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sábado, febrero 06, 2016

Recuperemos la confianza

Autora: Laura Angélica Bárcenas Pozos
Publicado en E-Consulta el 9 de diciembre de 2015

Todas las semanas estamos teniendo algún hecho significativo del que vale la pena hablar en relación a la Reforma Educativa, particularmente la evaluación de la docencia que se está llevando a cabo en estos días. Lo sucedido en Acapulco el jueves 3 de diciembre no había tenido referente. Cuando ya estaba casi todo listo para iniciar la evaluación, un grupo de profesores empezaron a desconectar un número indeterminado de computadoras y a gritar consignas para evitar que la evaluación se llevara a cabo. Así que la autoridad educativa se vio obligada a suspender la prueba por dos horas. A las 11 Hrs. del mismo día se reinició la prueba y aunque no todos los que se habían registrado, la mayoría de los docentes retomaron la evaluación.
Y aunque veo que la Secretaría de Educación Pública (SEP) está haciendo sus mejores esfuerzos para lograr que la evaluación se lleve a cabo en el mayor orden posible, no lo ha logrado y es posible que esto se deba a que está utilizando a la policía federal para resguardar el orden, particularmente en las regiones en donde la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), tiene mayor presencia, generando mucha desconfianza entre los docentes.
El sábado fue imposible no tocar el tema con mis alumnos de maestría, pues la mayoría de ellos son profesores y directivos de escuelas básicas y públicas. Todos ellos se muestran preocupados de cómo están sucediendo las cosas. Tiene temor, pues están convencidos de que la prueba se ha diseñado para sacarlos a todos del servicio profesional docente y que las tres evaluaciones que enfrentarán solo alargarán la agonía y que muchos de ellos -si no todos-, pronto estarán fuera. Hablamos de quiénes diseñaron la prueba, de qué debe pasar al enfrentarla, de cómo pueden prepararse, de qué deben esperar.
Lo que pude observar en este diálogo es el alto nivel de desinformación, y cuando les hice ver esto a mis alumnos y les pregunté cuáles eran sus fuentes de información, me refirieron que se las proporcionan sus representantes sindicales. Entonces les dije que se estaban arrimando a un mal árbol, porque los sindicatos son los más afectados con esta Reforma, pues perderán buena parte del poder que tienen en la educación en México. Los invité a que se enteraran por ellos mismos, que leyeran la reforma que sigan la página de Facebook del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), entre otras cosas.
Por otro lado, pude percibir un alto nivel de desconfianza, “no van a correr a todos” decían algunos. Otros decían, “no nos pueden correr a todos” y otros más decían “no van a correr a nadie”. Yo creo que se van a ir del Servicio Profesional Docente, aquellos que tengan que irse. La evaluación tal como se ha planteado, está orientada a la mejora. Los profesores pueden presentar por primera vez la evaluación y con esto saber cuáles serán sus áreas de oportunidad, es decir, saber en qué no salió tan bien evaluado y trabajar en ello para poder mejorar en la siguiente evaluación.
Por eso recomiendo a los profesores, primero que revisen por ellos mismos el texto de la Reforma Educativa y que revisen la Ley al respecto, para que hagan su propio juicio y no se dejen llevar por todo lo que se dice sobre esta Reforma, uno de mis alumnos, decía “es que uno ya no sabe qué creer, pero en radio pasillo se escuchan muchas cosas que son ciertas y muchas otras que no los son”. Por esto es importante que los profesores tengan la información de primera mano y la pueden encontrar en la página de la SEP.
También es necesario que entren a la página del INEE, para que puedan tener acceso a toda la información que ha generado el Instituto en relación a la evaluación y para que practiquen con los simuladores de la prueba. Así sabrán qué tipos de preguntas van a enfrentar y sobre qué deben leer.
En segundo lugar, es importante que los docentes reflexionen con otros compañeros sobre sus experiencias profesionales y que piensen qué hacen cuando enfrentan diferentes situaciones como profesores o como directivos, pues buena parte de la prueba se basa en casos prácticos. No se trata de aprenderse nada de memoria, sino de ser lógicos y tener conocimiento pedagógico y de política pública para responder a esta evaluación.
En tercer lugar, es necesario reestablecer la confianza. Se requiere que el Estado y eso también incluye al INEE confíe en miles de profesores que están haciendo bien su trabajo y que con muy poco hace mucho. Pero también es necesario que esos miles de profesores confíen en que no se trata de quitarles su trabajo, sino de mejorar la educación en nuestro país, no solo para mantener el empleo, sino para dar mejores condiciones de vida a muchos niños y adolescentes que lo requieren. Todos los que estamos relacionados con el ámbito educativo sabemos que la escuela (como institución y de manera personal) es la única que hace algo en favor de muchos niños y adolescentes.
Recuperemos la confianza, no encuentro otra forma de avanzar en este agujero en el estamos metidos.


