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jueves, febrero 12, 2015

Tumbas vacías

Autor: Jesús Alejandro Ortiz

La primera vez que fui a El Salvador visité la tumba de Monseñor Romero. El grupo salvadoreño que coordinaba la reunión donde estábamos varios teólogos de América Latina, nos llevó a la catedral donde se encontraba la tumba. Nos explicaron que la tumba estaba en el sótano porque cuando estaba arriba -en la catedral- mucha gente la visitaba y no “dejaban tener misa en paz”, por lo que las autoridades del templo decidieron bajarla al sótano, un lugar oscuro y sucio. Poco a poco, como nos explicaron nuestros guías, fue la gente sencilla la que empezó a limpiar el sótano y hacer de él un lugar digno de Monseñor. Algo ayudó, la visita que hizo Juan Pablo II a la tumba, acto no contemplado en su agenda original, lo cual llevó a los organizadores de la gira arreglar lo mejor posible el sótano. Hay una foto histórica de este momento dónde Juan Pablo II esta hincado ante la tumba rezando profundamente y se puede ver en ella la simpleza del lugar.
              Mientras nos explicaban todo esto, varias señoras, muy pobres y sencillas, barrían y cambiaban las flores de la tumba corroborando lo dicho. A pesar de todo el lugar era especial, se sentía un “aire” ´propio, personal, de misticismo, de religiosidad, un lugar lleno de fe, donde la gente humilde seguía mostrándole a Monseñor Romero su agradecimiento por todo lo que había hecho por ellos.
               Hace poco visité de nuevo este país y volví a ir a la tumba de Monseñor. Y vi todo diferente. Han hecho de la tumba todo un paseo turístico. Llena de luces, de vitrales, de pinturas, parece más una galería de pinturas devotas que la tumba de un mártir. Aún en el sótano, la tumba ya no está en el mismo lugar ni es la misma que yo visité la primera vez. La reubicaron al final del sótano y ahora la tumba es una obra de arte en bronce, donación generosa de unos creyentes italianos con un diseño que no a todos nos gusta. En esa ocasión vi más turistas que creyentes, más extranjeros que gente del pueblo pobre salvadoreño.
               También en esta ocasión tuve guías locales que me explicaron algo muy curioso sobre la primera tumba. Me decían que los restos de Monseñor no estaban en ella tal cual sino en un montículo de cemento que estaba al lado de la tumba, que la gente utilizaba para sentarse o poner cosas. Esto se debió, según mis interlocutores, al miedo que tenía la gente de que le pusieran una bomba a la tumba y volara todo, me decían: “eran tiempos que querían desaparecer por completo a Monseñor”.
             Este dato me hace pensar en los relatos de la resurrección del Señor y en especial en el relato de la tumba vacía, relato que quiere dar a entender que Jesús no está muerto, no está en una tumba, sino que ha resucitado y que está vivo, que no debemos buscar en el lugar de los muertos al que está vivo. Hermosa reflexión de los primeros tiempos del cristianismo. Esto mismo es lo que pasa con Monseñor Romero, su tumba que muchos visitamos y rezamos estaba vacía, él no estaba ahí lo pusieron a un lado por miedo a la bomba, pero viendo ahora la nueva tumba me queda más claro todavía. Monseñor Romero no está en su tumba, él como Jesús, el como seguidor que da la vida por Jesús, está vivo, ha resucitado. Él ya no está en esa artística tumba. Él está entre su pueblo, caminando como uno más. Él mismo lo dijo cuándo expuso que era amenazado de muerte y poco antes de que lo mataran “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.
              Ahora que el tema de Monseñor Romero volvió a los medios de comunicación por su beatificación, el Papa Francisco ha dejado claro que Monseñor Oscar Arnulfo Romero, es un “hombre de Dios”, de manera que ha desbloqueado su proceso de canonización iniciado desde 1994 y obstaculizado desde 1995. Francisco ha dicho que puede continuar el proceso no siendo necesario un milagro para volverse santo sino que su sólo testimonio (mártir en griego) al ser asesinado (odium fidei= odio a la fe) por ejercer su ministerio de obispo al lado de los pobres lo hace santo. De esta manera Francisco reconoce a nivel “universal” lo que el pueblo pobre salvadoreño ya sabía desde 1980: Monseñor es un santo. El pueblo pobre lo sabía antes y desde entonces su presencia, no su tumba, es la que los anima a seguir adelante en su difícil vida cotidiana.  

martes, septiembre 02, 2014

El Papa Francisco y su modelo eclesial

Autor: J. Alejandro Ortiz Cotte
Publicado en Puebla on line, el 27 de agosto de 2014

No hay duda de que el Papa Francisco sigue siendo noticia en el mundo occidental. Lo fue desde su primer día como Pontífice. Desde entonces frente a sus acciones existe un gran abanico de interpretaciones en torno a él; en un extremo están aquellos que ven en él, y en sus manifestaciones, la posibilidad de un cambio radical en la Iglesia católica. Hablan de él no sólo con respeto y admiración sino con mucha esperanza. En el otro extremo están aquellos que ven en él y sus acciones actos diabólicos. No, no es broma, es en serio. Solo hace falta que uno se asome al internet y vea videos, blogs, páginas webs que lo identifican como masón, como marxista, como enemigo de la ”verdadera” iglesia, hasta es parte de la horda extraterrestre que vienen a dominarnos. Es ridículo pero es cierto.
         Lo que podemos deducir de esto es que ciertamente hay un buen sector de la religión católica que esta incómoda, enojada, con su estilo de pontificado. Podemos decir que la tendencia conservadora es aquella que no solamente no sabe qué hacer frente a su gestos cada vez más evangélicos y desde una clara opción por los pobres, sino que también empiezan a reaccionar si no frontalmente sí indirectamente en su contra. No han de estar nada contentos con las pocas reformas estructurales que ha empezado a tramitar. Pocas pero valiosas y medulares.
           En medio de estas dos posturas de los extremos existen una gran variedad de posiciones y opiniones. Para algunos es una noticia más, otros no logran identificarlo con algún grupo o tendencia política, para otros es un tema actual del orden mundial y lo siguen en los diferentes espacios noticiosos. Pero lo que sí es cierto es que resulta difícil de catalogar como Papa. Pero ¿se puede analizar “racionalmente” un pontificado? ¿Cómo? ¿Desde qué parámetros?
          En la teología, que es un discurso racional de la fe, se puede hacer. Dentro de los estudios de esta disciplina académica existe un campo de estudio llamado Eclesiología, es decir, estudio o tratado sobre la iglesia. Desde aquí se estudia, se analiza, se justifica, se evalúa el actuar histórico de la iglesia y se discute si este caminar en la historia es coherente y consecuente con las enseñanzas de Jesús de Nazaret, origen, sentido y fundamento de la existencia de la iglesia.
          Una ayuda para este análisis eclesiológico es la categoría “modelo eclesial”. Un modelo eclesial es la postura que tiene la iglesia católica frente al mundo en un momento determinado histórico. Esto significa que en diferentes momentos de la historia, la iglesia ha optado por diferentes actitudes frente a la realidad social (mundo). Una clasificación ya clásica y muy tomada en cuenta es aquella que identifica cuatro modelos eclesiales: el modelo de cristiandad, el modelo de neo-cristiandad, el modelo del Vaticano II y el modelo latinoamericano o de la iglesia de los pobres.
         En el primero la relación es “Iglesia Y Mundo” esto significa que la Iglesia se siente de igual importancia que el mundo y sus poderes terrenales, su relación es de Reinado a Reinado, pero un reinado diferente, este es sagrado frente al mundo profano, donde está el pecado a diferencia de la iglesia, en la que está la salvación. Se debe distinguir entre “las cosas de Dios y las del mundo”, y se nos pide optar: “vivir como el mundo (en pecado) o vivir según los mandamientos de la santa iglesia”.
         En el modelo de neo-cristiandad la relación es “Iglesia VS Mundo” significando que la Iglesia se siente superior a la realidad social, expresando su máxima “fuera de la iglesia no hay salvación”. La actitud que se pide es de ser un combatiente, un guerrero de la fe, alguien que lucha contra los poderes del mal existentes en la historia humana. El fanatismo es uno de los ingredientes de este modelo.
          En el tercero las cosas cambian radicalmente. En este modelo nacido del Concilio (reunión de todos los obispos del mundo) Vaticano II (1962-1965) la iglesia dio un vuelco y trato de “aggionarse” es decir de acomodarse al mundo de ese entonces. Fue así que vinieron grandes cambios eclesiales, entre los que destacan celebrar la misa en la lengua de cada pueblo, transformar los cantos de las liturgias por cantos populares para motivar a una mayor participación en ellas, se transformó la idea de revelación sagrada, de la iglesia misma y de su actuar en la historia. En este tercer modelo eclesial la relación es: “Iglesia EN EL mundo”. La iglesia toma una postura de SERVICIO a la humanidad histórica, encarnada, real.
         Tres años más tarde bajo la misma lógica y dinámica del Vaticano II se reunirán solamente los obispos de América Latina y el Caribe y celebrarán en la ciudad de Medellín, Colombia su segunda reunión como conferencia episcopal Latinoamericana (CELAM) en 1968. Aquí surgirá el último modelo a analizar que implica asumir toda la novedad y actuar histórico del Vaticano II (modelo eclesial anterior) con la realidad propia latinoamericana, por tanto desde una clara opción preferencial por los pobres. De esta manera la relación es “Iglesia EN EL Mundo DESDE LA OPCION POR LOS POBRES”.
         Podemos ir adelantando que el Papa Francisco transita entre el modelo eclesial del Vaticano II y el Latinoamericano. Esto es bueno y es un avance frente a los pontificados anteriores que fueron de cristiandad y de neo-cristiandad. Corren nuevos vientos de esperanzas y alegrías con el Papa Francisco, aunque ciertamente existe una iglesia de cristiandad escondida, todavía muy fuerte y que hace todo lo posible por ir en contra de su modelo eclesial y echarlo abajo. Es cuando sus palabras son una invitación para los que creemos que es posible una iglesia diferente: “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada” (Evangelium Gaudium, 109).  Actuemos pero con la alegría del evangelio. Amén.

