jueves, abril 23, 2015

¿Qué le ha pasado a México?


Autor: Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos, si quieres saber más sobre el autor, haz click aquí

¿Qué le ha pasado a México? Me pregunto una y otra vez, cuando leo que unos pasan sobre otros en nuestro país. Pero si tenemos una constitución, me digo, la del diecisiete que celebramos cada 5 de febrero. Dónde quedaron sus principios, sus fundamentos, esos de que todos somos iguales y que no hay diferencia de credo, ni de raza, ni filiación política, si naciste en México, tienes derechos porque todos somos iguales y vivimos en un país democrático.
          Pero no, la realidad es que estamos viviendo en la barbarie que describió John Kenneth Turner en 1908 sobre las haciendas henequeneras y las condiciones de esclavitud en la que vivían miles de campesinos mexicanos tanto en Yucatán como en Valle Nacional. Condiciones que vemos repetidas más de cien años después en San Quintín, Baja California y cuyo reclamo dado a conocer el pasado 18 de marzo, abrió una nueva cloaca de nuestro México actual cuando la prensa señala que San     Quintín es sólo un ejemplo de lo que ocurre con los jornaleros por todo el territorio nacional.
          Esta cloaca nos muestra cómo miles de personas son explotadas en los campos de fresa, jitomate y mora, que se les medio paga, que se les dan medio condiciones para vivir, que se abuza de ellos, de sus mujeres y sus hijos, que sencillamente y para decirlo rápido, no hay moral. Y bueno, si la constitución no nos es suficiente, ¿dónde están los principios cristianos? En un país que se declara primordialmente cristiano, aunque no necesariamente católico, en donde el principio fundamental es “no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”. Pero los dueños de estos campos, los capataces y los ingenieros que trabajan en estas zonas, creen que porque tienen un poco más preparación, más dinero o más poder, pueden pasar por encima de los derechos de esos que no han tenido las mismas posibilidades, sólo porque nacieron campesinos y pobres.
          Y bueno, si tampoco alcanza el principio cristiano, al menos debería alcanzarnos un poco de ética, de ver al otro, que es semejante a uno, que tiene ojos, boca, cuerpo, mente y seguramente emociones y sentimientos… que es como yo, que merece una vida digna como la mía. ¿Por qué no alcanzamos a pensar eso?, ¿por qué nuestro egoísmo?, ¿por qué pensamos que somos mejores que los otros?, ¿por qué no somos capaces de entender la diferencia?
          Porque no hay una educación ética. Pero ojo querido lector, esa educación ética no sólo le corresponde a la escuela, sino a todos, a la mujer que te vende verduras en el mercado, al que te vende el periódico en la esquina, al peluquero que te deja mejor apariencia, a la costurera que te arregla tus pantalones, al jornalero que siembra lo que te comes, al burócrata que te realiza un trámite, al jardinero que poda tu jardín, al periodista que te da a conocer lo que sucede, al obrero que produce mil cosas que consumes, al policía que cuida, al chofer que maneja el camión que abordas, al cura que te envía mensajes morales para que reflexiones sobre tu actuar, al médico que te cura, a la señora que hace la limpieza para que vivas y trabajes en un lugar confortable e higiénico, al mesero que te sirve un café, al profesor que enseña cosas para enfrentar la vida, al servidor público que genera mejores condiciones sociales a la población y todos, todos somos responsables de esa educación ética.
          Pero en este ejemplo, también quiero mostrarte mi querido lector, que todos necesitamos de todos y que si todos hiciéramos lo que nos corresponde, con humildad y con actitud de servicio, seguramente tendríamos un mejor país, y con nuestro solo ejemplo estaríamos educando de una mejor manera a nuestros niños y jóvenes. 
          ¿Qué estamos esperando… que el otro empiece? Es necesario que empecemos por nosotros mismos. Empezar por no criticar al de junto; empezar por comprender al diferente, pues yo soy diferente para el otro, empezar por dar lo mejor de mí, pues otros están dando lo mejor de ellos a mí, empezar por no pensar cómo me friego al de junto, sino cómo le aporto algo para que sea mejor, empezar por pensar que no todos tenemos las mismas posibilidades y que los que más tienen, deben emparejar las cosas dando a los que menos tienen… tal vez no cosas materiales, tal vez trabajo, comprensión, respeto.
          Ya la clase política, no le pido, le exijo que respete y haga respetar a la Constitución; no le pido, le exijo que respete a todos sus compatriotas; no le pido, le exijo, que cumpla como servidor público  y que deje la política a los que no están en servicio público; y sobre todo no le pido, le exijo que sea ético y moral.

