Autora: Ma. Isabel Royo Sorrosal
Publicación: e-consulta, 12 de Junio 2008
Desde Agosto del 2007 estoy trabajando con un equipo de académicos de diferentes instituciones de educación superior y de profesionales implicados en trabajos de desarrollo social. Nos convocaron para conocer y trazar los rasgos de la realidad vivida en un municipio de la Sierra norte de Puebla con alta marginación. Como sabemos el Estado de Puebla es la séptima de las 32 entidades federativas con más bajo Índice de Desarrollo humano, y la cuarta con mayor Índice de Rezago social. En el norte de nuestro Estado se localizan municipios cuya esperanza de vida al nacer, tasa de alfabetización y matriculación, PIB per capita, acceso a los servicios de salud; calidad, en la vivienda, etc., son muy bajos. Una iniciativa federal a través de la Secretaría de desarrollo social convocó a las universidades para diagnosticar y hacer propuestas de mejora en uno de estos municipios.
Dentro de nuestro equipo interdisciplinar, un subgrupo nos dedicamos a la dimensión educativa. En ella encontramos bajo rendimiento y motivación de alumnos. Constatamos cómo la falta de horizonte personal, social y laboral; la incomprensión de los conocimientos descontextualizados impartidos en el aula; la incomunicación con sus padres y maestros; fomentan en los alumnos una desmotivación profunda que lleva a muchos adolescentes a acabar la secundaria y emigrar. Además quienes siguen el bachiller expresan dificultades para continuar sus estudios por: a) falta de recursos económicos para gastos extras de materiales, b) escasez de oferta educativa en la universidad cercana, y c) ausencia de becas con apoyo suficiente para acceder a otras instituciones de educación superior. Por otra parte, los que logran estudios universitarios no suelen volver a su municipio que necesitaría un Proyecto de desarrollo a corto, mediano y largo plazo para convertirse en horizonte atractivo para los jóvenes.
En cuanto a las instalaciones escolares de las comunidades, se encuentran equipadas con computadoras, antenas, etc. pero faltan servicios básicos como luz, agua, conexión a internet, señal satelital, que hacen muy difícil su utilización. Además los padres se encuentran desvinculados del proceso enseñanza y aprendizaje. Su baja escolaridad y dificultades para la participación en el proceso de formación de sus hijos, acaba por pedir a la escuela que sus hijos aprendan únicamente a leer, escribir y hacer cuentas, priorizando el español.
Esta realidad que se extiende en el tiempo y en el espacio de muchos centros e instituciones educativas, pone de manifiesto el gran reto que tenemos toda la sociedad mexicana y los profesionales de la educación, la ciencia y la tecnología. Freire nos recuerda el paso del ser humano de “estar en el mundo” a “ser consciente de él”. Esta conciencia de sí y del mundo nos prepara para transformarnos a nosotros mismos e intentar, decididamente, transformar el mundo. En sus palabras diríamos “nos tornamos seres éticos, conscientes, soñadores, utópicos; por consiguiente, seres a quienes la esperanza les hace falta”.
Ante una realidad social tan compleja, dañada y anclada en las formas de ser y existir, buscar los cambios progresivos requiere el conocimiento especializado de los diferentes profesionales pero vinculado con el compromiso personal de mejorar la educación y el bienestar humano y social del país; requiere un saber con el impulso generoso de servicio a los demás, la búsqueda del bien común. Pero ¿cómo no caer en la trampa de la ideologización? ¿Cómo no renunciar a la posibilidad de cambio?
El trabajo colaborativo de los equipos interdisciplinares; de los diálogos entre la Secretaria federal, los municipios y las universidades; la interacción de los maestros, padres y alumnos; los espacios de encuentro y suma de esfuerzos; el compromiso de pasar del discurso académico y técnico a la génesis de cambios y mejoras de la realidad de las personas; nos permitirá poco a poco, romper la inercia fatal del “siempre ha sido y así seguirá”.
Nuestros niños y jóvenes merecen un esfuerzo más, intentar de nuevo realizar las mejoras, los cambios que parecen imposibles. Sólo realizando acciones y procesos diferentes, podremos esperar resultados diferentes. Las estrategias de mejora educativa deberían salir de acciones coordinadas de los diferentes agentes sociales y niveles de gobierno, basadas en la responsabilidad social, la cooperación y la búsqueda continua del desarrollo y del bien común de todas las personas.
Artículos periodísticos publicados por diversos académicos de la Universidad Iberoamericana Puebla
jueves, junio 12, 2008
martes, junio 10, 2008
Hacia la construcción de una “cultura educativa”.
Autor: Dr. Martín López Calva
Publicación: La Jornada de Oriente, Pendiente
“Diríamos que ha emergido una incipiente “cultura educativa” que ha ido permeando el ámbito de la política. No obstante, nuestros sistemas de gobierno todavía permiten que lleguen a puestos de decisión personas que desconocen el campo de la educación, y esto nos expone, en algunos casos, a decisiones equivocadas o, al menos, a que se pierda mucho tiempo hasta que los nuevos funcionarios aprenden lo que no saben”.
Dr. Pablo Latapí Sarre[1]
Para poder construir la reforma educativa que necesitamos, una reforma “a la altura de nuestros tiempos”, promotora de la “reforma del espíritu” que propone Edgar Morin en su obra, es necesario que todos los actores de la educación tratemos de incidir en la transformación de tres niveles o ámbitos de la “estructura cooperativa de la trans-formación docente”[2]: el de las prácticas educativas concretas, el de las estructuras organizativas de la educación y el de la cultura educativa.
La transformación de las prácticas se logra cuando se priorizan esfuerzos, decisiones de políticas públicas y recursos a la formación de los profesores de los diferentes niveles, con la inteligencia y espíritu crítico necesarios para elegir y adaptar los elementos que realmente contribuyan al cambio en la visión y en la operación de los docentes, lo cual trasciende la mera capacitación en teorías, métodos y técnicas pedagógicas y tiene que buscar la reorientación intelectual y ética de los docentes.
La transformación de las estructuras organizativas se va produciendo, más a mediano plazo, a través de la adecuada selección de las personas para los distintos puestos de decisión (desde los directores escolares hasta el Secretario de Educación Pública en cada estado y en el nivel federal) y con la instrumentación de políticas públicas que lleven al anquilosado, pesado, poco transparente y piramidal sistema educativo hacia un grado de “más alta complejidad”[3], es decir, hacia una organización más horizontal, creativa, dialógica, abierta a la mejora y autocorrección continua y capaz de dar voz a todos los actores que confluyen en el complejo subsistema que constituye la educación institucionalizada.
Sin embargo, la construcción de una “cultura educativa” pertinente e impulsora de una nueva sociedad más democrática y más justa tiene una mayor complejidad y una temporalidad mucho más amplia.
La construcción de una “cultura educativa” en México tiene que iniciar con un cambio progresivo pero profundo de significados y valores propios de un régimen autoritario, corporativista, cerrado a la crítica y centrado en liderazgos individuales hacia la construcción de significados y valores gradualmente compartidos por las autoridades, el sindicato de maestros, los directivos, los profesores, los padres de familia y los alumnos, que se orienten hacia la búsqueda del bienestar colectivo, que valoren la flexibilidad, la creatividad, la crítica y el liderazgo distribuido desde una óptica democrática y democratizadora.
Latapí señala que estamos ante la emergencia de una “incipiente cultura educativa” que va “permeando el ámbito de la política” y esto es fruto de la creciente interacción entre los investigadores educativos y las autoridades. Ojalá esta incipiente cultura educativa vaya creciendo en el país para fortalecer el campo de la educación que es sin duda, uno de los detonadores del desarrollo de las naciones.
