miércoles, septiembre 25, 2013

¿Despolitizar al magisterio?

Autor: José Rafael de Regil Vélez datos del autor haz click aquí
Publicado: Síntesis Tlaxcala, 25 de septiembre de 2013

Las marchas, plantones, desalojos de miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en el DF y sus antecedentes en Oaxaca, Guerrero y Michoacán principalmente, junto con la forma en la que los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales, han presentado estas situaciones a la opinión pública han creado una animadversión hacia cualquier forma de participación política de maestras y maestros.
                Es común escuchar las voces de opinadores en la radio y la televisión o leer sus textos y encontrar en ellos la idea de que los docentes deben estar en el aula, pues ahí es su verdadero lugar. Argumentan que sin educación el país irá a ningún lado. El problema de los maestros politizados –tiende a pensarse- es que no solo invaden los derechos de los demás, desquiciando las ciudades, dejándolas sucias e incluso vandalizadas, sino que descuidan al tesoro de nuestra patria, la niñez que debe encontrar en los templos llamados escuelas el conocimiento que los ha de llevar a ser los pro-hombres y mujeres que cambiarán el devenir de la patria, pues son nuestro futuro.
                Me parece que este es un razonamiento simple, simplista, y cómo tal merece desconfianza, al menos hasta no examinarlo más detenidamente.
                La visión referida de la realidad parte de la consideración de que educar consiste en algunas cosas básicas: transmitir conocimientos, dar urbanidad y buenas maneras y moralizar a las personas para que se comporten tal cual la sociedad espera que lo hagan. Conservar el status quo. Una idea con la que nació lo que pudiera llamarse el sistema educativo nacional.
                Resulta que en tiempos del porfiriato, después del desangramiento fraticida que duró casi tres cuartas partes del siglo XIX, un grupo de tecnólogos (médicos, ingenieros, abogados) pensaron que la solución a tanta violencia y división vivida en el país era dar educación científica, como dictaba el positivismo enseñado por Augusto Comte e importado a México por Gabino Barreda.
                Si había diferencias políticas surgidas por las ideas filosóficas y religiosas de los diversos grupos sociales, estas acabarían cuando rigiera en México la más pura, aséptica y neutral ciencia, aprendida en una escuela de iguales características. La educación impulsaría el orden y el progreso, porque las personas no discutirían entre sí: ¿no es innegable que dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno es agua, aquí y en cualquier lugar?
                Educar, entonces, se convirtió en trabajo en pro del orden social, económico y político establecido (el cual, por supuesto, no debía ser cuestionado) y los profesores en enseñantes pulcros, sin contaminaciones ideológicas, lejanos de la realidad, ilustrados a más no poder.
                Esto suena interesante cuando una nación está convulsionada, pero tiene el problema de que la realidad no funciona así, que el orden erigido por un grupo de poder no es necesariamente el que procura el bien común; que la disposición social que produce un número cada vez mayor de pobres y la concentración de la riqueza en poquisisisisisísimas manos no es ni deseable, ni aceptable, ni justo, ni producto de la casualidad o los designios de un Dios.
                La educación positivista es insuficiente porque despolitiza, porque rebaja a los docentes a meros dosificadores de información y no les da el lugar que realmente tienen: acompañantes del proceso por el cual una persona se asume como tal, camina hacia la autonomía en una relación de horizontalidad conflictiva y colaborativa con los demás con quienes tiene que asumir la responsabilidad de las cosas públicas que les atañen. La educación es incursión en la ciudadanía.
                Así, formar personas es una tarea política y tiene que ser realizada en contacto con la realidad, el único lugar en el que puede entenderse que ser humano implica vivir en una cultura de promoción, exigencia y vivencia de los derechos humanos, de la praxis de la justicia; que esto implica más que conocer: promoción de la valoración, de la toma de decisiones. Realización de proyectos e interacciones con los actores sociales para que los educandos vayan siendo cada vez más competentes para comunicarse y lograr acuerdos sociales, para mirar críticamente la realidad, para ejercer liderazgo, tener una perspectiva global de las cosas y no meramente técnica o de sentido común.
                ¿Cómo podrá realizarse tal labor si los profesores no son autónomos, capaces de ejercer su liderazgo comunitario, de exigir sus derechos personales, gremiales, laborales, si no tienen una visión crítica de la realidad, no necesariamente coincidente con los grupos de poder y políticos, pero sí dialogante con ellos para encontrar los mínimos que den viabilidad a un proyecto de nación en el que todos quepamos con mayor dignidad?
                Despolitizar al magisterio es traicionar a la educación, porque es traicionar la forma de ser humano que encuentra en la ciudadanía la expresión más clara de la criticidad, la solidaridad, la creatividad, la capacidad de integrar afectos, razón y voluntad, la libertad y la apertura a la trascendencia.

                Busquemos, sí, formas de interacción política. Trabajemos por la formación de ciudadanos. Politicemos realmente al magisterio, lo cual es mucho más que plantones y marchas y es una perspectiva humanizante que cree que un espacio para la justicia y la vida humana digna es posible. Educar es condición para lograrlo y los educadores los actores clave que harán de este proceso algo más que un simple deseo, grito o plantón: una militancia profundamente política, con las personas en el centro de la escena y el bien común como horizonte de un empeño que bien vale la pena.

martes, septiembre 24, 2013

Ni una «Miss» más: sobre la dignidad de la vocación magisterial

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicado en Lado B,  23 de septiembre de 2013
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A VA, porque ser profesora es buena apuesta