jueves, junio 12, 2014

¿Semana de pascua?

Autor: Alejandro Ortiz Cotte
Publicado: lado b, 22 de abril de 2014

     La semana de pascua siendo la de mayor importancia en la fe cristiana se ha vuelto una semana marginal en la práctica religiosa del cristiano contemporáneo. En esta semana recordamos con alegría que el “crucificado” resucitó. Que la vida del hombre que amó al extremo no terminó en la injustica humana sino en el abrazo amoroso y salvífico de Dios. No es cualquier acontecimiento es el Acontecimiento cristiano por excelencia que junto con la encarnación nos vienen a indicar que Dios nos ama hasta el extremo. Esta es nuestra fe e implica toda una revolución teológica en la historia de las religiones. Para nosotros los cristianos el mal no tiene la última palabra, la injusticia no es el último paso, sino que es el amor, la misericordia, la justica las que prevalecen al final de todo tiempo. Sabemos que Dios detesta la injustica y conspira con nosotros para erradicar toda nueva “crucifixión injusta” y eso nos hace no solo creyentes sino activistas por un mundo mejor. Esta debería ser la semana mayor, la semana central, la fundamental para celebrar nuestra fe cristiana.      Pero no es así. Es una semana intrascendente para las mayorías cristianas lamentablemente. Esto se debe a diferentes causas. La primera es que estamos acostumbrados a celebrar la semana santa, es decir la pasión y muerte de Jesús pero no su resurrección. Recordemos que nuestra fe implica los dos momentos: creemos que “Jesus es el crucificado resucitado”. Esta visión parcial se debió a gran parte a los primeros misioneros en tiempos de la conquista y sobre todo de la colonia, que utilizaron los acontecimientos de esta semana (el templo, el lavatorio de los pies, la última cena, el viacrucis, etc.) como un medio evangelizador y catequético para los pueblos conquistados y desarraigados de sus usos religiosos propios. Aprendieron la nueva fe católica representando la vida de Jesús. Representación que resultó en identificación, ya que el pueblo empobrecido y violentado  vio más cercano a su realidad al Cristo crucificado y sufriente que al Señor pleno y resucitado. No sólo lo representó sino que se identificó con él. Esta identificación fue rápida y palpable, experimentaron que había un Dios que había sufrido tanto como ellos y estaba de su lado. Así es el pueblo mexicano. Esto lo encontramos escrito también en el relato del Nican Mopohua dónde Juan Diego le dice a la “señora del cielo” que ella también –como él- es “la última”, “la más pequeña”, ya que el señor obispo Zumárraga no les creyó, son ignorados, invisibles, para el poder eclesiástico. Las coas no han cambiado  y el pueblo, desgraciadamente, sigue recreación ese viacrucis en sus vidas todos los días. Pero no debería acabar así, deberían de completar el proceso con la resurrección y saberse dichosos que Dios no los dejará en la crucifixión eterna ni el viacrucis continuo, sino que los resucitará no al final de la historia sino en su historia próxima para que comprendan que Dios es justo y amoroso. También tuvo que ver, que a muchos pastores, obispos y señores católicos, les convino que ese pueblo pobre se quedara solamente con la identificación sagrada del sufrimiento y no avanzará hacia una plena identificación con la resurrección de Cristo. Tal vez pensaron que es mejor para un pueblo hambriento una visión de Dios que los invita a sufrir, que una donde Dios los encamine hacia su liberación, hacia su resurrección.
     Esto por el lado religioso, por el lado secular tenemos dos factores que han ayudado a que la semana de pascua no sea significativa para las mayorías. El primer factor es que para muchos la semana santa es una semana de vacaciones. Su significado central es descansar, viajar, convivir. En cambio la semana de pascua es tiempo de “regresar” a trabajar y por tanto a la cotidianeidad. Lo novedoso es la semana santa, lo “normal” es la de pascua. El asunto religioso en ambas semanas es un asunto relegado, visto con respeto pero que en realidad es secundario. En la semana santa los oficinistas y los “clases media” gastan dinero, tiempo, energía y, en penosas ocasiones sus vidas enteras, para ir a algún centro turístico y “salir” de su contexto cotidiano. No les importa derrochar horas en las pésimas carreteras que tenemos, no les importará gastar su dinero (o saturar su tarjeta de crédito) en hoteles, comidas y traer algunos recuerditos del viaje, con tal de “salir”, lo que no debe de fallar, en estos tiempos digitales, son las fotos que se deberán tomar con el celular y “subir” a todas las redes sociales posibles, de modo que todo “su” mundo se entere dónde estuvo en vacaciones. Se cansarán de las vacaciones y regresarán un poco más estresados al trabajo ignorando la importancia de la semana de resurrección. Por tanto la semana de pascua es la semana donde se acaba lo divertido, el descanso, la convivencia. Para esta tribu urbana de clase medieros su forma de vivir la pascua es consumiendo (comprando) huevos de pascua. Este es el segundo factor de olvido. Esta tradición más norteamericana que latinoamericana, más de espacios  urbanizados y por tanto más consumistas, se ha vuelto una tradición mucho más vistosa y “cool” que el recuerdo del resucitado. Sabemos que el huevo significaba para campesinos y gente de campo el “renacer”, la gestación y el nacimiento. De ahí que para esta gente de campo los huevos fueron un excelente símbolo de resurrección. Esto se empezó a olvidar ya que muchos ignoran el significado de los “huevos de pascua” actualmente. Así sin saber su significado consumen una tradición transformándola en un simple acto consumista, haciendo que la semana de pascua pierda toda su fuerza y sentido original.
La invitación es volver al evangelio y recuperar la alegría de la resurrección, que para estos tiempos injustos y violentos sigue siendo la mejor expresión cercana y amorosa del Dios cristiano.
El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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jueves, junio 05, 2014

¿Canonizar hoy?