[1] Latapí, P. (2008). ¿Pueden los investigadores influir en la política educativa? Revista Electrónica de Investigación Educativa, 10 (1). Consultado el día 9 de junio de 2008 en: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-latapi2.html
[2] Cfr. López-Calva, M. (2007). Una filosofía humanista de la Educación. México. Edit. Trillas.
[3] Morin, E. (1997). El Método II. La vida de la Vida. Madrid. Ediciones Cátedra.
Publicación: La Jornada de Oriente, Pendiente
“Diríamos que ha emergido una incipiente “cultura educativa” que ha ido permeando el ámbito de la política. No obstante, nuestros sistemas de gobierno todavía permiten que lleguen a puestos de decisión personas que desconocen el campo de la educación, y esto nos expone, en algunos casos, a decisiones equivocadas o, al menos, a que se pierda mucho tiempo hasta que los nuevos funcionarios aprenden lo que no saben”.
Dr. Pablo Latapí Sarre[1]
Para poder construir la reforma educativa que necesitamos, una reforma “a la altura de nuestros tiempos”, promotora de la “reforma del espíritu” que propone Edgar Morin en su obra, es necesario que todos los actores de la educación tratemos de incidir en la transformación de tres niveles o ámbitos de la “estructura cooperativa de la trans-formación docente”[2]: el de las prácticas educativas concretas, el de las estructuras organizativas de la educación y el de la cultura educativa.
La transformación de las prácticas se logra cuando se priorizan esfuerzos, decisiones de políticas públicas y recursos a la formación de los profesores de los diferentes niveles, con la inteligencia y espíritu crítico necesarios para elegir y adaptar los elementos que realmente contribuyan al cambio en la visión y en la operación de los docentes, lo cual trasciende la mera capacitación en teorías, métodos y técnicas pedagógicas y tiene que buscar la reorientación intelectual y ética de los docentes.
La transformación de las estructuras organizativas se va produciendo, más a mediano plazo, a través de la adecuada selección de las personas para los distintos puestos de decisión (desde los directores escolares hasta el Secretario de Educación Pública en cada estado y en el nivel federal) y con la instrumentación de políticas públicas que lleven al anquilosado, pesado, poco transparente y piramidal sistema educativo hacia un grado de “más alta complejidad”[3], es decir, hacia una organización más horizontal, creativa, dialógica, abierta a la mejora y autocorrección continua y capaz de dar voz a todos los actores que confluyen en el complejo subsistema que constituye la educación institucionalizada.
Sin embargo, la construcción de una “cultura educativa” pertinente e impulsora de una nueva sociedad más democrática y más justa tiene una mayor complejidad y una temporalidad mucho más amplia.
La construcción de una “cultura educativa” en México tiene que iniciar con un cambio progresivo pero profundo de significados y valores propios de un régimen autoritario, corporativista, cerrado a la crítica y centrado en liderazgos individuales hacia la construcción de significados y valores gradualmente compartidos por las autoridades, el sindicato de maestros, los directivos, los profesores, los padres de familia y los alumnos, que se orienten hacia la búsqueda del bienestar colectivo, que valoren la flexibilidad, la creatividad, la crítica y el liderazgo distribuido desde una óptica democrática y democratizadora.
Latapí señala que estamos ante la emergencia de una “incipiente cultura educativa” que va “permeando el ámbito de la política” y esto es fruto de la creciente interacción entre los investigadores educativos y las autoridades. Ojalá esta incipiente cultura educativa vaya creciendo en el país para fortalecer el campo de la educación que es sin duda, uno de los detonadores del desarrollo de las naciones.
[1] Latapí, P. (2008). ¿Pueden los investigadores influir en la política educativa? Revista Electrónica de Investigación Educativa, 10 (1). Consultado el día 9 de junio de 2008 en: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-latapi2.html
[2] Cfr. López-Calva, M. (2007). Una filosofía humanista de la Educación. México. Edit. Trillas.
[3] Morin, E. (1997). El Método II. La vida de la Vida. Madrid. Ediciones Cátedra.
Cantidad y calidad en Educación.
Autor: Dr. Martín López Calva
Publicación: Síntesis, pendiente
Para fines prácticos, el 16 de junio han terminado las labores educativas en todas las escuelas de nivel básico en el país. Jardínes de niños, primarias y secundarias se dedicarán desde ahora a tratar de “que el tiempo pase” y llegue el ansiado 4 de julio, día en que el calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública marca el final de las actividades del ciclo escolar 2007-2008.
Durante el sexenio del presidente Salinas de Gortari, el entonces Secretario de Educación Pública Ernesto Zedillo propuso la reforma del calendario escolar para que alumnos y profesores cubrieran “200 días efectivos” de trabajo en cada ciclo.
El sustento de esta reforma era que al aumentar el número de días de trabajo efectivo en el aula, se contribuiría a mejorar la calidad de la educación nacional.
Sin embargo, en un país acostumbrado a la “simulación”, en una cultura que dice: “Tú haces como que me pagas y yo hago como que trabajo”, el asunto no era tan sencillo y lo hemos visto a lo largo de estos años.
El problema parte de la enorme burocracia que padece nuestra educación y que no parece disminuir por más promesas de simplificación que se hagan. Porque todos los sujetos educativos: profesores, directivos escolares, supervisores, padres de familia, etc. saben que la misma secretaría pide que las escuelas entreguen documentación con registros de calificaciones finales hacia la primera quincena de junio, pero tienen que simular que las clases continúan normalmente hasta el día que marca el calendario oficial.
Este problema se hace más evidente si tomamos en cuenta que los educandos no son ingenuos y que también saben que los exámenes finales se han aplicado ya y que el período que sigue, de tres a cuatro semanas más, es un tiempo que “ya no cuenta” porque “ya pasaron de año”.
¿Para qué más días de clase si los profesores ya no proponen nuevos aprendizajes y los alumnos ya no tienen la menor motivación por aprender? ¿Realmente tiene que ver la cantidad con la calidad educativa? ¿Ha mejorado en algo el desempeño de nuestros niños y jóvenes por esta medida? Habría que pensar sobre esto y hacer algo con los procesos burocráticos –y pedagógicos- para lograr que los “200 días” sean realmente “efectivos” y que el último día de clases sea realmente, el último día de clases.
Publicación: Síntesis, pendiente
Para fines prácticos, el 16 de junio han terminado las labores educativas en todas las escuelas de nivel básico en el país. Jardínes de niños, primarias y secundarias se dedicarán desde ahora a tratar de “que el tiempo pase” y llegue el ansiado 4 de julio, día en que el calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública marca el final de las actividades del ciclo escolar 2007-2008.
Durante el sexenio del presidente Salinas de Gortari, el entonces Secretario de Educación Pública Ernesto Zedillo propuso la reforma del calendario escolar para que alumnos y profesores cubrieran “200 días efectivos” de trabajo en cada ciclo.
El sustento de esta reforma era que al aumentar el número de días de trabajo efectivo en el aula, se contribuiría a mejorar la calidad de la educación nacional.
Sin embargo, en un país acostumbrado a la “simulación”, en una cultura que dice: “Tú haces como que me pagas y yo hago como que trabajo”, el asunto no era tan sencillo y lo hemos visto a lo largo de estos años.
El problema parte de la enorme burocracia que padece nuestra educación y que no parece disminuir por más promesas de simplificación que se hagan. Porque todos los sujetos educativos: profesores, directivos escolares, supervisores, padres de familia, etc. saben que la misma secretaría pide que las escuelas entreguen documentación con registros de calificaciones finales hacia la primera quincena de junio, pero tienen que simular que las clases continúan normalmente hasta el día que marca el calendario oficial.