Septiembre ha sido un tiempo propicio para reflexionar sobre la vocación y el rol de los docentes. Hemos vuelto la mirada hacia el magisterio gracias a que los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación se han manifestado en el DF y otros muchos educadores en los estados en contra de la llamada por el gobierno “Reforma Educativa” y sus leyes secundarias.
     A lo largo de los días hemos escuchado en conversaciones con los amigos, en la radio; hemos leído en la prensa o mirado en la televisión, que es reclamo común que los trabajadores de la educación regresen a las aulas, de las cuales nunca deberían haber salido. Maestras y maestros pertenecen a los salones de clase, a ese lugar inmaculado dedicado al más aséptico saber, lejos de las preocupaciones materiales y mundanas en las que existen cosas como la justicia, los derechos humanos, las huelgas, las posturas diferentes a las que sustentan las clases políticas en nombre del neoliberalismo o cualquier otra forma en la que conciban el bienestar del país e incluso el cuidado de sus intereses personales y grupales.
 Ser profesor o profesora con opinión política propia, o militancia, incluso, es de mal gusto, cuando mucho un asunto reservado para la intimidad de la casa de cada quien. Por eso hay quien prefiere que a los niños les dé clase una «Miss» y no una maestra, profesora o  o un maestro, profesor o licenciado.
    Este personaje nació como alguien que trabajaba de profesora de inglés en las instituciones particulares o que era una señorita de buena familia -posiblemente egresada de una normal de religiosas- que se encargaba de formar a los niños casi como si fueran de la familia, introduciéndolos en el mundo de los comportamientos socialmente aceptados, “lejos de los peligros, las bajezas y la incapacidad de las escuelas públicas”. La “miss” era, por sobre todo, buena persona, ¡ah!, y también daba clases, cuidando la escritura, la lectura, la educación artística, lo que enorgullece a los padres de familia en los festivales escolares.
 .   Hay tras esta forma de ver el término «Miss» una forma moralizante de concebir la educación, que exacerba el carácter neutral de esta tarea y que pone la información, el culto al conocimiento, la urbanidad al centro de los empeños docentes.
 Desde que lo leí hace algunos ayeres, el texto «Cartas a quien pretende enseñar», de Paulo Freire (1994,) me ha parecido iluminador a este respecto. Él analiza como en Brasil se llama tías a las maestras, esperando que sean casi un familiar para los niños, quienes dejan de ser educandos y se vuelven sobrinitos a quienes hay que cuidar del mundo que los acecha. Las tías carecen de profesionalidad, aceptan su actividad casi como un apostolado, al cual se entregan resignadamente, casi santamente... Muy parecido a lo que entre nosotros acontece cuando se espera de los docentes todo menos auténticos profesionales de la educación.
 .   Sin afán de misoginia alguna y sí de señalar la poca estima real que se tiene de la vocación educadora por parte de la sociedad e incluso de los mismos educadores, señalo que “tías” y “misses”, son perversiones no aceptables para referirse a los educadores, pues la educación estriba en el acompañamiento del proceso por el cual un ser humano se construye tal, asumiéndose como persona, como ciudadano, como parte de un mundo que lo acompaña y ante el cual tiene que responder con respeto, con justicia, con ganas de que haya condiciones para que mujeres, hombres y lo que los rodea coexistan para vivir en dignidad.
 .   En este sentido educar es apertura al mundo y no cerrazón en las paredes de la escuela. El profesor está llamado a establecer formas de acercamiento entre las personas y su realidad, apoyados en el patrimonio milenario humano para entender las cosas y valorarlas a fin de estar en condiciones de tomar decisiones que tengan en cuenta a los demás y sus circunstancias.
 .   Es esta una tarea que sobrepasa la transmisión informativa y la mera instrucción en urbanidad. Es una tarea política en el más amplio sentido de la misma: de capacidad de poner todo el poder en juego para convivir en la diferencia, construyendo los acuerdos mínimos para crear un habitat humano y que tenga condiciones humanizantes para todos quienes en él viven.
 .   Educación es formación de mujeres y hombres que puedan entenderse críticamente en la historia, que puedan comunicarse para acordar mínimos y compartir acciones, que logren organizar responsablemente tareas y relaciones interpersonales para logro de fines comunes sociales, políticos, económicos y culturales, que cuiden de sí y los suyos (en todos los niveles, próximos y remotos) y que aprenden de forma autónoma para poder responder al mundo cambiante en el que han vivido como protagonistas y no como espectadores de la vida personal y social.
Así, educar no es moralizar, sino proponer a las personas que actúen éticamente, que decidan con mente y corazón bien abiertos, dialogantes, críticos, qué es lo que construye más humanidad y no la resta.
 .   Se necesitan verdaderos profesionales de la educación, no sólo “señoritas” que cuiden niños con algún provecho. Mujeres y hombres competentes para entender con el corazón y con la mente bien formada (con sentido común, ciencia y filosofía) la realidad de la que son parte, para hacer propuestas que si bien tomen en cuenta planes y programas vayan cargadas de una visión de las cosas crítica, esperanzadora y propositiva, que hagan de la evaluación permanente uno de los criterios fundamentales de su actuar en pos de finalidades compartidas con sus educandos y sus colegas.
 .   Personas con capacidad de ser y actuar a la altura de su llamado y sociedades que reconozcan en los hechos que la educación no es un asunto para técnicos que instrumenta sin más los programas y planes realizados desde el escritorio de los pedagogos o personas que aíslen de lo real a las nuevas generaciones, so pretexto de defenderlos de la maldad y las ideologías que no coinciden con la visión oficial de la política.
 .   Hoy no podemos permitir una “miss” más, como tampoco un educador de escuela oficial que no tenga el tamaño que su vocación requiere. Es tiempo de que profesoras y profesores actúen como tales y que la sociedad, también, los reconozca en esa misma dimensión. Porque los sueldos, el trato cotidiano y las condiciones de actuación distan mucho de mostrar un México que verdaderamente piense que la educación es opción en el presente para la construcción de lo que estamos llamados a ser.
 .   Los días recientemente vividos no pueden ser reducidos a hablar de la CNTE, ni de profesores que hacen plantones o bloquean vialidades, sino que deben ser entendidos como una petición de hacer una reflexión crítica sobre lo que significan la educación, el rol y la vocación de los educadores y las condiciones en las cuales se puede profesionalmente abordar esta tarea.

México Lindo y querido

Autora: Rocío Barragán de la Parra
Publicado: La Primera de Puebla, 19 de septiembre de 2013

     ¿ Voz de la guitarra mía, al despertar la mañana quiere cantar su alegría a
mi tierra mexicana; yo le canto a sus volcanes a sus praderas y flores que
son como talismanes del amor de mis amores. México lindo y querido, si
muero lejos de ti que digan que estoy dormido y que me traigan aquí?.
Así versan las dos primeras estrofas de esta hermosa canción escrita en
1921 por el niño poeta, el michoacano Chucho Monge, su letra es capaz de
exaltar uno de los sentimientos más profundos que un ciudadano puede
experimentar por su país: amor por la patria, sentimiento que pareciera,
mermado ante la compleja e incierta realidad que hoy nos toca vivir.
Estamos en el mes patrio y el reciente fin de semana largo enmarcó la
conmemoración del 203 aniversario de la Independencia de México, sin
embargo, y a diferencia de otros años, el ambiente y las manifestaciones
de festejo como juegos artificiales y adornos en las calles, locales
comerciales y casas habitación parecen haber disminuido, como si la
incertidumbre prevaleciente en diversos escenarios ante la situación
económica, política y social que nos aqueja hubiese reducido el ánimo 
festivo tan característico del mexicano; y si bien pueden sobrar razones
para ello, me parece que podemos abordar el tema desde otra
perspectiva, que ahora me permito compartir.
Vivir en familia implica tener la capacidad de procurar el bienestar de sus
integrantes, fortalecer su relación a través de la convivencia, la ayuda
mutua, el compartir las responsabilidades y privilegiar los derechos de
quienes la conforman. Al interior del hogar se debe tener claro que la
equidad y el respeto entre sí es fundamental para generar un clima de
interdependencia que respete la libertad que cada uno tiene para pensar,
decidir y actuar individual e independientemente, siempre considerando
que las consecuencias de lo decidido impactaran al grupo. El apoyo, los
afectos y el cuidado de la relación que se genera entre los integrantes de
la familia se procura y alimenta diariamente en cada una de las
situaciones cotidianas de la vida; de manera que cuando surge un festejo,
como puede ser un cumpleaños, onomástico, logros personales,
familiares, escolares o laborales se generan espacios nutricios de
celebración para conmemorar, es decir tener memoria, privilegiar,
reconocer lo que se ha hecho manifiesto cada día. Lo mismo debiese
ocurrir en nuestro país y al conmemorar las fiestas Patrias, más allá de
una postura patriotera de diversión y fiesta, tener la capacidad de recuperar
aquello que cada uno ha hecho para hacer de nuestro País un mejor lugar
para (con) vivir.
Si bien es cierto que no podemos incidir en todas y cada una de las
decisiones que los organismos gubernamentales y las instituciones
públicas toman definiendo el rumbo del país y enmarcando, a través de las
políticas públicas, los grandes temas de desarrollo social como la salud, la
educación, los servicios públicos, la seguridad, la infraestructura, el
empleo y el combate a la pobreza; lo que si podemos hacer como
miembros de esta gran familia que es México es trabajar día con día para
ser mejores ciudadanos, practicar el voto razonado, usar el cinturón de
seguridad, respetar al peatón y las señales de tránsito, utilizar los puentes
peatonales, evitar usar la calle como basurero, respetar (opiniones
diferentes, espacios públicos, lo ajeno, las decisiones de los otros),
administrar y ahorrar tiempo, dinero, esfuerzo(incluyendo la idea de NO
desperdiciar, reciclar y reutilizar), cuidar nuestro entorno (afectivo,
social, ambiental), trabajar con pasión y compromiso en las tareas
asignadas ya sea en la escuela, casa o trabajo, consumir productos
nacionales (apostar a la idea de que lo hecho en México está bien hecho),
pagar nuestros impuestos (a pesar de la controvertida Reforma
Hacendaria), comprar en el mercadito, menos televisión e internet (más
lectura y diálogo interpersonal), ayudar a la persona de al lado, evitar la
tentación de mentir (válido también para las famosas mentiritas blancas y
omisiones), dejar de pelear, imponer o controlar, (disfrutar las cosas
simples de la vida, escuchar ideas diferentes), no discriminar, juzgar o
suponer, disponerse para el servicio a los demás; hacer de cada día un
espacio de aprendizaje, plenitud y felicidad, compartir lo que tienes, pero
sobre todo lo que eres y contribuir con ello a un México diferente donde la
justicia, la equidad y el desarrollo social sea posible... ?Que me entierren
en la sierra, al pie de los magueyales y que me cubra esta tierra, que es
cuna de hombres cabales?.
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla. Este
texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
Sus comentarios son bienvenidos

¿Qué tan satisfecho estas con tu vida?