¿MEJOR VIDA PARA LOS ANIMALES DE LOS CIRCOS?


Autor: Maria Teresa Abirrached Fernández

Este domingo arrancaron las campañas políticas en las que veremos a los partidos intentar convencer a los más de 82 millones de votantes que su propuesta es la más adecuada y cercana a las necesidades de una sociedad cansada de promesas y corrupción.
          Una de las propuestas del Partido Verde fue la de prohibir el uso de animales silvestres en los circos por maltrato animal, enarbolando la bandera de protección a los animales. Hoy lo menciona como uno de sus logros bajo el eslogan “Lo que propusimos en la pasada elección, trabajamos para cumplirlo”. A partir del 8 de julio, no más animales en los circos, siendo reubicados en santuarios o zoológicos dentro y fuera del país, con un hábitat y clima lo más cercano al que pertenece cada ejemplar, y afirmando que no existía riesgo alguno debido a que autoridades y ONG´s garantizan su conservación.
          Cuando se estaba gestando esta propuesta pensaba en cuál sería el destino de estos animales¿A dónde irían a parar?¿Cuántos zoológicos tendrían capacidad para acoger y cuidar a los 2500 animales registrados? Porque aunque no es lo más deseable como sociedad, muchos animales domésticos pueden sobrevivir en las calles cuando se han extraviado o sufren de abandono de sus dueños. Sin embargo, ¿cómo puede un león, un tigre o un elefante convertirse en callejero?,  ¿se deja en una esquina, y ya?
          La triste respuesta a mis preguntas está  en los depósitos, como el de Tizayuca, en el estado de Hidalgo, donde han sido recluidos, por no decir abandonados, los animales que antes arrancaban los aplausos de un público que acudía a cada función para presenciar sus malabares.  
          Esta es la realidad de una iniciativa electorera que poco tiene que ver con la preocupación por el maltrato animal. ¿Mejor vida? Ni recuperaron su libertad ni han llegado al destino prometido y, ante la imposibilidad de mantenerlos, los dueños de los circos están considerando sacrificarlos.

viernes, abril 17, 2015

Las cuatro C de una educación pertinente para nuestro tiempo

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el 16 de abril de 2015, en la columna Palabras que humanizan

