viernes, febrero 10, 2012

Qué evaluamos cuando evaluamos el aprendizaje


Autora: Laura Angélica Bárcenas Pozos
Publicado: Puebla en Line, 08 de febrero de 2012

     Recuerdo muy bien mis años de estudiante, cuando se acostumbraba asignar la calificación de un proceso de aprendizaje con un solo examen al término de proceso. Al concluir un semestre debíamos estudiar todo aquello que se había aprendido o practicado durante  ese periodo para resolver un examen que generalmente era de opción múltiple. Así que siempre tenía la probabilidad de acertar alguna de aquellas preguntas en las que no supiera la respuesta.
     Entonces los alumnos aprendíamos muy bien la maña de estos exámenes y memorizábamos lo que más se podía uno o dos días antes y lo que no nos daba tiempo, no habíamos entendido o no nos había interesado estudiar lo dejábamos de lado con la esperanza de que no lo preguntaran y de no ser así, también esperábamos que tuviéramos buena puntería al momento de elegir la respuesta. Algunas amigas y yo hasta rezábamos el siguiente estribillo para sentirnos más seguras al momento de elegir: “Jesús, José y María dame buena puntería”. No importaba cuántos aprendizajes habíamos adquirido, sino cuántas respuestas buenas tenía nuestro examen y en función de eso se nos asignaba una calificación.
     También nos aplicaban exámenes mensuales, de un máximo de veinte preguntas, eso, cuando eran de opción múltiple, sino sacábamos una hoja y nos dictaban un máximo de diez preguntas que debíamos responder o problemas que había que resolver. Estos exámenes me gustaban más porque me retaban más. Pensaba más. Muchas veces las calificaciones resultado de estos exámenes era promediada con la del examen final, pero muchas veces no.
     Pasados los años, la evaluación de los aprendizajes ha cambiado, todos sabemos que en la educación básica se evalúa por bloques y los resultados de cada bloque son promediados, para obtener la calificación final. También sabemos que ahora hay mucha formación en los docentes para que consideren el proceso, es decir, la participación, las tareas, la actitud hacia el aprendizaje, el trabajo en clase, etc. Sin embargo los exámenes de opción múltiple no han desaparecido, siguen siendo la estrella a la hora de valorar si los estudiantes han aprendido.
     Pero, ¿qué miden este tipo de exámenes? Pues nada más y nada menos que memoria o buena puntería. Eso está bien cuando necesitamos valorar si los alumnos tienen la información suficiente sobre un tema para avanzar hacia otras cosas. Pero existen otro tipo de recursos para valorar si están logrando aprendizajes, como por ejemplo, exámenes de preguntas abiertas en donde los alumnos tienes que expresar por escrito sus conocimientos e ideas al respecto de un tema, estos exámenes son convenientes cuando queremos observar la forma cómo los alumnos están relacionando la información. Otros recursos para valorar esto mismo, serían, los mapas mentales, conceptuales o esquemas.
En cambio es conveniente que los alumnos resuelvan problemas, dilemas o que reflexionen sobre situaciones simuladas, da la posibilidad de valorar cómo estos están aplicando lo que han aprendido, eso implica que pongan en juego los conocimientos que han adquirido, así como las habilidades que han desarrollado, es posible también que se puedan incluir algunos aspectos de actitudes. Los foros virtuales en plataformas educativas pueden ser otro ejemplo que nos permite valorar estos aspectos de la formación.
     Diseñar, planear, realizar una investigación, proyectar, pueden llevar a los alumnos a realizar productos de aprendizaje de un alto nivel de complejidad en los que demuestran sus competencias. Es decir estos dan evidencia de en qué cosas ha avanzado el alumno al momento de ser evaluado y qué le queda por avanzar, por su puesto uno de estos productos no se desarrolla en un corto tiempo, mucho menos en un par de horas, sino que se va construyendo a lo largo de un curso o de un cuatrimestre.
     Por lo tanto, cuando un profesor decide que quiere evaluar competencias, deben pensar en  un producto a largo plazo (lo que dura un curso), que el alumno irá desarrollando al mismo tiempo que trabaja con ciertas competencias, el profesor debe tener claras las evidencias y los desempeños que valorará y que deberá reflejar en una rúbrica. Además deberá ir trabajando en el curso no sólo los conocimientos que el alumno necesitará para lograr el producto de aprendizaje esperado, sino las habilidades, las actitudes, las decisiones que deberá tomar, etc. También el profesor deberá contemplar si quiere que los alumnos logren este producto de manera individual o en pequeños grupos, pues tal vez una competencia a observar es el trabajo en equipo, entre otras cosas.
     Este tipo de evaluación lleva al profesor a realizar valoraciones parciales del producto, haciendo recomendaciones a los alumnos sobre los aspectos a mejorar, pero también le da pistar para reorientar la planeación del proceso de aprendizaje y la propia práctica docente. El profesor puede ponderar estas revisiones parciales de acuerdo a la complejidad del avance y no sólo promediar notas. Como usted lector puede observar, ésta última se trata de una evaluación más compleja, pero también más formativa. Por lo que finalmente pregunto a mis colegas docentes, qué es lo que evalúan cuando evalúan.

Un aniversario más…


Autor: José Félix Victoriano Flores Guzmán
Publicado: Síntesis Tlaxcala, 09 de febrero de 2012

     En días pasados, el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica mediante la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) cerró diversas páginas web, entre ellas Megaupload Limited y Vestor Limited, par de sitios donde se compartía información y se accedía a videos. A nivel mundial la red Twitter en busca de una mayor expansión,  ofrece bloquear mensajes en países que se lo pidan, cuando estos consideren su contenido ofensivo, inapropiado o controvertido por razones políticas, religiosas o culturales.
    En América, ambas posibilidades se están explorando con la llama Ley SOPA por sus siglas en ingles (Stop Online Privacy Act) y traducida al español se refiere al acta de cese  a la piratería en línea  y la iniciativa de solicitar a Twitter algunos bloqueos, sumando la posible adhesión al   acuerdo comercial internacional anti falsificación (ACTA por sus siglas en ingles, Anti-Counterfeiting Trade Agreement)
     Las voces de protesta no se han hecho esperar: los  internautas en general y en especial Anonymous han mostrado su oposición a estas medidas; en los medios se debate y opina sobre el derecho a la propiedad intelectual, el derecho a la libre expresión y a la información. Los que están a favor de estas medidas hacen referencia a las ganancias  obtenidas por publicidad en los sitios web, donde no son los dueños del producto intelectual intercambiado, utilizado o facilitado a los usuarios, en otros casos por el acceso a la información y manejo de la misma por la delincuencia organizada.
     Claramente se observa que el medio (la internet) no es el culpable, es el fin buscado por cada usuario y el manejo de su ética por un lado y por el otro, la necesidad de controlar a lo máximo el transito de información por los  gobiernos en pos de una mayor seguridad o agenciarse dinero mediante nuevos impuestos o incrementar sustancialmente el número de contribuyentes.
     Por último, la finalidad de este escrito no es discutir sobre la conveniencia o no  de estas posibles reformas; es ir más allá, nuestra constitución (cuyo aniversario de promulgación acaba de pasar) presenta una serie de atrasos en diferentes temas, entre ellos los relacionados con avances científicos  y las tecnologías de la información y la comunicación (TICS). Es momento de dejar de lado los paliativos de reforma económica, los remiendos y parches de leyes para que se ajusten a nuestros tiempos, se deben eliminar al máximo lagunas o vacios legales;  pero sobre todo, terminar con la impunidad al aplicar las leyes sin favoritismos ni componendas. El problema de México no es la tranza, es la impunidad o seguiremos simplemente “disfrutando de un día de asueto” por el festejo de un  aniversario más de la Constitución Mexicana.  

¿Necesito un coach?