Autor: Alexis A. Vera Sánchez
Publicado: en lado B, 19 de septiembre de 2013

     Caminamos por el mundo sin reparar en nuestro grado de satisfacción con la vida que llevamos. Son pocas las personas que hacen un alto para preguntarse si son felices o no con la vida que tienen. ¿Para qué? Dirán algunos; como quien no quiere ver la realidad por miedo a encontrar algo desagradable. Sin embargo, lo cierto es que lo que nos distingue del resto de los animales es nuestra capacidad de razonamiento. Un verdadero ser humano se pregunta continuamente sobre la realidad para entenderla mejor y actuar de la manera que le parezca más apropiada. Así, quien no se cuestiona a sí mismo y a su realidad, se aleja de la condición humana y se acerca más a la condición de la vida irracional, como la que llevan los demás animales.
     Una pregunta fundamental para la edificación de la persona humana es la que da título al presente artículo: ¿Qué tan satisfecho estoy con la vida que llevo hoy? Este cuestionamiento deberíamos planteárnoslo con cierta regularidad porque la vida cambia y es fácil que de repente nos encontremos en una situación que nos limita, nos reprime, nos esteriliza, nos agobia pero no la percibimos del todo. En efecto, no siempre somos conscientes de lo que en realidad estamos viviendo y, sin darnos cuenta, terminamos continuamente bajo circunstancias que jamás hubiéramos planeado o deseado.
     Para aspirar a una vida mejor, el primer paso es darnos cuenta de nuestra actual realidad personal. Después, habrá que entender por qué llegamos hasta esa situación para así poder generar alternativas que den una salida o solución a lo que hoy queremos cambiar.
     El arte de vivir es el arte de cambiar. Ya lo decía Darwin hace varias décadas: quien sobrevive no es el más inteligente ni el más fuerte, sino el que se adapta. Adaptarnos al cambio es más arte que ciencia y requiere -sobre todo- de humildad para aceptar que no todo lo que hoy hago está bien. El soberbio difícilmente se abre al cambio porque no acepta críticas, incluyendo las autocríticas que son fundamentales para el proceso de cambio y adaptación a una nueva situación. En efecto, la autocrítica es básica para la felicidad y supervivencia del ser humano, pero también lo es un corazón abierto a escuchar a los demás. Como bien dice el jesuita John Powell, la escucha es la habilidad básica para cambiar de visión; y cambiar de visión es fundamental para poder cambiar de actitud y comportamiento.
     ¿Y por qué querríamos cambiar? Porque la felicidad y la vida en este mundo no son estáticas ni eternas; al contrario, se mueven constantemente por lo que hay que adaptarse para tener éxito y hallar plenitud.
     Si pudieras cambiar un solo aspecto de tu vida, ese que al cambiarlo te traería significativamente más felicidad, ¿cuál cambiarías? ¿Por qué? ¿Qué te hace falta para cambiarlo?
     Resistencia al cambio.
     Es más cómodo seguir como estamos y no cambiar nada, pero es mucho más peligroso. El impacto, a la larga, casi siempre recae en nuestra felicidad como individuos. Nos amargamos poco a poco y luego nos preguntamos por qué tenemos tan mal genio.
     La resistencia al cambio se presenta de muchas maneras: desde el típico "ahí se va" de la cultura mexicana, "estoy bien, otros están peor", hasta conductas más destructivas como el rechazo a toda crítica que venga de otros (por muy constructiva que fuere); defender mi actuar a capa y espada; pensar que son los demás quienes deben cambiar; comportarnos como si tuviéramos el monopolio de la razón; ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, etc. Por naturaleza e instinto de seguridad somos buenos para defendernos de todo y de todos, pero esa actitud de caballero armado nos va matando poco a poco y nos cierra al mundo.
     Vencerse a sí mismo.
     Para cambiar debemos, en primer lugar, vencernos a nosotros mismos porque dentro de cada uno de nosotros está el primer obstáculo para movernos a una vida más plena: el lado arrogante de nuestro ego. Hay que distinguir claramente entre el amor propio que edifica al ser y el ego que lo envilece. Ese ego que nos dice que estamos bien y tenemos la razón siempre; el ego que considera que son los otros quienes deben de cambiar y no yo; el ego que nos ciega y aleja de todos porque no dialoga.

Vencerme a mí mismo es reconocer con humildad que no soy perfecto y que debo cambiar si quiero ser más feliz. El resultado de esta victoria interior es un sujeto más abierto y, sobre todo, más comprometido con el cambio que mejora a su persona. El resultado también es un sujeto con mayor plenitud porque sus relaciones humanas crecen. Cabe anotar que la principal fuente de dicha humana son las relaciones personales que se logran entablar a lo largo de la vida y, sobre todo, la calidad de estas relaciones.
     Dejarnos ayudar.
     Desafortunadamente, la tarea de mejorarnos como personas es muy difícil de alcanzar solos y mucho más sencilla cuando nos apoyamos en alguien capacitado para ello. Nos podemos hacer ayudar por un amigo en cuyo criterio confiemos o cuyo ejemplo de vida me inspira; también os puede ayudar un sacerdote cercano, un maestro un familiar o un profesional como un coach o un psicólogo.
     También es sumamente recomendable leer textos de crecimiento humano de autores sólidos (porque hay muchas publicaciones y escritos pobres sobre el tema). En la Universidad Iberoamericana, sin duda la institución pionera en el tema en México, encontrarás bibliografía relevante en su hermosa biblioteca (que es de acceso público gratuito para consulta); también encontrarás programas de formación continua y desarrollo humano que pueden ser un excelente vehículo o catalizador de verdaderos cambios que te edifiquen como persona para ser más feliz de lo que hoy eres.
     Navega mar adentro.
     Sea cual sea tu ruta de crecimiento, lo importante es que decidas emprenderla; verás cómo, casi inmediatamente, tu nivel de satisfacción con la vida que llevas empieza a aumentar porque, además, el crecimiento personal se saborea y disfruta tanto como un hermoso viaje a la ciudad de tus sueños.


Confiemos en el INEE

Autora:  Laura A. Bárcenas Pozos
Publicado: Puebla on Line, 19 de septiembre de 2013

     En los últimos días se ha hablado hasta agotarnos sobre la Reforma Educativa y sus tres leyes secundarias. La que ha dominado los titulares de los medios es la del Servicio Profesional Docente y muy poco se ha dicho de las otras dos. Sin embargo es importante comprender que las tres leyes están ligadas y que la ya mencionada se nutre de las otras dos. La ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) sienta las bases de cómo se llevará a cabo la evaluación docente que ha sido el tema de discusión porque se considera que a partir de los resultados de esta se determinará la permanencia de los profesores de instituciones públicas de nivel básico y medio superior.
     Y más que hablar del contenido de la Ley del INEE quiero centrarme en las cinco personas que fueron seleccionadas por el Senado de la República para formar el Órgano de Gobierno de este instituto y que tienen como su mayor responsabilidad la evaluación del sistema educativo, no solo de los docente. Mi intención en este breve artículo al presentar a estos académicos con magna responsabilidad por al menos cinco años, es demostrarle a los amables lectores, que podemos confiar que la evaluación de los docentes está en buenas manos y digo esto porque muchos profesores están preocupados de quién hará la evaluación y de cómo se hará la interpretación de los resultados. Quiénes están a cargo no solo se caracterizan por su capacidad profesional, sino por su calidad moral y ellos son:
     Margarita Zorrilla que es Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Monterrey, Maestra en Investigación Educativa por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Doctora en Educación por la Universidad Anáhuac. Además ha sido profesora de todos los niveles educativos y ha sido formadora de profesores por todo México. Ha realizado investigación en política y gestión educativa, así como en evaluación y eficacia en la escuela secundaria. Antes de que se conformara este órgano de gobierno del INEE fue su directora general, lo que es muy importante pues Margarita puede darle continuidad a lo que este instituto ya ha venido haciendo en los últimos años, para no partir de cero.