Para Alma, gracias por compartir retroalimentando
El jueves 9 de abril pasado aconteció la II Jornada de Procesos Educativos de la licenciatura en procesos educativos de la Universidad Iberoamericana Puebla denominada “Diálogos por la convivencia en el aula: Montessori, Freinet e Investigación Educativa”. En la inauguración Fernando Fernández Font, sj, señaló entre otras cosas que hoy una persona que haya hecho un buen proceso educativo durante sus años jóvenes debería poder ser caracterizado por cuatro “C”: compasivo, consciente, comprometido, competente. La idea es contundente. Quiero comentarla en esta columna periodística.
                De lo que se trata en educación es de acompañar el proceso por el cual una persona puede hacerse cargo de ser quien está llamado a ser, acompañado por, con y para los demás en el mundo que les tocó vivir de cara a lo que dé sentido último a su vida. Dicho de otra forma: acompañar a alguien en el proceso de asumir la responsabilidad de convertirse en persona; ser humano que se relaciona con otros para hacer de su tiempo y su espacio un conjunto de posibilidades para vivir dignamente. Esto sucede porque un ser humano que se abre a la vida necesita el acompañamiento de alguien que lo haya precedido y le comparta herramientas para hacerse cargo de su existencia
                Entendidas así las cosas, una persona educada es la que puede establecer relaciones humanizantes consigo y con los demás, que es capaz de adaptarse al contexto social, político, económica y cultural en el cual es; que transforma su ambiente para heredar un mundo mejor que el que ha recibido.
                Una mujer y un hombre se abren a la realidad, a sus contemporáneos no por ideas, sino por afectos y emociones: otras mujeres y otros hombres nos afectan y provocan en nosotros reacciones que nos mueven (emociones) de una u otra forma. Es la única forma real de salir entrañablemente de nosotros mismos y encontrarnos con otros seres de carne y hueso como nosotros. Aquí entra en juego la primera “C” de la educación, la de la Compasión.
                Alguien es compasivo cuando más allá de sus ideas t razonamientos es capaz de sentir a algún otro en lo que padece: su alegría, tristeza, frustración, dolor ante los triunfos, las derrotas, lo que le hace crecer, lo que lo estanca. Muy especialmente esto es importante cuando se vive en situación de vulnerabilidad, porque padecer con otro nos mueve a intentar actuar de tal forma que sea posible encontrar alternativas para salir avante afianzados humanamente.
                Cuando uno compadece y se compromete a actuar corre el riesgo de hacerlo sentimentalmente, al calor de la emoción y muy posiblemente a tientas y a locas. Se requiere la segunda “C”: Consciencia. Se es consciente cuando se puede caer en cuenta inteligente y críticamente de las condiciones en las que los humanos se encuentran, cuando la realidad encontrada es contextualizada en sus múltiples causas y posibilidades; cuando se es capaz de afirmar lo que las cosas son, pueden ser y deben ser y eso antecede toda actuación con, por y para el otro o uno mismo.
                La consciencia para una comprensión razonable de los impulsos que suscita la compasión es importante, pero tampoco es suficiente: reclama la tercera “C”: la del Compromiso. La persona comprometida es la que se hace cargo de la promesa que se tiene de que algo sea mejor (com-prometer), de tal suerte que actua conforme al motivo que provocó la compasión y la inteligencia que suposo la consciencia. Se hace cargo de la situación, de las cosas, de la realidad promisoria de un presente y un futuro dignos.
                Y así se llega a la cuarta “C”, la de las personas Competentes, que son quienes son capaces de disponer de una buena actitud y movilizar sus conocimientos y habilidades para afrontar cualquier situación problemática y convertirla en una solución realista, oportuna, constructiva, creativa, justa, solidaria, promotora de libertad y crecimiento humano.
                Nos ha tocado vivir una realidad en la que ser humanos es difícil: alrededor del 80% de la riqueza mundial está en muy pocas manos, menos del 5% de la población del orbe. Millones de personas migran en condiciones de prácticamente total vulnerabilidad, a la merced de grupos delictivos, enfermedades y accidentes que pueden incluso matarlos. Millones de personas viven excluidos de la alfabetización gráfica y digital, siendo relegadas de cualquier posibilidad de tomar decisiones personales y políticas para ser protagonistas de su historia. No menos carecen de acceso a la salud, la vivienda con privacidad, la procuración de justicia. La lista puede continuar.
                En un mundo así, la existencia de mujeres y hombres compasivos, conscientes, comprometidos y competentes es totalmente pertinente. Que los haya no es una cuestión de promedios escolares, cuadros de honor y conocimientos que no pueden ser relacionados hábilmente con la realidad porque no se puede o porque no se tiene una actitud solidaria, fraterna, justa, incluyente, veraz, libre. Su existencia está directamente relacionada con procesos formativos cuya finalidad sea el crecimiento integral de las personas comprometidas con su mundo. Una educación para la acción, para la vida y no solo para las olimpiadas de conocimientos o el mero tránsito de un plan de estudios al del siguiente nivel escolar.
                Las cuatro C son referentes claros para evaluar toda acción educativa pertinente, de gestión pública o privada, escolar o familiar. Realizarla es el desafío real que hoy enfrentan los educadores y los educandos: los primeros como creadores de condiciones para la formación; los segundos como artífices del ser humano que están llamados a ser con, por y para los demás en el mundo y abiertos a un sentido de vida que trascienda la inmediatez de lo efímero.

En la educación impartir conocimiento no es suficiente

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Publicado en Síntesis Tlaxcala, el 09 de abril de 2015, en la columna Palabras que humanizan.