Autor: Alexis Vera datos del autor haz clikc aquí
Publicado: La Primera de Puebla, 9 de febrero de 2012

     En el mundo de las organizaciones (empresas, gobierno, ONGs, instituciones educativas, etc.) se habla cada vez más del coaching. En muchas de estas organizaciones existen coaches que ayudan a otras personas a lograr sus metas personales o laborales. Pero ¿qué es verdaderamente un coach? ¿Qué hace a un buen coach? ¿Para qué sirven los coaches a las organizaciones?
     Al parecer el coaching se puso de moda, especialmente en el mundo empresarial pero también en el gobierno y en las instituciones de educación superior se habla ya de esta disciplina. Sin embargo, me parece que por lo general persiste el desconocimiento de lo que realmente hace esta disciplina a favor de las personas y de las organizaciones.
     Un buen coach ayuda a su coachee a alcanzar una meta, personal o profesional, que él mismo se haya fijado. El buen coach no le dice al coachee qué debe hacer o qué camino recorrer para alcanzar la meta, eso lo debe determinar el coachee con la ayuda del coach. Es decir, el coach no tiene la receta secreta para cada individuo que “coachea”, más bien debe tener las preguntas apropiadas para que sea el mismo coachee quien encuentre sus propias respuestas; para que sea éste quien determine su camino y pasos a seguir para lograr la meta que se ha fijado. En suma, el coach tiene sólo preguntas, el coachee tiene todas las respuestas. De esta idea se desprende uno de los elementos fundamentales del proceso de coaching: las preguntas. El arte de hacer preguntas poderosas es el arte de hacer coaching. Plantear preguntas que conduzcan a la acción es quizás la tarea más importante que tiene un coach frente a su coachee. De lo que se trata es que el coachee se mueva de donde está para alcanzar un lugar superior (meta); es decir, coaching es hacer que las personas actúen para cambiar su situación actual y lograr su estado deseado.
     Hay empresas que contratan coaches para ayudar a sus directivos a alcanzar diferentes metas y los resultados regularmente son muy alentadores porque el directivo que recibe coaching se siente acompañado, comprometido y positivamente retado en medio del ir y venir del trabajo cotidiano. En muchas ocasiones los directivos descubren nuevas fortalezas personales y aprenden a enfrentar sus debilidades. El coaching es una técnica poco invasiva y muy potenciadora del talento individual que cada persona posee porque las respuestas siempre vienen del interior de la persona “coacheada”, no desde la posición exterior que regularmente toma un asesor o consultor.
     El coaching, aunque no es terapia, con frecuencia tiene efectos terapéuticos en el coachee porque le ayuda a ver, desde un observador diferente al que históricamente ha sido, su propia realidad para transformarla positivamente. En efecto, el buen coach es aquel que logra que su coachee se convierta en sujeto de acción para modificar su situación actual. El coach no es, por lo tanto, un maestro que da lecciones a su alumno o un mentor que transmite información a su mentee. Lo que más debe preocupar a un coach es que su coachee se mueva de la situación en la que está para mejorarla. Luego entonces, una pregunta que con frecuencia los coaches hacen a sus coachees en la primera sesión de trabajo es algo por el estilo de: ¿qué cosa, que aún no has logrado, te llenaría plenamente de satisfacción si al día de hoy ya la hubieses conseguido? Cuéntame al respecto.
     La respuesta a este tipo de preguntas puede ser de una enorme variedad, desde asuntos profesionales hasta asuntos personales, y el coach tendría entonces que ayudar al coachee a determinar qué le gustaría lograr en un periodo relativamente corto de tiempo (por ejemplo de 6 a 18 meses); eso se convertiría en la meta del coachee. De esta manera tenemos que el coaching le puede servir a prácticamente cualquier persona que desee alcanzar una meta personal o grupal (sin importar la naturaleza de la meta) de manera más eficiente y eficaz.
     La responsabilidad del coach es grande porque la calidad de las preguntas que hace influye sustantivamente en la calidad de la transformación y logros del coachee. Desafortunadamente, en el mercado hay muchas personas que, aunque se autonombran coaches, en realidad no tienen desarrolladas las competencias necesarias para ayudar a las personas desde cuestionamientos bien planteados y articulados. Porque hacer preguntas poderosas a partir de la completa escucha  del otro es, en efecto, más arte que ciencia y, por lo tanto, más práctica que teoría. 

Educar en Democracia


Autora:Celine Armenta datos del autor haz clik aquí
Publicado: en Lado B, 08 de febrero de 2012

     Por extrañas coincidencias, en las semanas recientes he visto más accidentes automovilísticos que nunca: presencié dos, varias veces pasé frente a autos recién abollados, maltrechos y, hasta destrozados. Vi ambulancias y heridos, conductores sangrando, conmocionados. En otros casos, amigos, colegas y estudiantes me narraron sus accidentes: todos urbanos, pero con hospitalización, y alguno con cirugías serias.
     Los números oficiales no avalan  mi percepción de que en la ciudad de Puebla los accidentes y sus víctimas están al alza. Pero ello no me consuela; porque aunque no fueran más que ayer, los accidentes ocurren; y aunque algunos hayan sido inevitables, muchos fueron causados por automovilistas que violaron las leyes y normas de vialidad: decidieron que el semáforo en alto y los límites de velocidad eran una invitación a acelerar;  no respetaron las reglas de preferencia; no hicieron alto total donde se requería; no avisaron de sus maniobras, o no permitieron a otro que las realizara.  Por otra parte los peatones cruzaron a media calle, toreando autos, sin voltear siquiera a ver el semáforo. Y los conductores de autobuses y combis de pasajeros se corretearon, se cerraron el paso a la vez que maltrataban a sus pasajeros.
     Quizás mi frustración por la cercanía con tantos accidentados me lleva a exagerar, pero lo que percibo es anarquía vial  por parte de conductores y peatones. El espacio común de los poblanos, nuestras avenidas, calles, privadas y callejones son el escaparate de cualquier cosa, excepto convivencia y vocación democrática.
Como en tantos otros ámbitos, detrás del volante nos ufanamos de actuar al margen o incluso por encima de la ley, en flagrante contradicción con nuestras opciones democráticas. Sin caer en la cuenta de que la democracia depende mucho más de nuestra conducta legal que de la perfección de un sistema para elegir gobernantes;  que requiere mucha más educación pertinente, que derroche partidista y electoral; y que se lastima mucho más con nuestro desdén cotidiano por la legalidad y el bien común, que con los deslices bochornosos de nuestros gobernantes.
     Educar en democracia es tarea inaplazable, y es tarea de todos. Educarnos cada uno a sí mismo, yal mismo tiempo educar a quienes tenemos a nuestro cuidado, en las escuelas y fuera de ellas. Educarnos, so pena de sabotear esta democracia nuestra de la que debiéramos estar orgullosos, pero que en realidad ni siquiera estamos asumiendo como nuestra opción colectiva de convivencia y nuestra manera de ver la vida
     La democracia es lo que debiera unirnos a los mexicanos; nuestra cosmovisión común, a diferencia de otras cosmovisiones particulares como el cristianismo, el marxismo, el islamismo, el materialismo, el budismo y el capitalismo.
Bernardo Toro, filósofo y educador de nuestro tiempo, escribió: “Si la democracia es una cosmovisión, o sea una forma de ver el mundo, la comprensión del concepto de la democracia puede transformar la educación totalmente. Una sociedad que se decide por la democracia debe preguntarse cómo tiene que concebir su educación, cómo tiene que diseñar sus escuelas y lo que allí ocurre, qué transformaciones hay que hacer para formar ciudadanos democráticos y promover formas democráticas de pensar, sentir y actuar”.
Al educar en la democracia, lo primero que debiéramos aprender es, precisamente, que la democracia es nuestra decisión; y que las leyes que nos rigen también son nuestras. Bernardo Toro explica: “Esto significa que la democracia es el espacio por excelencia de la libertad, puesto que ésta sólo es posible cuando resulta del mutuo acuerdo de cumplir y respetar aquello que fue producto de una decisión libre, es decir, de un acuerdo fundado colectivamente.  Por eso la democracia requiere de la participación de todos los miembros de la sociedad”.
     A la vez que aprendemos que la democracia es nuestra opción y nuestra construcción, sería bueno aprender a valorarla, a disfrutarla, a celebrarla, y a fortalecerla. Es nuestra: joven, imperfecta y en construcción. Pero poco se avanzará si la denostamos en vez de arroparla y ayudarla a crecer entre todos. Por años la deseamos, y ahora que la tenemos vivimos con la nostalgia de su ausencia, y de un régimen en el que lo normal era culpar o agradecer a las autoridades por las fallas y aciertos de su gobierno.
     John Dewey, filósofo también, escribió que “Una democracia es más que una forma de gobierno; es, antes que nada, una manera de vivir de manera asociada, una experiencia de comunicación conjunta”. Esta sería la tercera lección indispensable al educar en democracia: informarnos y cuidar el tema de las comunicaciones para asegurar su transparencia, pluralidad y accesibilidad.
     Y, ya puestos a educarnos en democracia, no estaría mal aprender las leyes de tránsito y respetarlas. Y exigir a las autoridades que las hagan cumplir; que eliminen los excesos de velocidad, erradiquen la anarquía; y acaben con el miedo que nos acompaña cada día que salimos a la calle.

martes, febrero 07, 2012

¿Hacia dónde?