Teresa Bracho es Licenciada en Comunicación Social y es Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Sociología y sus líneas de investigación se han centrado en Decisiones de gobierno y evaluación de programas de política pública y el mundo del trabajo. Ella ha sido Profesora Investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Como se puede observar su especialidad son las políticas públicas en la línea de educación y esto la hace una persona ideal para formar parte de este equipo pues asesorará sobre cómo implementar las políticas educativas en cuanto a la evaluación de la docencia.
     Eduardo Backhoff Escudero es Licenciado en Psicología por la UNAM, Maestro en Educación por la Universidad de Washington y Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, fue profesor de la carrera de psicología en la UNAM; fue Director del Instituto de Investigación y Desarrollo Educativo de la Universidad Autónoma de Baja California y actualmente es Director de Pruebas y Medición del INEE. Su campo de interés es el desarrollo y validación de pruebas de aprendizaje de gran escala, y la enseñanza y evaluación asistida por computadora. Esto lo hace ideal para participar en el órgano de gobierno del INEE pues bajo su asesoría se desarrollan los instrumentos con los que se hace la evaluación y establece las bases para su interpretación.
     Gilberto Guevara Niebla es licenciado en Biología con Maestría en Ciencias por la Facultad de Ciencias de la UNAM. Tiene también Diploma de la École des Hautes de Francia, en Estudios en Ciencias Sociales. A lo largo de su trayectoria ha realizado investigación educativa tanto en instituciones académicas como públicas. Ha desempeñado diversos cargos institucionales como Director de la División de Ciencias Sociales en la UAM, Unidad Xochimilco; Subsecretario de Educación Básica de la SEP; Coordinador de Investigaciones Educativas de Fundación Nexos, A. C.; Asesor de la SEP; Director del Instituto Mexicano de Investigaciones Educativas, S. C.; Director de la Revista Educación; Director del Centro de Investigación Educativa y Actualización de Profesores, A. C. Además para quienes no lo ubican, fue activista central en el Movimiento Estudiantil del 68. Su experiencia en el análisis del fenómeno educativo en México lo hace un actor central en el órgano del gobierno del INEE.
     Finalmente Sylvia Schmelkes realizó estudios en Sociología con Maestría en Investigación Educativa, en la Ibero Ciudad de México. Es investigadora de la educación desde 1970; los primeros 24 años trabajó en el Centro de Estudios Educativos (CEE). Ha desempeñado diversos cargos institucionales, en cargos relacionados con la investigación educativa. Ha sido asesora de la SEP; Presidió la Junta de Gobierno del Centro de Investigación e Innovación Educativas de la OCDE; Coordinadora General de Educación Intercultural y Bilingüe; dirigió el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Ibero Ciudad de México y ahora es Presidenta del INEE. Ella es discípula de Pablo Latapí Sarre y de Carlos Muñoz Izquierdo, de quienes aprendió a hacer investigación y desarrolló un sentido crítico sobre el fenómeno educativo en México.
Estos son los académicos, intelectuales e investigadores que tienen a su cargo la evaluación de la docencia en México. Su nivel de preparación y experiencia me ha llevado a considerar que es posible confiar en ellos y en lo que harán con la evaluación de los profesores mexicanos.

Desaprender para aprender

Autora: Luz del Carmen Montes Pacheco
Publicado:  e-consulta, 19 de septiembre de 2013

     Edgar Morín, quien está considerado como uno de los grandes pensadores de la época, en su libro “La vía. Para el futuro de la humanidad” afirma que en el mundo occidental u occidentalizado,  se nos dificulta pensar el presente porque sufrimos –sin que nos demos cuenta de ello – dos tipos de ceguera cognitiva: una relacionada con abordar los problemas desde una sola disciplina y la otra que implica pensar que tenemos la única respuesta; de aquí concluye que no es solo la ignorancia, también es nuestro conocimiento lo que nos ciega.
     Este último problema no es propio de los investigadores, es decir, de las personas que con su trabajo “generan conocimiento”, también se presenta en  la vida cotidiana de las personas y sobre todo en la vida cotidiana de muchos profesores.
Me atrevo a afirmar que todos los profesores hemos escuchado al menos una vez “es que así me lo enseñaron”, exclamación frecuente cuando se corrige o señala algún error en el trabajo de un estudiante.
     Lamentablemente cuando los estudiantes leen o escuchan conceptos o términos que le son familiares por alguna razón,  sobre todo cuando lo revisó en un salón de clases o partir de una experiencia escolar, dejan de prestar atención al discurso porque “ya lo saben”; su “conocimiento” les ciega.
     Esta conducta obstaculiza un proceso de mejora en lo que se hace o un proceso de adaptación a cambios propios de nuestra sociedad, estemos o no de acuerdo con ellos.
Algunos ejemplos de procesos de mejora en el proceso de enseñanza aprendizaje en los  que se da la ceguera por conocimiento son: la elaboración de mapas conceptuales (que no consiste en la unión de bolitas y palitos que se interconectan para verse bien y con pocas palabras), la redacción de reportes de investigación (que no requieren de un lenguaje florido sino de un estilo claro, preciso y lógico) o el desarrollo completo de un razonamiento matemático pues no basta llegar a la solución.
     En cuanto a la adaptación a los cambios,  tenemos el caso del uso de medios electrónicos de comunicación en que nos cuesta trabajo distinguir entre el lenguaje adecuado para un tweet  o mensaje corto en una red social y el mensaje de un correo electrónico enviado a un jefe o a un profesor (en el caso de los estudiantes), amén de ciertas personas que quieren iniciar el texto de un correo electrónico con el estilo que se usaba hace cincuenta años para escribir una carta. ¿Sabía usted que ya hay normas de etiqueta para la comunicación en línea?
Y no podemos dejar de lado una moneda de dos las caras de la ceguera conocimiento/ignorancia que deteriora nuestro lenguaje escrito: la resistencia ante los cambios ortográficos que sufrió la lengua española en 2010 –ceguera por  conocimiento-  y la falta de observación a tales reglas por ignorancia.
      Estos ejemplos reflejan conductas contrarias a lo que se espera de un estudiante o de cualquier persona que quiere aprender y mejorar. ¿Quién los sabe todo? ¿Quién hace todo perfecto? La buena disposición ante oportunidades de mejora y ante nuevos aprendizajes, nos confirma como seres humanos capaces de desaprender para aprender.
     Llevemos el análisis al momento histórico que vivimos en el país, ¿por qué no cambiar las manifestaciones que entorpecen el tránsito causando problemas en autopistas y ciudades? ¿Por qué tratar de convencernos de una reforma con una invasión masiva de mensajes comerciales en radio y televisión? ¿Por qué no buscar canales de diálogo y expresión que afecten menos a la población? ¿Por qué no convencer con razones y dejar la repetición y la imposición? Tanto los pactos como las negaciones categóricas pueden cegarnos, por ignorancia, por conocimiento o por ambos. En cualquier caso, para muchos ciudadanos queda claro que no estamos construyendo escenarios nuevos, con  posibilidades de diálogo y sobre todo de mejora, que requieren del pensamiento complejo que ha propuesto Morin.
     Y finalizo con una idea del mismo Morin, <<los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer ni escribir, sino los que no puedan aprender, desaprender y reaprender>>














lunes, septiembre 23, 2013

Primero YO

Autora: Rocío Barragán de la Parra*
Publicado: en lado B, 03 de septiembre de 2013