La tendencia a pensar que el conocimiento y la inteligencia (entender cosas) son lo más importante en la vida humana es vieja.  Eso pensaba Sócrates en el lejano siglo V. El ateniense solía decir que la virtud, aquello que perfeccionaba a toda persona, era el conocimiento. El razonamiento que seguía era que todo hombre necesita saber lo que le conviene para poder realizarse como persona.
               Los seres humanos necesitan saber quiénes son como seres humanos, su diferencia con otros seres, para poder actuar congruentemente y ser felices. Deben conocer qué es el mundo, que son las cosas que no son él o ella y cuál es la relación que tienen consigo, con los demás. Por ejemplo: si un ser humano desconoce las propiedades curativas de la manzanilla, no podrá hacerse una infusión para mitigar sus malestares estomacales; pero si desconoce cómo funciona su organismo, tampoco la podrá usar. Y así en todos los órdenes: necesitamos saber qué es la familia para poder crear una; qué es la ciudadanía, para participar en nuestros asuntos públicos; qué es la política para no delegarla exclusivamente en las manos de los políticos. La persona ignorante se mueve con errores en su propia vida y en el mundo y la sociedad de los que es parte.
                Esta idea fue confirmada en la Ilustración por la emergencia de las ciencias naturales (seguidas de las sociales), fundadas en una filosofía desligada de la religión en el contexto de la naciente revolución industrial que provocó un acelerado cambio en las condiciones de vida del mundo occidental, primero, y todo el demás, posteriormente. En ese entonces surgió la escuela como un medio para que los niños se liberaran de la oscuridad del prejuicio y el error y entrara en las luces del conocimiento, a partir de las cuales ejercerían una ciudadanía madura.
            En aquel tiempo poco a poco se fue desarrollando una pedagogía encaminada a profesionalizar la impartición de conocimientos. Se sofisticaron los planes y programas de estudio, surgió la especialización técnica de la didáctica. 
                     En países como el nuestro pasamos muchos años en la escuela, al menos seis, cuando no hasta 19, para conocer y conocer. Y pese a ello nos seguimos encontrando personas que después de tanta escolaridad hacen cosas que nos dejan boquiabiertos: financieros que son capaces de dejar sin nada a miles de personas de su propia empresa sin más, políticos que con salarios de 60 mil pesos mensuales construyen un patrimonio de millones de pesos junto con constructoras que entregan unidades habitacionales, calles o carreteras con fallas producto de la corrupción y un etcétera muy largo.
                Sin ir tan lejos. Un muchacho o muchacha recibe conocimientos sobre sexualidad desde la primaria y quedan involucrados en embarazos tontos; hay personas con trastornos alimenticios que han logrado saber que su conducta los está dañando y sigue anclados en ella.
                Sabemos muchas cosas y actuamos poco humanizantemente. 
                 Giovanni Reale, en el primer volumen de su Historia de la Filosofía, comenta a propósito del racionalismo socrático: “Sócrates tiene toda la razón cuando afirma que el conocimiento es condición necesaria para hacer el bien, (porque si no conozco el bien, no lo podré hacer); pero se equivoca cuando considera que, además de condición necesaria, es condición suficiente. […] Para hacer el bien, en efecto, se requiere también el concurso de la ‘voluntad’”. No basta conocer la sexualidad, es necesario también querer vivirla para crecer como persona, negociar con la propia estima por lo sexual y los afectos que provoca nuestra genitalidad.
                Daniel Goleman habla de inteligencia emocional: una relación con nuestras emociones respecto de nosotros mismos, de los demás, de las cosas que nos permita actuar no de cualquier forma sino de la mejor que seamos capaces y que requiera la situación para salir adelante en la vida.
                Roberto Baden Powell en los albores del siglo XX en Inglaterra fundó un movimiento educativo convencido de que era necesario complementar la impartición de conocimientos de la escuela con la formación del carácter de los jovencitos y las jovencitas frágiles de su tiempo. Supo que era necesario apostar por la formación de chicas y chicos capaces de cuidar de sí, de su cuerpo; competentes para alcanzar metas por difíciles que pudieran parecer, hábiles para resolver problemas, para sonreír ante las dificultades, de manejarse con libertad frente a las posesiones incluso en situaciones de austeridad. Ciudadanos preparados para participar en la vida pública, que en su tiempo estuvo marcada por las guerras imperiales y después por la primera y segunda mundiales.
                En la educación impartir conocimientos es necesario, pero no es suficiente. Hay que dar el paso a la existencia de instituciones escolares que ofrezcan realmente –y no solo en el papel- una formación integral en la que la información recibida sirva no para repetirla sino para solucionar problemas reales; en la que las personas se vuelvan autónomas en el cuidado de sí –del cuerpo y más que el cuerpo-, de los demás y del mundo en el que les tocó vivir; capaces de conocer el bien que los realiza y valorarlo para jugarse la vida por cosas verdaderamente humanizantes y no meramente accesorias; creativas para proponer alternativas para el mundo, capaces de reaccionar en las relaciones interpersonales con manejo de afectos y emociones que permitan la colaboración y la solidaridad y no solo la frustración y el capricho. Una educación que forme ciudadanos capaces de encargarse de los asuntos políticos que les corresponden y no lloren por querer mamar de la ubre gobierno toda respuesta, al tiempo que sean los auditores y vigilantes de la gestión de políticos y administradores públicos.