Autor: Martín López Calva datos del autor haz clikc a quí
Publicado: Síntesis Puebla, 29 de enero de 2012

     ¿Hacia dónde va el ser humano? ¿Hacia dónde va nuestra patria herida por la violencia y los miles de muertos que ha generado y sigue generando? Esta es la pregunta que explícita o implícitamente ronda por nuestra existencia como nación y que debería plantearse todo ciudadano responsable en esta transición de sexenio que se aproxima a partir de lo que decidamos con nuestro voto en el mes de julio.
     Una pregunta, una paradoja: tantos caminos ha ido abriendo eso que llamamos progreso, tantas posibilidades para avanzar y sin embargo, parece ser que somos menos libres, que todos los caminos conducen a la nada, que no alcanzamos a respondernos hacia dónde.
      Es tiempo hoy más que nunca para que los ciudadanos tratemos de observar reflexivamente la huella de la humanidad sobre este planeta y la huella de nuestra sociedad mexicana, su huella física muchas veces destructora de la naturaleza, su huella intelectual muchas veces conceptualista y pretensiosa, su huella crítica y autocrítica, su huella existencial en la construcción de esta historia que parece a veces tornarse tan cruel, destructiva, desesperanzadora...
      Tiempo más que nunca para que una sociedad en naciente democracia "sin estorbar el camino" de la libertad personal y colectiva, abra todos los espacios posibles para que cada uno de sus miembros nos planteemos la pregunta del hacia dónde de cada quien y del hacia dónde social, y lo tratemos de dialogar, de debatir, de confrontar con otras visiones, de comprender a fondo, de cuestionar críticamente, de buscar alternativas creativas, de deliberar, de tomar decisiones de cambio para poder arribar a las próximas elecciones con una idea más clara de lo que inteligente y responsablemente conviene al país.

Calidad educativa: enseñar con el ejemplo


Autor: Martín López Calva datos del autor haz click aquí
Publicado: Síntesis Puebla, 02 de febrero de 2012


     "Lo que haces habla tan fuerte, Que no puedo escuchar lo que dices" Proverbio indio norteamericano

     Es innegable y se ha escrito mucho de este tema, sobre todo durante este sexenio, que el problema de la calidad educativa en el país no se va a resolver si no se realizan cambios estructurales profundos que implican decisiones políticas de gran calado, Sin embargo, es indiscutible que la educación no producirá mejores resultados de aprendizaje mientras no se profesionalice a los docentes, partiendo del supuesto de que lo más importante de la educación sucede en el aula.
     La verdadera profesionalización de los docentes implica, sin duda, políticas públicas y recursos económicos destinados a este fin. Sin embargo, estas políticas y recursos no van a generar resultados si no cambia la actitud de los profesores frente a su propia necesidad de formación.
      Este domingo en el Facebook me encontré en el muro de la SEP estatal una entrada que sintetizaba elementos del primer informe del gobernador, Revisando los comentarios había un buen número que cuestionaba lo informado y expresaba duras críticas al gobierno culpándolo de la mala situación educativa.
      Lo que llamó mi atención en estas críticas escritas por maestros, era que todas abstenían, al menos, una falta de ortografía y muchas mostraban serios problemas de redacción. Este hecho coincidió con que un día antes había entregado calificaciones de un curso de nivel posgrado que impartí en un programa de formación docente. En el proceso de revisión encontré varios ensayos finales que meran otra cosa que plagios -copias íntegras- de textos publicados en internet.
     Estas dos situaciones me llevan a una pregunta que tendríamos que hacernos los docentes de todos los niveles: ¿No deberíamos, sin dejar de cuestionar el trabajo de las autoridades y el sindicato, reconocer y hacer un esfuerzo serio por subsanar nuestras propias deficiencias formativas?


Allan Greenspan: The Age of Turbulence. Adventures in a new world


Autor: Gerardo Reyes Guzmán
Publicado: La Primera de Puebla, 01 de febrero de 2012

     Allan Greenspan nació en Nueva York en 1926. Estudió clarinete en Juilliard y se convirtió en un músico profesional. Posteriormente obtuvo su doctorado en Economía en la Universidad de Nueva York. En 1954 fue cofundador de la consultora Townsend-Greenspan & Co. De 1974 a 1977 fue director del Council of Economic Advisors bajo el presidente Gerald Ford. En 1987 fue designado por el presidente Ronald Reagan como Director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, cargo que desempeñó hasta su retiro en 2006. Allan Greenspan llegó a ser considerado como el segundo hombre más poderoso del planeta después del presidente de los Estados Unidos. No obstante, de ser aplaudido por los medios como un mago en la política monetaria, paso a ser, en su etapa de retiro, blanco de severas críticas por parte de prestigiadas figuras de la economía internacional como Paul Krugman, Nouriel Roubini y Jospeh Stiglitz, entre otros. A él se le atribuye gran parte de la responsabilidad por la burbuja hipotecaria de mediados de la década pasada que desembocó en una de las más severas recesiones que Norteamérica haya tenido después de 1929.
     The age of Turbulence, se publicó por primera vez en 2007, y en 2008 salió la segunda edición que contiene la opinión de Greenspan a la crisis económica de ese año. Este libro fue catalogado por el New York Times como un bestseller. La obra se compone por 25 capítulos y un epílogo que constituyen no solo un valioso legado histórico de lecciones de política monetaria, sino una visión holística de cómo se han tomado las decisiones más trascendentales en la política norteamericana, principalmente en lo referente a la política exterior así como en la política económica interna.
      A lo largo de libro, el lector es conducido por las diferentes bóvedas del poder en los Estados Unidos: política, corporaciones, negocios, personajes y anécdotas. Eso sí, Greenspan es consecuente con su ideario político al analizar cada punto de coyuntura desde la lupa libertaria republicana, ?I am a lifelong libertarian Republican? asegura. Democracia y libre mercado permean las explicaciones, el sinnúmero de debates y controversias que trata a lo largo de la prolija obra. Continuamente se refiere a pensadores que formaron su ideario como Adam Smith, pero también el austriaco Joseph Schumpeter, a quien parafrasea en varias ocasiones refiriéndose a la teoría de la ?destrucción creativa? del capitalismo.
      Sin duda el capítulo con el que abre al lector las puertas de la Reserva Federal y de la FOMC (Federal Open Market Committee), es el que titula ?Black Monday?. Ahí explica la importancia que tienen las decisiones de la política monetaria en la economía a partir de su impresionante impacto, sobre todo y de inmediato en los mercados bursátiles. Greenspan describe la hábil maniobra del Banco Central a su cargo, para responder a un momento crítico de la economía norteamericana, en que los déficit gemelos, la caída del dólar y las presiones inflacionarias parecían conducir a la recesión. Fue la repentina alza en la tasa de interés lo que condujo al Black Monday en los 80, pero que restauró el rumbo económico del país. Análogamente, el capítulo que no puede omitirse es el titulado ?irrational exuberance?, frase que acuñara el banquero central en los 90 refiriéndose al inusitado crecimiento del índice Dow Jones. ?America was turning into a shareholder nation? aseveraba Greenspan; y es que no solo el Dow Jones, sino el NASDAQ protagonizaron lo que posteriormente se conoció como la ?burbuja dotcom?. Es aquí donde se puede apreciar lo que pasaba por la mente del ex líder de la Reserva Federal y que explica su posterior comportamiento: ?First there´s no way to know for certain when a market is overvalued or undervalued (?)
Second, you can´t fight the market forces, so talking about it won´t do any good?. He ahí también la respuesta a sus detractores; las burbujas bursátiles son resultado de las fuerzas del mercado y no hay activo que esté sobrevaluado o subvaluado. En un contexto de libre mercado, los agentes económicos toman decisiones racionales con base a la información disponible.
      Más adelante, en el capítulo titulado ?universals of economic growth?, traducido como los fundamentales del crecimiento económico, Greenspan cita la obra de Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, para dejar en claro que uno de los pilares del progreso reside en la propiedad privada y en la fuerza del Estado para garantizarla. Asimismo, asegura que la democracia con libertad de prensa y protección de los derechos de las minorías constituye la forma de gobierno más eficiente para garantizar la propiedad privada. En este contexto, destaca que deben cumplirse dos requisitos para que el mercado funcione: la confianza y la buena reputación.
      En el capítulo 21, Greenspan explica las causas de la pobreza y desigualdad en el mundo. Admite que la concentración del ingreso ha venido creciendo desde la década de los 80, alimentando la causa de diversos movimientos populistas. Este incremento de la desigualdad es resultado de la introducción de tecnologías cada vez más novedosas y eficientes en las actividades productivas por un lado, y de mayor competencia, así como disponibilidad de mano de obra no calificada por el otro. La desigualdad se ha agudizado con el paso de los ciclos económicos. Un factor adicional para el caso de los Estados Unidos ha sido el sistema educativo. Éste presenta severos problemas estructurales en los niveles básicos, mientras que se siguen teniendo universidades de clase mundial. Si a ello le sumamos que gran parte de la población norteamericana no tiene acceso a los niveles de educación superior, no es de sorprenderse que su nivel de ingreso haya caído.
      Un capítulo que sin duda no pierde actualidad es el relativo al problema de energía de los Estados Unidos y lo titula ?The long term energy squeeze?. Greenspan reconoce la importancia estratégica del petróleo en la economía norteamericana y advierte del riesgo que representa que gran parte de las reservas estén en manos de gobiernos con intereses contrarios a los de occidente. Ya en este apartado, veía lo que ha ocupado a la prensa mundial a principios de 2012; la amenaza por parte de Irán de cerrar el estrecho de Ormuz como respuesta a las sanciones recibidas en su contra por rehusarse a renunciar a su programa nuclear. En virtud de que por ese lugar circulan naves que transportan 1/5 del petróleo crudo del mundo, el incidente podría desencadenar un conflicto bélico de consecuencias impredecibles.
      En el epílogo (apartado nuevo de la edición 2008), el autor plasma su punto de vista en relación a la crisis económica, que en ese mismo año azotaba a los mercados bursátiles con la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre. Lejos de reconocer errores durante su gestión o atribuirse la responsabilidad por la debacle económica, Greenspan solo admite desenfrenos en el sistema de mercado, que no se ponderaron en los múltiples modelos econométricos y estadísticos. Recurriendo a Keynes para designar el fenómeno, afirma que se trata de ?animal spirits?, es decir, una inusitada fuerza desestabilizadora compuesta por euforia y pánico excesivos, capaz de romper la armonía del sistema de mercado. No obstante, solo admite una intervención del estado en la economía, si ésta se concentra en la persecución y castigo exclusivamente de los fraudes. Otra forma de intervención como la que se ha discutido ampliamente entre los G20, tras las secuelas que dejó la crisis hipotecaria y que se refiere a la mayor regulación, la reprueba contundentemente y la condena al fracaso. Con todo el libro, se ha convertido en un clásico de nuestro tiempo por lo que su lectura no puede faltar.