“Lo más doloroso en la vida es perderte a ti mismo en el proceso de valorar demasiado a alguien”, leer esta frase me hizo reflexionar en todo lo que perdemos cuando nos olvidamos de nosotros mismos y me parece que este trastorno tiene su origen en nuestra propia naturaleza humana, pero también social.
Los humanos somos seres eminentemente sociales y al relacionarnos con otras personas vamos conformando un sistema de valores, creencias y afectos; ello determina en gran medida la manera en que nos vinculamos con el entorno y con nuestros semejantes, de manera que, si nuestras relaciones son sanas y asertivas, entonces la convivencia nos permite crecer como personas, nos socializa y sensibiliza, nos permiten aprender, crecer y trascender.
Expresarlo es cosa sencilla,  sin embargo vincularnos con nosotros mismos o con los demás suele ser complejo, porque no siempre estamos habilitados para  generar relaciones sanas que fortalezcan nuestro andar.
Una de las problemáticas más severas que enfrentamos en las relaciones humanas es sin duda la codependencia que se genera cuando establecemos un vínculo insano que contamina y daña nuestra convivencia. Establecer una relación de estas características es muy fácil y más común de lo que imaginamos ya que solemos generarlas en los núcleos medulares: la familia, la pareja y los amigos, con quienes  nos vinculamos de tres modos diferentes:
Vinculación afectiva adecuada: Amor sano, fundamentado en el respeto, la honestidad, la preocupación genuina por el otro y que se expresa básicamente en el dar y recibir; una relación de interdependencia.
Desvinculación afectiva exagerada: Cuando las personas son incapaces de establecer lazos, de manera que su comportamiento suele ser frío, distante y hostil.
Vinculación afectiva exagerada o dependencia emocional: Lazo desvirtuado por la excesiva necesidad de afecto y  confundido o asociado comúnmente con el cariño o el amor; constituye el polo opuesto de la desvinculación, sin embargo ambas conductas son dañinas y perjudiciales en una relación. Se manifiestan con diferentes síntomas que dificultan su diagnóstico y suelen identificarse comúnmente a través de la depresión, los trastornos obsesivos y los síndromes desadaptativos.
La codependencia es un desorden en la conducta  generado cuando nuestro sistema de valores y creencias no está apuntalado, o se ha vivido un evento traumático que genera la ausencia de autoridad y afecto en nosotros mismos, ello provoca la necesidad de que otros validen lo que creemos que somos, necesitamos y queremos.
Generalmente se nos enseñan a conducirnos con falsa modestia y humildad, por lo que crecemos con la falsa creencia de que valorarnos puede ser sinónimo de arrogancia o presuntuosidad, cuando de lo que se trata es de identificar nuestros talentos y habilidades para que a partir de ellos podamos reconocer procesos clave como la elección profesional, aficiones, gustos y valores, sino también ser capaces de identificar la virtud que tenemos como sujetos únicos e irrepetibles y entonces caminar en la vida con la seguridad de nuestra imperfección, pero buscando la plenitud y la perfectibilidad.
Al igual que el alcoholismo y las sustancias tóxicas, la codependencia es considerada una adicción, quien la padece suele no reconocerla y tampoco sabe cómo resolverla; suele minimizarse evadiendo así la realidad. Implica vivir en estados  permanentes de miedo, angustia,  depresión, y desolación que en casos extremos pueden llevar al suicidio.
Algunos de los síntomas que permiten identificar si vivimos alguna relación de este tipo son:
Niveles  inferiores o superiores de autoestima (depresión o euforia).
Problemas para establecer límites en las responsabilidades de la relación.
Valorar las relaciones a través del comentario de los otros.
Confundir lo que se necesita con lo que desea, maximizar o minimizar lo que se piensa y  siente.
Reaccionar exageradamente a los estímulos externos con actitudes fatalistas o idealistas.
Asumirse como responsable de lo que a otros les pasa, por lo que piensan, sienten o desean.
Negar  o evadir lo que les ocurre, especialmente los problemas y su realidad.
Pueden comprometerlo todo: sus valores, su salud, sus recursos, su trabajo e incluso su vida.
Fácilmente sienten miedo, angustia, desesperación, enojo y buscan desesperadamente ser aprobados y reconocidos
Al igual que cualquier adicción, superar la codependencia implica un proceso largo y comprometido con uno mismo, exige primero el autoconocimiento y la autoaceptación, para reconocer que nadie puede darnos, ni arrebatarnos el amor, la felicidad, y el bienestar que nosotros mismos debemos prodigarnos. Se trata pues de emprender el camino hacia nosotros mismos, (no sentirse solos, sino saber estar solos) para después vincularnos sanamente con y para los otros, de este modo la manera en la que puedes empezar a cambiar tu vida para siempre se resume en  dos palabras: “Primero YO”.




*Está pendiente la publicación en E-Consulta del artículo de la Dra. Laura A. Bárcenas Pozos.





AC / DC La Gran Batalla

Autor: Juan Carlos Colín Ortega
Publicado: Síntesis Puebla, 03 de septiembre de 2013

La corriente alterna (AC) pronto tendrá que compartir su reinado con la corriente directa (DC). En los albores del siglo XX tuvo lugar una batalla fascinante pero poco conocida. Por un lado Thomas Alva Edison trataba de popularizar el uso de la corriente directa para uso doméstico. Llegó a tener plantas que surtían energía en ciudades importantes. Por otra parte el científico serbio Nikola Tesla realizaba propuestas con el uso de la corriente alterna, mismas que fueron aprovechadas por el empresario George Westinghouse quien lanzó la distribución de la corriente alterna para el consumo del público en general. 
     Analizando desde el punto de vista científico los pros y los contras de estos dos sistemas de distribución de energía podemos observar que es más sencilla la producción de la corriente directa pero tiene demasiadas pérdidas conforme se distribuye a distancias grandes.La corriente alterna por otra parte puede transportarse sin pérdidas considerables a grandes distancias alternando la polaridad del voltaje en los conductores eléctricos, y sin que un flujo importante de electrones tenga que trasladarse significativamente a lo largo del material conductor evitando así la producción de calor. 
     Para utilizar la corriente alterna hay que pagar el precio de tener que generarla con más complejidad y para poder utilizarla en el punto final debemos disminuir el voltaje alto y convertir esa corriente alterna en corriente directa para la mayoría de los aparatos eléctricos de uso doméstico. A fin de cuentas se demostró que la corriente alterna tenía más beneficios que dificultades, Edison perdió la batalla: AC es lo que se ha venido usando hasta ahora. 
     De acuerdo con la teoría de Electricidad y Magnetismo, las cargas eléctricas se reparten en la periferia de un objeto sólido. Es por esto que los electrones viajan solamente por la periferia de los conductores y para soportar el calor de una corriente grande se debe aumentar el grosor o "calibre" del conductor y por lo tanto su diámetro. Tómese en cuenta que al aumentar el diámetro, el área de la sección transversal del conductor aumentará a razón del cuadrado del radio; esto quiere decir que el peso del conductor aumentará conforme al cuadrado del radio del mismo.Así que para transportar una gran cantidad de energía eléctrica utilizando corriente directa los conductores deben tener un gran diámetro y por lo tanto un gran peso y un costo muy alto pues se utilizan metales como el cobre. 
     En el otro mundo, el de la corriente alterna, se utilizan altos voltajes para que las corrientes sean pequeñas y desde el momento de la generación, la corriente eléctrica se produce con una fluctuación de voltaje o potencial dando lugar a lo que se conoce como "corriente alterna". En este caso no es necesario que los conductores sean de gran diámetro. 
     Hoy en día estamos siendo testigos de la llegada gradual de las energías alternativas, por ejemplo: celdas fotovoltaicas y energía eólica, que se almacenan en baterías para su uso durante el día. Todas las baterías proporcionan DC, así que pronto veremos en el mercado, que la mayoría de los artefactos electrodomésticos cuentan con entradas de alimentación de energía en corriente directa. Preparémonos en corto plazo para esta convivencia del reinado de la corriente alterna con el de la corriente directa.

