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lunes, junio 14, 2010

Del dicho a lo escrito contra la obesidad

Autora: Luz del Carmen Montes P.
Publicación: Puebla on line, 8 de junio de 2010
Que nuestro país ocupa el segundo lugar mundial de prevalencia de obesidad ha sido una de las noticias, que en este año, ha dado mucho de que hablar en términos de políticas públicas. ¿Qué se ha sido escrito al respecto desde el sector gubernamental?
     Aunque el problema tiene muchas aristas, se puede afirmar que principalmente está relacionado con dos ámbitos de acción: educación y salud. Si se consultan las páginas web de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de la Secretaría de Salud, se encontrarán tres documentos en los que se plantean estrategias para el combate de la obesidad y el sobrepeso. En este artículo pretendo resaltar rápidamente algunos elementos que influyen en la calidad argumentativa de dichos textos.
      En el “Acuerdo nacional para la salud alimentaria. Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad” publicado por el sector salud, se formulan 10 objetivos prioritarios de los cuales 6 no se pueden alcanzar sólo por acuerdo. Por ejemplo, disminuir el consumo diario de azúcares, de grasas saturadas y de sodio; e incrementar el consumo de frutas y verduras, dependen de hábitos, recursos y decisiones de la población: un error de formulación. El colmo es el objetivo “Mejorar la capacidad de toma de decisiones informadas…” con base en información y alfabetismo en nutrición y salud porque la capacidad de toma de decisiones no se logra sólo porque se tenga información, se logra a través de un proceso educativo que va mucho más allá. Para rematar, en las conclusiones los expertos afirman que para entender el problema “hay que irse a las causas primarias:”, en seguida listan 8 estrategias de mejora y no causas; y continúan con el párrafo: “Todo ello combinado con los factores socioeconómicos y familiares conducen al sobrepeso y la obesidad…”; esto es, dicen que las estrategias combinadas con los factores conducen al sobrepeso y la obesidad ¿No revisaron el documento?
      En “Lineamientos generales para el expendio o distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar de los planteles de educación básica”, se inicia con los nombres de los secretarios de las dos dependencias y con 11 páginas de “considerandos” que según mi interpretación pueden ser muchas razones que conducen al establecimiento de tales lineamientos. Después, hay 26 páginas que contienen un montón de información que está más relacionada con recomendaciones para estudiantes y profesores, padres de familia y autoridades que con los lineamientos prometidos: desde las definiciones de actividad física, obesidad, orientación alimentaria, personal de salud capacitado, etc. hasta principios de alimentación como guardar una dieta correcta, mantener una dieta variada, beber abundantes líquidos, etc. El contenido de este documento está poco relacionado con lo que promete en el título. Aún su “ANEXO ÚNICO” que tiene mucha información técnica sobre requerimientos, alimentos y bebidas, está lejos de servir para regular lo que quieren regular pues no consideran dos aspectos fundamentales: los requerimientos calóricos y nutrimentales y la ingesta total del educando no se satisfacen sólo con lo que los educandos consumen en la escuela.
     Desde esta última afirmación, considero mucho más pertinente el documento publicado por la SEP (ligado también al acuerdo nacional antes citado), y que se titula “Programa de acción en el contexto escolar”, pues tanto en los principios orientadores como en los objetivos que se declaran, se formulan acciones que consideran a los actores como sujetos con capacidad de decisión, se habla de fomentar desarrollo integral, promover acciones de cuidado de la salud, generar y preservar entornos y ambientes saludables, desarrollar competencias en los actores educativos, impulsar la transformación escolar, promover la práctica regular de activación física, impulsar el desarrollo de hábitos alimenticios saludables, etc. El objetivo general tiene atributos de factibilidad desde lo que puede declarar una autoridad y porque se considera a los sujetos que deciden: “Promover una nueva cultura de la salud mediante el desarrollo de competencias para una vida saludable, entre las que destacan las referentes a prevenir, revertir y disminuir el avance en la prevalencia de sobrepeso y obesidad…”
      No se juzgan aquí ni las intenciones ni las estrategias propuestas por el grupo de expertos que asesoran a los secretarios correspondientes, se afirma que los responsables de la redacción de dichos documentos no tienen el cuidado y posiblemente no tienen la preparación para esta tarea, lo que no es un error insignificante.