Educación superior de calidad, un compromiso social


Autora: Rocío Barragán de la Parra
Publicado: e-consulta, 31 de enero de 2012

     Puebla es hoy conocida como Capital Universitaria. En los últimos años se ha incrementado la oferta educativa y la apertura de nuevas Universidades, lo que representa una gran oportunidad económica para la ciudad, impulsa la creación de fuentes de empleo y acerca opciones de formación profesional para más jóvenes; sin embargo, ello no garantizan la calidad educativa que la sociedad necesita y demanda.
      Además de planes de estudios pertinentes, toda institución educativa debe comprometerse a promover una formación integral, centrada en el aprendizaje del alumno y en su inserción laboral al egresar, ofrecer un entramado de servicios y actividades que coadyuven en el desarrollo personal/profesional y contar con una planta docente de calidad académica y pertinencia social.
      En los últimos años muchos profesionistas se han incorporado a la docencia universitaria, entre varias razones destacan aquellos que no encuentran empleo en sus áreas de especialización, por la escasez de maestros normalistas o licenciados en educación que cubran la demanda de este sector, y por el crecimiento/apertura de nuevas licenciaturas con demanda de profesorado especializado.
      La mayoría de las instituciones son sensibles a esta situación y han incorporado acciones para promover el desarrollo docente a través de cursos pedagógicos, otros más apoyan estudios más formales como diplomados o posgrados. Lo cierto es que la profesión del maestro implica una grave responsabilidad: Implica aprender/enseñar para posibilitar que otro(s) aprendan a través de un método planeado y sistematizado, llevado a la práctica con un estilo personal de facilitar el aprendizaje, pero sobre todo de acompañar.
      Una de las grandes razones que distancian los resultados obtenidos en la formación profesional de un joven con respecto a los planteados por la Institución, están determinados por la falta de compromiso y vocación del profesor, aún prevalece el profesionista que desea impartir clases para completar sus ingresos, ve en la docencia una opción de trabajo fácil o rentable, considera que puede obtener sus ingresos impartiendo cualquier curso o quiere experimentar la docencia; este profesor es mejor conocido como chambista de la educación.

En este escenario se encuentran profesionistas que no tienen vocación y pretenden irla pasando, ven en la docencia un puente o tabla mientras consiguen algo mejor afirmando que aunque sea de maestro. En contraparte existe otro grupo de profesionistas que se inician en la docencia por necesidad, casualidad o curiosidad pero con la inquietud y vocación de servir y transformar(se), por ende de comprometerse.
      Es común que el profesor replique los estilos de enseñanza que impactaron su formación u opte por diseñar un sistema de enseñanza intuitivo, basado en evitar repetir lo que considera fue poco valioso en su formación. En este periodo puede cometer varios errores como improvisar su planeación o preparar su curso con material con el que aprendió (incluyendo apuntes) lo que resulta negativo y limitativo, por ello vale la pena destacar la importancia de la preparación pedagógica y didáctica que le permita caminar a la docencia, fundamentar teórica y metodológicamente su clase considerando las características de un programa y las condiciones afectivas, curriculares, físicas y psicológicas que rodean al grupo.
      Un profesor comprometido con la educación es un investigador activo, actualizado y propositivo que propicia clases dinámicas, sesiones documentadas, bien estructuradas; que generan espacios educativos reales y constructivos. Cambiar de enfoque para pensar no en qué quiere y cómo quiere enseñar, sino en qué quiere y cómo puede posibilitar y acompañar el aprendizaje del alumno.
      Todo docente puede tomar como punto de partida las dimensiones del aprendizaje planteadas por la UNESCO: clarificar en el objetivo de su curso qué conocimientos propiciará aprender a ser, que habilidades y técnicas se desarrollarán aprender a hacer, que valores y actitudes se adquirirán, (re)confirmarán o reconformarán para aprender a aprender, a conocer y relacionarse.
      Este cambio de perspectiva nos permite ver el desarrollo docente de otra manera, como un proceso consciente, planeado e integrado donde el maestro es un facilitador y junto con su alumno saben lo que quieren lograr, cómo lo van a lograr y para qué lo van a lograr, buscando como fin de la docencia el desarrollo de tres palabras claves para vivir en sociedad: Libertad, autonomía y responsabilidad.