domingo, septiembre 22, 2013

Somos mexicanos... pero eso no es fatal

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicado en Síntesis Tlaxcala, el 19 de septiembre de 2013.
Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Mes de septiembre: el de mi cumpleaños,  pero también el de los colores verde, blanco y rojo, la musica vernácula, los fuegos artificiales y los gritos de ¡Viva México, c... ompatriotas!
Diciembre es a la paz y el amor lo que septiembre a nuestra nacionalidad. En estos días estamos casi irremediablemente lanzados a decir: "somos mexicanos”.
Los gritos patrióticos que proferimos dicen más que las simples 10 letras de nuestro eufórico y desgarrador ¡Viva México! Están de cosas que llevamos impresas en lo más profundo nosotros mismos, en lo que somos, sabemos, hacemos, valoramos; en el significado que le damos a las cosas importantes, pero también a las de la vida diaria.:
Señalarse mexicano es hablar de una natural y espontánea capacidad de acogida. Quien viene a nuestro país sabe que es bien recibido, que se le atiende bien, que siempre recibirá un saludo, un gracias y un por favor; de una gran capacidad de respuesta ante el infortunio, de un gran humor ante la adversidad y la misma muerte: el día de muertos está lleno de vida, las desgracias naturales de respuesta inmediata: en envíos, en rescate, en abrir la casa para recibir a los desalojados.
Nuestro patriotismo da cuenta al mismo tiempo de que somos albureros y jugamos a placer con el lenguaje; somos fiesteros, valoramos la familia y en ella a la madre como a nadie más en este mundo, los compadres, las comadres y los ahijados son ley.
Quien se precie de ser de nuestra tierra se crece ante la adversidad con ingenio, con formas de darle la vuelta a las condiciones contrarias. Laboriosos –que no es lo mismo que disciplinados empleados de corporativo- somos un ir y venir continuo para llevar a los nuestros comida, zapatos, ropa y hasta los regalos del día de reyes.
Pero nuestra mexicanidad también es tendencia a la impuntualidad, lo cual se explica por sí mismo; al sentimentalismo por encima del juicio ponderado y crítico. Nos da miedo a la participación política abierta y preferimos paternalismo que deposita en el patriarca, el jefe del trabajo o los jefes de los distintos niveles de gobierno la tarea de llevar a todos a la tierra prometida. Algunos mexicanos parecieran invertir más energía e inteligencia en descubrir lo que puede agradar al jefe que lo que es necesario para desempeñar a cabalidad una actividad: sin caudillos nos sentimos en el extravío.
En la mexicanidad vemos inscrito un enorme machismo gestado en la faldas de las mujeres de nuestras vidas. Somos renuentes a afrontar el conflicto de manera abierta y preferimos quejarnos en lo oscurito, pues no nos gusta llamar a las cosas por su nombre, de allí nuestra fascinación por los eufemismos que disfrazan la realidad ante nosotros mismos: no conocemos de penes ni glúteos, ni vaginas, ni senos, sino de pajaritos, pompis, cositas y bubis.
Somos mexicanos: bonhomía, pero también una forma de ser orientada por cosas que valoramos y que no necesariamente son humanizantes en el mundo que hoy nos tocó vivir. Lo llevamos inscritos en lo más profundo de nosotros mismos, allí donde enraiza la cultura y nos hacer ser hijos de nuestro tiempo y nuestra tierra. De manera coloquial diríamos que lo somos “hasta las manitas”, al grado que podría ser fácil pensar que no podemos ser, ni actuar, ni pensar de otra manera más que “mexicanamente”, como condenados a repetir patrones y estereotipos por toda la eternidad: como caricatura estadunidense pintándonos sentados en un nopal con nuestro gran sombrero y llamativos huaraches.
Lo bueno es que lo que somos no es fatal.
Fatalidad es inevitabilidad, determinación total, ausencia de historia, vida cerrada sobre sí misma, carencia de posibilidades y libertad. Y aunque pareciera esta la nota característica de la existencia sobre todo en tiempos difíciles e inciertos, no es la tónica real y profunda de lo humano, que siempre encuentra resquicios para lo nuevo, para reinventarse, para crear aunque sean pequeñas otras condiciones para la existir, para ser libres y por ello responsables de lo que nos carga, pero de lo cual podemos encargarnos: nuestra cultura, nuestra estructura social, política y económica.
En este septiembre al momento de celebrar viene bien pensar en el cúmulo de cosas que estamos llamados a enriquecer de nuestra mexicanidad: igualdad de género en la diversidad, participación política antes que solo aventar nuestras responsabilidades comunes en manos de los gobernantes y legisladores, juzgar críticamente lo que nos sucede y acontece a nuestro alrededor antes que únicamente emitir afirmaciones de manera llanamente sentimentalista.
Podemos canalizar la enorme solidaridad que tenemos en la atención de las situaciones que padecemos y danos a tareas largo aliento en los cuales estén comprometidos el empeño por la justicia y la dignidad. Sí: la mexicanidad y la forma de concretarla en valores, costumbres, tradiciones, maneras de ser, de hablar, de pensar, de organizarnos socialmente es algo que está en nuestras manos.
Ser mexicanos no es fatal. Al tiempo que riqueza del patrimonio cultural recibido es también la oportunidad de reinventar nuestra nación con la posibilidad de la decir nuestra propia palabra sobre el país que queremos entregar para cuando en el futuro sea gritado como: hoy ¡Viva México, c...onciudadanos!


viernes, septiembre 20, 2013

El menú en las empresas gastronómicas

Autor: Karla Coré Moreno
Publicado: e-consulta, 03 de septiembre de 2013

Una herramienta de marketing
     El marketing puede aplicarse en múltiples campos y áreas de las empresas por lo que la industria gastronómica no es la excepción. La buena presentación del menú, su congruencia con el concepto de la empresa, diseño, pulcritud, selección adecuada de colores, imágenes y tipología, ayudan a establecer una expectativa clara al cliente acerca de lo que puede esperar al degustar los platillos, se hace tangible la oferta del restaurante.
     Un restaurante que presenta un menú atractivo, costeado adecuadamente y con platillos que satisfagan las necesidades del cliente, aumenta en definitiva las utilidades del mismo.
     El "marketing del menú" es una herramienta que ayuda a los administradores de la empresa gastronómica a clasificar los platillos por su popularidad con los clientes y por su margen de contribución a la rentabilidad del restaurante.
     De acuerdo al estudio realizado por Wilkie (2008), el menú influye en la percepción de servicio y calificaciones acerca de calidad de la empresa, un consumidor dedica en promedio 1.8 minutos a "revisar" el menú, de manera que en unos cuantos segundos, se puede decepcionar o impactar positivamente su subconsciente.
     La "ingeniería del menú" permite establecer parámetros sobre el desempeño comparativo de cada platillo del menú; la empresa puede evaluar con los mismos criterios comparándose de forma personalizada y contrastándose con ella misma. Aporta las bases para fijar adecuadamente los precios de los platillos, analizar objetivamente los que deben desaparecer, cambiarse las porciones o su presentación en el menú considerando las preferencias de los consumidores y no el gusto del chef.
     Esta técnica fue desarrollada por los profesores de la Michigan State University School of Hospitality Business; Michael Kasavana y Donald J. Smith, se basa en la clasificación del Boston Consulting Group, herramienta de marketing estratégico que divide los productos, servicios o unidades estratégicas de negocio, para tomar decisiones con datos precisos acerca de si invertir, cambiar o incluso abandonar un negocio.
     Esta matriz divide a los platillos en 4 grupos: De acuerdo a su rentabilidad y popularidad, en estrellas "mucha rentabilidad y popularidad", caballitos de batalla "populares pero poco rentables", rompecabezas "muy rentables para la empresa gastronómica, pero el cliente los pide poco" y perros "poco populares y poco rentables".
     Para analizar el menú de una empresa gastronómica se requieren ciertos datos financieros y sencillas fórmulas matemáticas:
     Elaboración de cada platillo con ingredientes estandarizados (cantidades expresadas en gramos, con descripciones específicas de marcas y costos actualizados).
     Conocer la ganancia bruta de cada platillo, (precio de venta menos costo de los ingredientes)
     Calcular la ganancia bruta promedio, (ganancia bruta total/ total de platillos vendidos); con esta información se puede determinar si cada platillo es rentable o no, comparándolo con el promedio. Si la ganancia bruta individual es mayor que la ganancia bruta promedio entonces la rentabilidad es alta.
     Definir la popularidad de cada platillo conociendo 3 datos importantes: EL MIS IDEAL "100% entre el número de platillos que tiene el menú"; EL MIX REAL "cantidad vendida de cada platillo, entre el total de platillos vendidos por cien" y EL ÍNDICE DE POPULARIDAD "mix ideal por 70%". Si el mix real es mayor al índice de popularidad, la popularidad del platillo es alta.
     Después de lo anterior se pueden tomar ciertas decisiones; por ejemplo los platillos estrella deben ubicarse en la parte mas llamativa del menú, cuidando su existencia y manteniendo las especificaciones de porciones e ingredientes.
     En el caso de los caballitos de batalla debe analizarse las razones por las cuáles éstos no contribuye al margen de utilidad de la empresa;; si es un platillo muy especial se puede aumentar cuidadosamente el precio, "ceder" su ubicación en el menú colocándolo en un espacio menos atractivo o venderlo en "combo".
     Un producto rompecabezas se reposiciona en sectores más visibles del menú, cambiándole el nombre, mejorando las fotografías y descripciones, promoviéndolo en carteles o manteletas o aumentando el valor al mejorar precio, porciones, o guarniciones.
     Los platillos perros son una buena oportunidad para cambiarlos e innovar en el menú.
     Por último, el marketing del menú, puede apoyarse en otras herramientas como el neuromarketing visual, el diseño gráfico de la comunicación estratégica, el significado de los colores, la tipografía seleccionada e incluso la experiencia que transmite al cliente a través del sentido del tacto.
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com



