jueves, mayo 06, 2010

La migración y las escuelas

Autor: José Rafael de Regil Vélez
Publicación: Síntesis, Puebla, 06 de mayo de 20|0


El 23 de abril pasado el estado de Arizona puso nuevamente de moda el tema de la migración, en especial "indocumentada", al promulgar la que en los medios de comunicación ha sido calificada como la "ley más dura" en la materia en los Estados Unidos.
     Señalar que la movilidad ilegal ha sido "rescatada" no es retórica, pues la reforma migratoria en el vecino país del Norte ha sido postergada y también en la agenda bilateral con México. Un golpe espectacular como éste tiene a periodistas, expertos y público en general hablando del asunto. La reacción es comprensible, porque no puede ser permitida una legislación discriminatoria para con quienes se mueven en condiciones de especial vulnerabilidad. Es importante, sin embargo, considerar que éste, como muchos problemas sociales, no puede ser asumido por la fastuosidad con la cual se presente en los medios de comunicación, sino por la trascendencia que tiene para la vida humana digna.
     Y es aquí donde las instituciones educativas tienen un papel importante. Las acciones de vinculación entre éstas y las comunidades son básicas para la formación actitudinal y valorar. Muchos mexicanos migran para buscar condiciones diferentes. En algunas regiones su porcentaje es altísimo: casi cada familia tiene un miembro fuera del país. Ante la inmediatez de estos datos, las escuelas tienen obligación de poner su granito de arena al mover a sentimientos de compasión (padecer junto con el otro) y de fomentar acciones de solidaridad para con los más vulnerables, pues sólo así podemos seguir siendo humanos.
     Pero no basta. Los educadores deben posibilitar una reflexión seria sobre problemas como el aquí tratado, que son espinosos, porque tienen múltiples variables. Abordar esto requiere una formación más allá del sentimiento y actitud positiva, demanda exigencia académica. Es realmente bochornoso encontrar personas con estudios que emiten juicios simples, simplones, sobre asuntos tan complejos.
     Algunos de los temas que habrá que abordar en las escuelas son: ¿propiciar la migración es una estrategia de los gobiernos para recibir divisas más rápidamente que con la creación de empleos? ¿Los derechos humanos deben ser vigilados y protegidos por legislaciones que rebasen las fronteras de las naciones? ¿Eso no es violentar la soberanía? ¿Las comunidades que reciben migrantes no arriesgan las posibilidades laborales de sus propios ciudadanos al permitir la llegada de "fuereños"? ¿Los procesos xenofóbicos que se desatan ante la movilidad humana están vinculados con procesos más amplios como la globalización que diluye las identidades locales?
     Cuando las personas conformación académica seamos capaces de situarnos más informada y reflexivamente ante la realidad, comenzaremos a generar alternativas que tengan mejor cauce de posibilidad que decir: "pobrecitos migrantes, llévales un poquito de pan". Posiblemente los libros de texto no contemplen estos ángulos, tampoco los programas de estudio y sin embargo, allí está la realidad, implicándonos a todos y pidiéndonos respuestas lo más humanas posibles. No podrá haberlas en la indiferencia y la ignorancia y si las escuelas no asumen su papel educador: ¿cómo salir de ellas?

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