De nada sirve bajar de peso



Publicado: Puebla en Line, 01 de febrero de 2012

     Más del 95% de los pacientes que acuden a la consulta de atención nutriológica lo hacen porque han decidido bajar de peso, las principales razones que los orillan a tomar dicha decisión tienen que ver con la estética y con la salud. Por un lado están los pacientes que desean bajar algunas “llantitas” que antes no tenían, que no les gusta lo que ven en el espejo, que ya no les queda la ropa, que se sienten muy gordos, etc.; y por otro lado están los pacientes que tienen alguna enfermedad asociada al sobrepeso u obesidad y el médico les ha indicado bajar de peso para evitar alguna complicación.
Sea cual sea el motivo, el paciente llega a la consulta en espera de dos cosas: la primera es saber cuánto peso tiene que perder y la segunda es una dieta que le haga perder dicho peso. Y sí, generalmente y a resumidas cuentas eso es lo que hacen l@s nutriólog@s en la consulta, establecer una meta de peso que deberá cumplirse en determinado lapso de tiempo si se sigue la dieta prescrita.
     ¿Y qué es lo que ha resultado con los pacientes bajo este esquema? Que los pacientes únicamente se enfoquen en perder peso, incluso en muchas ocasiones hasta comen menos de lo prescrito en la dieta con tal de llegar al peso meta lo más pronto posible. El problema es que en cuanto los pacientes alcanzan dicha meta, se olvidan de la dieta y empiezan a comer como comían antes de que tomaran la decisión de bajar de peso, lo que origina que eventualmente se recupere el peso perdido.
     Lo mismo sucede cuando las personas se someten a las dietas que yo llamo “dietas de moda”, aquéllas que aparecen en revistas o medios electrónicos, que prometen la pérdida de varios kilos en pocas semanas y que generalmente son restringidas en alimentos, desequilibradas y poco variadas. Desde que la persona inicia con alguna de estas dietas, sabe que la seguirá por algún tiempo mientras consigue el peso deseado, pero una vez que esto suceda la dejará y regresará a comer de la manera en que siempre lo hace; esto lógico, nadie puede vivir el resto de su vida siguiendo una dieta como esas.
     Con base en lo anterior, es evidente que de nada sirve el sacrificio, de nada sirve bajar de peso bajo este esquema ya que tarde o temprano se recuperará; incluso, muchas veces más de lo que se perdió. Esto último tiene sentido, debido a que después de un periodo de restricción – también visto o percibido como un castigo – se genera la necesidad de compensar o subsanar el daño ocasionado, mismo que se satisface haciendo lo que estaba prohibido, en otras palabras, comiendo todo lo que durante el tiempo que se llevo a cabo la dieta no se podía comer y además en cantidad suficiente para saciar el apetito.
¿Qué hacer entonces? La propuesta es olvidarse del peso, por lo menos hacerlo a un lado. Estoy de acuerdo con que la pérdida de peso es un indicador importante para monitorear los avances del paciente pero no debe convertirse en el objetivo principal del tratamiento nutricio.
     La meta principal del tratamiento nutricio debe centrarse en el cambio de hábitos alimentarios, en enseñar al paciente a comer de manera diferente, a que haga una mejor selección de alimentos, a que planifique sus horarios de comida en función de sus actividades normales. Si un paciente consigue lo anterior, se obtendrá como consecuencia que pierda el peso que tiene de exceso, que llegue a su peso adecuado y lo más importante, que con el paso del tiempo no lo recupere.
Asimismo, esta modalidad implica que el paciente haga conciencia de que una vez que ha tomado la decisión de bajar de peso y acude a la consulta de nutrición, se inicia un proceso que no se detiene, en el que poco a poco se irán modificando sus hábitos alimentarios hasta que se acostumbre a comer de manera correcta y además, que este tratamiento no es una dieta más que sigue durante un tiempo para luego dejarla y empezar a comer como lo hacía habitualmente.
     Por su parte, l@s nutriólog@s deben hacer a un lado las dietas restrictivas que originan que el paciente constantemente tenga hambre y por lo tanto que piense en comer la mayor parte del día, que se le antoje más que nunca aquello que no puede comer, ocasionando en la mayoría de los casos ansiedad y estrés, mismos que no favorecen a que la persona pueda controlar el apetito.
     En su lugar es preferible diseñar un plan de alimentación que sea lo más parecido posible a lo que acostumbra comer el paciente, en donde se acuerde con el paciente el número de comidas que debe hacer al día, los horarios de las mismas, se modifique el tipo de alimentos que se consuman y que poco a poco se vaya ajustando la cantidad de lo que el paciente va comiendo. De esta manera el paciente no irá de “cien a cero” de un día para otro y no se sentirá a dieta, lo que hace más fácil que se apegue a la nueva manera de comer y lo más importante, que se mantenga en esta tónica que le permita comer correctamente sin presiones.
     Trabajar con la modificación de los hábitos alimentarios de los pacientes no es una tarea fácil, es más, es casi imposible, ya que significa re-educar al paciente para lograr que cambie la forma en la que ha venido comiendo desde siempre y que sea capaz de elegir correctamente qué, cómo y cuánto come. Por lo tanto, es necesario hacer a un lado los tratamientos convencionales centrados únicamente en la pérdida de peso, mismos que no tienen un buen pronóstico a largo plazo para poner la mirada en alternativas más flexibles y más fáciles de llevar a cabo, que garanticen resultados permanentes.


Cambiar cuando todo cambia


Autor: Mauricio López Figueroa
Publicado: en Lado , 31 de enero de 2012 

     Cuando miro la vida alrededor, la forma en como las personas hemos aprendido a construir nuestra existencia, reconozco la presencia de un principio vital que inconscientemente nos hace asumir la vida como una constante, como un plano sobre el cual se debe “rodar” en una sola dirección: hacia adelante; como un carril sobre el que debemos conducir todos en fila para que en el momento oportuno, nos integremos a la súper autopista que nos llevará a cada uno y a toda velocidad a la felicidad o a la prosperidad ansiada, una felicidad prometida por una sociedad que se organiza a sí misma para que “todos” lleguen alguna vez.
     Por distintos medios y de distintas formas hemos aprendido que el camino a la plenitud está trazado y lo que se debe hacer es simplemente “dejar que suceda”. En este sentido, parece que la experiencia del presente, del estar ahora, se caracteriza por estar haciendo simplemente lo que toca, lo que se espera; jugar los papeles que corresponden, si somos hombres o mujeres o estudiantes o padres de familia o empleados, etc. pareciera que simplemente que debemos cumplir con lo que durante años de introyección social nos señalaron para que todo funcionara.
     La escuela es un ejemplo de todo esto. El punto de partida de la educación escolar está referido a lo que socialmente se debe saber y se debe ser (hombre y mujeres “de bien”, ciudadanos “responsables”, personas productivas, cultos, etc.), la escuela no tiene como fundamento provocar en los estudiantes, desde niños, la reflexión, la toma de conciencia y la provocación vital para que planteen un proyecto de vida que parta del reconocimiento de si mismo y de la apreciación de la dinámica y complejidad de lo social. Vamos, la escuela no parte de la realidad del proceso de evolución humana llamada cambio.
     La vida es cambio, es un proceso ciertamente dialéctico, complejo y en desarrollo, pero siempre en evolución. Y no puede ser de otra manera porque la vida no se orienta a su disolución o destrucción, sino al equilibrio y la mejora. Este proceso vital nos mete frecuentemente en problemas, ¿por qué? Porque lo resistimos, lo contenemos, lo negamos; por nuestras enseñanzas, nuestra perspectiva limitada, nuestro miedo y nuestro apego a la seguridad. ¿Cómo puede la vida abrirnos a posibilidades si nuestra educación y nuestra cultura nos condicionan poderosamente a la estabilidad, a la uniformidad y a la mediocridad?
     Hoy más que nunca parece evidente que el cambio se impone como perspectiva, y ésta lo primero a lo que nos desafía es a cuestionar y estar abiertos a disolver nuestras ideas y creencias de “lo que debe ser” en cualquier ámbito de la vida: la familia, el desarrollo personal, el amor, la sexualidad, la pareja; la justicia, la política, la economía; la moral, la religión, la espiritualidad; la historia, el futuro… No se trata de cumplir y de aparentar, sino de ser.
     ¿Por qué nos cuesta abrirnos y aceptar el cambio como el pulso de la vida, tanto en lo individual como en lo colectivo? ¿Por qué nos resistimos tanto? Para muchos psicólogos y maestros espirituales la respuesta está en el ego: la imagen e identidad construida con las ideas y experiencias del pasado que nos dice quiénes somos y, por ende, cómo debemos ser. No se va a realizar aquí un tratado sobre semejante concepto, muy estudiado desde la Psicología de distintas corrientes, el cual es complejo tanto en su génesis como en su dinámica, podemos afirmar sin embargo que en lo general hay un consenso sobre su naturaleza: una identidad que funciona como referencia para estar, experimentar y actuar en el mundo.
     La pertinencia de este concepto en nuestra reflexión sobre el cambio radica en que es nuestra primera fuente de resistencia. Frente a los procesos y situaciones de la vida nuestra primera fuente de datos para juzgar y generar una postura viene de esta mente egóica, pero esta mente se ha constituido a sí misma con datos del pasado: experiencias y aprendizajes que en su momento fueron juzgados e integrados a nuestra estructura moral que subyace a nuestra perspectiva de vida y que es inconsciente. Cuando enfrentamos nuevos retos o situaciones de cambio en cualquier aspecto de nuestra vida que no coinciden con nuestros esquemas solemos criticarlos o desecharlos, pero a veces resulta que lo anterior no es posible, porque existen cambios que se imponen a sí mismo cuando la vida encuentra desequilibrios muy agudos. Dos ejemplos: en el nivel global es evidente la inviabilidad de nuestro modelo de desarrollo, el cual tiene décadas mostrando signos de desequilibrio que se están volviendo insoslayables e insostenibles; otro ejemplo es una relación de pareja tramada por la posesión y el dominio porque la mujer “debe” someterse al marido, relación que cuestionado profundamente la noción de pareja y matrimonio, y su viabilidad en la sociedad actual.
Vivir desde el pasado provoca que en el presente se re-actúe ese pasado, reaccionemos; estar en el presente en una actitud abierta, inteligente y crítica frente a nuestras ideas y creencias profundas provoca que en el presente se re-cree el futuro, actuemos. La invitación entonces es asumir el cambio individual y colectivo sin miedo, de manera que la vida sea nuestra creación más elevada. Cambiar cuando todo cambia.


