martes, septiembre 09, 2014

Analfabetismo e incompetencia comunicativa: para pensar y actuar

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos biográficos suyos haz click aquí
Publicado en Síntesis Tlaxcala, en la columna Palabras que humanizan, el 10 de septiembre de 2014 

El ser humano nace carente, le faltan muchas cosas para poder realizar su vida. Las personas y el mundo que lo rodean le suponen infinidad de desafíos que tiene que poder acometer para realizar su vida. Vive permanentemente en la tensión de adaptarse a la realidad en la que ha de vivir y transformarla para que cada vez brinde mejores condiciones para ser en comunidades en las cuales sean posibles la justicia y dignidad.
                El camino es el mismo: hay que estar atentos con todos los sentidos, entender las cosas, verificar que lo que se piensa de ellas y lo real correspondan mínimamente para poder actuar con ellas y sobre ellas, valorarlas para darles la importancia necesaria para relacionarse con ellas, decidir lo que hará, interactuar con lo real, modificarlo, responsabilizarse de esa modificación que transforma la realidad que pedirá nueva atención, entendimiento, juicios de realidad y valor, decisiones, acciones. Se trata de encargarse de la realidad para poder ser humanos.
Y en ese dinamismo vamos creando un impresionante patrimonio del cual se pueden beneficiar nuestros contemporáneos y quienes nos sucederán en la tarea de ser humanos. Al principio las generaciones compartían entre sí y con las que venían detrás de ellos de manera oral: explicaciones prácticas sobre cómo hacer las cosas, explicaciones míticas y religiosas, sabiduría reflexiva. Unos les contaban a los otros lo importante que había en la vida para ser humanos y eso bastaba. No muy simple, pero tampoco demasiado complejo.
Al paso del tiempo la oralidad no fue suficiente y nació la escritura como la posibilidad de plasmar en símbolos que representan al lenguaje todo aquello que hemos encontrado y que humaniza: lo bello, lo verdadero, lo mundano, lo religioso, las inquietudes y preguntas prácticas y trascendentes, lo útil. Y con la escritura nació simultáneamente la lectura, que se convirtió en uno de los accesos más importantes al patrimonio humano de preguntas y respuestas para interactuar con los demás y con el mundo a fin de responder a sus desafíos en lo cotidiano y extenderse más allá del tiempo y el espacio, en el arte, la técnica, la tecnología, la ciencia, la filosofía, la teología y la religión.
Leer desde el principio se convirtió en mucho más que el reconocimiento de grafías: en la puerta de entrada al pensamiento informado que puede volverse crítico y que está en la base de una comprensión personal de lo que sucede, de lo que son las cosas, de los significados y los valores que valen la pena de ser compartidos entre personas.
La lectura amplía inconmesurablemente las posibilidades de la transmisión oral y colabora para ponernos en la antesala de la autonomía, que es la capacidad de guiar la propia vida sin depender de los demás pero sí en diálogo con ellos, para responsabilizarse de todo aquello que nos atañe. Las personas autónomas pueden resolver problemas, ser responsables del mundo, tomar decisiones por motivos reales y no meramente mágicos, pueden participar cívicamente y con ello ser actores y no meros espectadores de sus propias vidas en comunidad, porque han formado una visión propia del mundo, de sí mismos, de los demás.
Quien es incapaz de leer se queda fuera de muchas oportunidades.
El analfabetismo segrega, excluye, resta oportunidades, vuelve a los seres humanos dependientes de los demás, pues aunque la cultura oral les dé cierta sabiduría, la imposibilidad de la lectura les quita enormes posibilidades, pues el patrimonio que los humanos hemos generado para compartir humanidad a lo largo de los siglos es enorme.
Como señala la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cuando una persona logra la alfabetización es capaz de aumentar y madurar su capacidad de aprendizaje, de acceder a la formación permanente, a la resolución menos ingenua de problemas y –muy probablemente- deseará que sus hijos y los hijos de sus hijos gocen también de los beneficios que ser alfabetizados tiene en la vida, así que fomentará escolaridad en las generaciones venideras.
Esta organización desde su fundación en 1946 se preocupó por promover la educación fundamental, con la idea de que todo ser humano, fuera o no a la escuela, tiene derecho a adquirir los conocimientos y competencias que necesita obligadamente para alcanzar una vida mejor en todos los ámbitos.
