Mostrando las entradas con la etiqueta educación no formal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta educación no formal. Mostrar todas las entradas

lunes, octubre 28, 2013

Una sonrisa que dice mucho al dejar la calle

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más del autor haz click aquí.
Publicado en Síntesis, Tlaxcala, 22 de octubre de 2013

Realmente no sé si la sonrisa de Jorge (cambié su nombre por cuestiones de privacidad) lo diga todo, pero sí mucho.
                Con sus 13 años a cuestas ya probó la realidad de la calle. Víctima de abuso sexual por alguien cercano a su familia, experimentó reacciones de tristeza y enojos extremos y tras un ir y venir entre casas de parientes terminó en la selva de concreto del Distrito Federal. Tuvo un paso por la explotación sexual. Al transcurrir de los días fue a dar a uno de los Centros de Atención e Integración Social del Gobierno del Distrito Federal y entró en contacto con Pro-niños de la Calle, IAP, cuyos miembros lo acompañaron en el proceso que recién desembocó en la reinserción acompañada pedagógicamente a su casa: ¡hoy sabe que comienza una senda que lo llevará por nuevas experiencias, al lado de su hermana, en la escuela, con el futbol que tanto le gusta y el apoyo de psicólogos y educadores!
                Sonreía cuando en compañía de otros muchachos partió el pastel de su despedida de la Institución que lo acogió para hacer el proceso que lo llevaría a casa. Sonreía abierta y francamente y su gesto dejaba entrever que le han pasado cosas buenas, que no todo en su vida ha sido pérdida y dolor; que en el encuentro con personas e instituciones recuperó algo de lo que humaniza: la esperanza y la confianza.
                A su corta pero muy densa edad tomó la palabra y su pequeña audiencia se dispuso a escucharlo. Dijo lacónico pero pleno: “gracias, porque yo hoy soy otro”. Y dio a entender a los presentes que estaba listo para enfrentar los retos de construirse persona, de reformular lazos, de establecer apuestas, de lograr avanzar en la más honrosa y difícil de las causas: la de la autodeterminación con, por y para los demás.
                Su camino –como el de muchos otros desde hace 20 años- ha sido posible y un poco más fácil por la existencia de mujeres y hombres que han optado un camino distinto al que eligieron al final de los años ochenta y durante los 90 los miembros de los escuadrones de la muerte en Brasil, quienes acribillaron a miles de niños que a su consideración no tenían futuro alguno y sí implicaban un riesgo y un gasto para ciudades como Rio de Janeiro.
                Al final de la década de los años ochenta y durante los noventa del siglo pasado en Brasil miembros de escuadrones de la muerte y sus aliados optaron por matar niños de la calle. Llegaban hasta los lugares en los que pernoctaban hacinados en Rio de Janeiro o Sao Paolo u otras ciudades medias y los rellenaban de balas. No querían perder el tiempo del trabajo en la reinserción social, ni querían sus vías afeadas por la marginación que huele mal, que carga droga barata y provoca asaltos, delincuencia, simplemente querían existir sin las personas que viven en la infrahumanidad.
                Si Jorge sonríe es porque hay mujeres y hombres que han decidido otros fines, otros medios. Pro niños de la Calle, IAP es una institución de asistencia privada fundada hace dos décadas por el empeño de jóvenes universitarios que decidieron no quedarse cruzados de brazos y sí meterse en lo que aparentemente no les importaba. Salieron de su zona de confort y se fueron a las alcantarillas, a los cruceros, a los lugares en los que niños y adolescentes eran fagocitados por la ciudad, sus calles, el chemo (eso sí que es de hace muchos años), el dinero fácil, la explotación sexual, la muerte a muy temprana edad.
                Al paso del tiempo el esfuerzo del grupo de amigos devino en una institución sólidamente estructurada con poco más de 40 empleados y veinte voluntarios de cuatro países (Alemania, Dinamarca, Suecia, México) con programas que llevan desde la calle hasta la inserción en organizaciones que pueden dar herramientas para que quienes lleguen a ella sean capaces de hacer la vida trabajando, formando una familia, comprometiéndose consigo a los demás; incluso, sus acciones en muchos casos, como el de Jorge, abren espacios para que las familias se reencuentren, se reestructuren, se reinventen. Su labor es reconocida internacionalmente.
                Su labor es desarrollada en tres grandes programas: De la calle a la esperanza, casa de transición a la vida independiente y atención a las familias. Cada uno de ellos supone no solo voluntad de que las cosas cambien, sino inteligencia plasmada en psicología, sociología, pedagogía, antropología, relaciones públicas y una capacidad de compromiso para poder diseñar una ruta personalizada para cada muchacho que diga por su propio pie: “yo quiero una vida libre, autónoma, que colabore para que este mundo sea un poco mejor”.
                Cuando los ciudadanos comunes y corrientes nos sentimos desalentados porque al parecer lo que sucede alrededor no es sino mala noticia, vale la pena pensar en la sonrisa de un chico que dice muchas cosas y en el fondo todas ellas se resumen en señalar que cuando mujeres y hombres dan el paso, meten el hombro, el corazón, la inteligencia, se asocian e institucionalizan sus esfuerzos sí hay una posibilidad real para la vida humana un poco más digna.
                No son cuentos ni leyendas urbanas, sino solidaridad bien informada; ganas de poner la inteligencia al servicio de las cosas que mueven el corazón (incluso con premios, investigaciones presentadas en espacios académicos y de gestión social muy importantes); muchos deseos de que triunfe la vida sobre la muerte; la dignidad frente a lo que socava humanidad, la sonrisa frente a la mueca desgarrada de dolor y desesperanza.