Este problema se hace más evidente si tomamos en cuenta que los educandos no son ingenuos y que también saben que los exámenes finales se han aplicado ya y que el período que sigue, de tres a cuatro semanas más, es un tiempo que “ya no cuenta” porque “ya pasaron de año”.
¿Para qué más días de clase si los profesores ya no proponen nuevos aprendizajes y los alumnos ya no tienen la menor motivación por aprender? ¿Realmente tiene que ver la cantidad con la calidad educativa? ¿Ha mejorado en algo el desempeño de nuestros niños y jóvenes por esta medida? Habría que pensar sobre esto y hacer algo con los procesos burocráticos –y pedagógicos- para lograr que los “200 días” sean realmente “efectivos” y que el último día de clases sea realmente, el último día de clases.
jueves, junio 05, 2008
Vaso medio lleno
Autora: Celine Armenta
Publicación: La jornada de oriente, 5 de Junio 2008
Aunque sabemos que los vasos que llamamos medio llenos son los mismos que otros llaman medio vacíos, nos enzarzamos en apasionadas defensas de nuestras visiones. Y pese a proclamar nuestra vocación constructiva y nuestra fe en la humanidad, cada vez que tenemos oportunidad de expresarnos con la poderosa palabra pública, hacemos a un lado las mil posibilidades de esta herramienta para emuñarla como si sólo fuera un arma. Así, usamos las columnas de periódicos de papel y digitales, los editoriales radiofónicos, y hasta las entrevistas para denunciar, para evidenciar y atacar; para resaltar lo incompleto, lo malhecho, lo faltante. Y sólo muy rara vez, para construir.
¿Por qué preferimos golpear y herir con la palabra, en vez de cualquier otra cosa? Yo creo que, ante todo, porque es fácil; porque la ira inspira, dice el rimero. Y porque en este mundo al revés que parece acunar a nuestra joven democracia, reconocer logros de autoridades, sectores y servidores públicos es una invitación a ser denostado con acusaciones de servilismo, miopía, complicidad con el poder, y cosas peores.
Así es: quien hoy se atreva reconocer un solo logro del sector público será, cuando menos, ignorado. Por ejemplo, el pasado día del maestro, lo políticamente correcto fue echar pestes del magisterio con pretexto de las suspensiones de clases. Por esos días, al menos cuatro equipos de reporteros insistentemente trataron de que yo calificara a los maestros y sus dirigentes como cínicos; y que declarara que no había motivos para festejar y agradecer a los maestros. Me negué a jugar ese papel simplista. Pero muchos colegas académicos y expertos acabaron declarando ingenuamente que dado que el panorama no era blanco, debía llamársele negro. Pocas voces no gubernamentales mencionaron los logros de la educación mexicana en las recientes décadas, y menos aún explicaron los amplios horizontes para los años por venir.
Pero lo cierto es que como país hemos dado gigantescos pasos en educación al escolarizar prácticamente a todos los niños, y mejorar la calidad de los servicios, la formación de los docentes, la generación de pensamiento, las publicaciones y congresos de investigación y la creciente participación social.
Lo mismo sucede cuando hablamos de los servicios de salud mexicanos. El seguro social literalmente salva la vida de cientos de miles de nosotros día con día. Se ha modernizado y ha extendido sus servicios; se ha profesionalizado en muchos aspectos., además de que, como siempre, los mejores médicos, cirujanos y especialistas cubren un turno en los consultorios del seguro. El trato a los derechohabientes es cada vez más expedito; las largas colas están empezando a ser cosas del pasado; hacemos citas por teléfono y la atención es puntual y segura. Los hospitales de especialidades cumplen sobradamente su labor, sin que los pacientes tengamos que desembolsar un centavo y en un clima de admirable equidad.
En los institutos nacionales de cardiología, oncología, ortopedia, perinatología del sector salud nos deslumbra la tecnología que ni siquiera imaginábamos y nos tranquiliza la pulcritud de los servicios; equipos de especialistas encaran los problemas y los resuelven, en comunicación con el paciente. Y las familias no deben comprometer su futuro para saldar deudas de salud.
El vaso nacional está medio lleno; es impopular escribirlo o comentarlo ante el micrófono. Pero callarlo sería simplemente inmoral.
Publicación: La jornada de oriente, 5 de Junio 2008
Aunque sabemos que los vasos que llamamos medio llenos son los mismos que otros llaman medio vacíos, nos enzarzamos en apasionadas defensas de nuestras visiones. Y pese a proclamar nuestra vocación constructiva y nuestra fe en la humanidad, cada vez que tenemos oportunidad de expresarnos con la poderosa palabra pública, hacemos a un lado las mil posibilidades de esta herramienta para emuñarla como si sólo fuera un arma. Así, usamos las columnas de periódicos de papel y digitales, los editoriales radiofónicos, y hasta las entrevistas para denunciar, para evidenciar y atacar; para resaltar lo incompleto, lo malhecho, lo faltante. Y sólo muy rara vez, para construir.
¿Por qué preferimos golpear y herir con la palabra, en vez de cualquier otra cosa? Yo creo que, ante todo, porque es fácil; porque la ira inspira, dice el rimero. Y porque en este mundo al revés que parece acunar a nuestra joven democracia, reconocer logros de autoridades, sectores y servidores públicos es una invitación a ser denostado con acusaciones de servilismo, miopía, complicidad con el poder, y cosas peores.
Así es: quien hoy se atreva reconocer un solo logro del sector público será, cuando menos, ignorado. Por ejemplo, el pasado día del maestro, lo políticamente correcto fue echar pestes del magisterio con pretexto de las suspensiones de clases. Por esos días, al menos cuatro equipos de reporteros insistentemente trataron de que yo calificara a los maestros y sus dirigentes como cínicos; y que declarara que no había motivos para festejar y agradecer a los maestros. Me negué a jugar ese papel simplista. Pero muchos colegas académicos y expertos acabaron declarando ingenuamente que dado que el panorama no era blanco, debía llamársele negro. Pocas voces no gubernamentales mencionaron los logros de la educación mexicana en las recientes décadas, y menos aún explicaron los amplios horizontes para los años por venir.
Pero lo cierto es que como país hemos dado gigantescos pasos en educación al escolarizar prácticamente a todos los niños, y mejorar la calidad de los servicios, la formación de los docentes, la generación de pensamiento, las publicaciones y congresos de investigación y la creciente participación social.
Lo mismo sucede cuando hablamos de los servicios de salud mexicanos. El seguro social literalmente salva la vida de cientos de miles de nosotros día con día. Se ha modernizado y ha extendido sus servicios; se ha profesionalizado en muchos aspectos., además de que, como siempre, los mejores médicos, cirujanos y especialistas cubren un turno en los consultorios del seguro. El trato a los derechohabientes es cada vez más expedito; las largas colas están empezando a ser cosas del pasado; hacemos citas por teléfono y la atención es puntual y segura. Los hospitales de especialidades cumplen sobradamente su labor, sin que los pacientes tengamos que desembolsar un centavo y en un clima de admirable equidad.
En los institutos nacionales de cardiología, oncología, ortopedia, perinatología del sector salud nos deslumbra la tecnología que ni siquiera imaginábamos y nos tranquiliza la pulcritud de los servicios; equipos de especialistas encaran los problemas y los resuelven, en comunicación con el paciente. Y las familias no deben comprometer su futuro para saldar deudas de salud.