Autor: Alejandro Ortiz Cotte
Publicado: e-consulta, 20 de  Mayo 20 de2014
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     En abril pasado, fueron canonizados dos ex papas, Juan XXIII y Juan Pablo II. Esto acarreó una avalancha de reflexiones y escritos. La mayoría de éstas no encontraban ningún inconveniente respecto a Juan XXIII, en cambio la de Juan Pablo II (JPII) fue severamente cuestionada, sobre todo por su encubrimiento a Marcial Maciel, pederasta y fundador de los Legionarios de Cristo. Tema que no tocaron obviamente los fervientes admiradores de JPII en la amplia cobertura que los medios de comunicación dieron a estas canonizaciones.
     Creo que hay mucho material sobre este tema y no voy a redundar sobre ello. Más bien quiero reflexionar lo que considero el tema de fondo: que es el mismo hecho de la canonización. Las preguntas que surgen son: ¿en qué contexto surgen las canonizaciones? ¿Para qué son? ¿Qué procesos siguen? ¿Sigue siendo necesario el proceso de canonización hoy? ¿Cuáles serían los principales inconvenientes de una canonización hoy?
     1. El proceso de canonización es una construcción en el tiempo y espacio por parte de la jerarquía eclesial católica. No es una orden directa de Jesús o continuación de una acción que él primero empezó. Ciertamente dijo en Mateo (5,48) “sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo” y en versión de Lucas (6,36) “sean compasivos como es compasivo el padre de ustedes”; perfectos o compasivos pero jamás dijo: “y hagan de esto un proceso burocrático en el Vaticano”. Muchos defensores de los procesos de canonización toman este versículo, solo el de mateo, el de los perfectos, como una orden de Jesús y pierden de vista lo más importante. Creen que el objetivo del cristiano es la perfección y esto, además de falso,  es muy peligroso ya que ha llevado, como sabemos en la historia de la iglesia, a un desprecio por todo aquello considerado impuro o que causa pecado y que pueda interferir con una idea de la perfección.            Durante mucho tiempo la idea de santidad se pensaba desde el criterio de la abstinencia, del sacrificio, de una penitencia rigurosa. Idea muy oriental pero muy alejada de la práctica histórica de Jesús. Jesús comió y comió bastante (Lc 7, 34), y fue criticado en su tiempo por eso, se le acusaba que no le pedía a sus discípulos que ayunaran: “Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero LOS TUYOS NO SE PRIVAN DE COMER Y BEBER” (Lc 5, 33), y no comía para santificarse sino que al contrario al comer con publicanos y pecadores (Lc 15, 1-3) él mismo se contaminaba más desde la lógica religiosa dominante. Uno pregunta entonces ¿cuál fue la virtud de ciertos santos que fueron canonizados por su vida ejemplar y revisando su vida histórica vemos que al contrario del maestro (Jesús de Nazaret) su ejemplaridad fue la abstinencia radical, como aquellos que no comían por largas temporadas o solo comían una vez al día, que no utilizaban, ningún abrigo para calentarse, sino solo los rayos del sol en invierno. Quiero decir que si revisamos nuestro santoral ubicaremos a santos desconocidos, con virtudes que francamente no se le encuentra lo evangélico. Otra cuestión sería ¿por qué no hay una causa donde la santidad se mida por la compasión y misericordia como dijo Jesús en versión de Lucas?
2. Comparando la vida histórica de Jesús con los criterios de canonización actuales uno empieza a dudar si en verdad el proceso que lleva a cabo la Congregación para la causa de los santos es coherente con Jesús o pensando más global si la sólo idea de santidad es la que hay que cuestionar, ¿quién decide la santidad? Ivone Gebara preguntó recientemente “¿será que todavía necesitamos canonizaciones?”. No digo que no busquemos ser mejores. Ni digo que no existan verdaderos “santos” o “mártires” en nuestra historia eclesial, lo que digo es que el proceso mismo está cargado de dudas y que el solo hecho de premiar la santidad lleva fuertes contradicciones. Dudas, contradicciones como los milagros, las reliquias, el costo de los procesos jurídicos para realizar la canonización, etc. También hay preguntas de fondo ¿por qué a Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, grupo integrista católico, confesor del dictador franco, su canonización fue de las más rápidas en tiempos de Juan Pablo II? Será porque esta orden ayudó con dinero al Vaticano después del fraude del Banco Ambrosiano? Solo son preguntas o ¿por qué el proceso de Monseñor Romero es de los más largos de la historia? Será porque es identificado como obispo de los pobres, obispo de la teología de la liberación.
     Se dice, sobre todo entre los más conservadores, que un santo es una intermediación con Dios ya que está probada su santidad. Esto suscita varios problemas. El primero es si necesitamos intermediadores con Dios, según los evangelios no (recordemos Lc 11 cuando dice “cuando se dirijan al padre háganlo de este modo…”), segundo ¿se puede probar la santidad de alguien? ¿Quién aprueba? ¿Quién lo aprueba a él? El vaticano y su burocracia ¿están en condiciones de hacerlo después de tantos escándalos? En fin creo que la idea de canonizar tuvo su sentido en las primeras comunidades primitivas, recordar a los que dieron testimonio (se dice mártir en griego) fue importante para consolidar el seguimiento cristiano en tiempos de persecuciones, pero después se convirtió en algo muy complicado y se desvirtuó totalmente siendo un proceso muy incoherente con la propia enseñanza de Jesús. Actualmente no ayuda a madurar la fe del creyente, lo mantiene con una teología medieval (milagros y reliquias), no favorece un cambio en las estructuras eclesiales jerárquicas, ni erradica las ceremonias llenas de lujos (basta ver las ceremonias de canonización) como quiere Francisco, ni ayuda a fortalecer un seguimiento cristiano responsable, consciente, critico, compasivo como quería Jesús. Concluyo diciendo que siento pena por Juan XXIII, un papa tan bueno que fue utilizado para balancear una de las canonizaciones más controvertidas (por su peso político de derecha) de la Iglesia.
El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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jueves, abril 03, 2014

El México lleno de sangre

Autor: Alejandro Ortiz Cotte
Publicado: La Primera de Puebla, 21 de marzo de 2014

     El mundo está en crisis y en cambio constante por lo mismo. Si 
bien es cierto que la crisis económica siempre se ha vivido en la 
mayoría de las familias del mundo, esta situación empeoró en 
2008 cuando explotó, en el corazón del sistema económico 
dominante, el escándalo financiero de Wall Street y de sus 
instituciones bancarias. Explotó la burbuja, el sueño, el engaño. 
El sistema quedó al descubierto y se pudo observar su estado 
vegetativo. Nuestra economía es como una economía zombi, es 
decir una economía muerta pero resucitada artificialmente y que 
necesita de la sangre humana para seguir viviendo. Podemos 
decir que este sistema financiero global se mantiene vivo no por 
su propias fuerzas ni por estar vivo sino porque los principales 
actores del mundo lo oxigenan artificialmente. A estos actores 
les conviene mantenerlo vivo ya que siguen ganando millones de 
dólares a costa de todos los seres vivos del planeta. La crisis es 
real y se empeorará en algunos años por la carestía del petróleo 
y del agua, y por el calentamiento global que está 
desapareciendo los equilibrios básicos que necesitamos para 
mantenernos vivos.
     La desnudez del sistema económico dominante dejó claro 
muchas cosas. Lo primero es que confirmó que quien manda en 
el mundo son las grandes trasnacionales, las grandes 
corporaciones, y todos los demás están a su servicio. Y cuando 
estos grandes emporios entran en situación de muerte son los 
propios Estados los que los resucitan. EU inyectó de sus arcas 
millones de dólares para que no se muriera definitivamente su 
economía. Y eso hacen todos los gobiernos que sirven al 
mercado: mantenerlo vivo con dinero de sus pueblos. 
Recordemos la resurrección que dio el gobierno mexicano a los 
bancos con el FOBAPROA no importando bajar el nivel de vida de 
todos nosotros.
     Lo segundo es que esta comprobadísimo que el sistema 
financiero dominante no sirve para generar riqueza compartida 
sino especulaciones privadas con las cuales se genera mucha 
riqueza para muy pocos. Las elites no requieren trabajar sino 
mantener un sistema en descomposición a nivel mundial a costa 
de generar desempleo, exclusión, violencia y pobreza en sus 
países, y con ello conservar sus privilegios y status global. Las 
consecuencias es el agravamiento de la vida cotidiana de los 
pueblos. La gente no pelea ahora por una vida mejor sino por 
una
vida mínima. Lo que se desea es una vida normal: tener 
empleo, seguir pagando la casa, seguir mandando a los hijos a la 
escuela, comer tres veces al día, etc.
     La gente común en México, esa gran mayoría que vive en 
pobreza sobrevive de manera sorprendente y a la vez paradójica. 
Un trabajador mexicano necesitara ganar cuatro días de salario 
mínimo para poder pagar un tanque de gas de 20 kg. Podrá si 
desea tener el lujo de una alimentación
sabrosa destinar un 
día de salario mínimo a comprar un kilo de limones. Muchas veces 
necesitara de la amistad y solidaridad del dueño de la tiendita de 
la esquina que podrá fiarle alguna sopa, algunas galletas, algún 
refresco, pero esto cada vez será más raro, ya que estas 
tienditas, burbujas económicas del pueblo, están siendo 
acabadas por las tienditas de
conveniencia que no permiten 
estos excesos humanos.
     Sus hijos tratarán de estudiar y vivir normalmente aunque 
seguramente formaran parte de ese gran bloque humano llamado 
pobreza infantil, (70.5 millones en América Latina) bloque 
injusto y cruel que se caracteriza por estar mal alimentados, sin 
condiciones materiales para un buen aprendizaje ni mucho 
menos para un mínimo desarrollo humano, posiblemente no 
sabrán ni leer ni escribir realmente.
     Curiosamente la característica principal de México en estos 
momentos no es el empobrecimiento, que se calcula en 55% de la 
población, donde el 27% vive en pobreza extrema. No es este 
rasgo el sobresaliente sino la violencia. La versión oficial del 
actual gobierno la describe como
alto nivel de violencia. Los 
datos oficiales son que en el sexenio de Calderón se cometieron 
10.6 millones de delitos, donde 8 de cada 100 fueron 
denunciados y sólo uno de esos cien fue castigado. El secuestro 
se incrementó un 83% el robo con violencia 65%, la extorsión 40%, 
los delitos sexuales 16%. Hubo cerca de 23,000 ejecuciones y el 
resultado oficial de la guerra de Calderón contra el narcotráfico 
fue de 70,000 personas, donde todavía hay 9,000 sin identificar. 
Datos no oficiales, pero más exactos a la realidad, calculan que 
en el sexenio de Calderón se acumularon 12 millones de víctimas 
de la violencia, de éstas 3 millones sufrieron directamente un 
delito de alto impacto y el resto, 9 millones, son las que padecen 
junto a ellas las consecuencias físicas, emocionales, económicas 
y sociales, lo anterior a pesar de haber invertido en el sexenio 
810 mil millones de pesos en seguridad. Sólo en la cuestión de la 
guerra contra el narcotráfico los saldos según la organización 
México evalúa son de 101 mil 199 personas asesinadas, los 
homicidios dolosos aumentaron 35% con respecto al sexenio 
anterior y 344 mil 230 personas quedaron huérfanas, viudas o sin 
sostén económico. El gobierno de Estados unidos ha calificado a 
la guerra contra el narcotráfico como no exitosa. En Irak 
ocurrieron 12 asesinatos por cada 100 mil habitantes, mientras 
que en México el número fue de 18 por cada 100 mil.
     Y lo está volviendo hacer. La disminución de noticias de 
ejecuciones en los medios de comunicación no significa que se 
ha parado esta dinámica de muerte sino que es parte de una 
estrategia de no visibilizar las ejecuciones en el país. En el nuevo 
sexenio, en primeros meses llevamos 2,821 personas ejecutadas
     Ahora empezamos las reacciones del pueblo ante esta vida de 
miseria y crueldad. Es un México lleno de sangre.
El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla. 
Este texto se encuentra en: 
http://circulodeescritores.blogspot.com
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lunes, febrero 17, 2014

Entre la rebeldía social y la devoción religiosa sumisa.

Autor: Mtro. Alejandro Ortiz
Publicad: Síntesis Puebla, 06 de febrero de 2014

     Con mis alumnos estamos viendo cómo la fe cristiana, sobre todo la católica, ha sido un factor predominante en la construcción de la llamada cultura latinoamericana y caribeña. Ha servido tanto como elemento justificador de la dominación como factor de rebeldía y revolución contra los poderes dominantes. Analizando el periodo mal llamado de “conquista”, descubrimos que en realidad fue una invasión con su consecuente genocidio, ya que se trató de desaparecer conscientemente la población originaria con los métodos más sangrientos y bárbaros de aquella época con la justificación religiosa de evangelizarlos. Se calcula que de los 70 millones de habitantes originarios solo quedaron 3.5 millones. Esto implica que solo el 5% de los pueblos originarios sobrevivió al dominio europeo. Algunos cálculos mencionan el 10% de sobrevivientes, en cualquier caso la idea de genocidio se sustenta.
     ¿Qué paso con ese resto de población? ¿Cómo sobrevivieron? Un porcentaje de ellos huyó a las sierras y montañas. Sobreviviendo de forma clandestina, atacando a las nacientes haciendas, robando sus ganados, quemando sus capillas e iglesias y manteniendo sus creencias como motor de resistencia. Otro porcentaje importante de sobrevivientes adoptó la cultura dominante como la propia, adoptando a la vez sus creencias (la fe católica) y aceptando su condición de siervos (cuasi esclavos) en la sociedad colonial latinoamericana. Y la tercera opción fue la simulación. Muchos simularon su dominación política y religiosa. Hicieron creer que aceptaban las leyes virreinales y que se habían convertido al catolicismo. Esta simulación hizo que el vivir con dos “caras” fuera normal en la cotidianeidad en la Colonia.
     Esto que pasó hace más de cuatrocientos años parece que hoy se vuelve a repetir. Y aunque no somos una “colonia” europea, si seguimos dependiendo de otros macro-factores económicos transnacionales, haciendo que las mayorías latinoamericanas y caribeñas sigan estando excluidas y en pobreza extrema. Ante esto seguimos viendo las reacciones anteriores. Los rebeldes son los grupos de autodefensas que cansadas de vivir sometidas a grupos de narcos se alzan en contra de ellos, otros siguen simulando y otros siguen más preocupados por cumplir con los preceptos religiosos que por la realidad social. Fui a una misa y me quedo claro al ver un rito frio, alejado de la realidad, con una teología medieval, poco renovada, poco dialogante con el mundo moderno (el padre no hizo ninguna referencia a lo social) con una pastoral organizada para que la gente mantenga una fe más mágica que madura, ya que estaba todo su equipo laical más preocupado por organizar el rocío de agua bendita para los “niños Dios” que la gente llevaba a bendecir, que por comprometerse con algo más necesario. Así vivimos desde hace mucho tiempo entre la rebeldía social y la sumisión (cuasi esclavitud) religiosa.



jueves, enero 16, 2014

De Jorge a Francisco. Comprendiendo el pontificado actual

Autor: Alejandro Ortiz Cotte
Publicado: lado B, 04 de diciembre de 2013
Parte I de III

     Para comprender mejor el impacto que han tenido las acciones emprendidas por el Papa Francisco debemos enmarcarlas desde la historia. Jorge Mario Bergoglio nacido un 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, Argentina, ordenado el 13 de diciembre de 1969 como sacerdote jesuita, nombrado obispo el 27 de junio de 1992, fue elegido, como el papa número 266 en la historia católica, el 13 de marzo del 2013 tomando el nombre de Francisco.
     Desde entonces el Papa Francisco ha realizado gestos que han llamado mucho la atención, tanto a la feligresía católica como a cualquier observador social. El objetivo de estas líneas es brindar contextos históricos para que cada lector juzgue qué tan grande, qué tan necesaria o qué tan novedosa han sido las acciones realizadas en este periodo papal que va a cumplir 9 meses.
     Invierno eclesial. Lo primero que debemos entender es que venimos de dos papados muy conservadores, el de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI, ambos con una postura eclesial y teológica peleada con el "mundo" y sobre todo con los avances de la modernidad. Desde hace 35 años (27 años de Juan Pablo II y 8 años de Benedicto XVI) la iglesia católica se ha cerrado a ver la dinámica religiosa contemporánea, leyendo la realidad centrada en sí misma y siendo ella misma su única referencia válida para discernir la verdad; se ha considerado y proclamado como Madre y Maestra y pocas veces como hija y aprendiz; ha formado a sus seminaristas, sacerdotes y religiosos de la manera más conservadora que ha podido, cerrando a la vez los centros de formación teológica y seminarios progresistas que podían haberle ayudado a una acción pastoral más congruente y más profética para estos tiempos actuales; ha nombrado a obispos más por sus virtudes de fidelidad y obediencia ciega, que por su inteligencia y apertura; castigando, callando y prohibiendo el pensamiento de los grandes teólogos y de las grandes teólogas, impidiendo dar sus cátedras en cualquier espacio o medio católico. Promoviendo una postura rígida, cuadrada, cerrada, medieval frente al mundo moderno y a sus dilemas éticos; defendiendo los derechos humanos en la sociedad pero solapando y encubriendo abusos sexuales y corrupciones al interior de la Iglesia. En este tiempo prevaleció la censura, la mordaza, la persecución, el silencio inocente, la humillación patente. Con razón se le ha denominado a esta etapa "invierno eclesial". Ahora se puede entender por qué las acciones del Papa Francisco han resultado tan refrescantes, tan llenas de aires nuevos en un contexto inquisitorial de la iglesia. Se ha cuidado mucho en maldecir y en perseguir como sus antecesores, ha pedido una iglesia abierta, profética, misionera, atenta a los signos de los tiempos. El año próximo se realizará el Sínodo sobre la familia y para tomar en cuenta la realidad ha mandado a sus obispos y a la feligresía toda, un cuestionario bastante ambicioso que brinde la información que se necesita para comprender la complejidad de las familias actuales que necesitan una mirada teológica y pastoral muy diferente a la actual. Este acto ha sorprendido a muchos. Pero resulta muy gratificante que el obispo de Roma pida nuestra opinión para un tema muy importante. Será otra cosa como se reúne, se sistematiza y se analiza toda la información recibida. Algunos han dicho que con este papa se está inaugurando una nueva primavera eclesial.
     Lo mediático. El uso de los medios de comunicación ha sido gradual en la historia eclesial católica. Para papas que salían poco o nada de sus recintos pontificios, como Pío XII, la radio era un excelente medio de llegar a muchos lugares lejanos. Pero el maestro de los medios fue Juan Pablo II. Un papa con fuerza para viajar, con claridad mental, políglota con fluidez en más de diez lenguas, teatral en el mejor sentido de la palabra (es decir haciendo gestos y movimientos atrapando un auditorio masivo) y con mucho carisma, hizo que la Iglesia católica a partir de 1978 volviera a colocarse como protagonista en el mundo geopolítico de ese entonces. Benedicto XVI, aun siendo una persona con poco carisma, supo utilizar adecuadamente la inercia de los medios para seguir expresando masivamente su mensaje. Por ello cuando se pregunta si el papa Francisco es producto de lo mediático creo que se desconoce la historia reciente de la iglesia católica. Ella comprendió, rápido y bien, la fuerza que dan los medios de comunicación desde hace mucho. Ahora con el Papa Francisco se sigue el camino aprendido y se está abriendo al uso de las redes sociales y el internet. (Por cierto su twitter es @pontifex_es por si quieren seguirlo) Francisco sabe que si se quiere dar una imagen diferente de la iglesia no basta hacer acciones distintas sino mostrarlas al mundo entero. Siempre será arriesgada esta estrategia secular pero los resultados (masivos, potentes) valen la pena. Pero su mayor fuerza es su propio testimonio y eso parece que es la novedad. Que un papa hable de la pobreza no es una gran sorpresa, pero resulta realmente sorprendente cuando no sólo habla de la pobreza sino que la vive y la promueve, luchando contra la lógica predominante de los obispos de vivir como príncipes. El estilo de vida que tiene el papa actual y sus mensajes coherentes con la pobreza y hacia los pobres (como el llamado ahora "evangelio de Lampedusa") no deberían ser sorpresas o buenas noticias sino exigencias mínimas para quien ostente el cargo de obispo y más si es el de Roma. Nos acostumbramos a un estilo ostentoso, imperial y poco evangélico de ver a los obispos rodeados de lujo, creo que con el Papa Francisco hemos vuelto a la normalidad y no al revés.

Universidad Iberoamericana

martes, diciembre 04, 2012

189 años de la doctrina más perversa

Autor: Alejandro Ortiz
Publicado: en lado B, 27 de noviembre de 2012

     No todas las doctrinas tienen como fin educar y formar a las personas. Hay una en especial que ha sido la justificación de la intromisión norteamericana en la vida de los países latinoamericanos y caribeños por decenios de años. Fue un 2 de diciembre de 1823 cuando el quinto presidente de Estados Unidos de Norteamérica, James Monroe, pronunció la famosa frase “América para los americanos” y con ella empezó Estados Unidos a escribir en la historia latinoamericana y caribeña el horror y el terrorismo con letras de sangre. Doctrina escrita por John Quincy Adams, pronunciada por Monroe, cumplirá este próximo 2 de diciembre 189 años de nacimiento maldito. Creo que debemos recordar este “anti-aniversario” de manera que conozcamos uno de los principales factores que han hecho que nuestro continente no pueda solucionar sus problemas e inercias negativas y siga viviendo a las sombras de la democracia y de la equidad social.
     Empezó la frase siendo un grito de defensa ante la presión de Europa y en especial de Inglaterra de intervenir política y militarmente a América Latina. Fue entonces un llamado a que sólo los americanos podían y debían solucionar sus problemas sin “ayuda” de nadie más. Recordemos que eran tiempos de “independencias” en América. Empezando por Haití, el continente se vio envuelto de una dinámica libertaria, insurgente, emancipadora. Hoy diríamos que fue un momento de primavera política, era un tiempo “americano” para los americanos. Recordemos que no sólo las motivaciones criollas fueron las que originaron estos movimientos, sino también una sed de liberación de parte de los pueblos empobrecidos por las dominaciones europeas. Sed que sigue sin apagarse.
     Revisando las justificaciones de las independencias en varios países de América encontramos un elemento religioso. Casi en todos los procesos libertarios, se justificaba que dios quería la emancipación de sus pobladores y por eso “prometía luchar” con ellos en una guerra justa para liberarlos. Estados Unidos pensará igual pero al revés. En 1845 un columnista apellidado O’Sullivan escribió lo que pensaba dios, dijo “el destino manifiesto de Estados Unidos era extenderse por todo el continente, que se les ha asignado por la providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno”. Como se verá el Dios de Estados Unidos no busca la libertad sino el sometimiento. Su cuerpo es verde y su foto esta en sus billetes.
     Estados Unidos entendió rápido esto y en 1824 invadió Puerto Rico anexándolo a su territorio, después en 1845 y 1848 luchó contra México para ganarle el 55 % de su territorio. Posteriormente ayudaría a Cuba a su independencia cobrándole la factura de la enmienda Platt, que decía que Estados Unidos podía intervenir bajo ciertos motivos, uno de ellos era mantener un gobierno adecuado para proteger las obligaciones impuestas por los norteamericanos y que debían de asumir y cumplir. Obligaciones impuestas por el City Bank.
     En estos aprendizajes, Estados Unidos aprendió a hacer la guerra, a ganar y a dominar. Y esto confirmaba su “Destino manifiesto”. Dios cree en Norteamérica. Y ante tanta seguridad divina Theodore Roosevelt podrá decir: “si un país americano situado bajo la influencia de los EE.UU. amenaza o pone en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno de EE.UU. está obligado a intervenir en los asuntos internos del país desquiciado para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas”. El viejo pueblo de Dios, los israelitas, tendrán una nueva competencia: el nuevo pueblo de Dios norteamericano. Pero no se pelean, ambos pueblos elegidos por el Dios de la guerra son aliados, ahora, en contra de Palestina. Guerra santa contra los infieles.
     Y bajo esta inspiración divina Estados Unidos invadirá Colombia, hará que una de sus provincias se independice de ella para lograr sus metas comerciales en expansión. De esta manera nacerá en 1903 Panamá. El país creado para ser atravesado. En 1907 y en 1915 invadirán Santo Domingo y Haití respectivamente para que el City Bank pudiera cobrar sus deudas. El entonces secretario de estado justificaba las invasiones diciendo que “el negro tiene una tendencia inherente a la vida salvaje y a una incapacidad física de civilización” y este pensamiento se apoyaba del destino manifiesto y en palabras del presidente William Taft, presidente de 1909 a 1913: “El hemisferio todo nos pertenecerá…por la superioridad de nuestra raza”.
     Con esta antropología solo igualada por el nazismo se irá construyendo la “hegemonía norteamericana” en el continente. Para mantenerla creara policías especiales, agencias de espionajes famosas y una escuela para formar buenos dictadores latinoamericanos. Si alguien se pregunta si esto es del pasado solo debemos recordar los actuales golpes de estados a Honduras y a Paraguay, con presidentes electos democráticamente por el pueblo. O por citar un ejemplo más global debemos ubicar el papel predominante actualmente de empresas petroleras como ExxonMobil, BP y Shell en la “reconstrucción” de Irak, guerra impulsada por Estados Unidos.
     Terminemos este recuento del mal con las palabras de un ex comandante mariner arrepentido, citado en el libro de Fabián Berenstein, Go Home! Que decía en 1935 ante su Congreso: “He servido durante treinta años y cuatro meses en una de las unidades más combativas de las fuerzas armadas norteamericanas: la infantería de marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de los grandes negocios de Wall Street y sus banqueros…la bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera”. Ojalá que esta memoria roja de nuestro continente nos ayude a mantener la resistencia y la esperanza de un mundo sin intervenciones y sin dominios.