El campo como solución al problema de desnutrición y obesidad

Autora: Yossadara Franco Luna
Publicación: E-consulta, 10 de junio de 2010.

Hoy se habla de la obesidad y la desnutrición como grandes problemas alimentarios en el país, pero prácticamente se ha dejado de lado otro problema que es tanto o más fundamental, y que podría resolver los dos primeros: la pérdida de la soberanía alimentaria.

     Las raciones de nutrientes de mayor valor biológico como carne, leche, huevo, pescado y frijol que ya de por sí antes de 1982 eran mínimas, hoy han sido severamente reducidas o han desaparecido completamente de las mesas de los hogares mexicanos, lo que ocasiona que una significativa proporción de niños presenten cuadros severos de desnutrición, aún si son obesos.
     Como siempre, la historia puede dar luz para entender nuestros problemas.
     Tras la Segunda Guerra Mundial, entre 1947 y 1965, México asombró al mundo por su elevada tasa de crecimiento agrícola con una expansión media anual del 6.1% en términos del PIB. El llamado "milagro mexicano" significó una pródiga fuente de divisas que financiaron la importación de bienes de capital para el desarrollo industrial en las que más de la mitad de las exportaciones nacionales de mercancías provenía del campo. Éste satisfizo la creciente demanda interna de alimentos y proveyó las materias primas que requería un país en rápida industrialización y urbanización.
     Pero con la reincorporación total de los países europeos y de Estados Unidos al mercado mundial, dejaron de ser necesarios los productos mexicanos en otras naciones, lo que desencadenó, a partir de 1966 hasta 1976, una crisis en la producción de alimentos. A lo anterior hay que añadir la creciente ola de corrupción al interior del gobierno, razón por la cual éste ya no pudo hacerle frente al conflicto económico que se estaba desencadenando. Ambas cuestiones causaron que el país perdiera su soberanía alimentaria y comenzara a depender de la producción extranjera de alimentos.
     La dependencia alimentaria se convirtió así en un serio problema que ocupó un lugar relevante en el ámbito académico y político, y que dio lugar en 1980 a la creación del Sistema Alimentario Mexicano, pero el problema no se resolvió.
     Vemos entonces que las causas de la dependencia alimentaria, derivada de la crisis agrícola, se pueden agrupar en tres grandes rubros. Primero, el gran rezago acumulado durante la larga recesión agrícola de 1966-1976. Segundo, la reducción del subsidio y crédito a este sector, que originó la producción de autoconsumo. Tercero, la demanda interna de estos productos, que creció en proporción superior a la oferta. Era urgente comprar en otros países lo que el nuestro necesitaba.
     Todo ello dio lugar al aumento del consumo de productos de origen extranjero que, aunque más baratos por los altos subsidios inyectados en su país de origen, para las mayorías empobrecidas la factura siguió siendo cara, y razón por la que cada vez se redujeron más las posibilidades de nutrirse mejor. Es por ello que sigue siendo más barato comprar tortas y refrescos que comer sanamente.
    A finales del mandato de Miguel de la Madrid, éste declaró públicamente que la soberanía alimentaria no radicaba en producir alimentos para un país sino más bien en tener la capacidad adquisitiva para comprarlos, pero ¿cómo hacerlo si seguimos sumergidos en una crisis económica de la que desde 1982 no hemos podido salir?
    Dejar de depender de lo que producen otros países y proveernos de alimentos es tarea del campo acompañado por el Estado, el cual tiene que dar un paso decisivo en la planeación y ejecución de políticas públicas dirigidas a este sector porque el problema de la desnutrición y obesidad requiere más que regular tienditas escolares.
     Pero mientras el gran paso se da, en educación hay que hablar no sólo de desnutridos y obesos sino de otra manera de vincularse con el campo, lo cual posibilitaría un nuevo tipo de desarrollo y la solución estructural a algunos de los grandes problemas nacionales. No hemos entendido que muchas de las dificultades de nuestro país, en realidad se han generado por la veneración al estéril asfalto y por no apostarle a la fertilidad del campo.