lunes, enero 30, 2012

Salario mínimo y pobreza


Autor: Miguel S. Reyes
Publicado: Puebla on Line, 25 de enero de 2012

     En la actualidad, el tema del salario mínimo ha sido un tópico que se ha retomado a raíz de varias situaciones, entre las que destacan, la persistencia de aumentos irrisorios (2.6 pesos, equivalente al 4% para 2012) y algunas declaraciones de próximos candidatos a la presidencia de la República como el caso de Enrique Peña Nieto, quien dos veces ha fallado en "atinarle" al salario mínimo que se paga en México. Pero la realidad es que el salario mínimo en México, no cumple con lo estipulado en la Constitución Mexicana en razón de que debería ser el ingreso mínimo de un jefe de familia para poder sustentar sus necesidades materiales, sociales, culturales y de educación de los hijos, como lo marca la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 23.
      El Observatorio Salarial de la
Universidad Iberoamericana Puebla tiene entre sus objetivos, el estudio de ese salario mínimo para dos consideraciones: el cumplimiento de la Constitución Mexicana con fines de bienestar y niveles de vida mínimos de la población trabajadora y, el fomento del mercado interno. Para nadie es un secreto que el salario mínimo actual, sea la zona geográfica en la que se encuentre el trabajador, no cumple con el mandato constitucional, no otorga condiciones de vida digna al trabajador, no permite la adecuada reproducción de la fuerza de trabajo, ni fomenta el mercado interno. Un cálculo realizado por este observatorio para 2010, indica que éste debería ser de $8,412.47 pesos al mes y no de $1,634. Actualizando ese cálculo para enero de 2012, ajustado con la inflación presentada en 2010 y 2011 y el aumento que publicó la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) para enero del 2012 de 4.2%, el salario mínimo constitucional resultaría de $9,143.70 pesos mensuales ó $304.73 pesos diarios.
     Ahora bien, si consideramos que un recién egresado de licenciatura de cualquier carrera universitaria, obtiene un ingreso promedio de $4,500 a $7,000, ni siquiera alguien con más de 15 años de escolaridad promedio (19 años para licenciaturas de 4 años y 20 para licenciaturas de 5 años) es capaz de alcanzar el salario mínimo según la Constitución Mexicana. La razón es que la caída del salario mínimo no sólo afecta a los trabajadores que lo perciben, sino a toda la masa trabajadora, empujando en promedio el salario a la baja. 
     De acuerdo a este mismo Observatorio, el salario mínimo de 1976 equivale a una cuarta parte aproximadamente del salario mínimo actual, esto es, un trabajador que en 1976 percibía el mínimo, debería tener un equivalente a 2012 de $236.32 pesos diarios o $7,089 pesos mensuales, en lugar de los irrisorios $59.08 diarios o $1,772 pesos mensuales que rigen el mínimo en la zona "C", en la que se encuentran la mayor parte de los municipios del país, incluyendo a los de Puebla.

Por otro lado, según cifras recientes publicadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) institución encargada de la medición oficial de la pobreza en México, la cantidad de personas que se encuentran por debajo de la línea de bienestar, la cual es establecida en $1,035.00 pesos para zonas rurales y $2,218.00 para zonas urbanas, aumentó para 2010, pasando del 49% al 52%, es decir que 58.5 millones de mexicanos no alcanzan a obtener un ingreso superior al marcado por las líneas establecidas.
      El CONEVAL utiliza como muestra la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENIGH) para varios años, donde calcula el ingreso per cápita del hogar asignando un valor ajustado a cada uno de los integrantes del hogar en base a la edad. Pero ¿qué ocurría si cada uno de estos hogares obtuviera un ingreso mensual de $9,143? Esto es, si en cada uno de esos hogares, el jefe de familia tuviera un empleo digno y remunerado según los preceptos constitucionales. Los resultados de esa simulación, indican una disminución del 32% de la población que se encuentra por debajo de la línea de bienestar que establece el CONEVAL, lo cual quiere decir que el porcentaje de personas que se encuentran bajo la línea de bienestar, que están en pobreza pues, disminuiría un 66%. Del 52% que prevalece hoy en día pasaría al 20% aproximadamente: ¡32%, producto del establecimiento del salario de acuerdo a la constitución!… Ni 20 años de política social de Salinas, Zedillo y panistas ha significado una disminución importante de la pobreza, dado que ese 32%, son nada más ni nada menos que 35 millones de personas que salen de la pobreza, que mejoran su nivel de vida y, que por supuesto, contribuyen a la creación de un mercado interno sólido.
      Desde nuestra perspectiva, consideramos que existen muchas posibles soluciones para este problema, y si bien tenemos conciencia que de un día para otro no se puede aumentar el salario en esa magnitud, si sabemos que con voluntad política puede fomentarse la recuperación paulatina y constante de los salarios mínimos y promedio. Simplemente pensemos que la estrategia económica actual, nos ha llevado a más pobreza, más desigualdad y mercado interno deprimido. Se requiere por tanto, de cambio de rumbo, de golpe de timón, tal como lo han hecho países latinoamericanos como Brasil en esa materia, donde México pueda ahora insertarse en esa economía global como un país soberano que se diferencia de los demás en cuanto a que no ofrece salarios de hambre para atraer inversión maquiladora, sino salarios con los que haya producción industrial de avanzada.

¿Ha muerto la fotografía?


Autor: Ramón Felipe
Publicado: La Primera de Puebla, 25 de enero de 2012

     Soy un apasionado de la fotografía y afortunadamente me tocó aprender el proceso “analógico” del revelado y la impresión así como el proceso digital. Aunque la fotografía moderna no se compara en ciertos aspectos a la tradicional, es triste observar cómo, al paso de los años, se va perdiendo este arte tan sublime.
     Era emocionante entrar al cuarto obscuro y hacer mil malabares para extraer la película del pequeño “rollo” para posteriormente realizar otro tanto para lograr insertar la cinta en el carrete del tanque de revelado de forma correcta. Vaciar químicos, dar volteretas (al tanque), aplicar baño de paro, de lavado y fijador para finalmente sacar la tira entera de negativos. Después, cortarlos de seis en seis, hacer la famosa hoja de contacto y seleccionar las fotos ganadoras para ser ampliadas. Tiras de prueba era el paso siguiente para obtener el tiempo exacto para realizar la tan ansiada ampliación. Recuerdo que lo que más me emocionaba era ver cómo iba apareciendo poco a poco mi fotografía en el papel para finalmente darle una lavadita en agua y poner a secar al aire mi obra de arte, o al menos así lo consideraba un servidor. Un proceso largo y muy “romántico” por el que había que pensar previamente la imagen que se deseaba plasmar en el papel. Para los que aprendimos en el cuarto oscuro la experiencia es imborrable e insustituible, pero no por eso considero que deba de resistirse a la nueva técnica, ya sea definitiva o sólo como transición a algo más que todavía no imaginamos.
     Hemos entrado en la era digital y ella en nosotros. No somos lo que fuimos. La fotografía está alcanzando su fin en la misma medida en que se está ampliando gracias a un medio que evoluciona dentro de ella. La fotografía digital es una repetición fluida e inconsciente de imágenes; es capturar momentos por capturar momentos, no se le piensa, no se le siente. Algunos fotógrafos artísticos continuarán usando los “viejos” procesos y probablemente éstos trabajos serán más costosos al irse convirtiendo en más raros, pero la mayoría está migrando al formato digital. La técnica digital permite la experimentación y se puede intentar cualquier número de efectos sorprendentes.
     La fotografía digital no sólo es una innovadora manera de capturar imágenes, sino que proporciona nuevas técnicas para realizar la postproducción después de la toma. Se está convirtiendo la fotografía interdisciplinaria, ya no es necesario contar únicamente con los conocimientos que un fotógrafo análogo posee, además hay que tener conocimientos en cómputo, Photoshop o algún otro software de edición de imágenes. Tom Ang acertadamente señala que la velocidad y comodidad con que la fotografía digital consigue copias finales la convierten en la respuesta a casi todos nuestros deseos.
     En una economía basada en la imagen, la técnica digital abarca un campo enorme: consigue producir deseo, fomentar el consumo, entretener, educar, dramatizar la experiencia, documentar los sucesos del tiempo, celebrar la identidad, informar y desinformar, ofrecer evidencia. Se ve con ansiedad cómo un conjunto de procedimientos tecnológicos nuevos socavan una tradición práctica de representación visual, una práctica que ha sido esencial en la experiencia de las culturas modernas. El fotógrafo moviéndose por un mundo social y físico, un “ojo” formado y especializado, con una cámara que se consideraba una extensión de su cuerpo observador, y luego el cuarto oscuro en el que se practicaban otra serie de destrezas artesanales se ha transformado en la pequeña caja de plástico de la computadora personal. En este nivel, se expresan el temor por la posible desaparición de las habilidades, funciones sociales y las responsabilidades políticas asociadas a la vocación o a la profesión del fotógrafo. Lo que creo está en juego es mucho más que un cambio tecnológico en el modo de crear imágenes, la fotografía al ser manipulable, ha perdido esa sensación de documento y evidencia; y es cierto, lo primero que me pregunto al ver una imagen es ¿qué tan retocada o manipulada está? Y si no concuerda con nuestra percepción o se encuentra fuera de nuestro conocimiento técnico, pues lo más sencillo es aseverar que es digital con un sentido de menosprecio.
     Hace varios años se preguntaban si algún día la fotografía digital remplazaría a la análoga y también muchos afirmaron que esto jamás sucedería del todo. No obstante, somos testigos de cómo la foto tradicional se extingue debido a las cada vez más altas resoluciones y precios cada vez más bajos; una prueba de lo anterior es la reciente quiebra de la Kodak, empresa con 124 años de existencia y pionera en este ámbito. Creo que la fotografía no ha muerto del todo, simplemente estamos viviendo parte de su evolución, sigue siendo un arte maravilloso, no importa la técnica o tecnología que se prefiera, siempre y cuando se tenga el suficiente conocimiento técnico y la pasión por expresar.












