miércoles, marzo 25, 2015

Desafíos de la mujer educadora 2: formar personas que construyan la paz

Autor: José Rafael de Regil Vélez. Si quieres conocer más datos del autos haz click aquí
Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el viernes 20 de marzo de 2015, en la columna Palabras que humanizan.

En el texto que apareció en mi anterior columna en el periódico Síntesis Tlaxcala, comenté que compartiría con los amables lectores de Palabras que humanizan las ideas que compartí con ocasión del día internacional de la mujer con profesoras y madres de familia en Tlaxco, Tlax., sobre los desafíos y los retos que enfrentan hoy las mujeres educadoras. He señalado que uno de ellos es formar personas sexualmente integradas (http://textoscirculo.blogspot.mx/2015/03/retos-y-desafios-de-la-mujer-educadora.html).
                Creo que un segundo reto que enfrenta todo educador, incluidas las madres, es formar personas que construyan la paz, entendida como la existencia de condiciones para que los seres humanos en lo individual y común puedan vivir dignamente. Su contrario, la violencia, es todo lo que impide la vida digna, haya o no balazos y golpes (si se quiere dar un vistazo mayor a esta manera de comprender lo pacífico, pueden consultar el artículo publicado también en la columna denominado: “La paz es posible, tiene que ser posible”: http://textoscirculo.blogspot.mx/2011/10/la-paz-es-posible-tiene-que-ser-posible.html).
              La persona pacífica es proactiva. Está comprometida consigo, con los demás, en especial los próximos y entre ellos los menos favorecidos, con el mundo que le tocó vivir. Se compromete en que haya vivienda que permita la intimidad, la creación de un hogar –que es más que las paredes del hospedaje cotidiano-; atesora la salud y sus requisitos como la salud y la higiene; valora que la escolarización contribuya a la formación del entendimiento, la voluntad, la libertad, en conjunto con la familia y los grupos socializadores como las iglesias, las organizaciones civiles, sin inteligencia, corazón y voluntad ningún cambio es posible.
                De igual manera aprecia y apoya la existencia de infraestructura de comunicación, de transporte, de sanidad. Entiende que para que haya comunión y progreso debe haber información y expresión. Rechaza que los aparatos institucionales y empresariales estén por encima del valor de las personas y vigila que no haya abusos de autoridad. En el empeño de la construcción de la paz privilegia la mediación en la solución de conflictos que los abusos de poder.
                La lista de características de la persona pacífica es grande, grande, y siempre encontrará su raíz en la educación, en especial la que las mujeres madres y las profesores de educación básica, tienen en sus manos. Solo se puede educar para la paz en la paz. En cada hogar, en cada aula, en cada espacio de convivencia de los templos, las juntas auxiliares se juega el que las nuevas generaciones sean invitados a relacionarse con los demás buscando el bien común, en cualquiera de las dimensiones individuales y sociales de que se trate.
                Educar en la paz para la paz significa crear ambientes en los que unos cuiden de los otros, en los que se puede hablar y escuchar, en los que haya higiene, lectura, escritura, dialogo, al tiempo que haya rechazo y denuncia del acoso, los golpes, la irresolución de conflictos por la existencia de irrespeto, golpes, indiferencia.
                Actualmente abundan los materiales pedagógicos para dar estos pasos. Cada milímetro que se avance es el abono de una cuota real de humanidad digna. El desafío, el reto está allí, hay que formarse como educadoras y educadores para encararlo sin esperar recetas y fórmulas mágicas. Es posible, tiene que ser posible.

Apología de la libertad de expresión

Hace dos años y medio escribí en este espacio un llamado a la libertad de expresión, íntimamente ligada a la de la información http://textoscirculo.blogspot.mx/2012/10/nuestros-derechos-la-informacion-y-la.html). Hoy que el despido de Carmen Aristegui de la empresa MVS ha causado gran revuelo, me invito e invito a los lectores a no perder de vista que no se pueden construir una familia, una vecindario, un municipio, un estado o una nación sin el libre ir y venir de informaciones y sin que la expresión pueda emitirse libremente para la construcción de una democracia en la que quepamos todos.
                Como suelo hacer, desconfío de las polarizaciones donde hay dioses y demonios. Rechazo tanto a las autoridades que se extralimitan y censuran, como a mis conciudadanos que se autocensuran, se desentienden y se mueven básicamente por sentimientos y no por una mente y corazones que se muevan buscando lo más sensato, indagando, dudando, opinando.
                Sí: en México hace falta que sigamos hablando de estos derechos humanos fundamentales, como los demás que continuamente son violados, atajados, conculcados. Y que nuestras discusiones al respecto sobrevivan el morbo de la moda de la salida de una periodista de un medio ocurrida en el vaivén de los múltiples intereses políticos, económicos y sociales que forman una trama compleja en la que todos, de una u otra forma, somos parte.


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