sábado, mayo 01, 2010

Más allá del aula

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicación: Síntesis, Tlaxcala, 27 de abril de 2010

La segunda mitad del siglo XX fue célebre por las revisiones que fueron hechas de todo lo que se pudo: las teorías, la familia, la educación, lo roles de género… todo.

     En México Ivan Illich, quien en 1971 publicó el libro "La sociedad desescolarizada", criticó la insuficiencia de las instituciones educativas para una sociedad con necesidades emergentes y pugnaba por otras formas de aprendizaje, en las cuales las personas funcionaran mejor en la vida diaria.
      Ahora, casi 40 años después, ideas como las suyas se antojan todavía provocadoras: los tradicionales métodos escolares, encerrados en el aula, confinados a las paredes de las escuelas, escinden la vida y, muchas veces terminan informando saberes impertinentes para lo social, lo político y económico que requerimos para vivir con dignidad.
      Las actuales reformas de la educación básica y de la media, con una propuesta de enseñanza basada en competencias, pretenden dar pasos para allanar esa distancia tan criticada. Sin embargo, las prácticas escolares siguen estando lejanas de la meta.
     La educación no formal, esa que practican los organismos no gubernamentales, ha desarrollado metodologías para que las personas aprendan significativamente al tiempo que responden a problemas concretos buscando soluciones auténticas. Invitan a "aprender haciendo", a empezar a ser ciudadanos responsabilizándose de cosas concretas.
      Para este tipo de educación las aulas son la vida misma, los asuntos que nos preocupan a todos, sólo que ocupándose de ellos. Las problemáticas cotidianas son el material a partir del cual se busca información, se diseñan creativamente posibilidades, se comparte solidariamente, se toman decisiones.
     La educación no formal, sin embargo, en sí misma tampoco es suficiente, pues puede carecer de rigor conceptual para entender la realidad, de rigor metodológico para comprender, reflexionar, criticar y proponer; acciones educativas muy valiosas que encuentran en las paredes escolares un mucho mejor lugar de realización.
      Hoy que se habla de una educación que de veras permita formar el tipo de mexicanos que asuma las riendas del país me parece que es necesario insistir en que si las escuelas quieren vivir de acuerdo a su vocación formativa tienen que mirar a las instituciones que educan de manera no formal, aprender de sus métodos y romper los límites que marcan las paredes de las aulas, vinculándose con los actores sociales que buscan mejores condiciones de vida para todos nosotros, pero sin perder lo mejor de su aporte educativo: la seriedad académica.