El vaso nacional está medio lleno; es impopular escribirlo o comentarlo ante el micrófono. Pero callarlo sería simplemente inmoral.
martes, junio 03, 2008
El compromiso por la calidad de la educación
Autora: Laura Rodríguez Matamoros
Publicación: E-Consulta, 3 de Junio 2008
En un video que se encuentra con relativa facilidad en internet podemos escuchar el discurso que Denisse Dresser pronunció el 12 de octubre del año pasado en el encuentro empresarial Coparmex realizado en Ciudad Juárez, Chihuahua, titulado “De la Sumisión a la Participación Ciudadana”. Se trata de un elocuente discurso, que por el tono mesurado contrasta con la fuerza de la argumentación en el que la brillante periodista destaca, entre otras cosas, que la educación, pero no el tipo de educación que se imparte en México, sino una auténtica educación es la salida para un país, como el nuestro, que se encuentra sumido en la desigualdad y en la injusticia. Para sustentar tal afirmación, Dresser pone de ejemplo a diversas naciones que han logrado salir adelante gracias a su sistema educativo. Sin embargo, no establece líneas de trabajo concretas a las cuales ceñirnos para lograr la transformación educativa propuesta.
El 16 de mayo de este año, las publicaciones periódicas del país, con mayor o menor cobertura, anunciaron la Alianza para la Calidad Educativa entre el Gobierno Federal y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Esta alianza pretende transformar y mejorar la enseñanza para niños y jóvenes mediante cinco ejes rectores: modernizar la infraestructura de todas las escuelas, elevar la calidad y desempeño de los maestros, reforzar los programas de becas para niños de escasos recursos, desarrollar las capacidades de los alumnos y consolidar la evaluación como instrumento para elevar la educación. La propuesta ha levantado ámpula en diversos medios pues se considera una alianza más de índole política que educativa y se señala que, como otras propuestas educativas, enfatiza más la forma que el fondo, dejando de lado lo verdaderamente sustancial de la educación.
En plena carrera por captar alumnos y posicionarse en el “mercado educativo”, las instituciones de educación de nuestra entidad utilizan como tarjeta de presentación en los medios de comunicación, en sus visitas a colegios y en su folletería, las certificaciones, premios o reconocimientos que dan cuenta de su “calidad académica”. A pesar de la elocuente retórica, todas ofrecen lo mismo, prestigio y reconocimiento pero falta enfatizar la cuestión del aprendizaje.
Las tres situaciones descritas en los párrafos anteriores son sólo una muestra de la frenética carrera de las instituciones de educación de todos los niveles, públicas y privadas, por mostrar la calidad de sus servicios. Excelencia, superación, dominio, competencia, superioridad son los ideales que todas las instituciones ostentan para mostrar que son “la mejor opción educativa”.
Sin embargo, a pesar de este despliegue de recursos para mostrarse como la mejor institución educativa, lo cierto es que el nivel educativo sigue siendo el talón de Aquiles que coloca a México en lugares vergonzosos a escala internacional. Diversas pruebas como ENLACE o PISA muestran que, a pesar de toda la retórica, no se logra promover en los estudiantes los niveles educativos necesarios para que puedan desenvolverse con cierta destreza en la vida cotidiana.
¿Y nos preguntamos por qué el país sigue hundido en una crisis permanente?, ¿por qué hay violencia, discriminación, inseguridad, corrupción?, ¿por qué la mayoría no tiene un mínimo de compromiso ciudadano?, ¿por qué de la baja competitividad, del desempleo, del cierre de empresas?
La educación parece ser la clave para resolver la precaria situación del país pero también es parte del problema o el problema mismo que no hemos sabido enfrentar desde la escuela.
El meollo del asunto estriba en que no necesitamos más de esta educación que está más preocupada por la obtención de recursos, la ostentación de certificaciones, el incremento de matricula o la ampliación de sus servicios.
Necesitamos instituciones educativas ocupadas seriamente porque los alumnos aprendan matemáticas, español, ciencias e historia, porque niños y jóvenes razonen, se expresen correctamente, cuenten con una disciplina intelectual, reconozcan el sentido de la historia, actúen éticamente y, sobre todo, asuman que aprender es una tarea para toda la vida.
Necesitamos instituciones que se comprometan con la comunidad en la que están insertas para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, en un esfuerzo conjunto y comprometido, a través del diálogo y la corresponsabilidad social.
No es gratuito que Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998, considere a la educación como factor clave para el desarrollo humano de las naciones.
¿Cuál educación? Pues aquella que asuma seriamente su compromiso por mejorar la calidad de vida de las personas y de sí misma, que haga lo que tiene que hacer…educar.
Publicación: E-Consulta, 3 de Junio 2008
En un video que se encuentra con relativa facilidad en internet podemos escuchar el discurso que Denisse Dresser pronunció el 12 de octubre del año pasado en el encuentro empresarial Coparmex realizado en Ciudad Juárez, Chihuahua, titulado “De la Sumisión a la Participación Ciudadana”. Se trata de un elocuente discurso, que por el tono mesurado contrasta con la fuerza de la argumentación en el que la brillante periodista destaca, entre otras cosas, que la educación, pero no el tipo de educación que se imparte en México, sino una auténtica educación es la salida para un país, como el nuestro, que se encuentra sumido en la desigualdad y en la injusticia. Para sustentar tal afirmación, Dresser pone de ejemplo a diversas naciones que han logrado salir adelante gracias a su sistema educativo. Sin embargo, no establece líneas de trabajo concretas a las cuales ceñirnos para lograr la transformación educativa propuesta.
El 16 de mayo de este año, las publicaciones periódicas del país, con mayor o menor cobertura, anunciaron la Alianza para la Calidad Educativa entre el Gobierno Federal y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Esta alianza pretende transformar y mejorar la enseñanza para niños y jóvenes mediante cinco ejes rectores: modernizar la infraestructura de todas las escuelas, elevar la calidad y desempeño de los maestros, reforzar los programas de becas para niños de escasos recursos, desarrollar las capacidades de los alumnos y consolidar la evaluación como instrumento para elevar la educación. La propuesta ha levantado ámpula en diversos medios pues se considera una alianza más de índole política que educativa y se señala que, como otras propuestas educativas, enfatiza más la forma que el fondo, dejando de lado lo verdaderamente sustancial de la educación.
En plena carrera por captar alumnos y posicionarse en el “mercado educativo”, las instituciones de educación de nuestra entidad utilizan como tarjeta de presentación en los medios de comunicación, en sus visitas a colegios y en su folletería, las certificaciones, premios o reconocimientos que dan cuenta de su “calidad académica”. A pesar de la elocuente retórica, todas ofrecen lo mismo, prestigio y reconocimiento pero falta enfatizar la cuestión del aprendizaje.
Las tres situaciones descritas en los párrafos anteriores son sólo una muestra de la frenética carrera de las instituciones de educación de todos los niveles, públicas y privadas, por mostrar la calidad de sus servicios. Excelencia, superación, dominio, competencia, superioridad son los ideales que todas las instituciones ostentan para mostrar que son “la mejor opción educativa”.
Sin embargo, a pesar de este despliegue de recursos para mostrarse como la mejor institución educativa, lo cierto es que el nivel educativo sigue siendo el talón de Aquiles que coloca a México en lugares vergonzosos a escala internacional. Diversas pruebas como ENLACE o PISA muestran que, a pesar de toda la retórica, no se logra promover en los estudiantes los niveles educativos necesarios para que puedan desenvolverse con cierta destreza en la vida cotidiana.
¿Y nos preguntamos por qué el país sigue hundido en una crisis permanente?, ¿por qué hay violencia, discriminación, inseguridad, corrupción?, ¿por qué la mayoría no tiene un mínimo de compromiso ciudadano?, ¿por qué de la baja competitividad, del desempleo, del cierre de empresas?
La educación parece ser la clave para resolver la precaria situación del país pero también es parte del problema o el problema mismo que no hemos sabido enfrentar desde la escuela.