¿CÓMO ESTÁ EL CLIMA EN LA ESCUELA?


Autora:Teresa Eugenia Brito Miranda
Publicado: e-Consulta, 25 de enero de 2012

     El clima escolar y la convivencia en la escuela es algo a lo que no se le da la importancia adecuada. Se da por hecho que cuando los niños van a la escuela aprenden por la sola presencia y por el esfuerzo intelectual. Poco atendemos a las emociones y sentimientos que se generan y se ponen en acción, así como a la calidad de las relaciones interpersonales  que se construyen dentro de las aulas y en los espacios de la escuela. Esto conforma lo que se llama clima escolar, que influye en las relaciones interpersonales y a la vez es influido por ellas. Un clima positivo depende de muchos factores.
     Tanto los niños, como sus padres, profesores, y las autoridades escolares tienen una percepción del clima escolar al interior de sus aulas y espacios de la escuela; Comúnmente conocemos esta percepción de manera muy particular y subjetiva o bien una parte o versión. Las investigaciones nos pueden ayudar a tener una visión más general del problema. Por ejemplo, si preguntamos acerca de la violencia, puede haber distintas percepciones, según les vaya a quienes contestan pero, las investigaciones más serias sobre la violencia nos dan cifras importantes que no son tan alarmantes como en otros países, pero por pequeño que sea el porcentaje de escolares  que la padece, es importante tenerlo en cuenta porque hablamos de un tejido social que tiende a deteriorarse, más aún cuando vemos cómo se manifiesta la violencia en los contextos familiares, de barrios y ciudades.
     Se ha encontrado en investigaciones que 7 de cada 10 estudiantes de secundaria no cuentan con recursos sociales y de inteligencia emocional para expresar sus emociones de manera adecuada. Así, consideran como opción usar los golpes para defenderse de agresiones,  y plantean la venganza como necesaria, lo cual muestra  la falta de educación de las emociones y la urgente necesidad de trabajar educativamente el manejo de los conflictos.  Si los alumnos consideran que en su vida hay un porcentaje de violencia, por pequeño que éste sea, es importante preocuparse, pues a partir de esta carencia se generan relaciones violentas y poco asertivas que terminan también por causar estragos en el clima escolar. Es un indicador de que nuestra educación no atiende el problema suficientemente. Sigue muy centrada en lo académico sin desarrollar habilidades sociales relacionadas con los  valores de  inclusión, respeto y tolerancia que llevan a la generación de ciudadanía.
     Vemos el escaso tiempo dedicado a que los niños se expresen con libertad, compartan, platiquen y puedan sentirse contentos: es tiempo perdido cuando se tiene que cumplir con un programa académico en cierto tiempo, llenando de contenidos, cifras y datos a los niños, que por cierto olvidarán, para el siguiente ciclo. No es un problema sencillo, tiene muchas aristas. Puede abordarse desde la manera en la que los maestros ensañan, cómo reparten su tiempo, qué estrategias emplean para que los niños se motiven al trabajo, entre muchas otros aspectos.
     La desatención al clima escolar  puede ser considerada también como  un problema de derechos humanos. Los niños tienen derecho a vivir con calidad y  en espacios sanos, lo mismo que sus padres y profesores. 
     Otros datos nos dicen que un  buen porcentaje de niños viven expuestos a la violencia, en el contexto de su barrio o colonia, en su familia y también en la escuela. Muchos de ellos también presencian violencia muy fuerte relacionada con casos delictivos,  muertes violentas y algunos de ellos son víctimas de abuso sexual y violencia familiar. ¿Qué hace la escuela para trabajar estas situaciones educativamente?
Esto es de su competencia pues la escuela es el espacio público  para formar personas y ciudadanos, ¿Por qué priorizamos los contenidos temáticos y los resultados aislados de las pruebas nacionales o internacionales mientras el tejido social de nuestras escuelas se deteriora?
     Es importante no irse al otro extremo. En investigaciones nacionales se ha encontrado que en las escuelas con exigencia y rigor académico, hay menos violencia que en aquellas en las que los profesores les exigen poco. Lo que implica que los profesores necesitan formarse rigurosamente para saber cómo exigir. El respeto, la tolerancia y la inclusión, empiezan por los maestros.
     Es alarmante ver que en la vida cotidiana la escuela no se siente corresponsable de la generación  y proliferación de la violencia culpando muchas de las veces a las familias de la situación.  ¿Dónde se generó esa violencia, de dónde viene? Sin duda esta pregunta hay que hacerla, pero también es urgente reconocer que es una realidad que tenemos dentro de la escuela. Las investigaciones muestran que un buen porcentaje de directores no lo admite.
     Hay datos que dicen que todavía muchos alumnos tienen confianza en su escuela a pesar de lo que puedan estar viviendo en ella. Aún la consideran como un espacio de cobijo y esto hay que aprovecharlo. Hay otros que manifiestan su desconfianza con  la deserción y el ausentismo, mostrando con ello, el escaso grado de identificación con la escuela que no está respondiendo a sus necesidades y expectativas.
     Muchos maestros hacen su mejor esfuerzo en el trabajo  pero muchas veces no cuentan con las herramientas para hacerlo. Los maestros no están suficientemente formados personalmente primero, para el manejo asertivo de sus emociones y desconocen la posibilidad de manejar el conflicto con estrategias específicas para que sea un abordaje formativo para todos.
     Algunos gobiernos ya se han estado movilizando para trabajar en esta línea. Es también una labor de las universidades proporcionar esta sensibilización apoyando también a los responsables directos de la educación de nuestros niños y jóvenes, autoridades, maestros y padres de familia fundamentalmente.

viernes, enero 20, 2012

Y la fiebre del consumo, nunca se acaba


Autora: Betzabé Vancini Romero 
Publicado: e-Consulta, 16 de Enero de 2012.