lunes, agosto 27, 2012

La conferencia olvidada


 Autor: Alejandro Ortiz Cotte

Publicado: en lado B, 21 de agosto de 2012

     El 26 de agosto se cumplirá el 44º aniversario de la inauguración de la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana (II CELAM) celebrada en Medellín, Colombia, mejor conocida como la Conferencia de Medellín, simplemente. ¿Por qué es importante esta conferencia que se celebró hace tanto? ¿Por qué es importante rescatarla del olvido y de la ignorancia de tanto cristiano?
     Considerada como el “Concilio Vaticano II latinoamericano” por su importancia, es dónde la iglesia católica de américa Latina construyó una identidad propia, no en paralelo, ni en contradicción con su matriz madre (el catolicismo) sino como una forma concreta de ser católico desde las realidades especificas, especiales y únicas de Latinoamérica.
     La historia cuenta que algunos obispos latinoamericanos reunidos en Roma, durante el Concilio Vaticano II, se reunieron para discutir cómo iban a aplicar las importantes reformas que emanaban del Concilio, y aprovecharon el espacio para, también, expresar su molestia por un concilio universal que no tomó en cuenta las realidades latinoamericanas y caribeñas, ya que ciertamente, predominó una “visión eurocéntrica” más que una visión global o universal. Por lo cual, decidieron crear una conferencia que tuviera el impacto del Vaticano II pero a nivel latinoamericano. De ahí que la conferencia de Medellín en 1968, así como su documento conclusivo que lleva el mismo nombre, son la “carta magna” donde nacerá la Iglesia latinoamericana, la iglesia popular, la iglesia de liberación. Aquí la Iglesia católica del continente aprendió a vestir con sus propios colores y sabores el proyecto de su fundador: el reinado de Dios.
     Y fue cuando el evangelio maduró en nuestras tierras, ya que después de la conferencia, la dinámica del Espíritu de liberación inundó toda América Latina, empezaron a surgir nuevas formas de ser iglesia -como las comunidades eclesiales de base-, nuevas maneras de acercarse al pueblo de Dios –como la religión popular, las misiones a las periferias, las comunidades insertas, etc.-, nuevos espacios de estudio –como el Instituto Pastoral latinoamericano (IPAL) o como los círculos bíblicos-, nuevos cantos –como la misa nicaragüense-, nuevos encuentros y nuevos sueños. Pero sobre todo ocurrió el milagro, casi imposible de realizarse en tiempos actuales: los sacerdotes, los obispos, las religiosas, siempre tan lejos del pueblo y tan cerca de Roma, caminaron al revés y encontraron en el rostro del pobre la imagen del Dios vivo y resucitado que tanto anhelaban.
     Ante tanta libertad las cadenas eclesiásticas estorbaban, por lo cual la iglesia latinoamericana empezó a quitarse aquellos ropajes que les impedía expresar el amor y la justicia de Dios. Los sacerdotes se volvieron obreros y campesinos como en los primeros años de la iglesia, las monjas salieron de sus conventos para cantar y orar en las villas miseria, crearon colegios y hospitales para pobres, pusieron sus casitas en las favelas, en las periferias; no tenían esas camionetas que hoy les estorban para vivir su votos, caminaban y se transportaban como el pueblo. Era lindo viajar en el “bus” junto con el padrecito o junto con la hermana. Las celebraciones litúrgicas se volvieron una “mesa compartida”, llenas de cantos y colores, las parroquias se volvieron centros de solidaridad engendrando los primeros centros de derechos humanos del continente. Olía a Reino de Dios.
     Esto que parece tan normal y consecuente con los mensajes del Vaticano II y con el mismo evangelio, dio un tremendo susto en la curia romana, el centro del poder eclesiástico en Roma. Y dio más cuando África y Asia querían imitar a América latina buscando sus propios colores, bailes y formas para vivir su catolicidad. Así que rápidamente, para impedir que el virus del evangelio se volviera una epidemia, desde Roma pusieron un plan para acabar con esta primavera eclesial. En cuatro años después, -en 1972- ya había todo un equipo, para contrarrestar a la iglesia latinoamericana. Desde las oficinas de la conferencia Episcopal latinoamericana, liderada por el obispo colombiano López Trujillo, personaje oscuro y poco cercano al evangelio, nacía la estrategia neoconservadora que por décadas se dedicaría a golpear a la iglesia popular. Este obispo empezó a tumbar todo lo que oliera a liberación: cerró seminarios actualizados y cercanos a la gente, clausuró institutos de pastoral que utilizaban las ciencias sociales para conocer y diagnosticar la realidad, calló a teólogos y expulsaba a todo aquel que pensara diferente a él, se alió a los dictadores para perseguir a los “revoltosos” (en aquella época rojos, hoy ya no importa el color), en pocas palabras un verdadero demonio.
     Como la lucha no cedía, la iglesia romana votó por un Papa para mantener la misma línea, un Papa que olvidó los evangelios y adoptó, como libro de cabecera, el derecho canónico, un Papa que por más que viajó por el mundo entero no lo conoció ni mucho menos lo comprendió. Su asesor y mano derecha, un ex teólogo de vanguardia, será el nuevo inquisidor de la iglesia latinoamericana, el tendrá el suficiente poder para callar, humillar y expulsar a los sacerdotes comprometidos, a las monjas pensantes y críticas y a los laicos no serviles. Su premio muchos años después será el papado actual.
     Recordar este momento eclesial es traer viento fresco a nuestra caminar como iglesia. No olvidarlo es mantener el sueño de que sí es posible vivir el proyecto de Jesús de Nazaret. Mantener este ideal es seguir siendo subversivos como lo hizo nuestro fundador.
     Los católicos honestos con el evangelio, que buscan una renovación eclesial, deberían conocer y estudiar el documento de Medellín, ahí encontrarán las semillas que hicieron posible que en América latina, aunque sea por algunos momentos, el continente luciera los bellos colores del Reino de Dios.