El meollo del asunto estriba en que no necesitamos más de esta educación que está más preocupada por la obtención de recursos, la ostentación de certificaciones, el incremento de matricula o la ampliación de sus servicios.
Necesitamos instituciones educativas ocupadas seriamente porque los alumnos aprendan matemáticas, español, ciencias e historia, porque niños y jóvenes razonen, se expresen correctamente, cuenten con una disciplina intelectual, reconozcan el sentido de la historia, actúen éticamente y, sobre todo, asuman que aprender es una tarea para toda la vida.
Necesitamos instituciones que se comprometan con la comunidad en la que están insertas para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, en un esfuerzo conjunto y comprometido, a través del diálogo y la corresponsabilidad social.
No es gratuito que Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998, considere a la educación como factor clave para el desarrollo humano de las naciones.
¿Cuál educación? Pues aquella que asuma seriamente su compromiso por mejorar la calidad de vida de las personas y de sí misma, que haga lo que tiene que hacer…educar.
lunes, junio 02, 2008
Encuestas contra Mitos
Autora: Celine Armenta
Publicación: Síntesis, pendiente.
Los estereotipos y los prejuicios son parte del funcionamiento sano de la mente humana, fruto de la lógica inductiva. Lo que ya no es sano ni inteligente es abdicar de nuestra capacidad de pensar y cuestionar, para aceptar como justificadas las exclusiones sociales y como verdaderos los lugares comunes. Precisamente uno de estos lugares comunes que no son verdad, dice nostálgicamente que en el pasado se aprendían mejor las matemáticas en la escuela, aunque según reveló una encuesta de Mitofsky las nuevas generaciones realizan operaciones aritméticas más eficazmente que sus padres y abuelos.
La encuesta revela que consistentemente, los mexicanos de 18 a 29 años superan a los adultos de entre 30 y 49 y aún más a los mayores de 50 años en destrezas aritméticas. ¡O sea que, como país, estamos mejorando con el paso del tiempo, a la vez que logramos una escolaridad básica prácticamente universal, mejor formación de docentes y un crecimiento notable en número y calidad de las escuelas!
La noticia es optimista; aunque no hay tanto que celebrar pues son muchos los mexicanos que no lograron resolver las sencillas preguntas del examen. Cuando se pidió, por ejemplo, que dijeran cual era el resultado de sumar7 más 6 más 4, uno de cada cuatro varones y una de cada tres mujeres no supieron responder. Cuando se les pidió “el cuadrado de 3”, sólo uno de cada cinco mexicanos mayores de 50 años pudo dar la respuesta. Y aunque por cada adulto mayor hubo dos jóvenes que acertaron esta pregutna, lo cierto es que más de la mitad de los jóvenes no atinó a decir “nueve”.
Las mujeres, como grupo, alcanzaron peores notas que los varones; y al desagregar por ocupación, las amas de casa obtuvieron las notas más bajas de toda la población. Esto es muy preocupante, porque confirma otro rezago de las mujeres frente a los hombres, que seguramente influye en el acceso a oportunidades de desarrollo y limita el rendimiento escolar infantil, para el cual los conocimientos de las madres son cruciales, según dicen varias investigaciones internacionales.
Así esta encuesta derrumba un mito y confirma dolorosas realidades.
Publicación: Síntesis, pendiente.
Los estereotipos y los prejuicios son parte del funcionamiento sano de la mente humana, fruto de la lógica inductiva. Lo que ya no es sano ni inteligente es abdicar de nuestra capacidad de pensar y cuestionar, para aceptar como justificadas las exclusiones sociales y como verdaderos los lugares comunes. Precisamente uno de estos lugares comunes que no son verdad, dice nostálgicamente que en el pasado se aprendían mejor las matemáticas en la escuela, aunque según reveló una encuesta de Mitofsky las nuevas generaciones realizan operaciones aritméticas más eficazmente que sus padres y abuelos.
La encuesta revela que consistentemente, los mexicanos de 18 a 29 años superan a los adultos de entre 30 y 49 y aún más a los mayores de 50 años en destrezas aritméticas. ¡O sea que, como país, estamos mejorando con el paso del tiempo, a la vez que logramos una escolaridad básica prácticamente universal, mejor formación de docentes y un crecimiento notable en número y calidad de las escuelas!
La noticia es optimista; aunque no hay tanto que celebrar pues son muchos los mexicanos que no lograron resolver las sencillas preguntas del examen. Cuando se pidió, por ejemplo, que dijeran cual era el resultado de sumar7 más 6 más 4, uno de cada cuatro varones y una de cada tres mujeres no supieron responder. Cuando se les pidió “el cuadrado de 3”, sólo uno de cada cinco mexicanos mayores de 50 años pudo dar la respuesta. Y aunque por cada adulto mayor hubo dos jóvenes que acertaron esta pregutna, lo cierto es que más de la mitad de los jóvenes no atinó a decir “nueve”.
Las mujeres, como grupo, alcanzaron peores notas que los varones; y al desagregar por ocupación, las amas de casa obtuvieron las notas más bajas de toda la población. Esto es muy preocupante, porque confirma otro rezago de las mujeres frente a los hombres, que seguramente influye en el acceso a oportunidades de desarrollo y limita el rendimiento escolar infantil, para el cual los conocimientos de las madres son cruciales, según dicen varias investigaciones internacionales.
Así esta encuesta derrumba un mito y confirma dolorosas realidades.
jueves, mayo 29, 2008
¿Cuánto quieres perder? ¿Qué quieres ganar?
Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicación: Síntesis, 29 Mayo 2008
Ha comenzado el nuevo reallity de Televisa, emulando a sus similares estadounidenses. Se trata del programa: ¿Cuánto quieres perder?
Desde hace días, 14 “gorditos y gorditas” se han dado a la tarea de hacer reír y llorar con el drama de su vida a millones de mexicanos que siguen esta producción de horario AAA. Buscan en gran parte satisfacer el morbo que la desgracia ajena provoca, máxime si aparece en la gran pantalla chica.
Aun cuando en la página electrónica del programa se dice que el reto es que los participantes cambien su vida, la presentación dominical en televisión abierta del espectáculo pareciera enfatizar que lo que realmente importa es bajar de peso, incluso compitiendo de manera estandarizada.
Parece evidente que los obesos han de bajar de peso: lo hemos visto y oído en todos lugares, todos los años de nuestra vida. Cada uno de nosotros conoce a alguien que en pro de la esbeltez inicia una dieta, que lee todos los consejos de revistas y los “trucos” de quien tenga algo que decir y por lo general las llantitas regresan a su lugar –si es que se fueron-, cuando no sucede que cambian rodada.
¿Cuánto quieres perder, es esa la pregunta? Yo creo que no. Considero que lo que hay que cuestionarse es cuánto se quiere ganar. Porque en esto del sobrepeso de lo que se trata es de la salud y allí no hay fórmulas estandarizadas.
Antes que perder peso se requiere entender y asumir quiénes somos, cuál es nuestra complexión, cómo funcionan nuestro metabolismo y nuestro sistema endócrino; cuáles son nuestros antecedentes genéticos y qué nos permiten existir. Entonces estaremos en mejores condiciones de decidir cómo vivir de forma lo más saludable de acuerdo a lo que realmente nos es posible.
Así, personas delgadas en demasía si quieren ganar, organizarán su vida para poder recuperar los kilitos que les faltan; los diabéticos podrán llevar una vida suficientemente digna con la glucosa más cerca de su sitio, los cardiópatas vivirán con mayor normalidad y algunos gorditos podrán llegar al peso que les permita estar y ser bien, aun cuando no desaparezcan del todo sus detestadas llantitas.