¿No habrá otra forma de hacer la educación?

Autora: Laura Angélica Bárcenas Pozos
Publicado en Lado B, el 16 de diciembre de 2015

La verdad me siento preocupada de lo que está sucediendo en torno a la reforma educativa, que como todo el mundo lo dice, no es una reforma educativa como tal, sino una reforma laboral para los trabajadores de la educación, que se formuló con la intención de ofrecer garantías para que las reformas, esas sí educativas, del 2009 y 2011 (la RIEB y la RIEMS) pudieran ser bien operadas.
Pero en estos años, desde enero de 2013 en que esta reforma educativa (laboral) se dio a conocer, ha traído muchos desajustes pues no ha habido diálogo con los docentes. Muchos profesores sienten que les han hecho a un lado y que no han sido escuchados para tomar en cuenta las necesidades que los profesores tienen en cuanto a sus condiciones laborales.
Junto al poco diálogo, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación diseña una evaluación, que está en manos de expertos. Los académicos mejor preparados en México sobre la evaluación están al frente del diseño de los instrumentos. No son unos desconocidos. En el ámbito educativo nombres como el de Sylvia Schmelkes, Eduardo Backhoff, Margarita Zorrilla, son reconocidos por su conocimiento del sistema educativo, no sólo por los puestos que han ocupado, sino porque hacen investigación seria sobre la educación en México. Saben hacer investigación y esta investigación les ha dado un conocimiento del sistema educativo que pocos tienen.
Y es absolutamente necesario evaluar el sistema educativo (que quede claro que no se trata de evaluar sólo a los docentes), para que se tenga un buen diagnóstico de algo que todos sabemos que está mal. ¿No hay posibilidades de generar diálogo para que los intereses e ideas de los profesores sean tomados en cuenta en esta evaluación?
Los profesores consideran que la evaluación es punitiva porque está tocando algo que en décadas pasadas era impensable tocar: su seguridad laboral. Desde el 2013, se ha dicho que lo que está en la preocupación de los docentes no es la evaluación, ni los resultados de la misma, sino la permanencia en sus puestos de trabajo. Todos sabíamos en décadas pasadas que alguien que trabajaba en el magisterio podría tener su empleo hasta que quisiera o hasta que viviera; independientemente de si hacía bien o no su trabajo, si llegaba o no ebrio, si llegaba o no lo hacía, si sus alumnos aprendían o no lo hacían, etc. Y claro está que esto no es culpa de los profesores, sino de aquellos que por favores políticos consiguieron estos arreglos perpetuos que muchas veces no beneficiaban en nada a la educación y desacreditaban la labor de los profesores. ¿No habrá una forma de que los mejores profesores estén frente al aula y los que no son buenos se dediquen a otra cosa?
Los sindicatos magisteriales han tenido mucho que ver en esto, las corruptelas que han llevado a comercializar la educación en México, no tienen referente alguno. Todo se compra y se vende en estos sindicatos, las plazas son una de las muchas cosas que se comercializan, pero también los cambios de adscripción, el incremento de horas, el ascenso en el sistema, y la moneda de cambio pueden ser pesos constantes y sonantes, pero también se puede pagar en especie, con bienes raíces por ejemplo, y también se aceptan convenio sexuales.
En el reciente congreso del COMIE un prestigiado académico, del que me reservo su nombre porque no es mi interés desacreditarlo, dijo que estas prácticas eran los usos y costumbres de la relación laboral en el magisterio. A mí me parece que esto tiene un solo nombre y se llama “corrupción”. Si las plazas, puestos clave, ascensos se venden al mejor postor, por supuesto que habrá un deterioro de la calidad de la educación, pues no están llegando los mejores, sino los que tienen para asegurar un empleo. ¿No habrá otra forma de otorgar las plazas?

