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lunes, marzo 24, 2014

¿Otro mundo es posible?

Autora: Belén Castaño Corvo

Publicado: Síntesis Puebla, 12 de marzo de 2014

     El pensamiento de que otro mundo es posible, está presente en la mente de muchos seres humanos. La idea de proyectar la sociedad, de crear una nueva civilización y de heredar a las futuras generaciones un mundo más fraterno, está en la propuesta de muchos sectores de la sociedad, de la Iglesia, de las universidades y de las organizaciones civiles.Las sociedades se definen por tres cosas. ¿De qué viven?, ¿Con qué técnicas lo obtienen? Y ¿qué organización social tienen para obtener los recursos? En la sociedad del conocimiento estos tres criterios son producto del conocimiento. Esta sociedad en la que estamos inmersos, pone en peligro su sobrevivencia por lo que se hace necesario reorientarla, a fin de que no sea víctima del pragmatismo que asola nuestras vidas dejándonos secos por dentro.La religión como portadora de un universo de sentido tuvo un papel importante en las llamadas sociedades agrarias. En la actualidad no produce sentido, pues en muchos casos se ha reducido a prácticas que no liberan al ser humano de sí mismo, de sus ataduras internas y de un medio externo que excluye y limita el acceso a una vida digna. ¿Cómo cuidamos la dimensión absoluta en estas nuevas condiciones?, ¿cómo la cultivaban las sociedades anteriores a la nuestra?, ¿cómo recuperar el humus interno que nos da vida y fecunda nuestro hacer?, ¿cómo direccionar la cultura?, ¿cómo cultivar la dimensión humana profunda de la que habla Mariano Corbí? Estas preguntas y la elaboración de respuestas y acciones significativas están en la mente y en el corazón de muchos seres humanos y de organizaciones que anhelan una nueva civilización, tal es el caso de la propuesta del Parlamento Universal de la Juventud que este año reunirá en Berlín, a jóvenes de diferentes países para compartir sus experiencias y miradas sobre la educación en camino hacia una nueva civilización.La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla. Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.