Centró uno de sus puntos de referencia al respecto en el analfabetismo, poniendo de manifiesto que era un obstáculo de enorme magnitud para la humanización en el mundo. Hacia 1965 ya había una visión claramente articulada de la importancia de trabajar por la erradicación de la existencia de personas iletradas, que no se reducía solo al desconocimiento de las grafías y su combinación para ser leídas, sino que debía encaminarse a que los alfabetizados entiendan lo que se lee.
En 1967 se promulgó el 8 de septiembre como día internacional de la alfabetización y en 1975 se declaró que la alfabetización no es solo el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas básicas, sino una contribución a la liberación del hombre y a su plena realización.
De entonces a la fecha se han creado y fortalecido diversas iniciativas internacionales y nacionales en contra del analfabetismo. La lucha por la alfabetización ha dado frutos, si bien no ha sido una guerra totalmente ganada. En un siglo en México se pasó del 80% de analfabetos a un 6.9%, según fue registrado en el Censo de Población y Vivienda 2010.
                Hoy, si bien se sigue reconociendo la importancia y magnitud del asunto que hemos venido exponiendo, se tiene conciencia de algo que es primordial: leer y escribir no es el todo del problema. Se requiere comunicación competente: entender lo que un autor dice en su contexto, sus entre líneas, relacionarlo con otras ideas adquiridas por experiencia e inteligencia propias o por el diálogo y la lectura con otros, utilizar la información para resolver problemas sin esperar a que otros nos vengan a decir qué hacer. También es necesario que se pueda expresar pertinentemente a otros de manera oral y escrita lo que uno entiende, juzga y razona.
                Y en esto sí, la situación es alarmante. Mariana Meza publicó en el número de julio de la revista AZ un artículo sobre las competencias que no encuentran las empresas en los egresados de las universidades. Señala que según los resultados de la Encuesta de Competencias Profesionales 2014 los empleadores reportan como una de las diez incompetencias que carecen los candidatos que no saben leer, ni escribir competentemente, tampoco expresarse hablando en público y en entrevistas privadas.
                Miles de jóvenes transitan todas las etapas del Sistema Educativo Nacional y egresan de la educación superior sin entender lo que leen, sin poderse dar a entender cuando hablan y escriben. Esto se traduce en incapacidad de resolver problemas, de crear equipos de trabajo, de comprender el contexto social, político y económico en el cual deben tomar decisiones. Son una carga para la vida económica, no un aporte y ¡pasaron al menos 14 años en la escuela!
                Y lo mismo sucede en la vida pública. Siempre me ha llamado la atención que haya profesionales de la educación en escuelas públicas que critiquen al gobierno sin haber pensado siquiera que ellos son gobierno, pues son trabajadores del poder ejecutivo. Pueden descifrar las letras de la palabra gobierno, pero no entender lo que dice el vocablo.
Somos ciudadanos de segunda porque, entre otras cosas, somos incapaces para entender nuestro mundo, hacer juicios críticos y comunicarlos a otros para participar políticamente de manera correcta. No es difícil entender por qué muchas personas piensan que política es pertenecer al partido o simpatizar con él, empujar al candidato y esperar las dádivas de la ubre gobierno… ¡pues si no entienden nada!
                El 8 de septiembre, día internacional de la alfabetización, nos pone ante un panorama que da para pensar mucho: qué educación estamos dando y recibiendo, cómo se logra que una persona a través de la lecto-escritura ingrese al mundo de los significados que permiten no solo adaptarse a la realidad y transformarla. Es un llamado a que pensemos el papel que todos tenemos en esta tarea socialmente prioritaria.
Pero un poco más: da para hacer desde ya.
Quienes somos alfabetizados tenemos la labor ingente y urgente de crearnos competentes para comunicarnos entre nosotros (oralidad en distintos niveles), con los distantes en el tiempo y el espacio (lectura y escritura) porque el mundo que vivimos es muy complejo y que excluye de muchas posibilidades a millones de personas y necesitamos poder leerlo para encontrar en él y en nosotros las posibilidades que sí existen para que pese a todo haya mayor justicia, que es la cancha para que cada vez más seres humanos vivamos dignamente.
Con personas alfabetizadas y competentes en la comunicación será más posible avanzar hacia el desarrollo sostenible, como propone la ONU en el lema del día internacional de la alfabetización 2014, en la medida que existirán más personas autónomas para tomar las decisiones correctas en los ámbitos del crecimiento económico, el desarrollo social y la integración medioambiental.  Con esto hay suficiente para pensar y actuar

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