Porque lo importante no es perder peso, sino ganar una forma de vida adecuada para uno mismo, aunque esto no satisfaga el morbo de una competencia televisiva.
Publicación: Síntesis, 29 Mayo 2008
Ha comenzado el nuevo reallity de Televisa, emulando a sus similares estadounidenses. Se trata del programa: ¿Cuánto quieres perder?
Desde hace días, 14 “gorditos y gorditas” se han dado a la tarea de hacer reír y llorar con el drama de su vida a millones de mexicanos que siguen esta producción de horario AAA. Buscan en gran parte satisfacer el morbo que la desgracia ajena provoca, máxime si aparece en la gran pantalla chica.
Aun cuando en la página electrónica del programa se dice que el reto es que los participantes cambien su vida, la presentación dominical en televisión abierta del espectáculo pareciera enfatizar que lo que realmente importa es bajar de peso, incluso compitiendo de manera estandarizada.
Parece evidente que los obesos han de bajar de peso: lo hemos visto y oído en todos lugares, todos los años de nuestra vida. Cada uno de nosotros conoce a alguien que en pro de la esbeltez inicia una dieta, que lee todos los consejos de revistas y los “trucos” de quien tenga algo que decir y por lo general las llantitas regresan a su lugar –si es que se fueron-, cuando no sucede que cambian rodada.
¿Cuánto quieres perder, es esa la pregunta? Yo creo que no. Considero que lo que hay que cuestionarse es cuánto se quiere ganar. Porque en esto del sobrepeso de lo que se trata es de la salud y allí no hay fórmulas estandarizadas.
Antes que perder peso se requiere entender y asumir quiénes somos, cuál es nuestra complexión, cómo funcionan nuestro metabolismo y nuestro sistema endócrino; cuáles son nuestros antecedentes genéticos y qué nos permiten existir. Entonces estaremos en mejores condiciones de decidir cómo vivir de forma lo más saludable de acuerdo a lo que realmente nos es posible.
Así, personas delgadas en demasía si quieren ganar, organizarán su vida para poder recuperar los kilitos que les faltan; los diabéticos podrán llevar una vida suficientemente digna con la glucosa más cerca de su sitio, los cardiópatas vivirán con mayor normalidad y algunos gorditos podrán llegar al peso que les permita estar y ser bien, aun cuando no desaparezcan del todo sus detestadas llantitas.
Porque lo importante no es perder peso, sino ganar una forma de vida adecuada para uno mismo, aunque esto no satisfaga el morbo de una competencia televisiva.
martes, mayo 27, 2008
Por una política energética nacional
Autor: Miguel S. Reyes
Publicación: E-consulta, 27 de Mayo 2008.
Todas las naciones capitalistas desarrolladas y en muchos aspectos independientes, han ubicado a su sector energético como estratégico para su desarrollo nacional. De manera fundamental, lo son el control de recursos naturales no renovables como el gas y el petróleo y, recientemente, los alimentos que son utilizados para la generación de biocombustibles. Hace unas semanas, una empresa China buscó adquirir una empresa petrolera en Estados Unidos. El senado de ese país, donde las instituciones funcionan muy a pesar del discurso ideológico del libre mercado y la mano invisible, prohibió la venta, argumentando que la exploración y explotación del petróleo se llevarán a cabo por cuestiones de seguridad nacional, sólo por corporaciones de propiedad estadounidense. Un país como España, cuyo desarrollo capitalista ha sido apuntalado por su entrada a la Unión Europea y por una estrategia de desarrollo nacional claramente definida, rechazó que una firma alemana participara en su industria eléctrica por considerar que el sector energético era estratégico y exclusivo para los españoles. En Francia, el presidente Sarkozy declaró que el sector privado debe participar en todo, excepto en el sector energético y alimentario, considerados por el Estado francés como áreas exclusivas del Estado. La tendencia mundial sobre el manejo de energéticos es que los estados nacionales los controlen por cuestiones de seguridad y desarrollo nacional. Ahí están los casos recientes de países nórdicos, Rusia y Venezuela. Incluso Petrobras de Brasil que ha encontrado nuevos yacimientos, los explotará -a diferencia del esquema como lo venía haciendo- sólo. La razón es que la “asociación” con las grandes corporaciones transnacionales les dejaba sólo el 16% de la renta petrolera. En México, el manejo de Petróleos Mexicanos por el Estado también debería ser parte de una estrategia de desarrollo nacional. Si en 1938 cuando el petróleo empezaba a ser considerado un energético clave (Alemania por ejemplo, debe parte de su rápido ascenso y expansión industrial al carbón), las grandes corporaciones petroleras estadounidenses, inglesas y francesas ejercían un poder económico y político importante sobre las decisiones del estado mexicano, 80 años después donde son causa de guerras e invasiones como la de Irak, no será la excepción. El control del petróleo por el Estado no es sólo por cuestiones de encadenamiento productivo, ni por dogmas de fe, sino también por cuestiones de soberanía e independencia nacional. El desarrollo económico de México como país capitalista podría realizarse por otra vía, no necesariamente por la que el grupo tecnocrático que detenta el poder desde hace más de 25 años proclama como única. He aquí algunas propuestas para el caso del sector energético: 1) La plataforma de producción tanto de petróleo como de gas deberían estar al servicio de la demanda interna. Actualmente, poco más de la mitad de la producción petrolera es para exportación y 90% de ella se dirige hacia Estados Unidos. 2) El país debe comenzar la reconversión de un país productor y exportador de petróleo y gas, hacia uno que genere y exporte productos petroquímicos y refinados. 3) La realización de investigaciones sobre innovaciones tecnológicas para uso y explotación del petróleo, así como para buscar fuentes de energía alternativa sustentables, mediante la creación de un instituto de investigación donde confluyan los conocimientos de especialistas en materia energética de universidades e institutos de educación superior nacionales. 4) Los recursos financieros para lo anterior tendrían varios orígenes: a) Una reforma fiscal integral progresiva, b) Una disminución del gasto corriente, principalmente en el rubro de servicios personales, donde en 7 años se ha duplicado gracias al aumento abusivo de sueldos y prestaciones de la gran burocracia, c) La utilización de parte de los excedentes petroleros para inversión en tecnología, mantenimiento de instalaciones y ductos, etc., Actualmente, éstos son utilizados para la compra de lealtades en gobiernos estatales, el aumento del gasto corriente y en general para la corrupción, d) El establecimiento de una contraloría independiente del poder ejecutivo que sancione las prácticas indebidas y la corrupción de funcionarios o de miembros de la aristocracia obrera. Se disminuiría con ello la posibilidad del enriquecimiento familiar mediante el uso del erario, como lo ha hecho la mafia que ha gobernado el país durante 25 años.
Es indiscutible la necesidad de una reforma de PEMEX para el desarrollo del país. Sin embargo, no es con la privatización como ello será posible. La privatización consiste como se ha hecho ya en el caso del gas y la petroquímica, no en “vender fierros” (Mouriño dixit), sino en hacer exclusivas de unos cuantos las decisiones y ganancias de la industria más importante de México. Porque ni hay nuevas refinerías donde participe capital privado mexicano, ni ese capital participa en la explotación del gas en la Cuenca de Burgos. Fueron las grandes transnacionales, como sería ahora si la iniciativa entreguista de Calderón es aprobada, las beneficiarias. Es nuestro deber como ciudadanos y mexicanos, investigar, analizar y participar en el futuro de esta industria estratégica para nuestro país.
Publicación: E-consulta, 27 de Mayo 2008.