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miércoles, enero 22, 2014

La fuerza de la comunidad


        Autora: Belén Castaño Corvo
Publicado: e-consulta, 04 de diciembre  2014
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     A menudo oímos frases como “la sociedad ha perdido los valores”, “vivimos en una sociedad enferma”, vamos deprisa, detrás del tiempo, sin tiempo para escucharnos, sin tiempo para disfrutar la belleza que la vida nos regala. 
     Cerca de nosotros encontramos a personas que terminan sus vidas, van buscando la muerte, hablan de la falta de sentido de sus vidas, del vacío de su existencia. Tocamos así las preguntas cruciales, el sentido de la vida y el sentido de la muerte, el gran misterio de la existencia humana y también esa especie de vorágine, de remolino que nos devora y nos llena de malestar, de cansancio.                                                                       ¿Qué es vivir?, ¿cómo puedo sostener mi vida?, ¿cómo puedo reconocer y liberarme de los enemigos de mi interioridad?.
      Tenemos la experiencia de haber sembrado una semilla, de contemplar la vida que surge y ver que esa vida necesita de luz, de calor, de humedad. Nuestras vidas necesitan humedad, requerimos ir a nuestro pozo interior o a esa fuente de agua viva interna,  para nutrirnos y lograr que en nuestra vida estén presentes la fe, la esperanza, la alegría y la paz. Necesitamos vernos como alguien con conciencia de Alguien como diría Fernando Rielo.
     Junto a ello es necesario tener en cuenta algunas pistas. Una de ellas es la actitud contemplativa que nos  ayuda a extasiarnos, a encauzar toda esa “energía extática” que llevamos dentro. Ejemplo de ello es aprender a mirar, a contemplar algo tan sencillo como una puesta de sol, el semblante de un niño, de un anciano. Otra pista es ver hacia dentro, atrevernos a visitar nuestro  interior, a recorrer nuestra habitación interior, a detenernos en nosotros mismos  desasidos  de aquellos “accesorios” que nos comunican con el mundo, a sanar las heridas internas. Una pista más nos invita a relacionarnos con los otros de otra manera, desde otras actitudes, con la conciencia de que es más fácil “compartir que competir” de que esto último nos separa a diferencia de la unidad que propicia compartir la vida, el tiempo, el conocimiento… esto sin duda nos adentra en eso que todos deseamos,  ser felices.  Podemos vivir juntos en la familia, en el barrio, en la ciudad,  en nuestro país, hay sitio para todos, todos cabemos, todos tenemos mucho que aportar. La comunidad tiene fuerza, vigor, requiere de un entusiasmo renovado fuera de idealismos sobre andamios endebles. La comunidad es cobijo, es calor, es el espacio para saberse reconocido, con nombre, con  lo humano más humano, la fragilidad, la debilidad, el dolor. La comunidad es soporte porque cada uno de sus miembros funge como pilar, como columna que sostiene. Hay columnas pequeñas y otras más grandes, todas son necesarias. La comunidad trabaja en equipo, cada uno pone lo mejor de sí mismo, la comunidad se fortalece cuando todos aportamos, cuando todos nos disponemos a aprender de los otros.
      La comunidad adquiere vigor con la fuerza de cada uno de los que la componen, a veces es ese uno el que tira de los demás. En la película La fuerza de uno sobre el apartheid sudafricano PK encauza su fuerza gracias al brujo  Dabula  Manzi, a Doc con quien convive en la prisión y Geel Piet quien le enseña a boxear. La fuerza interior de Gandhi y la profunda espiritualidad que desarrolla en su vida son el cauce para lograr la independencia de India superando los diferentes obstáculos que va encontrando en su camino. En nuestro tiempo contemplamos la victoria de Malala Yousafzai  joven paquistaní que con solo dieciséis años es un icono global contra el integrismo y vivo ejemplo de la fuerza interior de una persona que impulsa no sólo a su comunidad de origen sino a la comunidad internacional que la conduce a ser candidata al Premio Nobel de la Paz. En la entrevista que le hace Rosa Montero para la revista El País semanal, el pasado 13 de octubre Malala dice “estoy entregada a la causa de la educación y creo que puedo dedicarle mi vida entera. No me importa el tiempo que lleve. Me concentro en mis estudios, pero lo que más me importa es la educación de cada niña en el mundo, así que empeñaré mi vida en ello y me enorgullezco de trabajar en pro de la educación de las niñas”
      En este reportaje de Rosa Montero  Malala refiere como “los talibanes no lograron ni matarla ni callarla cuando le metieron una bala en la cabeza”. Después de esta situación durísima,  Malala escribe su libro Yo soy Malala  lo cual le obliga a estar nuevamente en primera línea, haciendo esa dura elección. En la entrevista dice al respecto: “es que esto ya es mi vida, no es solo parte de ella. No pudo abandonar. Cuando veo a la gente de Siria, que están desamparados,  algunos viviendo en Egipto, otros en el Líbano;  cuando veo a toda la gente de Pakistán que están sufriendo el terrorismo, entonces no puedo dejar de pensar: “Malala, ¿por qué esperas a que otro se haga cargo?, ¿por qué no lo haces tú,  por qué no hablas tú a favor de sus derechos y de los tuyos?”. Yo empecé mi lucha a los 10 años”.

     Estas palabras son mucho más que una invitación, son un impulso lleno de vida para abandonar las pequeñitas “batallitas” diarias que nos separan estúpidamente y emprender con renovado esfuerzo  el fortalecimiento de la comunidad o dicho de otro modo el sueño de la restauración de la humanidad, con la certeza de que a la par, se dará la nuestra. 

