miércoles, octubre 17, 2012

Trabajo y dignidad de las personas

José Rafael de Regil Vélez, si quieres más datos del autor, haz click aquí
Artículo publicado en Síntesis, Tlaxcala, el 11 de octubre de 2012

Hoy en muchos lados se habla de trabajo, bien sea por las condiciones económicas, porque los egresados de la universidad no logran emplearse, o porque en el poder legislativo está en puerta la modificación de la Ley Federal del Trabajo de 1971, coloquialmente denominada reforma laboral.
Hoy no está de más reflexionar sobre esta dimensión de la existencia humana más allá de las cifras y las leyes, para después poder volver a ellas con alguna claridad sobre el sentido y el significado de lo laboral en la vida de las personas.
Hacia el final del siglo XVIII el trabajo, especialmente el manual, era mal visto en Europa y sus colonias por las clases nobles. Era prácticamente deshonroso encargarse de asuntos que tuvieran que ver con la conducción de lo cotidiano y la aristocracia se reservaba para sí sólo la intervención en asuntos de índole pública y de amplia toma de decisiones.
La emergencia social y política de la burguesía modificó el significado del trabajo.
Sin tener necesariamente posesión de tierras y sí de capital los burgueses fueron reclamando espacios de protagonismo económico, social y político. La irrupción de la revolución industrial los respaldó y pronto se fueron haciendo presentes en todos los ámbitos de la vida de su tiempo. A partir de entonces trabajar fue algo muy valorado, tanto que se ha llegado a decir –bajo el influjo del marxismo- que es el trabajo el que dignifica a la persona: la persona es persona porque trabaja, puesto que si no lo hubiera hecho jamás habría evolucionado.
En esta óptica, un ser humano es digno si trabaja y un derivado de uso corriente es que a mejor trabajo –labor de protagonismo y gran remuneración económica- se considera más digna a una persona. En los hechos, un estudiante o un profesor en una universidad tratará diferentemente al rector que al empleado de intendencia. Los niños,  los ancianos y los desempleados serían de segunda, porque la dignidad provendría de ser trabajador.
Hay que tener cuidado con esta visión y revisar más finamente las cosas: la persona es digna por ser persona, no debido a que trabaje.
Un ser humano es digno porque nace con una única misión real: darse ser,  ser alguien y no algo… Ser persona es ser fin de sí y para sí y no meramente medio. Carece de todo, pero tiene la posibilidad de interactuar con los demás y con la realidad para construirse como ser humano. Y es el único ser que es fin de sí mismo y para quien toda la labor de serlo depende de la interacción socio-ecológica y consigo mismo.
Así, un niño que no trabaja es digno, porque es un ser como el que acabamos de decir; un enfermo o un indigente, de igual manera, no por la labor que desempeñe, sino por ser quien es.
Vivir conforme a la dignidad humana supone un compromiso de transformarse en alguien, al tiempo que se va transformando la realidad para que haya las mejores condiciones para vivir humanamente. A este actuar en el cual las personas realizan lo que creen necesario para la realización de las personas en la sociedad se le denomina trabajo, sea o no remunerado.
Si bien nadie es digno por el trabajo, sólo es en lo laboral que se pueden concretar condiciones para vivir conforme a la dignidad humana y esto es todo un desafío ético porque al tiempo que trabajar es “instrumento y camino de humanización” –en expresión de Joseph Gevaert- puede ser también fuente de injusticias.
Tener claro que trabajar es una acción encaminada a la posibilidad de vivir conforme a la dignidad humana da mucha luz al momento de diseñar una empresa, de legislar en este ámbito, de establecer figuras de mediación jurídica para resolver los conflictos que surgen continuamente en esta interacción. Y también un punto de referencia en el momento en que cada quien deba decidir qué trabajos no realizar porque se encaminan a la injusticia e incluso a la muerte misma de los seres humanos.
La persona, por ser humana, es digna. El trabajo es camino para vivir adecuadamente y un trabajo será digno cuando se realice en este marco. Construir un mundo para todos es la verdadera tarea de fondo que compromete nuestras energías laborales.

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