Todas las naciones capitalistas desarrolladas y en muchos aspectos independientes, han ubicado a su sector energético como estratégico para su desarrollo nacional. De manera fundamental, lo son el control de recursos naturales no renovables como el gas y el petróleo y, recientemente, los alimentos que son utilizados para la generación de biocombustibles. Hace unas semanas, una empresa China buscó adquirir una empresa petrolera en Estados Unidos. El senado de ese país, donde las instituciones funcionan muy a pesar del discurso ideológico del libre mercado y la mano invisible, prohibió la venta, argumentando que la exploración y explotación del petróleo se llevarán a cabo por cuestiones de seguridad nacional, sólo por corporaciones de propiedad estadounidense. Un país como España, cuyo desarrollo capitalista ha sido apuntalado por su entrada a la Unión Europea y por una estrategia de desarrollo nacional claramente definida, rechazó que una firma alemana participara en su industria eléctrica por considerar que el sector energético era estratégico y exclusivo para los españoles. En Francia, el presidente Sarkozy declaró que el sector privado debe participar en todo, excepto en el sector energético y alimentario, considerados por el Estado francés como áreas exclusivas del Estado. La tendencia mundial sobre el manejo de energéticos es que los estados nacionales los controlen por cuestiones de seguridad y desarrollo nacional. Ahí están los casos recientes de países nórdicos, Rusia y Venezuela. Incluso Petrobras de Brasil que ha encontrado nuevos yacimientos, los explotará -a diferencia del esquema como lo venía haciendo- sólo. La razón es que la “asociación” con las grandes corporaciones transnacionales les dejaba sólo el 16% de la renta petrolera. En México, el manejo de Petróleos Mexicanos por el Estado también debería ser parte de una estrategia de desarrollo nacional. Si en 1938 cuando el petróleo empezaba a ser considerado un energético clave (Alemania por ejemplo, debe parte de su rápido ascenso y expansión industrial al carbón), las grandes corporaciones petroleras estadounidenses, inglesas y francesas ejercían un poder económico y político importante sobre las decisiones del estado mexicano, 80 años después donde son causa de guerras e invasiones como la de Irak, no será la excepción. El control del petróleo por el Estado no es sólo por cuestiones de encadenamiento productivo, ni por dogmas de fe, sino también por cuestiones de soberanía e independencia nacional. El desarrollo económico de México como país capitalista podría realizarse por otra vía, no necesariamente por la que el grupo tecnocrático que detenta el poder desde hace más de 25 años proclama como única. He aquí algunas propuestas para el caso del sector energético: 1) La plataforma de producción tanto de petróleo como de gas deberían estar al servicio de la demanda interna. Actualmente, poco más de la mitad de la producción petrolera es para exportación y 90% de ella se dirige hacia Estados Unidos. 2) El país debe comenzar la reconversión de un país productor y exportador de petróleo y gas, hacia uno que genere y exporte productos petroquímicos y refinados. 3) La realización de investigaciones sobre innovaciones tecnológicas para uso y explotación del petróleo, así como para buscar fuentes de energía alternativa sustentables, mediante la creación de un instituto de investigación donde confluyan los conocimientos de especialistas en materia energética de universidades e institutos de educación superior nacionales. 4) Los recursos financieros para lo anterior tendrían varios orígenes: a) Una reforma fiscal integral progresiva, b) Una disminución del gasto corriente, principalmente en el rubro de servicios personales, donde en 7 años se ha duplicado gracias al aumento abusivo de sueldos y prestaciones de la gran burocracia, c) La utilización de parte de los excedentes petroleros para inversión en tecnología, mantenimiento de instalaciones y ductos, etc., Actualmente, éstos son utilizados para la compra de lealtades en gobiernos estatales, el aumento del gasto corriente y en general para la corrupción, d) El establecimiento de una contraloría independiente del poder ejecutivo que sancione las prácticas indebidas y la corrupción de funcionarios o de miembros de la aristocracia obrera. Se disminuiría con ello la posibilidad del enriquecimiento familiar mediante el uso del erario, como lo ha hecho la mafia que ha gobernado el país durante 25 años.
Es indiscutible la necesidad de una reforma de PEMEX para el desarrollo del país. Sin embargo, no es con la privatización como ello será posible. La privatización consiste como se ha hecho ya en el caso del gas y la petroquímica, no en “vender fierros” (Mouriño dixit), sino en hacer exclusivas de unos cuantos las decisiones y ganancias de la industria más importante de México. Porque ni hay nuevas refinerías donde participe capital privado mexicano, ni ese capital participa en la explotación del gas en la Cuenca de Burgos. Fueron las grandes transnacionales, como sería ahora si la iniciativa entreguista de Calderón es aprobada, las beneficiarias. Es nuestro deber como ciudadanos y mexicanos, investigar, analizar y participar en el futuro de esta industria estratégica para nuestro país.
Una mirada al día a día de la Cuba de Hoy
Autor: Mtro. Gonzalo Inguanzo Arteaga.
Publicación: La Jornada de Oriente, 27 Mayo 2008
Soy un cubano establecido en México desde hace 8 años. Durante todo este tiempo cada vez que alguien detecta que soy cubano surgen preguntas sobre mi país de origen y los temas siempre han sido variados: ¿la educación es realmente tan buena como dicen?, ¿el sistema de salud brinda un servicio realmente eficaz?, ente otras. Sin embargo hoy en día las preguntas siempre giran alrededor de dos temas: ¿y tú qué crees de los cambios en Cuba? y ¿Fidel sigue vivo?
De la segunda no tengo nada que decir. Dar una respuesta a esa pregunta siempre implica un nivel de fantasía e irrealidad tal en los posibles argumentos que no le veo sentido.
Con relación a la primera pregunta (los cambios en Cuba) lo primero que diré es que sí se han dado cambios y para ello no tenemos más que leer los editoriales en donde se publica aquello que ahora sí puede hacer un habitante de Cuba. Mucho de lo que se permite, a mi entender es superficial (comprar un celular, adquirir efectos electrodomésticos, permiso para hospedarse en hoteles, etc.) y lo que es más importante, hacer uso de estos permisos nuevos implica tener recursos económicos que están por completo fuera del alcance del ciudadano medio. Por ejemplo un televisor te costará cerca de 300 “pesos convertibles” que son equivalentes a 7200 pesos cubanos que es la moneda con la que le pagan a cualquier trabajador en Cuba (unos 3780 pesos mexicanos) y un buen sueldo en cuba, uno medio no excede los 500 pesos cubanos. Díganme cuántos se podrán comprar el televisor. Completando la idea les compartiré que hace un mes y medio se aumentó la pensión a los jubilados, noticia que alegró pero que duró poco pues este fin de semana pasado en la tiendas donde se pueden comprar productos básicos (aceite, jabón, detergente) los precios han subido también.
Los cubanos de adentro que siguen viviendo el día a día de esa enigmática isla te dirán que los cambios que han ocurrido no son importantes, que la vida sigue igual, que el transporte sigue siendo un problema; que el tema de la vivienda sigue cada día peor; que viven mejor los que tienen familiares en el extranjero; que les preocupa que a sus hijos les den clases emergentes que no tienen ni la preparación ni el deseo de enseñar; que es mejor tener un puesto de pizzas que ser profesional y que les duele ver que los adolescentes (sus hijos, sobrinos y vecinos) generalmente piensan en lo que no tienen.
Sí, es verdad, se han realizado cambios, pero no los importantes, aquellos que deben partir de una planificación objetiva de la realidad de que vive ese país. Para conocer de los cambios del día a día en Cuba los invito a visitar el blog “Generación Y” http://www.desdecuba.com/generaciony/ que es un espacio en el que una joven cubana (reciente premio Premio Ortega y Gasset 2008Periodismo Digital) nos muestra la Cuba de hoy. Dentro de los cambios que aún no llegan está el de permitirle a esta joven el permiso de ir a recoger su premio a España.