viernes, abril 26, 2013

Educación y convivencia humana


Autora: Belén Castaño Corvo
Publicado: e.consulta, 16 Abril 2013

      Los seres humanos mostramos en muchas ocasiones nuestra  incapacidad  para imponer la mínima racionalidad a fin de alcanzar una pacífica convivencia, de ahí la pregunta que hace el filósofo español Fernando Rielo: ¿por qué tan alto grado de incomunicabilidad entre los seres humanos, si su esencia como defienden muchos consiste en el lenguaje comunicativo, en la sociabilidad, en lo simbólico…?[1]. Unido a ella se plantea esta otra cuestión: ¿qué sentido tienen las artes, los inventos, el progreso científico, el desarrollo de la técnica, el afán de poder, la defensa y la lucha por la libertad… si todo, al final acaba en despojos?.
      En la sociedad moderna líquida descrita por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman la lealtad es motivo de vergüenza, no de orgullo; es una sociedad consumista que además convierte al hombre y a la mujer en “objetos de consumo”, en desechables, fruto de relaciones de convivencia marginales. En ella se dan relaciones pasajeras, superficiales, lo que produce finalmente una infelicidad que genera una vida de claros tintes egocéntricos. Paradójicamente la llamada sociedad del conocimiento y de la comunicación está creando cada vez más incomunicación y soledad entre las personas, presentándose por ello como una amenaza para el ser humano.
      De esta sociedad en cierta medida enferma, emerge un tipo de hombre que Rojas denomina light. Este hombre “carece de referentes, tiene un gran vacío moral y no es feliz, aún teniendo materialmente casi todo”[2]; es frío, no cree en casi nada, sus opiniones cambian rápidamente y ha desertado de los valores trascendentes. La era del vacío en la que se encuentra metido hace que este hombre sea cada vez más vulnerable; de ahí que la propuesta para superar el vacío sea el humanismo y la trascendencia, sin perder la perspectiva de que no hay auténtico progreso si no se da en clave moral.
Convivir es una arte que implica vivir, desvivirse y no meramente sobrevivir. La experiencia personal nos muestra cada día, las dificultades que encontramos en este difícil arte ya sea en el ámbito escolar, familiar…, en aquél más próximo en el que nos vemos inmersos por nuestra actividad profesional e incluso en ese otro mucho más amplio en el que nos situamos como ciudadanos, integrantes de una sociedad, cultura, civilización o aldea global.
      En este contexto la pregunta por el sentido de la convivencia humana apremia cada vez más y se vuelve necesaria la reflexión honda y el descubrimiento de nuevas veredas para desenmarañar la complejidad del ser humano y sus relaciones en diferentes contextos
En el ámbito próximo, la convivencia humana plantea  dilemas éticos de ahí que  sea necesario analizar la riqueza y las dificultades de las relaciones de pareja, los tipos de familia y  la necesidad del diálogo intergeneracional para la construcción de relaciones cordiales.
En el ámbito global observamos un mundo caracterizado por la violencia, el terror, la inseguridad  y el miedo en sus más variadas manifestaciones, de ahí que la exigencia de la paz y la justicia se presente como un clamor universal, una necesidad imperiosa para los seres humanos. La intolerancia entre las culturas y las dificultades que presenta la convivencia humana hacen necesaria la reflexión universitaria sobre la educación para la paz y la justicia a fin de plantear una racionalidad diferente en las relaciones entre los seres humanos.
      Desde esta perspectiva y como parte de la formación de los estudiantes la tarea consistirá en promover el desarrollo habilidades en los alumnos para conocer, observar y criticar los dinamismos que generan los procesos conflictivos y fomentar la  creación de  alternativas que den solución a los mismos.
      En contextos próximos y lejanos observamos que el poder y la exclusión que promueven las sociedades neoliberales capitalistas ahondan  las desigualdades sociales lo que provoca  la aparición de las nuevas  víctimas de la historia que demandan una construcción social desde la autenticidad, el reconocimiento y la compasión.
Por otra parte contemplamos un mundo en el que prevalece la intolerancia, la discriminación, la segregación a la diferencia y donde se viola la dignidad del ser humano convirtiéndolo en medio por ello se hace indispensable una cultura de derechos humanos que fomente la educación en este ámbito a fin de asegurar el respecto a la dignidad de la persona humana y la implicación de la sociedad civil como promotora y defensora de los derechos humanos.
      La educación, desde los ámbitos familiar y escolar, ha de proponerse como objetivo el reconocimiento de la propia responsabilidad en las relaciones interpersonales y en el desarrollo de un mundo cada vez más justo y más equitativo donde todos quepamos. Este esfuerzo ha de ser continuo a fin de desterrar  la rutina que caracteriza muchas de nuestras relaciones, al no desarrollar la capacidad de sorprendernos unos a otros y también  la salida fácil que nos lleva a eludir la responsabilidad de trabajar por el bien común, la justicia y la paz. 

*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
 Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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