Activitis vs Felicidad

Publicado: Síntesis Puebla, 20 de agosto de 2013

     El celular se ha convertido en el gran invasor de nuestras vidas. No respeta tiempo ni espacio; reclama toda la atención y no siente pena con las personas a quienes interrumpe. A nuestros compañeros de diálogo los hace a un lado cual niño berrinchudo exigiendo a mamá su atención por encima de todos.
     Pero el celular no es en realidad el tirano. Me parece que la tirana es nuestra activitis que no nos permite hacer una sola cosa a la vez; la activitis que nos detiene de concentrarnos en algo y disfrutarlo plenamente. Si no estamos haciendo varias cosas simultáneamente nos sentimos mal; nos vemos improductivos o nos asalta un sentimiento de soledad ocasionado por el silencio. Lo paradógico es que la activitis no es productiva sino todo lo contrario: es sumamente improductiva y además merma nuestra calidad de vida porque termina por estresarnos. Como afirma el científico Estanislao Bachrach, el cerebro no es capaz de desempeñar dos actividades al mismo tiempo sino que, en realidad, lo que hace es cambiar su concentración de una actividad a otra en milésimas de segundo y este cambiadero lo agota. Por eso a veces nos duele la cabeza al final del día; por eso a veces ya no hacemos bien las cosas después de tanta actividad; la calidad de nuestra vida y producción personal decae. Todo lo que hacemos está influido por el qué tan cansado está nuestro cerebro.
     Esta semana la revista británica The Economist publicó un interesante artículo concluyendo que todos necesitamos agendar tiempo para no hacer nada porque estar todo el día haciendo cosas destruye nuestra creatividad. Por otro lado, Ignacio de Loyola hace más de 450 años concluyó que no el mucho saber harta y satisface el alma sino el sentir y gustar internamente de las cosas. Así, considerando que a mayor creatividad, mayor productividad, podemos concluir que entre menor activitis mayor productividad; y aún más importante, infiriendo a Loyola, a menor activitis mayor felicidad. 
Mi Twitter: @veraalexis


La Reforma Educativa: ¿Un todo o nada?

Autora: Marisol Aguilar Mier
Publicado: Puebla on Line, 03 de septiembre de 2012

     Sin lugar a dudas el panorama nacional muestra tintes de gran complejidad. El movimiento magisterial se encuentra en un punto sumamente álgido ante la aprobación de la Iniciativa de Ley General del Servicio Profesional Docente que constituye la “cereza del pastel” de la Reforma Educativa. Pero ¿qué es lo que en esencia se busca cambiar?
Durante estos últimos meses el poder legislativo ha tenido en sus manos tres iniciativas de ley en materia educativa: a) la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE), b) la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) y 3) las modificaciones y reformas a la Ley General de Educación, que permitan instrumentar las dos primeras. De este modo, se le ha dado autonomía constitucional al INEE, mismo que ahora cuenta con una Junta de Gobierno conformada por un grupo de académicos e investigadores de amplia trayectoria profesional que deberán diseñar las estrategias, los criterios e instrumentos para evaluar la calidad, el desempeño y los resultados del sistema educativo nacional. Por otro lado, se establece la creación del Servicio Profesional Docente en donde se definen las bases de ingreso, promoción y permanencia en el servicio educativo.
     Ahora bien, la polémica Reforma ha traído consigo una serie de bloqueos y marchas cuyo colofón es la instalación de un campamento de profesores en el zócalo capitalino que no piensan marcharse hasta que sean escuchadas sus protestas mismas que en resumen exigen la abrogación de las leyes secundarias recientemente aprobadas y la rotunda negativa a la LGSPD. Su alegato es que ésta atenta contra sus derechos laborales y que se trata de una reforma que no se ha nutrido con sus propuestas ni con su participación. 
Numerosos analistas en materia educativa han denunciado vacíos e inconsistencias importantes en la Reforma, especialmente en lo que corresponde a la LGSPD. Entre las más significativas podemos mencionar: 1) No existe una clara diferenciación entre profesionalización docente y evaluación. Se parte de la premisa de que con el hecho de evaluar mejorará de manera automática la práctica docente y por ende, el sistema educativo mexicano. Ciertamente la evaluación es imprescindible para la mejora de cualquier proceso, pero no suficiente.  Menos aún, si ésta tiene un carácter punitivo y se asocia al control y al poder dejando de lado su aspecto formativo que es en suma, el que contribuye a un cambio positivo. 2) No hay suficiente claridad en las responsabilidades de las autoridades federales y las locales, así como tampoco una delimitación de lo que a cada una compete y 3) No se estipula un proceso nacional uniforme de formación y de profesionalización docente que coadyuve a que durante la carrera magisterial el profesor pueda desarrollar las competencias necesarias para ejercer tan importante profesión. El acento está puesto en la evaluación, más no en la formación. Con ello, lo que ahora se denomina como un “sistema profesional docente” podría fácilmente reducirse a una nueva administración de plazas en cada Estado que muy probablemente no resuelva uno de los aspectos centrales que busca atacar la Reforma: la plaza docente asumida como moneda de cambio. Y eso es lo que está en el fondo de muchas de las protestas (ya violentas) del magisterio. La Reforma pretende quitarles un poder privado y exclusivo: el control para el ingreso, la permanencia y la promoción.
     Por ello, no son pocos los que, antes de aprobar esta Reforma y sus leyes secundarias se inclinan por un análisis más profundo que contemple toda la complejidad del sistema educativo nacional y del conflicto magisterial, sin que este proceso se vea empañado por las prisas, el chantaje o las presiones. No obstante, otros más consideran que no hay que doblegarse ante un magisterio cuyo sindicato (llámese como se llame) ha demostrado durante décadas su ineficacia, su abuso de poder, su cacicazgo, sus prácticas corruptas, opacas y burocráticas que han anquilosado la mejora educativa.
     Aunado a lo anterior, en lo general la opinión pública muestra muy poca simpatía por el movimiento de los profesores. Especialmente los capitalinos debido a que los bloqueos, el cierre de las avenidas, y las marchas les afecta de manera directa y cotidiana, así como los padres de familia cuyos hijos se han visto afectados en no pocas escuelas de los estados de Chiapas, Michoacán, Guerrero y Oaxaca pues no han podido iniciar el ciclo escolar.      Además, se han sumado los medios quienes a juicio de algunos expertos han emprendido una campaña de desprestigio hacia los profesores a quienes se tacha de criminales, flojos, vándalos y revoltosos, dificultando aún más la resolución del conflicto.
Así pues, tenemos ante nosotros condiciones muy poco favorables para un diálogo que alimente una Reforma Educativa relevante, pertinente y actual desde la cual podamos salir del atolladero en el que nos encontramos. Finalmente se puede cambiar la ley pero si no cambian las estructuras, las creencias y la mentalidad de todos los actores involucrados tendremos un cambio de forma y no de fondo. Lo que debe privilegiarse ante todo, es la búsqueda genuina por mejorar la educación. Y para ello, harán falta algo más que buenas voluntades. Requeriremos además, una buena dosis de apertura y de análisis serio y reflexivo. Después de todo, el cambio educativo muy difícilmente llegará a las aulas si no pasa primero por los profesores y no se transforma toda la ineficacia de un sistema empolvado y rígido. Para ello, tal vez debamos empezar por cambiar las posturas de blanco-negro, ganar-perder y de todo-nada que hasta ahora, no nos han permitido avanzar.









jueves, septiembre 19, 2013

A qué le temen los profesores

Autora: Laura Angélica Bárcenas Pozos
Publicado: Puebla on Line, 27 de agosto de 2013