martes, junio 19, 2012

Brevísima historia de la indignación contemporánea


Autor:  Alejandro Ortiz Cotte
Publicado: en Lado B, 13 de junio de 2012

     Estamos viviendo un momento especial y diferente. Sabemos que estamos mal como humanidad. Nuestros modelos sociales y económicos están en plena crisis. Nos estamos dando cuenta que las sociedades que hemos diseñado para que nuestros hijos vivan mejor son un fracaso. Sigue habiendo pobreza, exclusión y violencia en el mundo a niveles alarmantes. El mundo está en pleno reacomodo global, se sabe con calentura y enfermedad y se está auto-regulando. Y así en medio del caos, en medio de un invierno atroz, están surgiendo expresiones sociales de nuevos colores y nuevas propuestas. Parecen pequeñas pero terminan en marchas multitudinarias, parecen espontáneas pero están bien organizadas. Empiezan como un tweet y terminan en elecciones, y como siempre, son caminadas y gritadas por los excluidos del sistema. Este cambio lo está promoviendo una vieja señora llamada indignación: madre de todas las resistencias, se pensaba muerta pero sólo estaba renaciendo.
     Para volverse a mostrar, la indignación eligió el continente dónde surgió la vida: África y aterrizó en dos países en especial: Túnez y Egipto. Fueron revoluciones de jóvenes, de desempleados, de laicos y de todos los demás indignados de vivir como lo ordenaban sus dictadores. Salieron a la calle con celular en mano a cambiar su orden político. Sus únicas armas fueron mensajitos en el twitter, y todos juntos trajeron la primavera antes de tiempo. Empezó a alumbrar el sol en estos países pero después continuaron los países árabes y los europeos. Todos empezaron a dar síntomas de esta nueva locura primaveral.
     Cuando la primavera africana brillaba en todo su esplendor, la indignación se esparció, como el polen en primavera por el mundo, despertando nuevas flores de cambio. Uno de estos capullos fue el texto titulado “indignaos” [1]. Lo escribió un viejito de 93 años que con sus palabras ha alimentado el espíritu rebelde de miles de personas. Nos recordó que la peor actitud humana que podemos tomar en este momento de la historia es la indiferencia. El texto lo tomaron en serio en España, y el 15 de mayo del 2011 se recordará como el día, en que los jóvenes sin futuro, los desempleados, los hartos de la democracia no cumplida, los cansados de las estafas bancarias se tomaron las calles y las plazas para gritar su indignación. Nació el movimiento del 15M, espacio que sigue organizando la esperanza de un presente diferente, espacio profético que grita sin parar: “si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir”.[2]
     En el país más aplaudido por los sistemas financieros internacionales, en el país más rico de América Latina, en el país que ya había olvidado su pasado dictatorial, en ese país, los jóvenes estudiantes de Chile devolvieron la memoria a su pueblo y tomaron a la indignación como su bandera. Demandaron educación para todos, no sólo para los que tienen dinero. Los estudiantes se volvieron maestros en las calles. Soportaron golpes, insultos, arrestos y mentiras de su gobierno, de sus televisoras, de sus políticos. Salieron a exigir y a dibujar un país diferente, sabedores de su historia no vivida pero si experimentada amplían sus movimientos y sus peticiones a nivel nacional. Camila Vallejo, Giorgio Jackson, son rostros donde la indignación se hizo carne.
     La indignación es contagiosa. Este virus democrático alternativo invadió América del Norte. Y entonces el pueblo norteamericano de a pie, esos que también están arruinados por los bancos y sus desfalcos, que están perdiendo no sólo la casa y el auto sino la paciencia de un mundo mejor, ese otro USA, ocupó las calles y las plazas. La primavera hace milagros. El pretexto fue una convocatoria de la revista de anticonsumismo Adbusters y a través del hashtag titulado #occupywallstreet, se les quitó ese raro mal que tenía el pueblo pobre estadounidense llamado invisibilidad. Y ocurrió lo impensable plazas y edificios tomados por “ocupados” por todo Estados Unidos. El país modelo se volvió uno más en la geopolítica de la pobreza y de la exclusión. Después de New York, siguió Boston, Los Ángeles, San Francisco, Chicago. Hoy ya con cuerpos visibles el movimiento sigue organizando la operación más importante de su historia: quitar el corazón enfermo que tiene su país y ponerle otro, uno más humano.
     Cuando pensábamos que ya no habría más plazas ocupadas surgió el milagro de la Universidad Iberoamericana. En tiempos electorales surgió un nuevo emblema de la indignación social y de la participación ciudadana. Nuevamente fueron los jóvenes los protagonistas, nuevamente fue a través de un hashtag twitero que tuvo nombre e identidad el movimiento, nuevamente mostraron su indignación ante la manipulación de la información en las televisoras y nuevamente explotaron nuevas primaveras y nuevas esperanzas. Nos referimos al movimiento #yosoy132. Este movimiento nació en una de las universidades de paga más caras y más elitistas del país, y ahí en medio del lujo y riqueza floreció la rebeldía y la conciencia. El movimiento no surgió en las calles ni en las plazas sino en internet, en un video que desmentía lo que decían los partidos políticos y mostraba, con credencial en mano, que la primavera de la indignación en México llegó en 131 rostros, después en las calles fuimos más de 132.
     Seguimos en primavera en pleno verano. Siguen surgiendo cosas raras y nuevas posibilidades. Todo está al revés y es por eso que tenemos mucha esperanza.



viernes, abril 13, 2012

Las alegrías que provoca la llegada del Papa Benedicto XVI


Autor: Alejandro Ortiz Cotte.
Publicado: La Primera de Puebla, 26 de marzo de 2012

     Tal vez a algunos lectores y lectoras no les importe mucho la primera venida del Papa Benedicto XVI a tierras mexicanas. Visita relámpago -aterrizando el 23 de marzo y volando de nuevo el 26 hacia Cuba-, pero no por ello es superficial ni intrascendente. Pero es seguro que otras personas sí estarán felices con su llegada, aunque sea de pocos días y de muy pocas horas “públicas”. Analicemos estas felicidades. Tal vez la persona más feliz por su llegada sea el presidente Calderón. En tiempos de repudios, movilizaciones y de diálogos contra su “guerra contra el narcotráfico”, el presidente “brinca de contento” con la llegada de alguien que puede ser un gran aliado. Si el Papa actúa de acuerdo a lo planeado y no rompe el silencio con alguna declaración en contra de la guerra de Calderón o a favor de las víctimas de esta guerra absurda, -como debería de hacerlo si fuera consecuente con el evangelio-, Calderón logrará, con el silencio del Papa, respaldar y justificar su actuar ante millones de católicos. Y esta jugada maestra tendrá efectos positivos, no sólo en su ego poco comprendido, sino en los puntos de las encuestas a favor de su partido. Los señores de la guerra estarán felices porque en nombre de la seguridad nacional, así como del catolicismo romano, la guerra absurda, ilógica, cruel que tenemos en México estará justificada y bendecida. Se hablará, entonces irrespetuosamente ya de 50,000 mártires. Dios y el Cesar vuelven a estar juntos. Aquí debemos preguntarnos sobre el costo político que tendrá este posible apoyo del Papa a Calderón y también debemos preguntarnos qué prometieron los enviados presidenciables para asegurar dicha reunión, ya que viajar exactamente a menos de tres meses antes de las elecciones presidenciales es un excelente -y oportuno- acto de “apoyo” al presidente y obviamente a sus colores partidistas. Que habrán prometido a cambio de la visita de unos cuantos días los enviados de Calderón, ¿un estado católico en el 2018? ¿Derogación de algún artículo constitucional “incómodo” para la iglesia? ¿Educación religiosa para todos? ¿Serán estos los “temas privados”, -que dijo el obispo Rábago-, que dialogarían los dos jefes de estado el sábado 24 de marzo?
     Otros actores que estarán felices serán los obispos mexicanos. Mantendrán su perfil político, en estos tiempos electoreros, a costa de pactar con los poderes en turno, aunque sean estos poderes del narcotráfico, ya que saben que si quieren que no pase nada en estos días con quien deben negociar son con ellos. Ya seguros y cómodos se darán tiempo y espacio para aparecer, uno por uno, todos los obispos bajo los reflectores, como siempre en los mejores lugares y sentándose a poco tiempo de empezar los actos religiosos; en cambio el verdadero pueblo de Dios estará desde un día antes para apartar lugar y como siempre estarán hasta atrás, agradecidos como son, por conseguir tan preciados boletos. Es una pena que sólo así puedan ser noticia los obispos, y da más pena que no puedan ser “una buena noticia” desde la lógica de Jesús de Nazaret. Pero bueno, no podemos pedir más a quienes fueron elegidos, desde Roma obviamente, con perfiles bajos, de poca preparación, muy obedientes a la madre Iglesia, con una buena vida, pero sordos y ciegos ante la miseria de su feligresía, expertos del derecho canónico, ignorantes del evangelio. Tal vez lo único que saben a ciencia cierta, es que fueron designados, no por ser coherentes con el evangelio, sino por ser sumisos a la institución eclesial que los nombró.
     Un tercer actor “feliz” con la llegada de Benedicto XVI son los fieles católicos. Si bien no todos, sí buena parte. Fieles católicos como los llamó Juan Pablo II, son todavía aquella masa de creyentes, herederos de una fe de sus padres y madres pero que ya poco conocen y respetan. Que su práctica eclesial se limita a actos piadosos y ritualistas, que convirtieron los sacramentos de un “misterium sagrado” a un evento social “nice”, que su “praxis” social más arriesgada sea el colocar mantas en los puentes o colocar letreros dándoles la bienvenida a su “santidad”. Siguen y alaban al Papa Benedicto pero desconocen su vida, sus actos, su terrorismo intraeclesial y su persecución intelectual. Agradecen su visita pero no saben que no viene a verlos a ellos sino a pactar con sus presidentes y jerarcas. Nostálgicos de Juan Pablo II agradecen sinceramente la llegada de este Papa que aunque sea poco carismático “no olvida a México”. Da tristeza y rabia a la vez saber todo lo que harán miles de personas de buena voluntad por estar dentro y cerca de este nuevo espectáculo católico que enciende la fe mágica y desaparece la cordura religiosa. Este es el “México siempre fiel” que aplaudirá a Benedicto XVI.
     Otros actores felices serán las televisoras, que atiborrarán sus canales para transmitir en vivo y en directo este evento mediático religioso. Ya hay himnos propios, imagen propia del acontecimiento, todo está listo para hacer de un evento religioso un verdadero “show”. En sus pantallas veremos a algunos políticos importantes –y ahora felices- que estarán en los eventos religiosos en primera fila y con ello ganarán puntos, no con Dios sino con sus partidos políticos. Presencias y ausencias, en fin…todos ganarán menos Jesús, el pobre y excluido de Nazaret que pensó que el Dios compasivo y cercano a los pobres es la mejor opción para vivir lo que denominamos DIOS, ¿estaría feliz Jesús con la llegada de Benedicto XVI? Usted que cree amable lector.