     Durante el pasado diciembre, experimentamos como cada año, la fiebre alta del consumo y el gasto desmedido. Aparentemente todo se encuentra en oferta, cuando en realidad, más allá de los precios altos, con lo que se enfrenta el consumidor promedio es con la fiebre frenética de comprar y consumir artículos que no son, ni remotamente, de primera necesidad. Comidas y cenas en restaurantes, ropa, obsequios, artículos navideños, vinos, vacaciones, etc., son parte de los conceptos más frecuentes del gasto del aguinaldo y otras prestaciones que reciben los trabajadores en diciembre.
     Según encuestas recientes, el costo promedio de los obsequios para intercambio de regalos oscila entre los $150.00 y $200.00, y una persona común se involucra al menos en dos intercambios: el de su grupo de amistades o familia y el del grupo de trabajo o colegio. Si además contamos el fuerte gasto que representa la llegada de Santa Claus y posteriormente de los Reyes Magos, el gasto por concepto de obsequios se eleva considerablemente para la familia mexicana promedio. Además por supuesto, del desmedido costo de la elaboración de los alimentos decembrinos que suelen presentarse vastos en la mesa de las familias, y que sin pretexto alguno, son motivo de orgullo y unión familiar. Una cena navideña tradicional –romeritos, bacalao, pavo o pierna y ensalada de manzana-, cuesta en promedio dos mil pesos para una familia de cuatro integrantes, mientras que para una familia de veinte personas el costo llega a ser hasta de diez mil, sin contar las bebidas.
     Otro elemento a considerar en el frenesí decembrino es la compra de artículos navideños, cuyos costos, precisamente por ser de temporada, se ven tangiblemente aumentados, entre los artículos de mayor frecuencia de consumo se encuentran: el pino natural –que posteriormente acaba en la calle, terrenos baldíos, basureros municipales, o en el mejor de los casos en algún acopio responsable-, esferas, luces, adornos para el árbol, adornos para la casa, mantelería y otros aditamentos, que si bien en épocas anteriores se usaban año con año y con esto se reforzaba la tradición familiar –el mantel de la abuela-, ahora cada año hay una “tendencia” distinta con respecto al arreglo del hogar, donde podemos encontrar las combinaciones más inverosímiles e impensables como el Gaga Christmas Tree: pino rosa, sintético, adornado con esferas de espejos y guirnaldas de plumas de colores.
     Pudiéramos creer que ahora al encontrarnos ya en la famosa cuesta de enero, los gastos se reducen considerablemente debido a las deudas que adquirimos a fin de año y que comenzamos a pagar en el primer mes del nuevo año. Sin embargo, muy lejana es esta creencia de la realidad, pues en enero y febrero encontramos un nuevo frenesí de consumo: el frenesí del fitness. Desde hace décadas, se habla abiertamente de la ganancia de peso que experimentamos todos los mortales durante las grandes comilonas de las fiestas decembrinas y es en los primeros días del año que nos encontramos con una alarmante realidad: el pantalón ya no cierra, la ropa que compramos en diciembre para estrenarla en las festividades se ve ahora muy ajustada y tenemos un sobre peso de cualquier cantidad de kilos. Es ahí cuando pensamos “no debí haber tomado tanto ponche”, sin embargo, la mercadotecnia y la maquinaria comercial no descansan y nos bombardean constantemente con mensajes como: “Baje de peso en dos semanas”, “Deshágase de esa pancita, ¡ya!”. Pululan en las revistas imágenes de mujeres ultra delgadas, de hombres con el abdomen marcado y de manera inconsciente adoptamos nuevamente el ideal de la delgadez, afectando paulatinamente nuestra autoestima. Bienvenida cada año la mercadotecnia del marcado culto al cuerpo occidental. La televisión se encuentra plagada de anuncios de milagrosos aparatos de ejercicio que prometen que sin esfuerzo, en tres minutos al día y en menos de un mes, tendremos cambios radicales en nuestra apariencia física. Los gimnasios y clubes deportivos suelen bajar el costo de la inscripción o bien, hacer promociones de pagar en enero una sola cantidad y tener acceso a sus servicios por un tiempo hasta de tres meses, sin embargo, la mayoría de las personas abandonan el gimnasio en un promedio de dos semanas después de haberse inscrito, por lo que los gimnasios y clubes muestran grandes ganancias sin tener que prestar el servicio. Quizá la publicidad debería decir “pague tres meses y úselo dos semanas”. Adicional al ejercicio, los consultorios de nutrición y los negocios dedicados a masajes reductivos incrementan considerablemente su clientela, aunque de igual forma sea sólo por un par de meses. Las tiendas de ropa hacen sus fabulosos fines de temporada y los remates de mercancía con descuentos impensables están usualmente en las tallas L/G y XL/XG ¿casualidad?
     Los propósitos de Año Nuevo, parecieran empatar con todo esto que la mercadotecnia de inicio de año nos ofrece: bajar de peso, dejar de fumar, renovar el guardarropa. Todo eso, menos “comenzar a ahorrar”. Y es que pareciera que en esta aparente austeridad, disfrutamos pensando que estamos restringidos mientras vamos cayendo poco a poco en el sutil convencimiento y en la cálida seducción de la mercadotecnia, que está ahí, a cada paso que damos en las calles, los centros comerciales, la televisión, el radio, las revistas, la prensa e incluso en nuestros perfiles de redes sociales.


Pedagogía Ignaciana, más actual que nunca


Autora: Laura Angélica Bárcenas Pozos
Publicado: La Primera de Puebla, 17 de enero de 2012

     La semana pasada estuve involucrada en una serie de sesiones para profesores de La Ibero Puebla, a propósito del inicio del semestre y en éstas se estuvo haciendo referencia a la Pedagogía Ignaciana, que es la propuesta didáctica de Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús, no sólo para la vida académica, sino para llevar a cabo los Ejercicios Espirituales, que es un proceso de revisar la vida a la luz de un buen discernimiento.
     Así que cada vez que escuchaba acerca de esta pedagogía, no podía más que sentirme sorprendida, y esta sorpresa se debía sobre todo a la vigencia que tiene la propuesta de Ignacio de Loyola en las actividades de aprendizaje y que cualquier profesor debería considerar como parte de su práctica docente. La Ratio Studiorum que es una relación de estudio, reúne los principios de la Pedagogía Ignaciana y fue escrita por Diego de Ledezma en 1553, ésta fue revisada hasta que en 1599 se publicó la versión definitiva.
      Así que la Ratio Studiorum, desde el siglo XVI, propone siete aspectos a considerar para llevar a cabo el proceso enseñanza aprendizaje que describo a continuación para que todos los docentes tomen nota: 1) Plantea adecuadamente los objetivos del curso, no es algo nuevo, todo profesor sabe que los objetivos o las competencias son la base del buen diseño de un syllabus, pues estos marcan las pautas a las que se pretende llegar al término de un curso. Debe reflejar qué se espera que los alumnos sean capaces de hacer en términos de conocimientos, habilidades, actitudes y desempeños al final de un proceso académico.
      2) Dosifica los objetivos de acuerdo a la edad de los alumnos, es otro aspecto base para poder desarrollar un buen curso, no sólo considerar qué, sino para quién. No es lo mismo enseñar el movimiento de independencia alumnos de primero de primaria, que para alumnos de segundo de bachillerato, aunque el contenido sea el mismo. O bien trabajar fracciones con alumnos de tercero de primaria, que con alumnos de segundo de secundaria. Es importante tomar en cuenta el nivel de maduración de los estudiantes para plantear el nivel de dificultad del curso. Toma en cuenta que si la dificultad es menor a lo que los alumnos pueden realizar, estos no aprovecharán el curso y si es demasiado alto, ninguno alcanzará los objetivos propuestos.
      3) Considera que el alumno debe estar activo, se refiere a que el alumno debe tener su mente y su pensamiento ocupados con lo que está aprendiendo y no necesariamente a que haga actividad física, es decir, que el profesor tenga momentos de participación y que el alumno tenga los propios, después de todo, el que está aprendiendo es el alumno y por lo tanto es el que debe estar activo.
      4) Utiliza la repetición reflexionada, este aspecto es uno de los que más me gustan, pues la intención que refleja es básica en el proceso de aprendizaje, así que los profesores debemos preguntarnos cuál es la intención de que hagan tal o cual actividad educativa, para qué se quiere que hagan tantas planas, o tantas sumas, o tantos resúmenes. Además lo más importante es que el alumno reflexione sólo y/o con sus compañeros acerca de las razones de estas repeticiones. Recuerdo muy bien al Padre Cacho (sacerdote jesuita), diciéndonos que a veces es necesaria la repetición para lograr aprendizajes, pero ésta deben tener un sentido.
      5) Varía las actividades, me parece que este es un principio básico para tener éxito con los alumnos como profesor, pues no hay nada más tedioso para un alumno que hacer las mismas cosas sesión tras sesión, aunque el contenido no sea el mismo. Si el alumno empieza a adivinar qué viene y a sentirse frustrado de acertar, dejará de tener interés por el curso. Hay muchos libros acerca de actividades, en estrategias individuales y colaborativas, que se pueden llevar a cabo con diversos contenidos.
      6) Despierta el interés de tus alumnos, otro elemento básico al que los psicólogos educativos llaman motivación. Efectivamente si el alumno no está interesado en aprender, no aprenderá aunque el profesor haya hecho el mejor de los procesos. Tal vez después de los objetivos, es el factor que debe considerarse y antes de cualquier actividad es necesario despertar el interés. Puedes utilizar una anécdota, una imagen, un reto, una pregunta. Ésta bien formulada es casi infalible para lograr que los alumnos pongan sus sentidos en el aprendizaje.
      7) Has el aprendizaje agradable, esto no significa laxo, sino interesante. En una de las novelas de Lipman que se utilizan para filosofía para niños, alguno de los personajes se cuestiona cómo es que la televisión transmitiendo cosas tan superfluas, logran hacerlas tan interesantes que todo mundo las atiende y cómo la escuela teniendo cosas tan interesantes las hace tan aburridas, y eso tiene que ver con la forma cómo el profesor las presenta.
      Resumiendo, la Ratio Studiorum nos da siete principios que, de seguirlos, permitirán lograr en los profesores prácticas docentes más pertinentes y en los alumnos aprendizajes más sólidos, pues sin duda favorecerán el desarrollo de competencias de unos y otros. Lo sorprendente es que cinco siglos después, siguen vigentes.