viernes, octubre 08, 2010

Reflexiones sobre el liderazgo

Autor: Alexis Vera
Publicado: El columnista, 07 de octubre de 2010

     No todos entendemos lo mismo por liderazgo. Para algunos significa mandar; para otros influir; otros más lo entienden como guiar o, incluso, acompañar. Considerando que todos en algún momento o espacio fungimos como líderes (en el trabajo, en la casa, en la escuela, en el equipo de futbol, con los amigos, etc.) y que normalmente esa función puede tener efectos trascendentales en la vida de los demás, me parece importante que tratemos de entender un poco más acerca del liderazgo en nuestros tiempos y, en especial, acerca de las cosas que hace un verdadero buen líder.
     ¿Qué es liderazgo?
     Muchos aún piensan que el líder trae desde su nacimiento el "chip" del liderazgo, es decir, que nace con las habilidades de líder. Es muy probable que algunas personas nazcan con una predisposición genética que favorece su interacción e influencia con los demás, pero nadie se hace líder a solas, con su propia genética.
     El verdadero líder se desarrolla, formal e informalmente, gracias a su interacción con los demás. Es decir, el verdadero buen líder se hace, no nace. Veremos por qué.
     De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, un líder es la "persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como su jefe u orientadora". Me parece que la palabra clave en esta definición es "sigue", porque, en efecto, ejercer un verdadero liderazgo implica que la gente acepte seguir al líder, no sólo obedecerle -que es diferente- como veremos a continuación.
     Si la gente sigue a un líder sólo porque tiene que hacerlo; porque los reglamentos o normativa -tácita o explícita- así lo indican, entonces me parecería cuestionable que tales casos puedan llamarse de liderazgo verdadero. En efecto, hay líderes a quienes un grupo sigue porque está obligado a seguirlos, porque si no lo hacen pierden su trabajo, su sustento, sus privilegios, su futuro, etc.; en resumen pierde algo importante por no hacer caso al "líder". Aquí se trata de lo que algunos llaman liderazgo formal; yo, sin embargo, propongo un sinónimo para tal idea: liderazgo forzado. La mayoría de quienes hoy ejercen alguna función de liderazgo en el mundo se encuentran en dicha categoría, aquella en la cual una vez desaparecida la investidura, igual desaparece el rol de "líder". Empleo aquí comillas porque no me parece que se pueda hablar de verdaderos líderes en tales situaciones porque el verdadero líder genera seguidores, no obedientes; convence, no vence a los demás.
     En contraste, tenemos al líder a quien la gente sigue y reconoce como jefe porque cree en él; cree en sus sueños y visión pero también en sus capacidades y moral; se identifica con las ideas del líder, las considera buenas para su vida también y decide seguirlo porque representa una especie de brújula en los temas que le importan. Un verdadero líder genera fe de otros en él, no tanto porque busque generarla sino porque la manera en cómo conduce su vida trae como consecuencia que otros encuentren ahí una fuente de inspiración para la suya propia. Así, tenemos que hay gente líder en ciertos temas, humanísticos o científicos, que inspira a otros, por ejemplo muchos reconocen a José Saramago como un líder en literatura narrativa. También hay gente que es líder en aspectos más amplios de la vida, incluso que es líder de un estilo o filosofía de vida, por ejemplo Mahatma Gandhi.
     Ellos son líderes, a pesar de su muerte, no porque alguien les dio la investidura sino porque con su vida y obra lograron que otros se inspiraran y les siguieran.
     ¿Quién ejerce liderazgo?
     Toda persona que tenga la posibilidad de influir en otro ser humano está frente a una situación potencial de liderazgo. Obviamente no todos llegamos a ser líderes frente a los grupos que nos interesan más, sin embargo, en mayor o menor medida, prácticamente todos llegamos a ejercer liderazgo relativo con alguna persona o grupo de personas durante un tiempo.
     Creo que el mundo se beneficiaría si todos buscásemos ser líderes en algún tema de influencia positiva para otros porque buscar ese liderazgo mete a las personas en procesos de mejora continua. Sin embargo, también me parece que buscar el liderazgo tiene sus riesgos. El proceso se pervierte cuando la gente busca ser líder porque quiere tener poder sobre los demás, alimentar su propio ego, aumentar su beneficio personal (sin importar si es a costa del bienestar de los demás). Cuando el líder súper eleva su propio yo pierde de vista la más fundamental dimensión ética del liderazgo y su razón de ser en la sociedad: la orientación de servicio a los demás. Todos hemos visto y actualmente padecemos las consecuencias negativas de tener líderes motivados por las razones equivocadas.
     Mejores prácticas
     De acuerdo con Robert Dunham, estadounidense especialista en liderazgo, los buenos líderes enuncian un  futuro que compromete a otros. Esto me parece básico como cualidad de un verdadero líder: tener la visión de largo alcance y la capacidad de comunicar con claridad esa imagen de futuro deseable para involucrar a otros en su construcción. Asimismo, saber imaginar los cómos (estrategias) es igualmente crítico. Sin embargo, la visión no lo es todo. Tener una buena "foto" del futuro y una idea de cómo llegar a ella no necesariamente compromete a la gente. Lo que más compromete es el tipo de relación personal que se tenga con los seguidores. En efecto, como menciona Daniel Goleman (et al) en su libro "El líder resonante crea más" (2003), es fundamental que el líder desarrolle su capacidad de "sintonizar" emocionalmente con los demás. Pero esto no se logra a través de contentarse o entristecerse con las alegrías y penas del prójimo. Se trata, de acuerdo con Goleman, de todo un trabajo de: a) autoconocimiento personal (autoconsciencia emocional, autoevaluación precisa, autoconfianza); b) autogestión (control de emociones, transparencia, adaptabilidad, enfoque al logro, iniciativa y optimismo); c) conciencia social (empatía, conciencia organizacional, servicio); y d) gestión de las relaciones (inspiración, influencia, desarrollo de los otros, gestión del cambio y de los conflictos, trabajo en equipo y colaboración).
     Nadie nace sabiendo hacer todo esto. Nuestra genética personal puede favorecer el desarrollo de alguna de estas habilidades pero es muy difícil, prácticamente imposible, que un líder encarne dichos atributos todos juntos en un momento dado; y todavía menos posible que nazca con ellos. Sin embargo, tratar de cultivarlos puede conducir al logro de un mejor liderazgo, en especial si la fundamentalísima dimensión ética permanece como constante del proceso.
     Oportunidad hoy
     El mundo tiene sed de verdaderos líderes. Cultivar el liderazgo en nuestros niños y jóvenes es una oportunidad magnífica de inversión para el futuro del mundo. Pero desarrollar mejores habilidades de liderazgo en quienes hoy lo ejercen es crítico para transformar la realidad que tenemos enfrente. Porque los verdaderos líderes, sobre todo, se hacen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que buen texto sobre el liderazgo ! te felicito !