Publicación: La Jornada de Oriente, 27 Mayo 2008
Soy un cubano establecido en México desde hace 8 años. Durante todo este tiempo cada vez que alguien detecta que soy cubano surgen preguntas sobre mi país de origen y los temas siempre han sido variados: ¿la educación es realmente tan buena como dicen?, ¿el sistema de salud brinda un servicio realmente eficaz?, ente otras. Sin embargo hoy en día las preguntas siempre giran alrededor de dos temas: ¿y tú qué crees de los cambios en Cuba? y ¿Fidel sigue vivo?
De la segunda no tengo nada que decir. Dar una respuesta a esa pregunta siempre implica un nivel de fantasía e irrealidad tal en los posibles argumentos que no le veo sentido.
Con relación a la primera pregunta (los cambios en Cuba) lo primero que diré es que sí se han dado cambios y para ello no tenemos más que leer los editoriales en donde se publica aquello que ahora sí puede hacer un habitante de Cuba. Mucho de lo que se permite, a mi entender es superficial (comprar un celular, adquirir efectos electrodomésticos, permiso para hospedarse en hoteles, etc.) y lo que es más importante, hacer uso de estos permisos nuevos implica tener recursos económicos que están por completo fuera del alcance del ciudadano medio. Por ejemplo un televisor te costará cerca de 300 “pesos convertibles” que son equivalentes a 7200 pesos cubanos que es la moneda con la que le pagan a cualquier trabajador en Cuba (unos 3780 pesos mexicanos) y un buen sueldo en cuba, uno medio no excede los 500 pesos cubanos. Díganme cuántos se podrán comprar el televisor. Completando la idea les compartiré que hace un mes y medio se aumentó la pensión a los jubilados, noticia que alegró pero que duró poco pues este fin de semana pasado en la tiendas donde se pueden comprar productos básicos (aceite, jabón, detergente) los precios han subido también.
Los cubanos de adentro que siguen viviendo el día a día de esa enigmática isla te dirán que los cambios que han ocurrido no son importantes, que la vida sigue igual, que el transporte sigue siendo un problema; que el tema de la vivienda sigue cada día peor; que viven mejor los que tienen familiares en el extranjero; que les preocupa que a sus hijos les den clases emergentes que no tienen ni la preparación ni el deseo de enseñar; que es mejor tener un puesto de pizzas que ser profesional y que les duele ver que los adolescentes (sus hijos, sobrinos y vecinos) generalmente piensan en lo que no tienen.
Sí, es verdad, se han realizado cambios, pero no los importantes, aquellos que deben partir de una planificación objetiva de la realidad de que vive ese país. Para conocer de los cambios del día a día en Cuba los invito a visitar el blog “Generación Y” http://www.desdecuba.com/generaciony/ que es un espacio en el que una joven cubana (reciente premio Premio Ortega y Gasset 2008Periodismo Digital) nos muestra la Cuba de hoy. Dentro de los cambios que aún no llegan está el de permitirle a esta joven el permiso de ir a recoger su premio a España.
jueves, mayo 22, 2008
El vicio de los mexicanos
Autor: Guillermo Hinojosa Rivero
Publicación: Sintesis, 22 de Mayo de 2008
Hay un vicio, o enfermedad, que nos distingue del resto del mundo. En todos los países, o casi, hay mafias, corrupción, demagogia, pobreza; nada de eso es exclusivo mexicano. Lo que no se encuentra en ningún otro país es esa especie de juego vicioso que consiste en descubrir desgracias mexicanas y denunciarlas.
Los niños mexicanos desde pequeños aprenden que en México todo está mal; que hacer algo 'a la mexicana' quiere decir mal y con trampas. Su primera formación ciudadana consiste en los chistes en los que un mexicano se enfrenta con dos o tres extranjeros y siempre sale con una tontería.
Cuando esos niños crecen y piden explicaciones de por qué algo no está bien, simplemente les dicen que así son las cosas en México y no hay nada que hacer. Conforme se hacen adultos van aprendiendo el juego de descubrir desgracias mexicanas. Cuando son adultos y deben dar explicaciones simplemente dirán 'así es aquí, somos del tercer mundo y todo está perdido y podrido. Si estuvieramos en Japón, o en Alemania, o en otro lado esto no sucedería'
Somos tan adictos a este vicio que tenemos periódicos diarios y semanarios dedicados casi exclusivamente a detectar desgracias y a publicarlas. En todos los periódicos hay editorialistas que simplemente se dedican a decir algo que está mal; cada columna una nueva lacra. Si se les pregunta por qué, dirán que cumplen con su deber de publicar y crear conciencia.
Todos los editorialistas son, somos, un poco moralistas. Denunciamos los pecados y amenazamos con el infierno. El problema en México es que ya todos creemos que verdaderamente no se puede hacer nada; que ya estamos en el infierno; que hay algo torcido en nuestra nacionalidad; que todo empeorará inevitablemente. Ya ni siquiera nos preguntamos qué podríamos hacer. Mientras esa pesimista mentalidad persista estamos condenados a la parálisis.
Quienes insisten en que a pesar de todo se puede hacer algo y que algunos males se pueden solucionar con poco dinero, son calificados de ingenuos. O peor, quien propone el remedio para algún problema concreto y delimitado puede ser acusado de colaborar con el gobierno malvado que así podrá evadir su responsabilidad. No sólo practicamos el vicio mexicano, también condenamos a quien prefiere abstenerse.
Publicación: Sintesis, 22 de Mayo de 2008
Hay un vicio, o enfermedad, que nos distingue del resto del mundo. En todos los países, o casi, hay mafias, corrupción, demagogia, pobreza; nada de eso es exclusivo mexicano. Lo que no se encuentra en ningún otro país es esa especie de juego vicioso que consiste en descubrir desgracias mexicanas y denunciarlas.
Los niños mexicanos desde pequeños aprenden que en México todo está mal; que hacer algo 'a la mexicana' quiere decir mal y con trampas. Su primera formación ciudadana consiste en los chistes en los que un mexicano se enfrenta con dos o tres extranjeros y siempre sale con una tontería.
Cuando esos niños crecen y piden explicaciones de por qué algo no está bien, simplemente les dicen que así son las cosas en México y no hay nada que hacer. Conforme se hacen adultos van aprendiendo el juego de descubrir desgracias mexicanas. Cuando son adultos y deben dar explicaciones simplemente dirán 'así es aquí, somos del tercer mundo y todo está perdido y podrido. Si estuvieramos en Japón, o en Alemania, o en otro lado esto no sucedería'
Somos tan adictos a este vicio que tenemos periódicos diarios y semanarios dedicados casi exclusivamente a detectar desgracias y a publicarlas. En todos los periódicos hay editorialistas que simplemente se dedican a decir algo que está mal; cada columna una nueva lacra. Si se les pregunta por qué, dirán que cumplen con su deber de publicar y crear conciencia.
Todos los editorialistas son, somos, un poco moralistas. Denunciamos los pecados y amenazamos con el infierno. El problema en México es que ya todos creemos que verdaderamente no se puede hacer nada; que ya estamos en el infierno; que hay algo torcido en nuestra nacionalidad; que todo empeorará inevitablemente. Ya ni siquiera nos preguntamos qué podríamos hacer. Mientras esa pesimista mentalidad persista estamos condenados a la parálisis.
Quienes insisten en que a pesar de todo se puede hacer algo y que algunos males se pueden solucionar con poco dinero, son calificados de ingenuos. O peor, quien propone el remedio para algún problema concreto y delimitado puede ser acusado de colaborar con el gobierno malvado que así podrá evadir su responsabilidad. No sólo practicamos el vicio mexicano, también condenamos a quien prefiere abstenerse.
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