Autora: Laura
Angélica Bárcenas Pozos, datos de la autora, haz click aquí
Publicado:
lado B, 12 de marzo de 2014
A
propósito del Día Internacional de la Mujer, mi hija adolescente me comentó un
poco indignada que su papá, es decir mi esposo, estaba enojado porque no había
un día internacional del hombre. Le pregunté que si eso le molestaba y me dijo
que sí, que su papá no entiende que hay que celebrar a las mujeres y que además
se enoja porque también hay muchas mujeres que hostigan a los hombres.
Así que
empecé a explicarle lo que pienso al respecto y le conté cómo había surgido la
idea de conmemorar el Día Internacional de la Mujer en 1977 en la ONU, ya que
desde el inicio del siglo XX, las mujeres habían buscado una igualdad política
con los hombres al exigir su derecho al voto. En 1911, se celebró en Europa por
primera vez un día internacional de la mujer, en donde además del voto se
exigía la posibilidad de que las mujeres ocuparan puestos públicos, tuvieran
derecho al trabajo, a la formación profesional y a que no hubiera
discriminación laboral. Esto porque históricamente la mujer había ocupado un
papel que se considera inferior en la sociedad, y ese papel es educar a los
hijos y mantener la estabilidad de la familia.
Sin
embargo, después del fuerte movimiento feminista que cobró relevancia en el
siglo XX, en el que las mujeres pelearon por sus derechos en un mundo machista,
en la década de los setenta, la ONU estableció el 8 de marzo como día
internacional de la mujer y de la paz internacional.
Pero que
en el fondo estaba de acuerdo con su papá (sé que las feministas me odiarán por
esto), pues se de muchos casos, incluso cercanos a mí, en donde las mujeres han
abusado de sus parejas masculinas sin un solo golpe de por medio, con el solo
hecho de controlarlos, denigrarlos, explotarlos, etc. Sólo que los casos
de explotación masculina los conocemos menos, porque los hombres subyugados no
hablan ello.
Entonces
más bien creo y eso le expliqué a mi hija, que no tendría que haber la
necesidad de la celebración de un día internacional de la mujer, ni del hombre,
y que más bien tendríamos que irnos respetando los unos y los otros, pues el
hecho de que uno subyugue al otro significa que el verdugo está ejerciendo su
poder y controla la vida del otro, y esto es lo verdaderamente grave.
Me parece
que, los seres humanos, por nuestra naturaleza egoísta, buscamos controlar al
otro haciéndonos del poder, porque no estamos dispuestos a mover nuestras
estructuras, queremos que el otro sea el que las mueva, incluso queremos que
haga las cosas cómo las haríamos nosotros y hasta nos atrevemos a creer que
debe pensar como nosotros. Creo en el fondo que eso nos pasa con todas las
personas, pero en el caso de la pareja sentimos que es una obligación del otro
hacerlo y cuando no sucede así nos enojamos, pues es un modo de controlar.
Los que
tenemos un poco de consciencia y respeto por la dignidad del otro, logramos
darnos cuenta de esto y lo moderamos, por lo que entramos en una negociación,
reconocemos que no podemos controlar a nuestra pareja, por el simple hecho de
que es diferente a nosotros y que por el solo hecho de ser persona merece
nuestro respeto. Es decir, frecuentemente estamos en una batalla por ejercer el
control y al mismo tiempo respetar al otro. Pero esa batalla nos ayuda a
mantener el equilibrio.
Sin
embargo hay otros y también otras, que consideran que esto es una estupidez, o
peor aún ni siquiera lo consideran. No identifican que el otro tiene una
dignidad y creen que por ser su pareja está en la obligación de mantenerse a su
absoluto servicio. Muchas veces para controlarlo de mejor manera, lo aíslan, y
para aislarlo, lo intimidan o lo manipulan. Por supuesto el otro sufre e inicia
una lucha consigo mismo entre perder la dignidad y aceptar el control, o no
dejarse abatir y negociar. Cuando esto último sucede el controlador ejerce
mayor presión y utiliza la violencia, verbal, física y hasta psicológica, y si
el controlado no logra romper el círculo vicioso en el que está inmerso,
terminará minado.
Claro que
todo esto se da cuando uno es demasiado fuerte y el otro demasiado débil y
cuando uno ejerce demasiada fuerza sobre el otro, pasan tres cosas, o la
relación no progresa, o un día se acaba, o uno de los dos acaba muerto. En
cambio cuando hay un equilibrio de fuerzas nada de esto sucede.
Así que
creo que debemos enseñar a nuestros hijos y/o a nuestros alumnos dos cosas
sumamente importantes para cuando establezcan sus relaciones de pareja, o
incluso cualquier relación: Una que ellos son personas y que por el solo hecho
de serlo merecen respeto de cualquiera y que tienen una dignidad y dos que el
otro, cualquier otro, es una persona que por el solo hecho de serlo merece
respeto y tiene una dignidad. Y como cualquier cuestión ética y moral (porque
si no había sido explícita, esto es una cuestión ética y moral), no hay mejor
modo de enseñar esto, que con el ejemplo. Por esto es necesario establecer
relaciones en donde esté dispuesto a respetar a nuestra pareja y no dejar
que la pareja nos falte al respeto de ningún modo; pero si no se puede lograr
esto, debemos terminar con la pareja, antes de que la pareja termine con
nuestra vida, o con la vida de nuestros hijos.
La autora
es profesora de la Universidad
Iberoamericana Puebla.
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