jueves, octubre 27, 2011

Homo demens Repensar lo humano en tiempos de violencia


Autor: Alejandro Ortiz Cotte
Publicado: La primera de Puebla, 25 de octubre de 2011

     Nadie duda que sean tiempos difíciles de vivir y duros de comprender. Y no es que no sepamos darle a nuestra realidad una explicación sociológica, política y económica correcta, sino que estas respuestas no satisfacen nuestras preguntas más hondas y vitales. Preguntas que tienen que ver con nosotros mismos, con nuestra humanidad, con nuestros humanismos. ¿Seguimos siendo humanos? Parece ser la pregunta fundante, la inicial, la primera. Si la respuesta es afirmativa debemos preguntarnos entonces ¿qué entendemos ahora por ?humanos??.
      Se supone que el ser humano se distingue de otros seres vivos -que nosotros denominamos ?inferiores?- porque nosotros nos autocaracterizamos de ser ?sapiens? es decir, superiores, por ser capaces de abstraer, reflexionar y pensar. Pero ¿dónde esta lo sapiens en la realidad que vivimos hoy?
      ¿Pueden catalogarse como humanos los responsables de la muerte de 60 niños de las guarderías ABC? ¿Podemos llamar homos sapiens a los sicarios que desaparecen a sus víctimas en acido para borrar toda evidencia? ¿Se pueden nombrar seres superiores a las bandas delictivas que violan a las mujeres migrantes no una sino hasta catorce veces? ¿Podemos llamarnos humanos los que sabemos esto y no hacemos nada?
      Hemos creado un mundo demente y absurdo. Esquizofrénico dirán otros. Estamos enfermos de nosotros mismos. Hemos consentido y aprobado con nuestro silencio y apatía que ganen los victimarios, que se adueñen de nuestros sueños los dictadores. Somos creadores de nuestro propio Auschwitz, de nuestro propio infierno. Los campos de concentración se llaman ahora ?casas de seguridad?, ya no perseguimos a los judíos sino a los migrantes, no se experimenta como los nazis simplemente se tortura siempre creativamente, cambian las cámaras de gas por ?tambos? de ácido, han vuelto a México un gran cementerio clandestino.
      El absurdo le ha ganado al concepto, nuestra irracionalidad es más fuerte que nuestra cordura. Nuestra demencia le ha ganado a nuestra razón. Edgar Morin tiene razón cuando nos denomina homos demens. Hay una fuerte descomposición antropológica hoy. No sabemos quiénes somos, no sabemos si dejamos de ser humanos.
      Alguien dirá estos es una exageración, hoy puedo leer este artículo en paz y no pasa nada. Puede ser cierto o puede ser sólo casualidad. Puede ser que todavía no nos toca, un padre secuestrado, una madre violada, una hermana raptada y prostituida o un hermano encajuelado. Ya no es cuestión si tienes dinero o no, si eres rico y burgués. Ahora todos corremos peligro, todos somos víctimas en potencia. A todos nos cabe una bala perdida.
      Esta realidad es una creación de unos pocos pero es alimentada por millones de nosotros. Necesitamos volver a recuperar nuestra racionalidad y nuestra lógica, tenemos que empezar de nuevo por el principio, como hace miles de años, dónde las sociedades inventaron el ?no matarás? una regla, un mandamiento, una ley que nos permitió por millares de años sobrevivir unos de otros. En esta involución social que vivimos necesitamos recuperar nuestro lado sabio y compasivo, nuestra cara solidaria y amistosa. 
     Debemos recuperar nuestro respeto por la vida humana. Saber y asumir que cuando niego al otro me niego a mí mismo. Que matar es la contradicción humana fundamental. Es la negación total de mi mismo. Aunque es cierto que hoy matar a un ser humano es fácil y muy barato. Y lo peor es que se ve como normal: los niños juegan a matarse, los deportista festejan un gol disparándose, etc. Ya no podemos permitir esta cultura del absurdo. No podemos seguir manteniendo una forma de vivir donde el asesinar sea visto como algo normal y el estar vivo como una suerte de que todavía no te toca.  
      Recuperemos lo que nos hace humanos, recuperemos la ética.
      Tal vez debemos recordar y volver a enseñar los tres argumentos que decía Santo Tomás de Aquino para no matar. Matar es contrario a la inclinación natural de amar y defender la vida. Matar entonces sería un acto ilógico en sí mismo y antinatural humanamente hablando. El segundo dice que la vida individual pertenece de alguna manera a una patrimonio mayor, a un patrimonio común, de esta manera matar sería apoderarse de ese bien colectivo, o en palabras más comunes robarse algo que no es suyo para despedazarlo, aquí la muerte no daña sólo a una persona sino a toda una comunidad.   
     Y el tercer argumento es religioso ya que determina que la vida es un don-regalo de Dios y el disponer de ella sería negar, enfrentar o querer ocupar el lugar de Dios en la historia humana. Enrique Dussel en su libro de ética nos habla que el primer principio ético debe ser la defensa, generación y desarrollo de la Vida en especial de aquellos seres más vulnerables y excluidos. De ahí que nos diga y enseñe: ?todo acto que defienda, promueva y genere vida es un acto bueno? y hoy diríamos ser buenos se ha vuelto una necesidad, no una opción.
      Son tiempos de volver a lo humano en tiempos del horror, son tiempos de volver a la compasión primera y a la ética fundamental. Son tiempos de volver a entrar en razón, antes que sea demasiado tarde.