    Siendo yo profesora normalista, no me queda más que hablar de la Reforma Educativa y las Leyes secundarias que en estos días se han estado discutiendo en el congreso. Diputados y Senadores analizan su pertinencia y la necesidad de echarlas a andar, hasta este momento ya han sido aprobadas dos de las leyes secundarias y la tercera está detenida porque los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) están presionando haciendo marchas y paros para que esta no sea aprobada.
     Sin embargo parece deplorable la actitud que los docentes están teniendo frente a la reforma educativa. La sociedad entera está clara de que en materia educativa no se pueden seguir haciendo las cosas como se venían haciendo y que es necesario un cambio. No solo por los deplorables resultados de las pruebas estandarizadas que en los últimos años se han aplicado en México, sino por la terrible situación social que estamos viviendo, porque cada vez más niños, adolescentes y jóvenes abandonan la escuela porque esta no les significa nada, además de porque los profesores no están respondiendo a las demandas de la sociedad.
     Sin embargo los profesores defienden, como gatos boca arriba, lo que ellos consideran sus derechos laborales ganados, pues la propuesta de ley que está en el entre dicho es la ley general del servicio profesional docente, en donde básicamente se discute "la evaluación y la permanencia" de los docentes en servicio. Ahí se señala, lo que ya se ha dicho muchas veces; que un profesor de educación básica y de educación media superior que no alcance buenos puntajes en sus evaluaciones, será removido, es decir que no estará frente a grupo nunca más.
     Realmente no sé por qué los profesores se sienten tan ofendidos con esta propuesta de ley, según noticieros y periódicos los profesores han estado muy agresivos con quien se acerca a las cámaras o al centro Banamex, a donde tuvieron que ser trasladados senadores y diputados para que pudieran discutir el contenido de las leyes secundarias y en su caso aprobarlas. He visto comentarios de amigos en Facebook que se vieron afectados con las provocaciones y movilizaciones de los docentes. También titulares en los periódicos que ponen en entre dicho la educación de los agremiados a la CNTE, como por ejemplo, "Están muy agresivos, mejor ni decirles nada", que es una nota de opinión en el Excélsior de Francisco Garfias.
     Es una condición normal que tengamos que rendir cuentas de lo que hacemos. Todos los empleados públicos y privados nos vemos sometidos con cierta regularidad a "evaluaciones" que determinan nuestra "permanencia" en nuestros empleos, y cuando no damos el ancho, simplemente se nos despide, ni siquiera se nos remueve, como se indica en la propuesta de ley ya señalada.
     Y aunque los gringos no son mi máximo, pongo de ejemplo lo que hacen en el país del norte para evaluar el desempeño de sus docentes. Cada profesor se tiene que someterse a una evaluación de sus conocimientos sobre los sujetos con los que trabajan, es decir psicología del desarrollo, de técnicas de enseñanza y estrategias para el aprendizaje más actuales, sobre el diseño y composición del currículum en el que trabajan, de la organización de las instituciones educativas en Estados Unidos y del sistema educativo nacional; sobre las políticas educativas y modificaciones que se hayan hecho a las mismas, tecnologías de información y comunicación aplicadas a la educación, entre otras muchas cosas.
     Se someten a esta evaluación cada tres años, porque parten del principio de que en tres años las cosas en educación ya han cambiado de manera significativa y que los profesores tienen que estar al tanto de esto. Claro que no todos los profesores se someten a la evaluación al mismo tiempo, sino que se evalúan cuando ingresan al sistema y de ahí cada tres años.
     Para presentar la evaluación, se registran en un sistema y a vuelta de correo reciben una guía con la información que deben estudiar para presentar la evaluación. Asisten a un centro donde de manera electrónica responden a la prueba. Nadie reprueba, pero están obligados a alcanzar ciertos puntajes de acuerdo a la categoría a la que aspiran a alcanzar. Si no alcanzan esos puntajes, tendrán dos oportunidades más de presentar el examen en un lapso de seis meses, si después de eso no han alcanzado los puntajes, no serán recategorizados y su sueldo no será incrementado, ni alcanzarán la categoría deseada, ni podrán ser removidos de nivel. Es decir esto se gana, no solo por permanecer en el sistema.
     Sin embargo, si en dos rondas de la evaluación los profesores no logran incrementar su categoría simplemente se van del sistema educativo, como en cualquier lugar. Aquí en México a que le temen los profesores, no tienen nada que temer si se preparan para la evaluación, seguro saldrán bien evaluados, de este modo permanecerán en sus empleos y con sus privilegios ganados… como cualquiera de nosotros.
     La autora es profesora de la 
Universidad Iberoamericana Puebla.
     Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com





Apología del magisterio

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicado en Síntesis Tlaxcala, el 10 de septiembre de 2013
Para conocer más datos del autor, haz click aquí

En el país los días pasados han estado marcados por la ruta presidencial y legislativa hacia la aprobación de las reformas energética y financiera, así como la legislación secundaria de las modificaciones constitucionales en materia educativa.
                A propósito de esto han llegado a la capital del país miles de profesores agrupados en torno a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para manifestarse, entre otras cosas, en contra de lo que consideran un equivocado planteamiento en materia educativa y en la forma de instrumentar los procesos de ingreso, evaluación y permanencia en el magisterio.
                Diversos hechos han creado un clima de animadversión frente al profesorado: la toma del Zócalo del Distrito Federal, las manifestaciones y marchas que han llevado consigo desquiciamiento vial y exageración de ánimo entre muchos ciudadanos capitalinos, la suspensión de clases en muchas escuelas en el territorio nacional, así como la forma en la cual los medios de comunicación han enfocado y difundido la información, casi en términos de linchamiento.
            Hoy me parece justo poner en la mesa la otra cara de la moneda. Es necesario decir que los profesores no son el mal necesario de nuestra vida.
Día a día hay educadores que realizan su labor con profesionalidad y entereza. Soy testigo del esfuerzo que hacen por entregar fines de semana para formarse más allá de los cursos de capacitación que les pide al inicio del curso la SEP. Miles de profesores participan en posgrados de profesionalización docente. He visto -por ejemplo- cómo en lugares de Tabasco, Veracruz y Guerrero les supone a muchos de ellos viajar toda la noche, llegar a clase, esforzarse por hablar, discutir, reflexionar, graduarse, incluso cuando en varias entidades este afán no sea contabilizado para el sistema de mejora de salario y condiciones laborales.
                Hay profesores de todos los niveles que se presentan a dar clases en condiciones reales de carencia: sin aulas, sin mobiliario. A lo largo de mi vida he podido atestiguar cómo el esfuerzo de docentes, padres de familia e incluso alumnos ha logrado que de estar arrinconados en una dependencia pública tomando clases o en un terreno mal adaptado se pase tras años de gestión, de compromiso económico incluso, a instalaciones más apropiadas para la tarea educativa.
                También existen profesores quienes a pesar de los años en servicio se cuestionan cómo han de realizar su vocación creando los mejores ambientes para que sus educandos puedan aprender. Intentar innovar en su aula, dar cabida a mayores espacios para el juego educativo, para la participación en la vida social por parte de sus educandos.
                He presenciado el servicio de profesores en comunidades que todavía hoy están lejos de muchas cosas: colaboran en las gestiones con las que se han conseguido la llegada de la energía eléctrica, de los servicios de dependencias vinculadas al agro;  en el archivo del lugar, en la organización de las asambleas del pueblo. Son un referente comunitario.
                Siendo padre de hijas en escuela pública puedo decir sin temor que habiendo trabajadores de la educación que nada debían hacer en sus secundarias y preparatorias, conocí personalmente a quienes no se dejaron llevar por la apatía ni cayeron en la tentación de echar la culpa a los demás, excusándose de una mala docencia porque los otros actúan irresponsablemente y sí dando la cara por su didáctica, por su práctica. Más de una vez han apoyado a chicas y chicos que se han metido en problemas más allá de las aulas y les buscaron ayuda profesional o se ofrecieron a facilitar el diálogo familiar.
                También –y esto es trascendental- hay quienes, a pesar de lo sospechoso que parece socialmente, trabajan para que sus educandos sean más críticos, creativos, libres, capaces de incorporarse a la vida pública como ciudadanos responsables. Que no cejan en la labor política de formar en que una vida con base en los derechos humanos es más que recomendable: necesaria.

                Hoy que en los medios y en el clima social los profesores son vistos con desdén y sospecha nos conviene a todos ser coherentes con la verdad de que junto a nosotros hay mujeres y hombres que responden a la vocación educativa de sumarse a la construcción de pequeñísimos pero reales espacios humanizantes que son la semilla de la esperanza en que un mundo mejor está desde ya cada día también siendo posible.