% medio ambiente.
     Y en el 2010 –dadas las condiciones socioeconómicas y culturales en las que ambos padres trabajan y permanecen fuera del hogar durante largas jornadas-, los factores de influencia se modifican y los núcleos familiares, religiosos y escolares ceden su espacio como formadores de personalidad y ejes de sociabilidad a los medios de comunicación, quedando de la siguiente manera: 18% familia, 20% escuela, 43% medios de comunicación, 5% religión y 14% medio ambiente.
     Así, actualmente podemos ver cómo el comportamiento de un niño es dramáticamente influenciado por los medios de comunicación. Ésta es una situación que se da desde principios de los años ochentas y ha estado determinada por la estructura social y familiar, cuando la generación X, en un afán de búsqueda de identidad pretende romper los paradigmas de diversión de sus padres; es en este contexto que surgen programas televisivos que buscan la empatía con estos jóvenes, las telenovelas comienzan a “mostrar” imágenes más reales de amor, odio, envidia y sexo como una forma de acercarse a la audiencia.
     Esta nueva forma de hacer televisión rápidamente fue aceptada, convirtiendo al público en morboso y ansioso de ver escenas más “fuertes” en pantalla. Los medios capitalizaron esta moda y, para los años noventas, ya era una constante en todos los programas.
     En un intento por volver a los valores, en 1997 se propuso una iniciativa a favor de lo mejor en los medios, en el que los medios de comunicación se unieron con la sociedad para fomentar la creación de programas de contenido y reducir los efectos negativos de los mensajes que hasta ese momento se transmitían y que dañaban a los niños y a las familias, en un esfuerzo por cambiar esa cultura de comunicación.[1]
     Durante algún tiempo los medios respetaron este acuerdo, pero se enfrentaron a un público que no estaba dispuesto a volver a los programas de humorismo blanco y a las escenas de amor platónico, por lo que pronto se rompió el pacto e incluso se agudizó la competencia con escenas crudas y violentas. Esta tendencia llegó a los programas de espectáculos y después a los noticieros serios. Con el auge de las redes sociales se ha incrementado aún más la exposición de los jóvenes a los mensajes malintencionados y sin control, que crecen de manera viral tergiversando sus valores y provocando actitudes violentas y agresivas que crean ambientes escolares de bullying.
     Esta generación, conocida como del @, ha sido expuesta a la nota roja y escenas eróticas por doquier, aunado al poco control que se ejerce en las familias, lo que implica que en muchos casos pierdan la fe y la esperanza en un futuro mejor. Una de las consecuencias es el fenómeno NINI que en nuestro país suma 7.5 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, sin importar el nivel socioeconómico ni la escolaridad de sus padres.
     Éste es el entorno en el que se “educan” nuestros hijos, en el que aprenden que violar la privacidad de otros y la propia es una forma de pertenecer, y agredir a una persona en un talk show no sólo es aceptado sino aplaudido, con frases que se han hecho famosas como “que pase el desgraciado”. Ante esto, ¿qué podemos esperar de la conducta de los niños y adolescentes que reciben como insumo estos programas? Y lo más lamentable es que son los contenidos televisivos que consumen sus padres.