domingo, septiembre 22, 2013

Somos mexicanos... pero eso no es fatal

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicado en Síntesis Tlaxcala, el 19 de septiembre de 2013.
Si quieres conocer más sobre el autor, haz click aquí

Mes de septiembre: el de mi cumpleaños,  pero también el de los colores verde, blanco y rojo, la musica vernácula, los fuegos artificiales y los gritos de ¡Viva México, c... ompatriotas!
Diciembre es a la paz y el amor lo que septiembre a nuestra nacionalidad. En estos días estamos casi irremediablemente lanzados a decir: "somos mexicanos”.
Los gritos patrióticos que proferimos dicen más que las simples 10 letras de nuestro eufórico y desgarrador ¡Viva México! Están de cosas que llevamos impresas en lo más profundo nosotros mismos, en lo que somos, sabemos, hacemos, valoramos; en el significado que le damos a las cosas importantes, pero también a las de la vida diaria.:
Señalarse mexicano es hablar de una natural y espontánea capacidad de acogida. Quien viene a nuestro país sabe que es bien recibido, que se le atiende bien, que siempre recibirá un saludo, un gracias y un por favor; de una gran capacidad de respuesta ante el infortunio, de un gran humor ante la adversidad y la misma muerte: el día de muertos está lleno de vida, las desgracias naturales de respuesta inmediata: en envíos, en rescate, en abrir la casa para recibir a los desalojados.
Nuestro patriotismo da cuenta al mismo tiempo de que somos albureros y jugamos a placer con el lenguaje; somos fiesteros, valoramos la familia y en ella a la madre como a nadie más en este mundo, los compadres, las comadres y los ahijados son ley.
Quien se precie de ser de nuestra tierra se crece ante la adversidad con ingenio, con formas de darle la vuelta a las condiciones contrarias. Laboriosos –que no es lo mismo que disciplinados empleados de corporativo- somos un ir y venir continuo para llevar a los nuestros comida, zapatos, ropa y hasta los regalos del día de reyes.
Pero nuestra mexicanidad también es tendencia a la impuntualidad, lo cual se explica por sí mismo; al sentimentalismo por encima del juicio ponderado y crítico. Nos da miedo a la participación política abierta y preferimos paternalismo que deposita en el patriarca, el jefe del trabajo o los jefes de los distintos niveles de gobierno la tarea de llevar a todos a la tierra prometida. Algunos mexicanos parecieran invertir más energía e inteligencia en descubrir lo que puede agradar al jefe que lo que es necesario para desempeñar a cabalidad una actividad: sin caudillos nos sentimos en el extravío.
En la mexicanidad vemos inscrito un enorme machismo gestado en la faldas de las mujeres de nuestras vidas. Somos renuentes a afrontar el conflicto de manera abierta y preferimos quejarnos en lo oscurito, pues no nos gusta llamar a las cosas por su nombre, de allí nuestra fascinación por los eufemismos que disfrazan la realidad ante nosotros mismos: no conocemos de penes ni glúteos, ni vaginas, ni senos, sino de pajaritos, pompis, cositas y bubis.
Somos mexicanos: bonhomía, pero también una forma de ser orientada por cosas que valoramos y que no necesariamente son humanizantes en el mundo que hoy nos tocó vivir. Lo llevamos inscritos en lo más profundo de nosotros mismos, allí donde enraiza la cultura y nos hacer ser hijos de nuestro tiempo y nuestra tierra. De manera coloquial diríamos que lo somos “hasta las manitas”, al grado que podría ser fácil pensar que no podemos ser, ni actuar, ni pensar de otra manera más que “mexicanamente”, como condenados a repetir patrones y estereotipos por toda la eternidad: como caricatura estadunidense pintándonos sentados en un nopal con nuestro gran sombrero y llamativos huaraches.
Lo bueno es que lo que somos no es fatal.
Fatalidad es inevitabilidad, determinación total, ausencia de historia, vida cerrada sobre sí misma, carencia de posibilidades y libertad. Y aunque pareciera esta la nota característica de la existencia sobre todo en tiempos difíciles e inciertos, no es la tónica real y profunda de lo humano, que siempre encuentra resquicios para lo nuevo, para reinventarse, para crear aunque sean pequeñas otras condiciones para la existir, para ser libres y por ello responsables de lo que nos carga, pero de lo cual podemos encargarnos: nuestra cultura, nuestra estructura social, política y económica.
En este septiembre al momento de celebrar viene bien pensar en el cúmulo de cosas que estamos llamados a enriquecer de nuestra mexicanidad: igualdad de género en la diversidad, participación política antes que solo aventar nuestras responsabilidades comunes en manos de los gobernantes y legisladores, juzgar críticamente lo que nos sucede y acontece a nuestro alrededor antes que únicamente emitir afirmaciones de manera llanamente sentimentalista.
Podemos canalizar la enorme solidaridad que tenemos en la atención de las situaciones que padecemos y danos a tareas largo aliento en los cuales estén comprometidos el empeño por la justicia y la dignidad. Sí: la mexicanidad y la forma de concretarla en valores, costumbres, tradiciones, maneras de ser, de hablar, de pensar, de organizarnos socialmente es algo que está en nuestras manos.
Ser mexicanos no es fatal. Al tiempo que riqueza del patrimonio cultural recibido es también la oportunidad de reinventar nuestra nación con la posibilidad de la decir nuestra propia palabra sobre el país que queremos entregar para cuando en el futuro sea gritado como: hoy ¡Viva México, c...onciudadanos!


No hay comentarios.: