lunes, octubre 03, 2011

Guadalupe M., sí futuro

José Rafael de Regil Vélez, si quieres saber del autor, haz click aquí
Director de la Preparatoria Ibero Tlaxcala / Universidad Iberoamericana Puebla
Publicado en Síntesis, Tlaxcala, el 1 de octubre de 2011


“Rodrigo D, no futuro” fue la forma fílmica con la cual Víctor Gaviria, cineasta colombiano, expresó la visión que muchas mujeres y hombres tenían en 1990 de la absurda e impresionante violencia que se vivía en su natal país sudamericano.
     La producción retrata la cotidianidad de los barrios del nororiente de Medellín en una época en la cual los guerrilleros, los narcoterroristas, los militares, los paramilitares y los delincuentes comunes convivían con la ciudadanía colombiana en una especie de “cultura de la muerte”.
     Eran los días en los cuales los sicarios no rebasaban los 16 años de edad y mataban policías cuya cabeza, por el sólo hecho de ser policías, tenía un precio de dos mil dólares, fijado por los capos del narcotráfico; en los cuales era común que toda familia tuviera en su haber o un muerto caído violentamente o un desaparecido del cual, seguramente, no se sabría nunca más nada.
     La película –concursante en el festival de Cannes-, rodada con actores naturales, al final tiene una leyenda que dice: "Dedicada a la memoria de John Galvis, Jackson Gallegos, Leonardo Sánchez y Francisco Marín, actores que sucumbieron sin cumplir los 20 años, a la absurda violencia de Medellín, para que sus imágenes vivan por lo menos el término normal de una persona". Y es que los intérpretes fueron asesinados antes de poder exhibir la cinta al público. Rodrigo, el protagonista, cayó ultimado pocos días antes del festival francés.
     En ese contexto violento y mortal campeaban la desesperanza, la desilusión, la sensación del NO FUTURO.
     Hoy México vive momentos muy complicados. Hace no más de una semana hubo más de cuarenta ajusticiados que fueron tirados en las calles de Veracruz, Acapulco y amplias zonas de Guerrero parecieran ingobernables, han muerto presidente municipales, políticos, víctimas inocentes como las calcinadas en el Casino Royale, de Monterrey.
      Comienzan a surgir voces que parecen profetas del desencanto.
      Y ante ellas y la visión colectiva de incertidumbre que se genera conviene mirar con más detenimiento la realidad y darse cuenta de que persona como Guadalupe M. nos dicen que sí hay futuro.
      Ella, chica de clase media, común y corriente, al paso de sus estudios de bachillerato encontró que el desarrollo regional con sustentabilidad es una buena causa. Al finalizar la educación media se fue a trabajar un año a la mixteca poblana en promoción de proyectos populares, al tiempo que cursó estudios muy relacionados con sus inquietudes en Zautla, en la sierra norte del Estado de Puebla. Hoy estudia en la Universidad Autónoma de Chapingo, esforzándose por entender al agro y las posibilidades de nuestro país de otra manera.
     Como ella en toda ciudad hay personas interesadas en hacer de este país algo viable para la vida humana, esa que vale la pena, la que es digna, que se construye en la paz.
     Ante la tentación de sucumbir a la idea del no futuro que pareciera desprenderse de las imágenes y titulares de los medios de comunicación que nos impresionan con la violencia se impone la tarea de descubrir y comunicar a todo mundo que sí hay futuro, porque existen muchas cosas que estamos haciendo para que la muerte no tenga la última palabra.

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