                Esto será posible si el proyecto educativo de una escuela es más que un plan de estudios, uniforme y urbanidad. Se trata del diseño de un camino en el que niños y jóvenes puedan ser acompañados profesionalmente para transitar de la heteronomía a la autonomía; de la dependencia a la libertad, de la ignorancia a la posibilidad de construir conocimiento; del egoísmo a la colaboración solidaria.  Es este el desafío de la educación del siglo XXI.

miércoles, abril 08, 2015

¡Feliz cumpleaños, Teresa! ¡Sigues siendo buena noticia!

Autor: José Rafael de Regil Vélez, si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Publicado en Síntesis Tlaxcala, el 1 de abril de 2015, en la columna Palabras que humanizan

El 28 de marzo fue el cumpleaños de Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, conocida también como Teresa de Ávila o Teresa de Jesús. La fiesta fue por el medio siglo de su natalicio en Ávila, España. Su figura es importante para muchas personas en el mundo occidental: canonizada por la iglesia católica en 1622, fue proclamada doctora de la misma iglesia en 1970, por el hoy beato Paulo VI, quien de esta forma quiso decir al mundo que vale la pena reparar en la religiosa castellana y su legado a la humanidad toda.
            El sitio oficial del V Centenario teresiano (http://www.stj500.com/santa-teresa/vida/) proporciona una breve visión de su vida: los primeros veinte años creció y se formó en el seno de una familia culta, donde aprendió a leer y escribir (gran privilegio en un mundo prácticamente analfabeta) y formó en gran parte el temple de su carácter.
Sin el permiso de su padre entró al convento carmelita de la Encarnación, en su natal Ávila. Veintisiete años fue monja en ese lugar y se curtió en la oración y la enfermedad. Alrededor de los 47 años acometió la gran tarea que hizo que su legado trascienda hasta nuestros días: con Juan de la Cruz y otras hermanas se dio a la tarea de reformar la vida religiosa de su tiempo fundando la orden de las Carmelitas Descalzas y la de los Carmelitas Descalzos. Entregó todo de sí en dos decenios en los que escribió cartas, poesía, autobiografía, textos de mística, creó 17 conventos, polemizó con la Santa Inquisición, organismo de la misógina iglesia católica española del siglo XVI que sospechaba de las enseñanzas y la actuación de una mujer que hasta hoy es conocida y respetada por doquier en el mundo cristiano y más allá de sus fronteras, hasta su muerte el 4 de octubre de 1582.
La figura de la docta maestra espiritual del siglo de oro hispano es plenamente vigente. Recién el domingo 29 de marzo pasado el Papa Francisco escribió una carta al padre Saverio Cannistrà, prepósito General de la Orden de los Carmelitas Descalzos en las que al felicitar a toda la familia carmelitana del mundo resaltaba algunos rasgos vivos de la monja avilense. Para el pontífice, si bien Teresa es maestra de oración, mujer de profundidad interior de grandeza mística, supo responder a los desafíos de su época: “Deseosa de servir a la Iglesia, y a la vista de los graves problemas de su tiempo, no se limitó a ser una espectadora de la realidad que la rodeaba”. Apostó completamente a crecer con sus hermanas religiosas, por lo que cimentó todo su hacer en la fraternidad más viva y exigente que pudo.
El 20 de marzo, también de este año, en la revista española Vida Nueva, Ángeles López comunica una visión muy femenina de la santa de Ávila (http://www.vidanueva.es/2015/03/20/teresas-de-hoy/). Muestra a la Teresa de los últimos 20 años como una mujer madura, fuerte, desbordada en creatividad, a pesar de haber sido acompañada por la enfermedad, que incluso la postró durante dos años paralizada tras un paroxismo de cuatro días. Nos la presenta dispuesta a defender y posicionar la libertad de pensamiento y de vida espiritual de las mujeres en un mundo totalmente controlado y acotado por los hombres y su visión masculina de las cosas, dispuesta a defender sus hallazgos espirituales, sus escritos, sus fundaciones ante la misma Inquisición, que tanto miedo sembraba entre las personas de su época.
Como escritora fue –más de medio millar de cartas y ocho libros - pudo allegar cosas de gran hondura a los alfabetizados de su época –como a los de la nuestra-, trastocando la retórica habitual en sus contemporáneos.
A mí me parece que hay en la figura de Teresa de Jesús una serie de invitaciones para las mujeres y los hombres de nuestro tiempo que son pertinentes y oportunas para humanizarnos al humanizar el mundo que nos ha tocado vivir: la de mirar las cosas en lo profundo más allá de lo inmediato, de lo aparente y desde allí entender que la hondura espiritual mirar nuestra realidad para descubrir en ella las oportunidades para crear espacios en lo que lo humano sea posible; la tarea de vivir así es gozosa, se da en la superación al miedo de quienes juzgan, reprimen y se consolida comunicando lo que uno encuentra como sentido de vida y creando fraternidad.

Teresa fue mujer de Dios, de su mundo y de sus hermanas y hermanos de vida religiosa. Nosotros podemos ser personas de profundidad interior vertida en el exterior en el cual nunca sobra un par de manos y brazos dispuestos al compromiso con la justicia; mujeres y hombres capaces de arrostrar que es posible ser dignamente humanos en medio de los ingentes desafíos que presentan el empobrecimiento de la mayor parte del planeta, la centralización de las decisiones políticas en pocas manos que excluyen de su propio destino a todos los demás, el recrudecimiento de posturas culturales e idiológicas de corte fundamentalista y nacionalista. Ella apostó y pudo con su vida ser buena noticia hace quinientos años… Nosotros, seguramente podremos desde hoy mismo.

lunes, abril 06, 2015

Retos y desafíos de la mujer educadora 3 (último): formar personas que valoran lo que humaniza

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autor, haz click aquí
Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el 26 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan.


En las dos colaboraciones anteriores de la columna Palabras que humanizan he compartido con los lectores dos retos que enfrentan los educadores, de manera especial las educadoras, madres y profesoras, por ser quienes suelen tener en sus manos la creación de condiciones para la formación de los niños, en especial los más pequeños, tanto en la escuela como en el hogar: formar personas sexualmente integradas y que sean capaces de sumarse a la construcción de una realidad más pacífica, en la que las personas encuentren espacios y oportunidades para vivir con dignidad.
                En este texto quiero referirme a un tercer desafío que es muy importante y que ha sido muy manoseado, en especial por las escuelas: el de formar personas que valoran lo que humaniza. Comienzo explicando algunos términos.
                Los seres humanos nacemos siendo bebés, solo eso…. No hemos inteligido muchas cosas, mucho menos hemos amado, tomado decisiones libres o realizado acciones por las cuales podamos ser reconocidos. Somos prácticamente nadie, personas que carecemos de muchísimas cosas para poder ir siendo alguien: de alimento, de vestido, de lenguaje. Nacemos vulnerables, no nos hemos hecho las personas que podemos ser.
                Pero hay una fuerza en nosotros desde la gestación que nos lanza a buscar aquello que completa lo que nos falta: deseamos lo que nos ayuda a ser. Cuando tenemos sed deseamos líquido; en el cansancio, reposo; ante la duda, conocimiento; ante nuestras adicciones, libertad. Nos sentimos impulsados a buscar lo que nos complete, lo que nos permita seguir siendo humanos.
                Históricamente se ha llamado bien a lo que responde a nuestra necesidad y nos humaniza . La sustancia activa de una medicina es buena en la medida que permite la salud; el conocimiento de lo que es una cosa es bueno en tanto que permite relacionarse mejor con ello; una relación humana es buena en tanto que nos permite ser más con, por y para los demás.
                Deseamos lo bueno porque nos completa,  nos realiza. Pero resulta que esto no es suficiente. 
                Cuando encontramos cosas que cumplen con el requisito de la bondad necesitamos valorarlas, darles valor, para entonces sentirnos movidos realmente hacia ellas. Sucede, por ejemplo, que una medicina alópata puede ser buena para tratar alguna afección, pero si una persona no la valora no decidirá por ella, aunque el fármaco contenga sustancias apropiadas.
