martes, diciembre 11, 2007

UNIVERSIDAD Y NUEVO HUMANISMO

Autora: María Isabel Royo Sorrosal
Publicación: Síntesis, pendiente.

Hace unas semanas, Fernando Montes, Rector de la universidad jesuita en Chile lanzó ideas y retos para las universidades en Guadalajara, Jalisco. Nuestro mundo se ha quebrado y surgen nuevas costumbres. Hay pesimismo y desorientación por los ideales y seguridades perdidos ¿Cómo progresar sin eliminar lo más humano? Necesitamos repensar la historia, el humanismo.
La universidad como institución de educación superior tiene la misión de formar profesionales para el funcionamiento de la nueva sociedad, pero esto no se logrará si pierde al ser humano en el intento. Aporte imprescindible de la universidad es proponer un humanismo que incorpore la tecnología y los avances científicos. Confiar en que el futuro puede ser mejor que nuestro pasado, es una gala de esperanza necesaria para seguir existiendo. Pero, ¿dónde se encuentra la energía que nos permita este anhelo? ¿Quién nos persuadirá de seguir intentando un mundo mejor para todos? Con toda humildad confieso que sólo veo como fuente de ese movimiento a Dios, ya sea reconocido como ser personal y origen de todo; o como fuerza fundante, atracción humana hacia el bien, la belleza, la verdad… Nuestra relación con Dios, las convicciones íntimas, místicas, están en proporción directa con nuestra energía y esperanza para relaciones y experiencias humanas con los otros. No se trata de evadirnos de la realidad sino de encararla desde lo más interior, lo más humano a uno mismo.
En una sociedad enferma de egoísmo, que transpira soledad por todas partes, esta intimidad fundante nos permitirá ser personas, relacionadas, y discernir los fines a los que dirigirnos, de los medios para alcanzarlos. La técnica y la ciencia son instrumentos privilegiados e ineludibles para un nuevo humanismo basado en la relación del ser humano con el Dios cuya presencia le constituye -según expresa Fernando Rielo (Madrid, 2000)- y le reclama relaciones dignas con los otros.
El pluralismo necesario y característico de lo humano también precisa renovación, formarse del respeto y diálogo, de vivencias y coherencia. Necesitamos de los otros para conocer, configurarnos y vivir. La pluralidad de búsquedas honestas y comprometidas permitirán el encuentro de culturas e ideas, más allá de las divergencias.
Las universidades necesitamos audacia, inteligencia y compromiso para redefinir un nuevo humanismo que nos permita bien vivir a todos en esta nueva época, empezando por los más necesitados.

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