Además el sistema educativo está mal estructurado, muchas escuelas que carecen de lo mínimo para funcionar, ya no digamos infraestructura, sino hacen falta profesores que atiendan a todos los niños que requieren educación. Claro está que no es lo mismo una educación en donde hay 30 niños en un grupo con un profesor y todos esos niños pertenecen al mismo grado escolar y el docente se puede concentrar en una sola función, a una escuela en donde en donde hay 30 niños que pertenecen a dos o tres grados diferentes, en donde el profesor tiene que hacer varias funciones a la vez. Además tiene a su cargo la dirección de la escuela y se ven en la necesidad de abandonarla cuando hay reuniones de directivos, haciendo imposible que cumplan bien con dos funciones al mismo tiempo; así que los niños se quedan sin clase, mientras que los niños del primer ejemplo, siempre tienen con ellos a su profesor. ¿No hay otra forma de organizar el sistema educativo?

viernes, febrero 20, 2015

Evaluación docente y cosas peores


Autor: José Guadalupe Sánchez Aviña, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí 
Artículo publicado en Lado B

Tema recurrente en el mundo de la educación en nuestro País, continúa siendo la tan llevada y traída “Evaluación docente” comprendida, incomprendida, querida por unos y odiada por otros… tanto que se escucha y lee al respecto; en medio de las declaraciones de autoridades encargadas de esta función estratégica en la educación, y ante reacciones de oposición y rechazo, se me ocurre pensar ¿Hay algo peor que la evaluación docente? Y la respuesta que me surge de manera casi automática: ¡Por supuesto que sí! de arranque se me ocurren tres cosas que son peores: 1.- Que no exista, y b) Que no sea aprovechada para lo que es concebida, c) Que esté en manos equivocadas. Tres consideraciones que bien merecen una mención, aunque sea de manera rápida.
          La ausencia de información sobre una situación, cualquiera que sea, nos imposibilita para actuar en ella para transformarla con una orientación definida y explícita, en otras palabras, es imposible mejorar lo que no se conoce; de esta forma, la evaluación representa una condición indispensable de todo proceso, en el de la práctica docente, de natural la requiere. Por si esta postura lógica no fuera suficiente, habría que agregar que la evaluación docente es un derecho que debe ser exigido por el propio docente, pues le concierne en todos los sentidos y le posibilita en su propio proceso de desarrollo como profesional de la educación pero también como persona.
          El segundo señalamiento no es cosa menor pues expone las múltiples desviaciones posibles en las que se incurre cuando de evaluar se trata, por ejemplo: lejos de representar la base de re alimentación de la práctica docente y factor de calidad educativa, en su realización, es común la posibilidad de utilizarla con espíritu punitivo y ligada a procesos opacos y discrecionales, despojándola de sus verdaderos alcances.
          Por último, la evaluación como acción operativa tiene que ser ejecutada por personas de carne y hueso, es aquí cuando el tercer señalamiento aparece. Cuando se piensa en los actores que la ejecutan, “nos asaltan” las imágenes de los funcionarios que ya sea por desconocimiento o por intereses de grupo, la aplican de tal manera que rompen con la posibilidad de mejorar la educación; la evaluación es secuestrada y corrompida a favor o perjuicio según sea lo que se requiere. Cabe mencionar que cuando escribo funcionarios, incluyo tanto a empleados públicos como empleados activos en el sindicato, incluidos desde luego, aquellos que militan en la coordinadora, pues no hay que perder de vista que son componentes de un mismo cuerpo.
          Sin ser las únicas posibles, éstas, son tres posibilidades de riego para deformar el espíritu formativo de la evaluación e impedir el logro de alcances que puede tener en los procesos formativos de docentes.
Hoy hasta parece lógico encontrarnos con docentes activos auténticos, que están desconfiados sobre la evaluación venidera y hasta declaren una oposición a la evaluación “La mula no era arisca, los palos la hicieron”, sin embargo, hay que permanecer atentos a un proceso que parece irreversible y procuremos obtener el mayor beneficio posible de un proceso que por definición tiene la capacidad de impactar favorablemente la formación y desarrollo de los niños y jóvenes que acuden a las aulas.
         En este momento de definición y construcción de aquellos instrumentos con que se evaluará a los docentes, será determinante la generación que la SEP realizará sobre los perfiles docentes pretendidos; éstos, serán plataforma de diseño pero también permitirá visualizar con mayor claridad o por lo menos de manera abierta, lo que el sistema educativo pretende en cuanto a docentes se refiere; sin duda material para análisis y discusión profunda.