                El ser humano ha de otorgar valor al bien, a lo que responde a su necesidad de ser más con, por y para los demás en el mundo, en apertura trascendente. Solo así podrá seguir avanzando en la vida. No debe permanecer indiferente ante lo que necesita, ante el bueno. Así, bien-valor forman una dupla inseparable, un diálogo permanente entre lo que se necesita, se desea y lo que -más allá de nuestros caprichos- nos conforma y consolidamos este diálogo con la acción de valorar.
                Nadie puede valorar por nadie: si una madre valora participar en la misa, no podrá hacer que sus hijos valoren lo mismo por más que les diga, que los lleve, que los trate de obligar. Sus vástagos valorarán la misa cuando caigan en cuenta afectiva y volitivamente del bien que representa para ellos la Eucaristía y a partir de ello entiendan intelectualmente por qué y para qué han de involucrarse en los rituales de ese sacramento.
                Sin embargo, hay momentos en los que ante un mismo menester puede haber varias cosas que lo satisfagan. Y allí se vuelve necesario el que se priorice lo que se valora, que se opte por lo uno o lo otro, que se sepa que hay que valorar inmediata o mediatamente. La dimensión axiológica de nuestra existencia es dinámica. Frecuentemente hay que establecer prioridades entre dos o más cosas que consideramos valiosas para que no podemos hacer nuestras o vivirlas al mismo tiempo, como cuando alguien valora estar en un examen profesional, pero por los nervios los esfínteres le piden ir al baño: debe optar por lo uno o por lo otro y darles un lugar para su tiempo y espacio.
                La educación debe afrontar al ser humano también en esta, su faceta valorativa, y acompañarle para que aprenda a reconocer bienes, aunque no le resulten familiares, que pueda atribuirles valor y que sea capaz de priorizar su relación con las personas y las cosas para poderse construir como persona cabal: crítica, solidaria, libre, afectivamente integrada, creativa, abierta a lo ilimitado.
                Se trata no de dar clases para “enseñar valores”, sino acercar al educando a las cosas que lo puedan realizar como persona, para que las descubra como bienes y les atribuya el valor necesario para moverse hacia ellas y hacerlas parte de sí en diálogo con los demás y su contexto.
                Urge la pedagogía del deseo del bien, de la valoración, de la búsqueda de lo que humaniza en todas las dimensiones de la compleja existencia de las mujeres y los hombres: niños, adultos, ancianos.
                El reto supone inventar métodos que vayan más allá de hablar de valores como ideas o conocimientos e involucrar a toda la persona en experiencias que la inviten a querer ser más persona; dentro y fuera del aula, en la escuela o en la casa.
                Las mujeres y hombres que son capaces de asumir la responsabilidad de valorar lo que necesiten y hacerse cargo de ello son quienes pueden asumir el patrimonio cultural que les ha sido dado y que lleva consigo siglos y siglos de valoraciones de cosas que han resultado humanizantes, al mismo tiempo que pueden saber si eso sigue o no siendo realizante, humanizante y apostar por ello o por algo diferente pero que conduzca a lo mejor que cada quien pueda ser, con, por y para los demás en el mundo que le tocó vivir.

                Las instituciones educativas, en su mayoría, carecen de una verdadera pedagogía que forme personas que valoran. Lo bueno es que a cada momento se puede enfrentar el reto de construirlas para que la educación integral no sea un slogan, sino una realidad que sea capaz de formar los ciudadanos responsables de hacer de este mundo un mejor sitio que como lo encontraron.